Las vanguardias en España: Creacionismo y Ultraísmo
Los ecos de las diversas vanguardias llegaron pronto a España, aunque el desarrollo de una vanguardia específicamente española fue tardío. No fue hasta el final de la Primera Guerra Mundial cuando surgió en España un movimiento vanguardista organizado. El primer propagador de esta literatura fue Ramón Gómez de la Serna. Otros difusores de las vanguardias europeas en la España de la segunda década del siglo fueron Rafael Cansinos Assens y Enrique Díez Canedo. Entre tanto, como sabemos, fue desarrollándose la llamada literatura novecentista, afín en bastantes aspectos al vanguardismo.
El Creacionismo
En 1918 pasó por Madrid el poeta chileno Vicente Huidobro, uno de los iniciadores en París del llamado Creacionismo. Durante su estancia en Madrid, además de publicar cuatro volúmenes de poesía, difundió de forma activa los principios de la estética creacionista, según la cual el poeta no ha de imitar a la Naturaleza, sino que debe crear él mismo nuevas realidades.
Para ello, se prescinde de lo anecdótico y descriptivo con el ánimo de que el poema provoque emoción por el valor de la creación misma. El poeta recurrirá fundamentalmente a la imagen, pero no al modo tradicional como alusión a un referente real, sino en ilógica asociación que rompa con lo esperable y verosímil, para establecer entre las dos realidades una relación arbitraria. En España, el Creacionismo influyó decisivamente en la obra de dos importantes poetas: Gerardo Diego y Juan Larrea. Por lo demás, contribuyó a expandir los principios fundamentales de la vanguardia y estuvo en el origen de un ismo característicamente hispano: el Ultraísmo.
El Ultraísmo
El Ultraísmo tuvo como primer impulsor al escritor sevillano Rafael Cansinos Assens y su primer manifiesto, publicado en el otoño de 1918, reconoce a Cansinos como guía y expone de forma muy moderada el deseo de renovación artística. En realidad, el Ultraísmo recoge ingredientes de las diversas vanguardias (sobre todo del Futurismo, del Cubismo, del Dadaísmo y del Creacionismo).
Se trata, por tanto, de un movimiento de superación de la lírica vigente, una reacción contra el Modernismo, una voluntad de renovación, un ir más allá, como lo indica su nombre. Por su carácter ecléctico, la mayoría de los rasgos típicos de la estética ultraísta son los mismos ya explicados anteriormente para las otras vanguardias:
- Anhelo de experimentación formal y temática.
- Abierta hostilidad a la tradición precedente.
La vida del Ultraísmo fue efímera y, mediada la década de los veinte, se le consideraba extinguido. Su principal aportación, más que sus frutos literarios concretos, fue la definitiva aclimatación de las ideas vanguardistas en la literatura española. Puede decirse, por ello, que su valor fue de carácter teórico, de apertura de nuevos horizontes, que aprovecharon luego fecundamente los poetas de la Generación del 27. Figuras ultraístas destacables son las de Jorge Luis Borges, que llevó de España a América el Ultraísmo, y, en especial, la de Guillermo de Torre.
Ramón Gómez de la Serna
Gómez de la Serna (Madrid, 1888 – Buenos Aires, 1963) escribió una nutridísima obra literaria: ensayos, biografías, narraciones cortas, novelas y obras de teatro. A través de la revista Prometeo y de su tertulia en el café Pombo, ejerció una importante labor creadora y de divulgación de los movimientos de vanguardia a principios de siglo. Viajó a París en 1910, donde mantuvo contacto con Apollinaire y otros vanguardistas. Su actitud manifiesta una rebeldía constante, un sentimiento antiburgués y un deseo por romper con todo lo establecido.
Aunque su literatura muestra coincidencias con las distintas vanguardias europeas, su marcado individualismo lo llevó a fundar su propio ismo: el ramonismo. Lo más característico de su producción son las greguerías, imágenes lírico-humorísticas que establecen relaciones insólitas y faltas de lógica entre dos objetos o conceptos. Las greguerías son muy diversas:
- Filosóficas: «El beso es hambre de inmortalidad».
- Líricas: «Al cerrar una puerta cogemos los dedos al silencio».
- Humorísticas: «El rayo es un sacacorchos encolerizado».
- De ingenuidad infantil.
El propio Ramón definió las greguerías como «metáfora + humor», pero los procedimientos técnicos mediante los que se construyen son muy variados: falsas etimologías, paronomasias, frases hechas, refranes, metáforas y comparaciones. Indudablemente, hay una relación entre la greguería y la ingeniosidad barroca, pero hay que vincularla a la libertad imaginativa de la vanguardia que busca vínculos insospechados entre los objetos.
Como dramaturgo, Ramón intentó en su juventud participar en la renovación del anquilosado teatro español con casi una veintena de originales piezas. Escribió también numerosas biografías, así como un muy interesante libro de memorias, Automoribundia. Sus ensayos, en los que da una personal visión del ambiente madrileño y de la vida literaria y artística de la capital, son también abundantísimos: El Rastro, El Prado, etc.
Pero quizá lo más interesante de la producción literaria de Gómez de la Serna son sus novelas y relatos breves: La viuda blanca y negra, Senos, El incongruente, El Gran Hotel, etc. Estas novelas no siguen fielmente los cánones del género y, a veces, son difíciles de separar de sus ensayos. Como es característico del vanguardismo, la acción suele ser muy leve y es sustituida por múltiples situaciones, divagaciones, sartas de greguerías, rasgos de ingenio y humor. Además de todas estas publicaciones, participó activamente en la vida intelectual de su época colaborando en prensa e impartiendo conferencias.