Evolución del Pensamiento Filosófico: Del Dualismo de Descartes al Empirismo de Hume

1. David Hume: El Empirismo Radical

El Problema del Conocimiento

Hume lleva el empirismo a su límite al afirmar que todo conocimiento procede de la experiencia. Para explicar cómo, divide las percepciones de la mente en dos categorías por su grado de fuerza y vivacidad:

  • Impresiones: Son las sensaciones inmediatas (ver, oír, sentir). Son intensas y actuales.
  • Ideas: Son copias debilitadas de las impresiones en el pensamiento o la memoria.

Para Hume, una idea solo es válida si podemos señalar la impresión de la que procede. Distingue dos tipos de objetos del conocimiento:

  • Relaciones de ideas: (Matemáticas, lógica). Son proposiciones analíticas cuya verdad se descubre por el pensamiento, sin recurrir a la experiencia. Su contrario es imposible porque implica contradicción.
  • Cuestiones de hecho: (Física, historia, vida cotidiana). Su verdad depende de la experiencia y su contrario es siempre posible.

Crítica a la Causalidad

El punto central del conocimiento en Hume es su ataque a la conexión necesaria. Según Hume, cuando decimos que «A es causa de B», no tenemos una impresión de la «causalidad» en sí, sino que solo observamos una conjunción constante.

La certeza que tenemos sobre el futuro no nace de la razón, sino del hábito o costumbre. Es una necesidad psicológica, no lógica. Por tanto, la ciencia no ofrece verdades absolutas, sino probables.

2. La Crítica a la Metafísica: La Ilusión de la Sustancia

Hume utiliza su «criterio de verdad» (buscar la impresión de cada idea) para desmantelar los tres pilares de la metafísica tradicional, a la que considera un saber dogmático y supersticioso.

A. Crítica a la Idea de Sustancia (Mundo Externo)

La metafísica afirma que existe una «sustancia» que sostiene las cualidades de los objetos. Hume señala que solo tenemos impresiones de colores, olores o formas, pero ninguna impresión de la sustancia misma. La «sustancia» es solo un nombre que le damos a un conjunto de percepciones que solemos encontrar juntas.

B. Crítica al «Yo» (Identidad Personal)

Frente al Cogito de Descartes, Hume afirma que el «Yo» es una ficción. Al mirar en nuestro interior, nunca encontramos un «Yo» estable, sino una sucesión de estados de ánimo, dolores o pensamientos. La mente es un «teatro de percepciones» que aparecen y desaparecen. No hay un espectador fijo (alma), solo el flujo de imágenes.

C. Crítica a la Idea de Dios

Hume invalida las pruebas de la existencia de Dios:

  • No se puede demostrar a priori porque su inexistencia no implica contradicción.
  • No se puede demostrar a posteriori (como causa del mundo) porque el principio de causalidad solo es válido entre impresiones, y no tenemos ninguna impresión de Dios ni del acto de creación.

1. La Ética: El Emotivismo Moral

Hume rompe con la tradición racionalista que buscaba fundamentar la moral en la razón. Para él, la ética es emotivista, basándose en las siguientes premisas:

  • Crítica al racionalismo moral: Hume afirma que la razón es incapaz de motivar la acción humana. La razón se ocupa de «relaciones de ideas» o «cuestiones de hecho», pero el bien y el mal no son hechos ni leyes lógicas, sino sentimientos. Como dice Hume: «La razón es, y solo debe ser, esclava de las pasiones».
  • La Falacia Naturalista: Es uno de sus aportes más famosos. Hume denuncia que muchos filósofos pasan de enunciados descriptivos (lo que es) a enunciados normativos (lo que debe ser) sin justificación. No se puede derivar una obligación moral de un hecho físico o natural.
  • El sentimiento de aprobación: La moralidad se siente más que se juzga. El vicio y la virtud surgen de un sentimiento de aprobación o desaprobación que experimentamos ante una acción.
  • La Utilidad y la Simpatía: ¿Por qué aprobamos ciertas conductas? Por su utilidad para la sociedad. Hume introduce el concepto de simpatía (capacidad de conectar con los sentimientos ajenos), que nos lleva a buscar el bienestar común, pues lo que es útil para la colectividad despierta en nosotros un sentimiento positivo de aprobación.

2. La Política: Pragmatismo y Utilitarismo

Hume realiza una crítica empírica a las teorías del contrato social (como las de Locke o Hobbes), proponiendo una visión basada en los hechos y la utilidad:

  • Crítica al Pacto Social: Hume sostiene que el «estado de naturaleza» y el «contrato social» son ficciones indemostrables. No hay registro histórico de un pacto original; el poder político suele originarse en la conquista, la usurpación o la transmisión hereditaria.
  • El origen en la Utilidad: Las sociedades no se forman por un acuerdo racional, sino por necesidad y utilidad. El ser humano nace en una célula familiar y, por hábito y conveniencia, extiende esa organización a estructuras más amplias porque estas garantizan el orden, la propiedad y la justicia.
  • Obediencia y Hábito: Si obedecemos al gobierno no es porque hayamos firmado un contrato, sino por hábito y porque entendemos que, sin autoridad, la vida social sería imposible. La legitimidad del poder político no es trascendente, sino factual y utilitaria.
  • Positivismo político: Hume sienta las bases del utilitarismo posterior (influyendo en autores como Jeremy Bentham). La política debe basarse en lo que funciona para la mayoría (hechos medibles) y no en teorías abstractas sobre derechos naturales.

Comparativa: John Locke vs. David Hume

1. El conocimiento: ¿Certeza o Probabilidad?

John Locke: Para Locke, el conocimiento es todavía «optimista». Aunque rechaza las ideas innatas, cree que podemos tener certeza sobre la existencia del mundo externo (causa de nuestras ideas), de Dios (por demostración causal) y del Yo (por intuición). Locke aún confía en el concepto de «sustancia» como un soporte desconocido pero real.

David Hume: Hume aplica el criterio de verdad de forma radical: si no hay impresión, la idea es falsa. Al no encontrar una impresión de la «sustancia», la reduce a una colección de ideas simples unidas por la imaginación. Para Hume, no hay certeza sobre el mundo o Dios, solo probabilidad. El conocimiento se divide en «relaciones de ideas» (ciertas pero vacías de realidad) y «cuestiones de hecho» (basadas en la costumbre y el hábito).

2. La Identidad Personal (El «Yo»)

Locke: Defiende que la identidad personal reside en la conciencia y la memoria. El «Yo» es algo real que da continuidad a nuestra existencia.

Hume: Destruye esta noción. Al «mirar dentro», Hume solo encuentra percepciones particulares (calor, odio, placer), pero nunca al «Yo» solo. Define la mente como un teatro de percepciones sucesivas. La identidad es, por tanto, una ficción creada por la memoria para dar coherencia a lo que es solo un flujo constante.

3. Política: ¿Contrato Social o Utilidad?

Locke (Liberalismo): Fundamenta el Estado en el Contrato Social. Los hombres, libres e iguales en un «estado de naturaleza», deciden pactar para proteger su propiedad privada. El poder es legítimo porque hay un acuerdo racional originario.

Hume (Utilitarismo): Critica a Locke afirmando que el «contrato social» es una ficción indemostrable. La sociedad no nace de un pacto, sino de la utilidad y la necesidad (empezando por la familia). Obedecemos al gobierno no por un contrato antiguo, sino porque es útil para mantener el orden y la justicia. El poder se funda en hechos (usurpación, herencia, elección) y se mantiene por el hábito.

El Problema de la Antropología en Descartes

Introducción: El hombre como dualismo

Para Descartes, la antropología es una pieza central de su sistema metafísico. Tras alcanzar la primera verdad absoluta mediante la duda metódica («cogito, ergo sum»), el filósofo concluye que el ser humano no es una unidad sustancial, sino un compuesto de dos sustancias radicalmente distintas e independientes. Esta concepción se denomina dualismo antropológico.

El dualismo de las Meditaciones Metafísicas sitúa a Descartes en la tradición inaugurada por Platón, al defender la prioridad del alma sobre el cuerpo. Sin embargo, Descartes se aleja del filósofo griego al eliminar toda connotación mística o moral de esta unión. Mientras que para Platón el cuerpo es un obstáculo para la purificación del alma, para Descartes el cuerpo es una res extensa regida por leyes mecánicas, transformando la antropología en un problema de comunicación de sustancias que se resuelve mediante la glándula pineal, y no mediante la ascensión dialéctica.

1. La Res Cogitans (El alma o sustancia pensante)

El alma es definida como una sustancia finita cuyo único atributo es el pensamiento. Para Descartes, pensar abarca todos los actos conscientes del espíritu: juzgar, razonar, querer e incluso imaginar y sentir.

Para demostrar la independencia del alma respecto al cuerpo, Descartes utiliza el experimento mental de la «hipótesis del genio maligno»: puedo fingir o dudar de que tengo un cuerpo o de que el mundo físico existe, pero no puedo dudar de que estoy pensando. Por tanto, la esencia del yo es exclusivamente el pensamiento (res cogitans). Esta sustancia es inmaterial, simple y, por tanto, inmortal, ya que no depende de la extensión para existir.

2. La Res Extensa (El cuerpo o sustancia material)

El cuerpo es concebido como sustancia finita cuyo atributo es la extensión (longitud, anchura y profundidad). Sus «modos» son la figura y el movimiento o reposo.

Descartes propone una visión mecanicista de la biología: los organismos vivos, incluido el cuerpo humano, son máquinas complejas que funcionan bajo las leyes deterministas de la física y la geometría. Se inspira en descubrimientos como la circulación sanguínea de Harvey para afirmar que el cuerpo no posee «ánima» o principio vital propio, sino que se mueve por impulsos mecánicos. Esta visión separa netamente al hombre de los animales, a los que considera simples autómatas sin alma.

3. La comunicación de las sustancias

El principal problema que plantea este dualismo es el de la «comunicación de las sustancias»: si el alma es inmaterial y el cuerpo es material, ¿cómo pueden interactuar? (por ejemplo, cómo el deseo de caminar mueve las piernas, o cómo un daño físico produce tristeza).

Descartes intentó resolver este problema mediante una explicación fisiológica, situando el punto de unión en la glándula pineal, localizada en el cerebro. A través de ella, el alma y el cuerpo se comunican, permitiendo que el ser humano mantenga una unión, aunque sea accidental, entre ambas realidades.

San Agustín de Hipona: El Problema de Dios

Para Agustín, Dios no se encuentra buscando en el mundo exterior, sino en la intimidad del alma («No vayas fuera, vuelve a ti mismo; en el hombre interior habita la verdad»). El camino hacia Dios tiene dos momentos clave:

  • La superación del escepticismo: Agustín argumenta que, aunque nos equivoquemos, nuestra propia existencia es indudable («Si fallor, sum»: Si me equivoco, existo).
  • La Teoría de la Iluminación: El ser humano, siendo finito y mutable, es capaz de captar verdades eternas y universales (como las leyes de la lógica o el bien). Puesto que el hombre no puede crear estas verdades, Agustín concluye que deben ser proyectadas por Dios en la mente humana. Así, Dios es la «Luz» que permite a la razón comprender la verdad absoluta.

La Ética en San Agustín

A diferencia de los griegos, que creían que bastaba con conocer el bien para hacerlo (intelectualismo moral), Agustín introduce la centralidad de la voluntad. El hombre es, ante todo, su amor.

  • El Libre Albedrío y el Problema del Mal: Agustín enfrenta el dilema de cómo un Dios bueno puede permitir el mal. Su respuesta es que el mal no es una sustancia o creación de Dios, sino una privación (ausencia de bien). El mal moral nace del libre albedrío: la capacidad humana de elegir bienes inferiores o temporales por encima del Bien Supremo que es Dios.
  • La Rectitud del Amor: Para Agustín, la virtud consiste en el «orden del amor» (Ordo amoris). Ser ético significa amar cada cosa según su valor real: amar a Dios por encima de todo y a las cosas del mundo solo en la medida en que nos acercan a Él. Su famosa frase «Ama y haz lo que quieras» resume esto: si tu voluntad está orientada por el amor a Dios, tus acciones serán necesariamente buenas.

Platón: Ética y Política

1. La Ética

La ética platónica sostiene que el alma humana consta de tres facultades, y a cada una le corresponde una virtud específica que debe desarrollar para alcanzar la excelencia:

  • El alma racional: Ubicada en la cabeza, es la parte inmortal y divina cuya función es conocer la verdad y dirigir la conducta. Su virtud es la prudencia o sabiduría.
  • El alma irascible: Situada en el pecho, es la fuente de las pasiones nobles como el valor y la voluntad. Su virtud es la fortaleza.
  • El alma concupiscible: Localizada en el vientre, es la sede de los deseos materiales y los apetitos corporales. Su virtud es la templanza o moderación.

Desde este enfoque, un individuo es éticamente justo cuando la razón, apoyada por la fortaleza, logra gobernar y moderar los deseos del alma concupiscible.

2. La Política: La Justicia en la Ciudad Ideal

Platón traslada este esquema a su teoría política en la obra La República. Para que un Estado sea perfecto, debe estar organizado en tres clases sociales que correspondan a las partes del alma:

  • Los Gobernantes-Filósofos: Representan la razón del Estado. Deben ser aquellos que han alcanzado el conocimiento de las Ideas (el Bien). Su función es legislar y dirigir la ciudad con sabiduría.
  • Los Guardianes: Representan la parte irascible. Su misión es proteger la seguridad interna y externa de la ciudad, actuando con valentía y subordinación a los gobernantes.
  • Los Productores: Representan la parte concupiscible. Son los encargados de satisfacer las necesidades materiales (artesanos, labradores). Su virtud debe ser la templanza para aceptar el orden social.

3. Conclusión

El problema de la política se resuelve, según Platón, mediante la Justicia, que consiste en que cada clase social cumpla estrictamente con la función que le corresponde por naturaleza, sin interferir en las demás. Por lo tanto, el Estado ideal solo es posible bajo el gobierno del Filósofo-Rey, ya que solo quien conoce el Bien puede aplicarlo a la gestión pública. La política es, en última instancia, el arte de educar a los ciudadanos para que sean virtuosos y vivan en armonía.