Panorama de la Filosofía Occidental: De Platón a Kant

Platón: Fundamentos de la Metafísica y el Conocimiento

1. Biografía y Contexto Histórico-Filosófico

Platón nació en Atenas en el siglo V a. C. en el seno de una familia aristocrática, lo que explica su temprana vocación política y su interés por la organización de la ciudad. En su juventud conoció a Sócrates, de quien fue discípulo durante años y cuya figura influyó decisivamente en toda su filosofía. La condena a muerte de Sócrates por parte de la democracia ateniense supuso para Platón una profunda decepción política y moral, llevándole a la convicción de que una ciudad solo puede ser justa si es gobernada por sabios.

El Demiurgo y la Creación del Mundo Sensible

El mundo sensible es obra del Demiurgo. El demiurgo actúa sobre una materia informe y caótica, que existía desde siempre (materia del mundo sensible), y la modela, le da forma teniendo como modelo el mundo de las Ideas. Se ha servido como modelo de unas ideas, que también existían desde siempre.

Teoría de la Realidad: El Dualismo Ontológico

Platón defiende la existencia de dos niveles de realidad claramente diferenciados:

  • Mundo Sensible: Es el mundo físico en el que vive el ser humano. Está compuesto por objetos particulares, contingentes y cambiantes, por lo que no puede proporcionar conocimiento verdadero, sino solo opinión.
  • Mundo de las Ideas: Constituye la auténtica realidad. Las Ideas son entidades universales, eternas, necesarias e inmutables, y son las esencias de todas las cosas. Cada objeto sensible participa o imita una Idea, pero nunca la reproduce de forma perfecta.

Las Ideas están jerarquizadas, y en la cúspide se encuentra la Idea de Bien, que es la causa del ser, del conocimiento y del orden del resto de las Ideas. El mundo sensible ha sido ordenado por el demiurgo, una inteligencia que modela la materia caótica tomando como referencia el mundo de las Ideas. El mundo sensible es imperfecto porque la materia es limitada y cambiante.

Teoría del Conocimiento: Doxa y Episteme

Platón se pregunta cómo es posible el conocimiento verdadero si el mundo sensible está en continuo cambio. Para responder a esta cuestión distingue dos tipos de conocimiento:

  • La doxa u opinión es el conocimiento propio del mundo sensible y depende de los sentidos. Es un conocimiento inseguro y cambiante.
  • La episteme o ciencia es el conocimiento verdadero, universal y necesario, y tiene como objeto las Ideas.

Según Platón, conocer no es adquirir algo nuevo, sino recordar lo que el alma ya conocía antes de unirse al cuerpo. Esta teoría se denomina anámnesis. El alma contempló las Ideas en el mundo inteligible, pero al encarnarse las olvidó. A través de los sentidos, el alma despierta el recuerdo de esas Ideas.

El Símil de la Línea

Platón explica los grados de conocimiento mediante el símil de la línea, que representa un proceso ascendente desde la ignorancia hasta el conocimiento verdadero:

  1. En el nivel inferior se encuentra la imaginación (eikasía), relacionada con las sombras y las imágenes.
  2. Le sigue la creencia (pístis), que corresponde al conocimiento de los objetos sensibles.
  3. En el ámbito del conocimiento intelectual se sitúa la dianoia, propia de las matemáticas, que prepara al alma para el conocimiento filosófico.
  4. El grado más alto es la noesis, que es el conocimiento directo de las Ideas y culmina en la contemplación de la Idea de Bien.
El Mito de la Caverna

El mito de la caverna es una explicación simbólica de la teoría de la realidad, del conocimiento, de la educación y de la política. Los prisioneros encadenados representan a los seres humanos que viven en el mundo sensible, confundiendo las sombras con la verdadera realidad. La liberación de uno de ellos simboliza el proceso educativo del filósofo, que asciende desde la opinión hasta el conocimiento verdadero. La salida al exterior representa el acceso al mundo de las Ideas, y el sol simboliza la Idea de Bien, causa del ser y del conocimiento. El regreso del filósofo a la caverna muestra su deber moral de educar a los demás ciudadanos, aunque sea incomprendido o rechazado.

Antropología: El Alma y el Cuerpo

Platón concibe al ser humano como una unión accidental de cuerpo y alma. El cuerpo pertenece al mundo sensible, es mortal y actúa como cárcel del alma. El alma es inmortal y pertenece al mundo de las Ideas. Está compuesta por tres partes:

  • La racional, encargada del conocimiento y el gobierno.
  • La irascible, relacionada con el valor y la voluntad.
  • La concupiscible, ligada a los deseos y placeres.

Esta concepción aparece simbolizada en el mito del carro alado.

Ética Platónica

La ética platónica se basa en la purificación del alma y en su armonía interna. Cada parte del alma tiene una virtud propia:

  • La sabiduría corresponde a la parte racional.
  • La fortaleza a la irascible.
  • La templanza a la concupiscible.

Cuando cada parte cumple su función y existe equilibrio entre ellas, se alcanza la justicia, que es la virtud fundamental. El objetivo último de la vida moral es la contemplación de la Idea de Bien, que conduce a la felicidad.

Aristóteles: Política y Sociedad

Política Aristotélica

Para Aristóteles el ser humano es un ser social, político (se desarrolla en la polis), dotado de lenguaje. Y la polis, la «ciudad-Estado», es la sociedad perfecta, ya que es autosuficiente, puesto que solo ella posee los medios adecuados para conseguir sus fines. Las demás sociedades (familia, ej.) dependen de ella para poder hacerlo. «La ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros. Ya que el conjunto es necesariamente anterior a la parte». La virtud política (el saber vivir en sociedad) consiste en saber dotarse de un orden político justo, plasmado en leyes que permitan un trato de igualdad a todos los ciudadanos y que estos deben obedecer.

La Organización del Estado

Lo más importante es conseguir, con el mínimo gasto posible, la seguridad y la estabilidad que permitan vivir bien y civilizadamente a los miembros de la polis.

Las tres posibles organizaciones de un Estado son:

  • La monarquía: es el mejor sistema de gobierno; pero, cuando el monarca se ocupa de buscar su propio provecho en lugar del provecho del pueblo que gobierna, se convierte en tiranía.
  • La aristocracia: es un buen sistema de gobierno; pero, si en lugar de buscar el bien del pueblo, los aristócratas buscan el suyo propio, degenera y se convierte en oligarquía.
  • La democracia: al… (el texto original se corta aquí).

San Agustín: Filosofía Medieval y Fe

Biografía y Contexto

Agustín de Hipona es uno de los principales representantes de la filosofía medieval y una figura clave del pensamiento cristiano. Nació en Tagaste, en el norte de África, en el año 354. Su padre era pagano y su madre, Mónica, cristiana, cuya fe influyó decisivamente en su conversión. Tras realizar sus primeros estudios en su ciudad natal, se trasladó a Madaura y posteriormente a Cartago, donde estudió retórica y entró en contacto con las corrientes filosóficas de su tiempo.

El Ser Humano: Alma y Cuerpo

La concepción agustiniana del ser humano está profundamente influida por Platón. El hombre está compuesto por alma y cuerpo, dos realidades distintas, aunque creadas ambas por Dios. El cuerpo no es malo en sí mismo, ya que todo lo creado por Dios es bueno, pero debe estar sometido al alma y actuar como su instrumento. El alma es la parte principal del ser humano. Es espiritual, inmortal y superior al cuerpo, y constituye el principio del conocimiento y del amor. Para explicar su inmortalidad, Agustín recurre al argumento de la simplicidad: al no estar compuesta de partes, el alma no puede descomponerse ni desaparecer. Sin embargo, el alma no es eterna, pues solo Dios lo es; tiene un origen creado.

El origen del alma plantea un problema que Agustín no llega a resolver definitivamente. Por un lado, el creacionismo sostiene que Dios crea cada alma, pero esto plantea dificultades en relación con el pecado original. Por otro lado, el traducianismo defiende que el alma se transmite de padres a hijos, aunque resulta difícil explicar cómo un ser material puede transmitir un espíritu.

Teoría del Conocimiento y la Iluminación Divina

Agustín se enfrenta al escepticismo de su época defendiendo la posibilidad de conocer la verdad. Afirma que, aunque se dude de todo, no se puede dudar de que quien duda existe, anticipando el famoso cogito de Descartes. Para Agustín, en la mente humana existen verdades universales, necesarias e inmutables, como las verdades matemáticas y filosóficas, que no pueden proceder ni del mundo sensible ni del propio ser humano, ya que ambos son cambiantes y contingentes. Estas verdades solo pueden explicarse si proceden de Dios, que ilumina la inteligencia humana desde su interior. Esta teoría se conoce como iluminación divina. Para acceder a la verdad, el ser humano debe realizar un proceso de interiorización y purificación moral, ya que no todos están preparados para recibir esa iluminación.

Agustín distingue dos grandes tipos de conocimiento:

  • El conocimiento sensible es el nivel más bajo, depende de los sentidos y solo produce opinión.
  • El conocimiento racional es superior y permite acceder a la verdad. A su vez, se divide en racional inferior, propio de las ciencias que estudian la realidad temporal, y racional superior, que busca las verdades eternas como Dios, el alma, el bien y la justicia. En ambos casos, la iluminación divina es imprescindible.
Razón y Fe

Para Agustín, razón y fe no se oponen, sino que se complementan. La razón ayuda a comprender la fe, y la fe orienta y guía a la razón. Es necesario creer para poder entender plenamente la verdad. Sin fe no hay sabiduría, ya que las verdades más altas superan las capacidades naturales de la razón humana.

La Realidad y la Creación

Agustín sostiene que toda la realidad ha sido creada por Dios de la nada. La creación es un acto libre y voluntario de Dios, por lo que todo lo existente es contingente y depende de Él. Dios es eterno y no está sujeto al tiempo; el tiempo comienza con la creación. Las esencias de todas las cosas se encuentran en la mente de Dios como modelos eternos, lo que se denomina ejemplarismo. Además, Agustín incorpora la teoría de las rationes seminales, según la cual Dios deposita en la materia unas semillas o potencialidades que se desarrollan con el tiempo. La evolución del mundo no implica nuevas creaciones, sino la actualización de esas potencialidades.

Ética: Libertad, Felicidad y Problema del Mal

El ser humano busca naturalmente la felicidad, pero no puede encontrarla en los bienes materiales ni en sí mismo, ya que son limitados y cambiantes. Solo Dios, como Bien supremo e inmutable, puede hacer plenamente feliz al ser humano. La ética consiste en conocer a Dios, amarlo y vivir conforme a su ley, que se manifiesta en la ley natural inscrita en el alma. La virtud fundamental es la caridad, entendida como amor a Dios y al prójimo. El ser humano es libre y responsable de sus actos: puede orientarse hacia Dios o alejarse de Él eligiendo bienes inferiores. Dios conoce desde siempre lo que el ser humano elegirá, pero este conocimiento no anula la libertad.

Agustín explica el origen del mal afirmando que el mal no es una realidad positiva, sino una privación de bien. Distingue entre el mal moral, que procede del mal uso del libre albedrío, y el mal físico, como el dolor o la enfermedad, que adquiere sentido desde la fe como medio de purificación. Dios no es responsable del mal, ya que este surge de la libertad humana.

Sociedad y Política: Las Dos Ciudades

La historia humana se explica como una lucha entre el bien y el mal, simbolizada en la doctrina de las dos ciudades. La Ciudad de Dios está formada por quienes aman a Dios por encima de todo, mientras que la Ciudad Terrenal la constituyen quienes se aman desordenadamente a sí mismos y a los bienes materiales. Estas dos ciudades no se identifican estrictamente con Iglesia y Estado, sino que están mezcladas en cualquier sociedad a lo largo de la historia. Agustín relativiza el poder político y el Estado, al que considera necesario para garantizar la convivencia y la paz temporal, pero peligroso cuando se absolutiza. El destino final de cada ser humano y su pertenencia a una u otra ciudad solo lo decide Dios tras la muerte.

René Descartes: El Fundamento del Conocimiento Moderno

El Problema del Conocimiento

El problema central de la filosofía cartesiana es el fundamento del conocimiento. Descartes se pregunta si es posible alcanzar una verdad absolutamente cierta y universal, libre de toda duda. Considera que muchas creencias aceptadas tradicionalmente se apoyan en la costumbre, la autoridad o los sentidos, y no en una evidencia racional clara. Por ello, Descartes propone comenzar la filosofía desde cero, rechazando provisionalmente todo aquello que pueda ser puesto en duda, con el fin de encontrar una verdad indudable que sirva como punto de partida para reconstruir todo el saber.

El Método Cartesiano

Para alcanzar la verdad, Descartes formula un método racional, inspirado en las matemáticas. El método es un conjunto de reglas que orientan correctamente el uso de la razón y evitan el error:

  1. La primera regla es la evidencia, que exige aceptar como verdadero solo aquello que se presenta a la mente con claridad y distinción, es decir, de forma tan evidente que no deje lugar a la duda.
  2. La segunda regla es el análisis, que consiste en dividir los problemas complejos en partes más simples.
  3. La tercera regla es la síntesis, que ordena el pensamiento desde lo simple a lo complejo mediante deducciones necesarias.
  4. La cuarta regla es la enumeración, que obliga a revisar todo el proceso para asegurarse de no haber cometido errores.

Las dos operaciones fundamentales de la razón son la intuición, que capta directamente las verdades evidentes, y la deducción, que extrae conclusiones necesarias a partir de ella.

La Duda Metódica

Para aplicar el método, Descartes introduce la duda metódica, que no es una duda escéptica definitiva, sino un procedimiento racional. Esta duda es universal, metódica y provisional:

  1. En primer lugar, Descartes duda de los sentidos, ya que en ocasiones nos engañan.
  2. En segundo lugar, duda de la distinción entre sueño y vigilia, puesto que no siempre podemos estar seguros de estar despiertos.
  3. En tercer lugar, plantea la hipótesis del genio maligno, un ser poderoso que podría engañarnos incluso en las verdades matemáticas, llevando la duda al máximo extremo.
La Demostración de la Existencia de Dios

A partir del cogito, Descartes demuestra la existencia de Dios. Observa que el yo es finito e imperfecto, pero posee la idea de un ser infinito y perfecto. Según el principio de causalidad, la causa de una idea debe tener al menos tanta realidad como su efecto; por tanto, un ser finito no puede ser causa de la idea de infinito, que debe proceder de Dios mismo. Además, Descartes afirma que el yo no puede ser causa de su propia existencia, ya que si lo fuera se habría dado todas las perfecciones. Finalmente, recurre al argumento ontológico, según el cual la existencia pertenece necesariamente a la esencia de un ser absolutamente perfecto. La existencia de Dios es clave en el sistema cartesiano, ya que Dios, al ser perfecto y bueno, no puede engañar. Gracias a ello, Descartes puede confiar en que las ideas claras y distintas son verdaderas.

La Existencia del Mundo Exterior y las Sustancias

Garantizada la veracidad de la razón por Dios, Descartes afirma la existencia del mundo material. Si Dios no engaña, no puede haber puesto en nosotros la inclinación natural a creer en un mundo exterior sin que este exista realmente. Descartes distingue tres tipos de sustancias:

  • Dios, sustancia infinita.
  • El yo, sustancia pensante (res cogitans).
  • Los cuerpos, sustancia extensa (res extensa), cuya esencia es la extensión y que se rigen por leyes mecánicas y matemáticas.

Antropología: Dualismo Alma-Cuerpo

El ser humano es una unión de dos sustancias distintas: el alma, que piensa, es libre e inmortal, y el cuerpo, que es material y está sometido a las leyes físicas. Aunque son sustancias diferentes, están estrechamente unidas, como muestran las pasiones, el dolor y las emociones. Descartes sitúa el punto de unión en la glándula pineal. Este dualismo influirá profundamente en la filosofía posterior y plantea problemas sobre la relación entre mente y cuerpo.

Ética: La Moral Provisional

Mientras construye su sistema filosófico, Descartes propone una moral provisional para guiar la conducta. Esta moral se basa en:

  1. Obedecer las leyes y costumbres del país.
  2. Actuar con firmeza y decisión.
  3. Dominar los deseos.
  4. Dedicar la vida al perfeccionamiento de la razón.

El objetivo último es alcanzar la tranquilidad del alma mediante el conocimiento de la verdad.

David Hume: El Empirismo Radical

Teoría del Conocimiento (Crítica de la Razón Pura)

Hume sostiene que todo conocimiento humano procede de la experiencia. Rechaza radicalmente la existencia de ideas innatas, defendidas por los racionalistas como Descartes. Según Hume, la mente humana nace como una tabla rasa, y todo su contenido se adquiere a través de las percepciones. Para Hume, el conocimiento es percepción, y todas las percepciones se dividen en impresiones e ideas, diferenciándose por su grado de viveza e intensidad.

Impresiones e Ideas
  • Las impresiones son las percepciones más vivas y fuertes. Hume distingue dos tipos:
    • Impresiones de sensación proceden directamente de los sentidos (ver, oír, tocar).
    • Impresiones de reflexión son emociones y sentimientos internos (miedo, deseo, alegría).
  • Las ideas son copias debilitadas de las impresiones. Son los recuerdos, imaginaciones y conceptos que la mente forma a partir de lo que ha sentido previamente. Toda idea debe derivar de una impresión correspondiente. Si no encontramos la impresión de la que procede una idea, dicha idea debe considerarse vacía o inválida. Este criterio es fundamental para la crítica de Hume a la metafísica.
Asociación de Ideas

Las ideas no aparecen aisladas en la mente, sino que se relacionan entre sí mediante principios de asociación, que explican el funcionamiento del pensamiento humano. Hume distingue tres principios:

  • La semejanza, por la que una idea nos recuerda otra parecida.
  • La contigüidad en el espacio y el tiempo, por la que asociamos ideas de cosas que aparecen juntas.
  • La causalidad, por la que creemos que un hecho produce otro.

Estos principios no son racionales, sino hábitos mentales.

Los Juicios

Hume distingue dos tipos de juicios o proposiciones:

  • Juicios de relación de ideas: Son necesarios y universales, como las verdades matemáticas. No dependen de la experiencia, sino del análisis de las ideas, pero no aportan conocimiento sobre la realidad.
  • Juicios de hecho: Se basan en la experiencia y describen la realidad, pero nunca son necesarios ni universales, ya que siempre pueden ser falsos. Su validez depende de la costumbre y la repetición de experiencias pasadas.
Metafísica y Crítica de la Causalidad

Hume somete la metafísica tradicional a una crítica radical. En primer lugar, analiza la causalidad, concepto central de la ciencia y la filosofía. Según Hume, no percibimos ninguna conexión necesaria entre causa y efecto. Lo único que observamos es que ciertos hechos se repiten de forma constante y contigua en el tiempo. Cuando vemos que un acontecimiento sigue a otro, como el movimiento de dos bolas de billar, creemos que el primero causa el segundo. Sin embargo, la experiencia solo nos muestra sucesión y contigüidad, nunca una conexión necesaria. La idea de causalidad no procede de la razón, sino del hábito o costumbre de asociar hechos que se repiten. Por ello, la causalidad no es una verdad objetiva, sino una creencia psicológica.

Crítica a la Sustancia y al Alma

Hume aplica el mismo análisis al concepto de sustancia. La filosofía tradicional entendía la sustancia como el sustrato permanente que sostiene las cualidades de los objetos. Sin embargo, Hume afirma que no tenemos ninguna impresión de la sustancia. Solo percibimos cualidades concretas como colores, sonidos o sabores. La idea de sustancia es una construcción mental que surge por costumbre, no una realidad objetiva. Esta crítica se extiende al concepto de alma o yo. Frente a la idea cartesiana de una sustancia pensante permanente, Hume sostiene que no tenemos impresión alguna de un yo estable. Lo único que encontramos es un conjunto cambiante de percepciones, pensamientos y emociones. El yo no es una sustancia, sino un haz o colección de percepciones en continuo cambio.

Ética: Sentimentalismo Moral

La ética de Hume es empirista y sentimentalista. La moral no se basa en la razón, sino en los sentimientos. La razón es incapaz de motivar la acción moral; solo sirve para informarnos de los hechos. Son los sentimientos los que nos llevan a aprobar o desaprobar las acciones. El sentimiento fundamental es la simpatía, que nos permite ponernos en el lugar de los demás y compartir sus emociones. Los juicios morales no describen hechos objetivos, sino que expresan sentimientos de aprobación o rechazo. Las virtudes son cualidades útiles o agradables, ya sea para quien las posee o para los demás, mientras que los vicios son cualidades que producen daño o disminuyen la felicidad. La utilidad y la felicidad humana son el criterio último de la moralidad.

Política

La filosofía política de Hume es empirista, moderada y realista. Parte de una visión de la naturaleza humana como imperfecta y parcialmente egoísta, aunque capaz de cooperación. Las instituciones políticas no surgen de planes racionales ni de contratos sociales, sino de un proceso histórico gradual. Hume critica las teorías del contrato social, afirmando que no existe evidencia histórica de que los gobiernos surgieran de un pacto consciente. La justicia no es una virtud natural, sino una convención necesaria para organizar la convivencia social. Las instituciones deben valorarse según su utilidad, es decir, según su contribución al bienestar general. Defiende una política moderada, rechazando tanto el absolutismo como la democracia radical, y valora la historia como una fuente fundamental para comprender y mejorar la vida política.

Jean-Jacques Rousseau: El Contrato Social y la Voluntad General

Antropología y Política: El Estado de Naturaleza

La antropología de Rousseau se basa en la idea de que el ser humano es bueno por naturaleza, pero que la sociedad lo ha corrompido. Frente a otros pensadores modernos, Rousseau defiende que la naturaleza ha hecho al hombre libre, igual y feliz, y que es la organización social la responsable de la desigualdad y la injusticia. El estado de naturaleza, influido por el mito del buen salvaje, no es un hecho histórico real, sino un modelo teórico. En él, el ser humano vive de forma sencilla, solitaria y pacífica, guiado por el amor de sí y la compasión. No existen la propiedad privada ni la ambición, por lo que todos son iguales y libres. Este estado ideal sirve a Rousseau para criticar la sociedad desigual de su tiempo.

La Sociedad y el Origen de la Desigualdad

Aunque el estado de naturaleza es positivo, el ser humano no puede subsistir completamente solo, lo que lo lleva a vivir en sociedad. Sin embargo, la sociedad histórica no mejora su situación, sino que la empeora. La propiedad privada introduce la desigualdad, la competencia y el deseo de riqueza, generando envidias, desconfianza y abuso de poder. De este modo, la sociedad corrompe moralmente al ser humano y le arrebata su libertad y felicidad originales.

El Contrato Social

La solución no consiste en regresar al estado de naturaleza, sino en transformar la sociedad mediante un contrato social. Este pacto es un acuerdo entre todos los ciudadanos, por el cual cada individuo entrega su persona y sus derechos al conjunto, formando una comunidad política. El objetivo del contrato es garantizar la protección de todos sin perder la libertad, de modo que cada ciudadano, al obedecer las leyes, no obedezca a otro, sino a sí mismo. La enajenación es total e igual para todos, evitando privilegios y desigualdades.

La Voluntad General y el Estado

Del contrato social surge la voluntad general, orientada al bien común y superior a las voluntades particulares. La comunidad política recibe el nombre de Estado cuando es pasiva y Soberano cuando legisla. Sus miembros son ciudadanos cuando participan en la soberanía y súbditos cuando cumplen las leyes. Las leyes son elaboradas por todos y, al cumplirlas, los ciudadanos se obedecen a sí mismos, alcanzando una libertad civil, superior a la libertad natural. El soberano es siempre el pueblo, y los gobernantes son solo ejecutores de la voluntad general.

Democracia, Gobierno y Participación

Rousseau defiende la soberanía popular y una democracia participativa basada en la asamblea. Los gobiernos pueden corromperse si anteponen su voluntad particular a la voluntad general, por lo que el pueblo tiene derecho a nombrarlos y destituirlos. Considera la democracia adecuada para Estados pequeños y la monarquía para Estados grandes, siempre subordinada al pueblo.

Educación y Formación del Ciudadano

La educación es esencial para realizar la naturaleza humana y sostener el contrato social. Debe desarrollarse en etapas: formación física en contacto con la naturaleza, formación intelectual y moral en la adolescencia y, finalmente, educación política y civil. Rousseau defiende una religión interior deísta y una religión civil que fomente los valores comunes y la cohesión social.

Immanuel Kant: La Filosofía Crítica

Teoría del Conocimiento (Crítica de la Razón Pura)

El objetivo de Kant es analizar qué podemos conocer y bajo qué condiciones es posible el conocimiento científico. Para ello intenta superar el enfrentamiento entre empirismo y racionalismo. Kant sostiene que ambos tienen parte de razón: todo conocimiento comienza con la experiencia, pero no todo procede de ella. Para que exista conocimiento válido se necesitan dos elementos inseparables:

  • La experiencia sensible, que aporta el contenido.
  • Las estructuras a priori de la mente, que ordenan ese contenido.

Como consecuencia, el ser humano no conoce la realidad tal como es en sí misma (noúmeno), sino solo la realidad tal como aparece organizada por las formas del sujeto (fenómeno).

Los Tipos de Juicios

Kant entiende la ciencia como un conjunto de juicios. Distingue tres tipos:

  • Juicios analíticos a priori: En los que el predicado está contenido en el sujeto y no amplían el conocimiento.
  • Juicios sintéticos a posteriori: Que dependen de la experiencia y amplían el conocimiento, pero no son universales ni necesarios.
  • Juicios sintéticos a priori: Que amplían el conocimiento y son universales y necesarios. Estos son los juicios propios de la ciencia.
Estética Trascendental

En la estética trascendental Kant explica cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en las matemáticas. El conocimiento sensible se basa en intuiciones:

  • Intuiciones puras: Que son el espacio y el tiempo, formas a priori de la sensibilidad.
  • Intuiciones empíricas: Que son las percepciones sensibles.

La realidad proporciona un caos de sensaciones que el sujeto organiza mediante el espacio y el tiempo. La unión de ambos da lugar al fenómeno. Las matemáticas son posibles porque utilizan estas formas a priori: la geometría se basa en el espacio y la aritmética en el tiempo.

Analítica Trascendental

En la analítica trascendental Kant analiza el conocimiento del entendimiento, que piensa los fenómenos mediante conceptos. El entendimiento posee categorías a priori (como causalidad, sustancia o cantidad), que permiten formular leyes científicas. La física es posible porque aplica estas categorías a los fenómenos organizados previamente por el espacio y el tiempo. Así, la ciencia natural no se limita a describir, sino que explica los fenómenos mediante leyes universales.

Dialéctica Trascendental

En la dialéctica trascendental Kant se pregunta si la metafísica puede ser una ciencia. La respuesta es negativa. La metafísica pretende conocer el yo, el mundo y Dios como realidades en sí mismas, pero estos objetos no pueden darse en la experiencia sensible. Al intentar conocerlos, la razón cae en contradicciones. Por ello, la metafísica no puede proporcionar conocimiento científico.