La Confrontación Filosófica: Ortega y Gasset frente al Racionalismo de Descartes
La filosofía de Ortega y Gasset se construye, en parte, frente al modelo de razón propuesto por el racionalismo de Descartes. Y lo hace en dos frentes: en su oposición a la importancia concedida por Descartes al sujeto del conocimiento y en su oposición a la sobrevaloración cartesiana de la razón frente a la vida. De estas oposiciones, y de las que también desarrolla Ortega y Gasset a otras posturas filosóficas, surgirán sus doctrinas perspectivística y raciovitalista.
Las Dos Etapas de la Historia de la Filosofía: Realismo e Idealismo
Así, en primer lugar, Ortega, considerando las líneas esenciales de la historia de la filosofía, considera que esta ha transcurrido por dos etapas, que surgen como respuestas diferentes ante la relación entre razón y ser, entre lo subjetivo y lo objetivo:
- Realismo: Es la perspectiva general que la filosofía adopta desde sus orígenes, en la Grecia del siglo VI a.C., hasta el Renacimiento europeo. En términos generales, consiste en conceder primacía, independencia y capacidad de imposición a las cosas sobre el hombre; es decir, el realismo es una filosofía que se construye exclusivamente en torno a las cosas.
- Idealismo: Impulsada de modo ejemplar por Descartes, es la nueva actitud vital y filosófica que transcurre desde el Renacimiento hasta el siglo XX. Surgió en su momento como una crítica y superación del realismo; así, frente a la primacía que el realismo le otorga a las cosas, para el idealismo será la razón, el sujeto humano (el cogito de Descartes), quien protagonice la relación hombre-mundo. Es decir, el idealismo es una filosofía que se construye exclusivamente en torno al sujeto.
La Vida como Realidad Radical
Frente a este antagonismo, para Ortega y Gasset lo auténticamente real es el yo y las cosas, un yo permanentemente referido a las cosas, actuando con y sobre ellas, preocupado por ellas, pensando en ellas. Además, las cosas no son algo ajeno al hombre, al yo, sino que forman parte de su vida, como obstáculos o circunstancias que nos favorecen o nos suponen trabas, gratificándonos o haciéndonos sufrir. Ese encuentro, relación y trato entre el yo y las cosas es lo que Ortega entiende por “vida”. Lo auténticamente real es el yo y las cosas, constituyentes inseparables de la vida.
Por ello, la vida es la realidad radical, es el “absoluto conocimiento” y todo se encuentra referido a ella para poder tener sentido. Solo desde esta realidad básica, de la que brotan todas las cosas que nos pasan, se puede entender al ser humano y al mundo en el que vive. Pero el racionalismo cartesiano, verdadero iniciador del subjetivismo, disuelve el mundo exterior a favor del yo, de la “sustancia pensante”.
Superación del Cogito Hermético
Para Ortega y Gasset, no puede existir el yo sin las cosas, sin mundo. No puedo hablar de las cosas sin el yo, pero tampoco puedo hablar de un yo sin las cosas. Así pues, la realidad radical, la verdad básica sobre la que se ha de construir la reflexión filosófica, no puede ser por más tiempo el cogito hermético de Descartes, el pensamiento aislado, sino el pensamiento con las cosas, el yo viviendo con las cosas, es decir, la vida, mi vida. Por ello, el idealismo cartesiano es una filosofía que “va contra la vida”.
El Perspectivismo y la Verdad
Para Ortega, la vida es un continuo intercambio entre el yo y la circunstancia (“yo soy yo y mis circunstancias”), un intercambio dirigido por la razón, hasta el punto de que vivir es razonar. Ahora bien, este razonar necesita una previa toma de contacto con la realidad en la que nos encontramos: en esto consiste la perspectiva. Pero, como la vida también es circunstancia, la vida supone un punto de vista sobre el Universo. La circunstancia, lo que está a mi alrededor, hace posible mi vida y, por ello mismo, constituye la perspectiva concreta desde la que se me muestra la verdad de las cosas.
Síntesis entre Dogmatismo y Escepticismo
Ortega y Gasset plantea su concepción de la perspectiva como el único modo válido de superar el dilema que, sobre la verdad, habían desarrollado tanto el dogmatismo racionalista de Descartes como el escepticismo. Ello supone la aportación, por parte de Ortega, de una nueva concepción de la verdad, que supone una síntesis superadora de las dos concepciones antes mencionadas. En efecto, para Ortega, ni es válida la postura del racionalista dogmático, para el que la verdad es una, la suya, y pretende imponerla a los demás; ni tampoco es válida la del escéptico, que, ante la variedad de opiniones, concluye que no hay ninguna verdad.
En este punto, la posición correcta es otra: la verdad tiene muchas caras, y dependiendo de la perspectiva desde la que miremos, nos ofrecerá aspectos distintos; de ahí que Ortega afirme que “la sola perspectiva falsa es la que pretende ser la única”. Dicho de otro modo, lo falso es la utopía, la verdad no localizada, vista desde “lugar ninguno”.
Raciovitalismo: La Razón Vital frente a la Razón Matemática
Y este es el principal error que comete Descartes en su concepción de la verdad, “error inveterado” lo llama Ortega: el ignorar el carácter plural e histórico de la verdad, la cual no puede ser ajena a la perspectiva vital e histórica desde la que se la concibe. En definitiva, para Ortega, no podemos adoptar, como hizo Descartes, un criterio de verdad abstracto como el de la evidencia, pues la verdad no se construye desde la razón lógico-matemática, sino desde una razón vital.
Por otro lado, Ortega también se opone a la concepción de la razón presente en Descartes. Así, el raciovitalismo, que supone la madurez filosófica de Ortega al suponer una evolución y concreción de su doctrina perspectivística, supone una reflexión sobre las perspectivas radicales en las que el ser humano está situado: la perspectiva de la razón y la de la vida. Ortega se propone, a través del concepto de “razón vital”, superar la dicotomía a la que se había llegado al concebir la razón como fundamento de la verdad, del conocimiento y de la objetividad, frente a la vida, que representaría lo particular, lo mutable, lo irracional, el deseo o la pasión.
Conclusión: El Tema de Nuestro Tiempo
Para Ortega, razón y vida no es que sean irreconciliables, sino que, al contrario, son inseparables. En definitiva, el planteamiento de Ortega, frente al de Descartes, busca un nuevo fundamento para la reflexión filosófica. La filosofía, si quiere ser auténtica guía de la vida, no puede construirse más tomando como referencia una razón abstracta que tome como modelo el saber matemático; ha de hacerse desde la propia vida e historia humanas, y ese era, precisamente, el tema de su tiempo, a juicio de Ortega y Gasset.