1. Metafísica (Aristóteles)
Aristóteles niega la existencia del mundo de las Ideas como un reino separado, ya que no es posible que las esencias de las cosas estén separadas de las cosas. Por el contrario, la esencia de cada cosa está en la cosa misma. Aristóteles afirma la existencia de las esencias y que éstas son objeto de investigación de la ciencia; no existen separadas de las cosas en un mundo aparte, sino en las cosas mismas. Para Aristóteles no hay más mundo que éste.
Sustancia y accidente
La sustancia es el individuo particular y concreto: cada animal, cada piedra, planta o persona; es decir, cada ser es una sustancia. A las características no esenciales Aristóteles las llama accidentes. Por ello se define la sustancia como el «ser en sí», para distinguirlo del accidente, que es un «ser en otro».
Se distinguen dos tipos de sustancias:
- Sustancias naturales: poseen movimiento espontáneo; se incluyen aquí el reino mineral, el reino vegetal, el animal y el racional.
- Sustancias artificiales: producto del ser humano, carecen de movimiento intrínseco.
Hilemorfismo: materia y forma
Aristóteles sostiene la teoría hilemórfica, según la cual todas las sustancias son un compuesto de dos elementos: la materia y la forma.
- Materia: aquello de lo que está hecha la sustancia, sus elementos físicos y materiales.
- Forma: la esencia, aquello que la sustancia es y que la define.
Materia y forma no pueden existir separadamente.
Cambio: sustancial y accidental; acto y potencia
El cambio en las sustancias puede ser de dos tipos:
- Sustancial: generación de una sustancia nueva (nacimiento y muerte).
- Accidental: modificación en aspectos no esenciales; puede ser cuantitativo, cualitativo o local (de lugar).
Aristóteles introduce los conceptos de acto y potencia. Todas las sustancias, salvo Dios, son un compuesto de acto y potencia. El acto es aquello que ya son y la potencia aquello que pueden llegar a ser. El movimiento y el cambio se entienden como el paso de la potencia al acto.
Las cuatro causas
Para explicar adecuadamente un proceso o cambio debemos proporcionar sus cuatro causas:
- Material: la materia en la que se produce el cambio.
- Formal: la forma o esencia que se actualiza con el cambio.
- Eficiente: el agente que pone en marcha el proceso de cambio.
- Final: la meta o fin que persigue el cambio.
2. El problema de Dios: el Motor Inmóvil (Aristóteles)
Aristóteles afirma la existencia de Dios, al que llama el Motor Inmóvil. La existencia de este Motor Inmóvil es necesaria para explicar el origen del movimiento, ya que para que algo cambie o se mueva —es decir, para que haya paso de la potencia al acto— se necesita un motor que ponga en marcha el proceso de cambio.
Aristóteles especifica que el Motor Inmóvil debería tener las siguientes características:
- Es eterno.
- Es inmóvil.
- Es acto puro, sin potencia.
- Es forma pura, sin materia.
- Mueve el mundo como causa final.
El Dios aristotélico no crea el universo en el sentido teísta posterior. El acto de Dios consiste en el pensamiento; el Dios de Aristóteles no es igual al Dios del cristianismo.
3. Antropología o psicología (Aristóteles): concepción del ser humano
Aristóteles concibe al ser humano como una sustancia natural. Identifica la potencia y la materia con el cuerpo, y el acto y la forma o esencia con el alma; por ello el alma es el principio de vida para el cuerpo. Para Aristóteles la unión de alma y cuerpo es una unión esencial. Niega la inmortalidad del alma: el alma muere con el cuerpo.
Aristóteles distingue tres tipos de alma:
- Alma vegetativa: permite la nutrición, el crecimiento y la reproducción; es propia de las plantas.
- Alma sensitiva: permite las sensaciones, los deseos y el movimiento; propia de los animales.
- Alma racional: permite el conocimiento y la voluntad; propia de los seres humanos.
4. Teoría del conocimiento o epistemología (Aristóteles)
Aristóteles es un claro exponente del empirismo, teoría que afirma que todos nuestros conocimientos e ideas se originan a partir de la experiencia. El conocimiento sensible es apto e imprescindible para conocer la realidad: el conocimiento sensible siempre es un conocimiento de lo individual y concreto, y es sólo el origen o punto de partida del conocimiento intelectual.
El proceso por el cual pasamos desde el conocimiento sensible hasta el conocimiento intelectual se denomina abstracción y sigue los siguientes pasos:
- A través de los sentidos captamos la sustancia concreta e individual, que es un compuesto de materia y forma.
- En la imaginación formamos una imagen de esa sustancia, compuesta por materia y forma.
- El entendimiento agente actúa sobre la imagen, abstrayendo, separando, actualizando o desmaterializando la forma.
- El entendimiento paciente, que es pura capacidad de conocer, conoce la forma abstraída por el entendimiento agente.
5. Ética: concepción de la moral (Aristóteles)
Aristóteles basa su ética en su antropología. Define al ser humano como un ser natural cuyo fin último es la felicidad. La felicidad consiste en realizar de la manera más perfecta posible la función que nos es propia: nuestra esencia consiste en la racionalidad; por tanto, la felicidad consiste en vivir según la razón.
Aristóteles reconoce que para conseguir la felicidad son imprescindibles ciertos requisitos materiales y morales. Los medios con los que contamos para alcanzar la felicidad son las virtudes.
- Virtudes éticas o morales: aseguran el buen funcionamiento de la parte sensitiva del alma; permiten controlar racionalmente nuestros deseos, emociones y sentimientos. La virtud ética es el hábito de saber elegir en lo relativo a nuestros deseos, emociones y sentimientos.
- Virtudes dianoéticas o intelectuales: aseguran el buen funcionamiento de la parte racional del alma, que debe ser la rectora de la conducta humana. Entre ellas destacan:
- Prudencia: es la virtud que nos indica cuál es el término medio adecuado para nosotros, dando pauta a las virtudes morales.
- Sabiduría: la virtud más elevada, que consiste en el conocimiento de la verdad.
6. Política: organización del Estado (Aristóteles)
Aristóteles define al ser humano como «animal político»: somos sociables por naturaleza. La sociedad tiene una doble finalidad: por un lado, una finalidad material (facilitar seguridad y estabilidad); por otro, una finalidad más elevada: permitir que el ciudadano desarrolle una vida racional, contemplativa y, por tanto, feliz. Así, los fines del Estado son los mismos que los fines del individuo. La plenitud del ser humano sólo se dará en el ciudadano. La ciudadanía implica participar en las tareas de gobierno.
Aristóteles clasifica las formas de gobierno usando dos criterios: si son gobernadas por uno, por unos pocos o por muchos, y si su fin es el bien común o el interés particular. Según esto:
Formas correctas (buscan el bien común)
- Monarquía: estado gobernado por un individuo que persigue el bien común.
- Aristocracia: estado gobernado por unos pocos que persiguen el bien común.
- Politeia (república o gobierno de la mayoría): gobierno de todos que persigue el bien común.
Formas degeneradas (no buscan el bien común)
- Tiranía: estado gobernado por un individuo que no persigue el bien común.
- Oligarquía: estado gobernado por unos pocos que no persiguen el bien común.
- Democracia (en sentido degenerado según Aristóteles): estado gobernado por todos que no persigue el bien común.
San Agustín
1) Relaciones fe-razón
San Agustín parte de una tradición eclesiástica que, en ciertos momentos, consideró la relación entre fe y razón de modo limitado o inexistente: la razón y la fe pertenecen a ámbitos distintos, pero ambas tienen por objetivo unirse con la verdad de Dios, en un doble sentido: el conocimiento teórico de la verdad y la realización práctica de la verdad moral. Para esa tradición, la razón no debe poner en cuestión lo dicho en la Biblia, sino debe legitimar y justificar con argumentos aquello que por la fe se acepta y que algunos necesitan entender mejor.
Esta colaboración y primacía de la fe se expresa, en términos medievales, con la fórmula atribuida a algunos pensadores: creer para entender; entender para creer. Para San Agustín no existe una separación absoluta entre las facultades racionales y las volitivas: ambas se dirigen al mismo objetivo, Dios.
2) Teoría de la iluminación
Agustín adaptó conceptos de la escuela platónica al cristianismo; muchas categorías de la teoría del conocimiento de Platón fueron cristianizadas y modificadas en su sentido. Según Agustín, Dios creó el mundo y al hombre y dotó al ser humano de principios naturales: el principio de vida, el principio racional y las facultades físicas y de automovimiento. Dios da el alma.
En la mente de Dios las ideas son ejemplares; a partir de esas ideas contenidas en la mente divina, Dios creó el mundo. El mundo, para Agustín, es una realidad de segundo orden, inferior en su ser y distinta de Dios; la continuidad de su ser y de sus existencias depende de la acción providencial de Dios en sus diversas dimensiones. Es imposible determinar todas las acciones concretas que Dios realiza para mantener el mundo y sus cosas en el ser: realiza una acción continuada de orden ontológico. Dios, sus ideas y su vida plena actual son necesarios, mientras que las acciones particulares y nuestra existencia son contingentes. Los seres necesarios son capaces de mantenerse en el ser por sí mismos; los seres contingentes necesitan a un ser perfecto que los mantenga en el ser. El hombre y las cosas son creación divina. El mundo agustiniano es jerarquizado: primero Dios, después las almas y luego los cuerpos.
3) Agustín y su concepción de la historia
San Agustín escribió De civitate Dei (La Ciudad de Dios), obra dirigida, entre otras cosas, contra las ideas paganas y sobre su concepción de la historia. Agustín parte de la idea cristiana de tiempo lineal y de la historia de la salvación: después de la resurrección de Cristo comienza el tiempo de la Iglesia; la Iglesia estará hasta el final de los tiempos. La misión de la Iglesia es conducir la historia y la sociedad en favor del plan de salvación divino.
Además de las fuerzas motrices internas, Agustín distingue la lucha entre el bien y el mal y, en correspondencia, dos ciudades: la celestial y la terrenal. Ambas permanecerán mezcladas hasta el juicio final. La naturaleza humana se encuentra dañada en su capacidad racional de percibir la verdad completa y en su valoración para decidir la conducta virtuosa sin la ayuda de Dios. Desde la perspectiva agustiniana, el sometimiento del Estado a la Iglesia tiende a ser total; cualquier acto contra los fines perseguidos por la Iglesia puede acarrear sanciones eclesiásticas severas.
4) Antropología (San Agustín)
Confluyen dos tradiciones sobre la concepción del hombre:
- La tradición cristiana, que concibe al hombre como Imago Dei y reconoce una naturaleza caída.
- La tradición de la filosofía griega, que concibe al hombre como homo racional, destacando su superioridad sobre las demás especies.
Desde estas dos tradiciones se intenta responder al problema del origen del mal y del estado dañado del hombre. Dios, como ser perfecto, no puede ser autor del mal; por tanto, se formularon soluciones que preservaran su bondad y poder absolutos.
Dos posiciones relevantes respecto al origen y transmisión del alma:
- Creacionismo: las almas son creadas por Dios. Según esta posición, las almas son creadas de la nada de modo inmediato por Dios.
- Traducianismo (generacionismo): como el cuerpo, el alma se transmite de los padres a los hijos.
Si se aceptara estrictamente el creacionismo, la transmisión del pecado original resultaría problemática: si Dios crea cada alma de la nada, el Creador no puede transmitir el pecado original. Para Agustín, esa vía no explicaba la transmisión del pecado. Por otro lado, la segunda posición (traducianismo) implicaba consecuencias contrarias a las Sagradas Escrituras: para que el alma se transmitiera sin perder su espiritualidad tendría que ser preexistente y eterna, según la antropología platónica, lo cual era insostenible para un cristiano.
San Agustín acoge una forma de creacionismo mitigado: mantiene la creación de las almas por Dios, pero intenta explicar la transmisión del estado caído a la descendencia humana sin recurrir a la preexistencia platónica.