Fundamentos de la Filosofía: De Aristóteles a San Agustín

1. La vinculación de la razón con la experiencia

Aristóteles, al igual que Platón, hace radicar la grandeza específica del ser humano en su alma, es decir, en sus capacidades racionales.

Todos nuestros conocimientos son el resultado de la colaboración entre el alma y el cuerpo: los sentidos ofrecen datos y experiencias sensibles al entendimiento, que los selecciona, organiza, sintetiza y universaliza. Esa acción conjunta se lleva a cabo mediante la abstracción, el proceso de ascenso por el que la razón va prescindiendo de lo sensible para configurar las ideas y el conocimiento racional.

Para Aristóteles, el proceso de abstracción sigue los siguientes pasos:

  • Observación directa de las cosas por los sentidos: El punto de partida de todo conocimiento es la observación y percepción de los objetos o hechos.
  • Recuerdo y confrontación de las observaciones: Mediante la memoria, el entendimiento recuerda y relaciona las observaciones. Se forma así la experiencia, que no son datos aislados, sino su apreciación conjunta.
  • Formación de una imagen común: El entendimiento retiene lo que hay de común entre las experiencias percibidas y, mediante la imaginación, forma una imagen única de los diversos objetos percibidos.
  • Inducción de conceptos universales: A partir de la imagen, el entendimiento configura un concepto o idea universal. Los conceptos o ideas de la razón son una representación intelectual del mundo real percibido por los sentidos.

2. La composición del ser y sus causas

  • La materia: Es el principio que la razón concibe como substrato permanente para poder decir que las cosas cambian y no se destruyen en cada cambio.
  • La forma: Es la manera concreta y definida de presentarse la materia.
  • Naturaleza metafísica: La materia, aquí, no equivale a la materia física. Es un principio “metafísico”, solicitado por la razón para poder entender los cambios.

Las cuatro causas del ser son:

  • Eficiente: Ninguna sustancia sería real sin una causa. Solo hay una sustancia incausada, la divinidad.
  • Formal: Coincide con la propia sustancia de la cosa; es lo que hace que una cosa sea lo que es.
  • Material: Aquello de lo que está hecha la sustancia, sus elementos estructurales.
  • Final: Designa el objetivo o fin para el que algo está constituido.

3. Los accidentes: El acto y la potencia

Todas las categorías tienen atributos que pueden cambiar sin afectar a la sustancia. Estos son los accidentes: todo aquello que puede estar o no estar sin afectar a la sustancia.

El acto y la potencia son principios del ser que explican cómo las sustancias pueden adquirir la perfección que les falta:

  • Acto: Expresa la perfección de un ser en un momento dado (su actualidad).
  • Potencia: Designa lo que puede llegar a ser (sus posibilidades), la situación que puede adquirir y todavía no tiene (el niño en acto es joven en potencia y el joven en acto es anciano en potencia).

El paso de la potencia a un acto ulterior es lo que Aristóteles define como movimiento.

4. La felicidad como fin de las acciones humanas

El ser humano realiza múltiples actividades, siempre pensando en lo que es bueno para sí mismo. Pero la mayoría de nuestras acciones van encaminadas a buscar un bien superior.

El objetivo fundamental de la ética es fijar en qué consisten los bienes y la felicidad. Por eso, el fin propio del ser humano es “una actividad del alma según la razón, o que implica a la razón”; por tanto, la felicidad no está en la vida vegetativa, ni en la sensitiva, sino en la perfección de la racionalidad.

5. Las virtudes racionales o dianoéticas

Virtud quiere decir ‘práctica excelente de la inteligencia’. Se adquiere sólo mediante la voluntad constante y el esfuerzo reiterado:

  • Ciencia: Capacidad de demostración mediante el uso del razonamiento deductivo.
  • Sabiduría: Capacidad para comprender los primeros principios de las ciencias.
  • Arte: Capacidad para producir algo dirigidos por la razón.

6. El ser humano en San Agustín

  • Imagen de Dios: Para Agustín, Dios es Eternidad, Verdad y Amor. A su imagen, el ser humano está constituido por tres potencias: la memoria (hace presente el pasado), la inteligencia (busca la verdad) y la voluntad (tiende a la felicidad).
  • Dualidad cuerpo/alma: Agustín piensa que el alma es una sustancia autosuficiente unida accidentalmente al cuerpo. Su concepción antropológica es dual, aunque funcionalmente inseparables.
  • La herencia del pecado original: La naturaleza humana es receptiva a la acción de Dios. Por sus solas fuerzas, el hombre no alcanzaría la regeneración, pero Dios concurre con la libertad humana para remediar su caída.
  • La conciencia como distensión en el tiempo: La conciencia es la actividad que unifica el discurrir de la vida interior. El tiempo es la “distensión de la propia conciencia” (memoria, atención y espera).

7. Las miradas del alma

Primera y segunda mirada: Imagen sensitiva y memoria

El alma da a los sentidos la capacidad para percibir. La sensación supone la visión interior de los objetos. Por su parte, la memoria es la potencia esencial del alma: por ella nos percibimos como el mismo ser a lo largo de los sucesivos cambios.

Tercera y cuarta mirada: Entendimiento y sabiduría

La imagen de la memoria es recubierta por la imagen del entendimiento, que elabora las ideas de las cosas. Al conocimiento por ideas, Agustín lo denomina razón inferior, porque su alcance no colma las aspiraciones del alma a la verdad absoluta.

8. Historia y vida social

La moralidad queda implicada en la vida social a través del amor:

  • El amor como causa: Todos aquellos cuyos amores coinciden engendran espontáneamente una comunidad.
  • Las dos ciudades: La humanidad se divide entre la Ciudad terrenal (amor a sí mismos y cosas temporales) y la Ciudad de Dios (amor a Dios).
  • Sentido de la historia: La construcción de la Ciudad de Dios confiere sentido a la historia, juzgada por su progresión hacia el desprendimiento de los egoísmos y el crecimiento de la caridad cristiana.