Vanguardias y la Generación del 27: poesía, teatro y posguerra en España e Hispanoamérica

Las vanguardias en Europa, España e Hispanoamérica

Las vanguardias o «ismos» son movimientos artísticos que tienen lugar entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial y coinciden con el novecentismo español. En Europa se produjo una especial efervescencia artística movida por un violento afán de renovación. Se sucedieron y superpusieron un conjunto de pequeños movimientos que compartían ese impulso de ruptura y una actitud provocadora. A menudo plasmaron sus planteamientos estéticos en breves escritos a los que llamaron manifiestos.

Futurismo

Futurismo. Fundado por el italiano F. T. Marinetti en 1909, propugnaba un arte que captase y transmitiese la energía, la velocidad y el progreso, pilares, según sus partidarios, de los nuevos tiempos. Temas y motivos relacionados con esos conceptos fueron tratados con procedimientos poco convencionales, como la ruptura de las normas tipográficas o el uso de palabras aisladas no sujetas a un discurso continuado (Marinetti las llamó «palabras en libertad»).

Cubismo

Cubismo. Iniciado en las artes plásticas y en la pintura, tuvo en Apollinaire su impulsor literario. De su creación destacan los caligramas, poemas en los que el texto forma dibujos que son reflejo de su significado. El arte y la literatura trataron de ver la realidad desde todos los puntos de vista posibles.

Dadaísmo y Surrealismo

Dadaísmo. Creado por Tristan Tzara, pretendía combatir lo racional y lo convencional mediante lo absurdo y lo ilógico, proponiendo textos incoherentes producidos al azar.

De un grupo de dadaístas liderados por André Breton surge en París el surrealismo. Este movimiento pretendía lograr la liberación intelectual y artística de los seres humanos; para ello no bastaba con ser «espontáneo», sino que era necesario liberar el subconsciente de las ataduras impuestas por la conciencia. Para conseguirlo emplearon técnicas como la escritura automática, que propiciaba las asociaciones libres, el azar y el afloramiento de imágenes subconscientes.

Influencia en España

Aunque estas vanguardias europeas no llegaron a crear escuela en España, sí podemos encontrar su uso y difusión. Por ejemplo, aparece poesía futurista como la Oda a una bombilla de Salinas o Alberti con su Oda a Platkó. La huella del cubismo puede encontrarse en poetas de la Generación del 27 como Guillén o Cernuda. Otros poetas del 27, como Alberti, Lorca o Aleixandre, cultivan la poesía surrealista.

Difusión y formas propias

Los movimientos de vanguardia encontraron un difusor constante en Ramón Gómez de la Serna, a través de sus artículos en la revista Prometeo, donde recogió los manifiestos vanguardistas con el fin de inculcar en las nuevas generaciones la necesidad de cambiar radicalmente el proceso de creación artística. Dentro de su extensa obra destaca su capacidad para crear imágenes partiendo de lo cotidiano; esta fue la base del género que inventó: la greguería. Las greguerías tratan diferentes temas y se construyen con recursos literarios como la hipérbole, la metáfora o la personificación. Ejemplos: «Las gallinas son tartamudas», «El libro es un pájaro con más de cien alas para volar», «Cuando el domingo caiga en lunes, la vida habrá perdido la cabeza».

Ultraísmo y creacionismo

Ultraísmo. Movimiento de ámbito hispano impulsado por Rafael Cansinos-Assens. Se caracteriza por un estilo que evita cualquier referencia sentimental y por preferir temas de la realidad moderna. Sus textos suprimen nexos, adjetivos y elementos ornamentales y desarrollan una utilización original de la tipografía. Entre sus representantes destacan Guillermo de la Torre con Hélices y Gerardo Diego con Limbo.

Creacionismo. Concebía la escritura poética como un acto de creación de una realidad autónoma, independiente del mundo real, gracias, sobre todo, al manejo de imágenes. Fue fundado por el poeta chileno Vicente Huidobro, quien explica la misión de los poetas en su obra Espejo en el agua. Destacan también Juan Larrea y Gerardo Diego.

Vanguardias en Hispanoamérica

En Hispanoamérica destaca el ultraísmo de Jorge Luis Borges, que crea una poesía llena de símbolos, juegos de palabras y paradojas; entre sus obras destacan Fervor de Buenos Aires y Luna de enfrente. El surrealismo lo cultiva César Vallejo, que compagina la poesía con obras vanguardistas como Trilce. Pablo Neruda se inició en la poesía posmodernista y se relacionó después con la Generación del 27 y con el surrealismo, como se aprecia en Residencia en la tierra. Octavio Paz será otro poeta hispanoamericano destacado en el movimiento de vanguardia; su primera etapa conjuga neorromanticismo, surrealismo y contenido social en Libertad bajo palabra, intensificando el surrealismo en su segunda etapa, donde destaca Salamandra.

La Generación del 27

Los años veinte y treinta, periodo de entreguerras, fueron en España de agitación constante. En este ambiente surge el grupo de poetas conocido como la Generación del 27. Todos ellos admiraron a Góngora, en quien vieron un precursor de la estética vanguardista por la importancia de la metáfora y la imagen en su poesía.

Son poetas nacidos entre 1890 y 1900, que compartieron no solo amistad, sino en muchos casos residencia en la famosa Residencia de Estudiantes de Madrid. Se dejaron cautivar por la poesía pura de Juan Ramón Jiménez y por el impulso renovador de las vanguardias; después encontraron en el surrealismo un cauce liberador de expresión. Formaron parte de la antología Poesía española de Gerardo Diego y en 1927 participaron en el homenaje por el tercer centenario de la muerte de Góngora, acto que se considera fundacional del grupo.

Etapas y características

En una primera etapa cultivaron una poesía pura, sin sentimentalismo, intelectual y en la línea de Juan Ramón Jiménez. Hacia 1929 vieron en el surrealismo una forma de conocer y expresar los conflictos más íntimos (rehumanización poética): amor, odio, desasosiego, muerte… Las circunstancias políticas de la España de los años treinta hicieron que los poetas adoptasen posturas más comprometidas con los problemas sociales. La Guerra Civil supuso el final del grupo, con el asesinato de Lorca y el exilio de muchos de ellos.

Miembros y obras destacadas

  • Pedro Salinas: publica Seguro azar y Fábula y signo en la órbita del vanguardismo lúdico. Sus mejores obras de los años treinta son Razón de amor y La voz a ti debida, de temática amorosa.
  • Jorge Guillén: poeta muy intelectual; su obra se acerca a la poesía pura. Obras mayores: Cántico y Clamor. Cántico exalta la vida; Clamor da testimonio de las injusticias del mundo.
  • Gerardo Diego: influido por el creacionismo y el ultraísmo (obras como Imagen o manual de espumas), cultivó además una poesía clasicista desarrollando temas y formas tradicionales (por ejemplo, Versos humanos).
  • Vicente Aleixandre: en Espadas como labios o Sombra del paraíso se aprecian influencias surrealistas. Tras Historia del corazón su estilo se simplifica y aparecen preocupaciones del hombre común, eliminando la deshumanización vanguardista.
  • Rafael Alberti: comienza con estética neopopularista en Marinero en tierra, donde expresa nostalgia por Cádiz. Con Sobre los ángeles, de técnica surrealista, responde poéticamente a una profunda crisis personal. Durante el exilio manifestó dolor por España e indignación por el destierro, inclinándose hacia la denuncia social en El poeta en la calle.
  • Luis Cernuda: andaluz de tono más oscuro; próximo al surrealismo en obras como Los placeres prohibidos. En Donde habite el olvido y Desolación de la quimera expresa su disconformidad con el mundo y anhelos sensuales.
  • Dámaso Alonso: figura teórica importante del grupo; como poeta aparece con fuerza en 1944 con Hijos de la ira, poemario existencialista de enorme influencia en la posguerra.

Federico García Lorca

En toda la poesía de Federico García Lorca, como también en su teatro, destaca la visión trágica de la existencia y un profundo sentimiento de frustración. Los grandes temas de su producción son el destino trágico, la muerte inevitable y el amor imposible. En su última época como autor teatral escribe obras que reflejan precisamente esos conflictos.

En Romancero gitano, sumando influencias de la poesía popular, del surrealismo y del modernismo, convierte al pueblo gitano en símbolo de las personas enfrentadas a su destino fatal. En Poeta en Nueva York muestra la conmoción experimentada al visitar la ciudad tras el crack del 29.

En su teatro mantiene las mismas obsesiones que en su poesía, componiendo un teatro poético sin recurrir al verso. Su aportación más importante al teatro son sus tragedias, en las que recupera el concepto de coro de las tragedias griegas integrándolo en los parlamentos.

Obras dramáticas destacadas: Yerma, Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba. En Bodas de sangre mezcla verso y prosa, elementos verosímiles y fantásticos (la luna actúa como personaje). En La casa de Bernarda Alba, tras la muerte de su segundo marido, Bernarda impone a sus hijas un luto riguroso, aislándolas del mundo; el conflicto por el amor de Pepe el Romano provoca la catástrofe. Temas: opresión, negación del derecho a luchar por los deseos y moral hipócrita, donde pesan más las apariencias que la verdad.

Lorca consideraba que en el teatro español clásico residían valores que no se podían negar al pueblo, por lo que organizó el grupo teatral La Barraca, con el que recorrió España representando a Cervantes, Lope de Vega y Calderón.

La lírica y el teatro posteriores a 1936

El final de la Guerra Civil en 1939, con el triunfo de Franco, afectó a todos los géneros literarios. La poesía evoluciona según líneas similares al teatro y la narrativa. La mayoría de los miembros del 27, excepto Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre, se exiliaron.

Poesía de la posguerra: tendencias

Entre los que permanecieron en España destaca Miguel Hernández, que en los años treinta había seguido la estela del grupo del 27. Se distingue por su técnica y, muy especialmente, por la forma de expresar sus sentimientos. El rayo que no cesa es un conjunto de poemas, sobre todo sonetos de temática amorosa, influidos por los clásicos.

Sus poemas más amargos aparecen en El hombre acecha. Tras la muerte de su hijo, la pena de la cárcel y la situación familiar, publicó Cancionero y romancero de ausencias.

Finalizada la Guerra Civil, el grupo del 27 se disuelve. Autores como Salinas o Alberti se exilian; otros, como Dámaso Alonso, optan por un exilio interior; otros, como Lorca, mueren durante el conflicto.

La poesía de este momento se desarrolló en torno a tres revistas: Escorial, Garcilaso y Espadaña. En ellas, poetas cercanos al falangismo crean una corriente denominada poesía arraigada, caracterizada por la importancia de la forma y el uso de la métrica clásica. Era una poesía que servía a los fines de la dictadura; temáticamente abordaba el amor, la patria y la religión, con estilos y formas opuestos al vanguardismo e inspirados en los clásicos equilibrados. La revista más emblemática de la época fue Garcilaso, y quienes en ella publicaban se consideraron «garcilasistas».

En esta tendencia cabe destacar autores como Luis Rosales, que evolucionó hacia el surrealismo (por ejemplo, La casa encendida), así como Dionisio Ridruejo o Leopoldo Panero.

Poesía desarraigada y social

A partir de 1944 surgió una poesía que acentuaba el contenido humano y existencial: la poesía desarraigada. La revista Espadaña, fundada en ese año, fue el cauce principal para su difusión. Fueron dos autores del 27 los que abrieron el camino de esta poesía más dura y, poéticamente, más valiosa: Dámaso Alonso, con Hijos de la ira, y Vicente Aleixandre, con Sombra del paraíso. Entre los autores principales destacan Blas de Otero, con Ángel fieramente humano, en la que denunciará la injusticia y la falta de libertad, y José Hierro con Tierra sin nosotros.

Al margen de estas dos tendencias, hay casos singulares: el grupo de poetas de la revista Cántico (Córdoba), inspirados por el 27; el pequeño movimiento experimental denominado postismo, guiado por Carlos Edmundo de Ory; y la figura solitaria del surrealista Miguel Labordeta.

A finales de los cincuenta se desarrolló la poesía social, nacida del deseo de no solo expresar malestar por la realidad, sino de trabajar por cambiarla. La poesía se concibió como instrumento de acción política y social. Blas de Otero, iniciado en el desarraigo, fue uno de los grandes representantes de la poesía social, con obras como Pido la paz y la palabra (1955). Junto a él se destacó Gabriel Celaya, autor de Cantos iberos.

A finales de los cincuenta apareció un grupo de poetas que, sin abandonar los temas sociales, buscaban mayor elaboración del lenguaje poético y un desplazamiento de lo colectivo a lo personal: la llamada Promoción de los sesenta o del medio siglo (Ángel González, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma, Claudio Rodríguez).

En los años setenta, el grupo de los Novísimos compartió la idea de que la poesía debía buscar creatividad y originalidad, alejándose del tono conversacional; a menudo practicaron la metapoesía. Entre ellos destacan Pere Gimferrer, Ana María Moix o Leopoldo María Panero.

En las décadas de los ochenta y noventa se difundió la cultura posmoderna, con la conciencia de haber llegado al límite en la búsqueda de lo nuevo. Partiendo de esa actitud, se multiplicaron las corrientes, temáticas y formas; se produjo además un resurgimiento explícito de estéticas pasadas. Entre las nuevas líneas destaca la poesía de la experiencia, con autores como Luis Alberto de Cuenca o Ana Rossetti, que buscan la esencia poética en la vida cotidiana, con un lenguaje sencillo y temas próximos.

Teatro posterior a 1936

La Guerra Civil terminó con un teatro en expansión. Tras la muerte de Lorca, Valle-Inclán y Unamuno, otros dramaturgos como Alejandro Casona optaron por el exilio.

En el teatro humorístico destaca Enrique Jardiel Poncela, que cultiva el humor del absurdo y la ironía, inventando situaciones inverosímiles que se resuelven de manera ingeniosa en obras como Eloísa está debajo de un almendro. Miguel Mihura renovó el humor español e hizo anticipar el teatro del absurdo con Tres sombreros de copa, escrita en 1932 y representada en 1952 por considerarse demasiado innovadora. Después se adaptó a las demandas del público y de los empresarios; entre sus obras destaca Maribel y la extraña familia.

En la década de los cincuenta surge una generación de dramaturgos que introduce elementos existenciales y sociales. Antonio Buero Vallejo representa una línea de denuncia social denominada «posibilista», que se mantiene dentro de los límites impuestos por la censura —como se aprecia en Historia de una escalera. Por otro lado, Alfonso Sastre opta por un teatro más combativo; critica a Buero por su suavidad frente al régimen. Destacan sus obras Escuadra hacia la muerte (obra existencial) y Muerte en el barrio (realismo crítico).

En los años sesenta, mientras autores como Lauro Olmo denuncian la injusticia con obras como La camisa, otro grupo de dramaturgos comienza a escribir obras de carácter experimental. Francisco Nieva divide su teatro en dos fases: el furioso y el de farsa y calamidad; ambas son vanguardistas. Entre sus obras destaca Pelo de tormenta. Fernando Arrabal escribe un teatro alejado del realismo, al que denomina teatro pánico, caracterizado por el terror y el humor (por ejemplo, El cementerio de automóviles). En esa década surgen grupos de teatro independiente que representan obras extranjeras y españolas que no tienen cabida en el circuito comercial.

Tras la caída de la dictadura, el teatro fue perdiendo espectadores pese a los intentos de las administraciones públicas de promoverlo con diversas inversiones. Entre los dramaturgos contemporáneos que alcanzaron éxito destacan José Luis Alonso de Santos con La estanquera de Vallecas, obra costumbrista que narra un atraco a un estanco, y José Sanchís Sinisterra con ¡Ay, Carmela!, obra con temática de la Guerra Civil.

Perfil del emigrante británico

En el perfil del emigrante británico encontramos dos tipos: el joven que viene en búsqueda de trabajo y el mayor que viene a retirarse a nuestro país.

En el primer caso, el del joven que viene a trabajar, numéricamente vienen tanto hombres como mujeres. El tipo de empleo puede darse en el sector primario, donde hay mucha población inmigrante sin cualificación, o en el sector servicios: educación, investigación, etc. De todas las provincias nombradas, muchos británicos vienen a Madrid y Barcelona a trabajar en dichas actividades económicas.

Por otro lado, hay muchos británicos que deciden venir a retirarse a España en sus últimos años, atraídos por nuestro clima: numerosos días soleados, pocas precipitaciones, inviernos muy suaves y veranos cálidos. En las provincias costeras señaladas (Baleares, Málaga, Alicante…) encontramos este perfil de migrante.

Las consecuencias sociales en el caso de los jóvenes pueden ser muy positivas, ya que pueden integrarse en la sociedad y están en edad de tener hijos. En cambio, el inmigrante anciano no aporta hijos (aunque ello solo supone un impacto parcial en la estructura demográfica).

Las consecuencias económicas suelen ser positivas: contribuyen con impuestos y, en el caso de los jubilados residentes, con el consumo, aunque pueden generar cierto impacto en el mercado laboral. Los residentes jubilados suelen tener un poder adquisitivo alto, lo que incrementa el consumo y resulta positivo para la economía local.

Glosario urbano y demográfico

  • Casco histórico: Parte más antigua de la ciudad, formada generalmente antes de la industrialización, con trazado irregular y edificios históricos.
  • CBD (Central Business District): Área central de la ciudad donde se concentran las principales actividades económicas, financieras y administrativas.
  • Chabolismo: Fenómeno urbano caracterizado por la existencia de viviendas precarias sin planificación ni servicios básicos.
  • Ciudad: Asentamiento humano de elevada densidad de población, con predominio de actividades secundarias y terciarias.
  • Ciudad dormitorio: Núcleo urbano de función residencial cuya población trabaja o estudia en otra ciudad cercana.
  • Conurbación: Unión física de varias ciudades próximas que forman un espacio urbano continuo.
  • Emplazamiento: Lugar físico concreto donde se asienta una ciudad, determinado por factores naturales.
  • Función urbana: Actividad o conjunto de actividades predominantes que desempeña una ciudad.
  • Megalópolis: Extensa región urbana formada por la unión de varias áreas metropolitanas.
  • Morfología urbana: Forma y estructura de la ciudad según su trazado, edificios y espacios.
  • Movimientos pendulares: Desplazamientos diarios de ida y vuelta entre el lugar de residencia y el de trabajo o estudio.
  • Parque tecnológico: Espacio planificado que concentra empresas innovadoras y centros de investigación.
  • Periurbano: Espacio de transición entre la ciudad y el campo con mezcla de usos urbanos y rurales.
  • Pirámide de población: Gráfico que representa la estructura de la población por edad y sexo.
  • Plano ortogonal: Plano urbano con calles rectas que se cortan en ángulo recto.
  • Plano radiocéntrico: Plano urbano con calles que parten de un núcleo central de forma radial.
  • Plano urbano: Representación gráfica de la organización interna de una ciudad.
  • Rehabilitación urbana: Proceso de recuperación y mejora de zonas urbanas degradadas.
  • Rururbano: Espacio con características tanto rurales como urbanas.
  • Tasa bruta de natalidad: Indicador demográfico que refleja la proporción de nacimientos respecto al total de la población en un periodo de tiempo, normalmente un año.
  • Tasa de actividad: Índice socioeconómico que pone en relación el total de población activa con la población total.
  • Tasa de paro: Índice que relaciona el total de personas desocupadas (que desean trabajar pero no tienen empleo) con el total de la población activa.
  • Transición demográfica: Proceso histórico por el que se pasa de un régimen de altas tasas de natalidad y mortalidad a un régimen de bajas tasas, lo que genera un crecimiento de la población en un determinado lapso.
  • Éxodo rural: Desplazamiento masivo de población del medio rural hacia las ciudades, generalmente de población joven en busca de empleo.
  • Inmigración: Llegada de población a un territorio procedente de otro para establecerse allí, con causas diversas, principalmente económicas.
  • Migración: Movimiento espacial de la población en el que se cambia la residencia; puede ser exterior (entre países) o interior (dentro de un mismo país).
  • Mortalidad infantil: Indicador que señala la proporción de niños de un año o menos que mueren en un lugar y tiempo determinados respecto al total de niños de esa edad.
  • Movimientos pendulares: Viajes diarios de ida y vuelta que realizan las personas para ir a su lugar de trabajo o estudio.
  • Padrón: Registro administrativo donde constan los vecinos del municipio y sus características básicas; sus datos constituyen prueba de residencia y domicilio habitual.
  • Pirámide de población: Gráfico que representa la estructura de la población de un territorio en un momento determinado, clasificada por edad y sexo.
  • Población activa: Personas en edad legal de trabajar que trabajan o buscan empleo (en España, mayores de 16 años).
  • Población en paro: Población en edad de trabajar que no trabaja pero está buscando empleo.
  • Población inactiva: Personas de 16 años o más que cumplen las condiciones para trabajar pero no se incorporan al mercado laboral (estudiantes, prejubilados, jubilados, personas dedicadas a labores del hogar, con incapacidad permanente, etc.).
  • Población ocupada: Personas en edad de trabajar que están ocupadas (en España, mayores de 16 años).
  • Población rural: Personas que residen en municipios de dominante socioeconómica agraria o con menos de 10 000 habitantes.
  • Población urbana: Personas que viven en ciudades o municipios de dominante socioeconómica industrial o de servicios o con más de 10 000 habitantes.
  • Refugiado: Persona que huye de su país de origen debido a conflictos armados, persecuciones o falta de protección.
  • Relevo generacional: Índice que permite conocer si una población puede ser reemplazada en un periodo determinado; se relacionan grupos de edad y, si el resultado es superior a la unidad, el recambio está garantizado.
  • Saldo migratorio: Relación entre la inmigración y la emigración de un lugar en un periodo de tiempo.
  • Subempleo: Ocupación a tiempo parcial o en actividades de baja cualificación que no aprovechan las capacidades del trabajador, con remuneración inferior a la esperada.
  • Tasa bruta de mortalidad: Indicador que refleja la proporción de personas que fallecen respecto al total de la población en un periodo de tiempo.
  • Apátrida: Persona no considerada nacional por ningún Estado, conforme a su legislación.
  • Censo de población: Fuente que registra características demográficas, socioculturales y económicas de la población en un momento concreto; es estático y muy pormenorizado.
  • Crecimiento natural: Variación de la población debida al movimiento natural (natalidad y mortalidad).

Valoración crítica: Historia de una escalera

El objeto de esta valoración crítica es Historia de una escalera, obra de teatro de Antonio Buero Vallejo. Escrita entre 1947 y 1948 y publicada en 1949 en el Teatro Español de Madrid, recibió el Premio Lope de Vega. Se trata de un drama de posguerra comprometido con la realidad inmediata, que reaparece en escena tras haber estado escamoteada durante diez años.

La obra analiza la sociedad a partir de una comunidad de vecinos. El tema principal es el amor frustrado. También destaca la frustración de las clases sociales más bajas, que sueñan con salir de la pobreza y ascender en el estatus social, pero nunca lo consiguen, como sucede con Fernando.

El destino de los personajes gira angustiosamente en un círculo sin salida, en un ambiente de rencor, enemistad, enfrentamiento, envidia y falsedad entre tres generaciones de vecinos.

Formalmente, la pieza sigue los cánones del drama realista, a los que se suman ingredientes del sainete y de la comedia benaventina; en conjunto funcionan como una especie de drama existencial que testimonia la completa frustración de una colectividad. El narrador utiliza en sus acotaciones un lenguaje culto, pero accesible al público. Por el contrario, los protagonistas emplean un lenguaje muy familiar, a veces tosco y vulgar. Los diálogos son fluidos y permiten apreciar los sentimientos y las características de cada personaje por su manera de expresarse.

En conclusión, Buero Vallejo escribe esta obra para criticar, con tonos ocasionalmente cómicos, los rasgos e injusticias de la sociedad. Hoy en día, Historia de una escalera nos permite formarnos una idea clara de la sociedad española de posguerra.