Realismo y Naturalismo
A mediados del siglo XIX se producen importantes cambios: la burguesía se convierte en la clase social dominante, surge el movimiento obrero, hay un gran desarrollo industrial y comercial y se difunden teorías revolucionarias. El género representativo del realismo será la novela y su estilo tenderá a la sencillez. Dentro del realismo es necesario mencionar el naturalismo, representado por Émile Zola, cuyas novelas tratan temas relacionados con la miseria humana.
Autores destacados
- Ferrán Caballero (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber): escribió La Gaviota. Sus obras son moralizantes y sus personajes, a menudo, demasiado esquematizados; representan valores como la virtud.
- Pedro Antonio de Alarcón: su obra más famosa fue El sombrero de tres picos, que es divertida, irónica y presenta diálogos y ambientes llenos de viveza.
- Juan Valera: representa un realismo idealista; la novela debe ser imaginativa y entretenida. Entre sus obras destacan Pepita Jiménez y Juanita la Larga.
- José María de Pereda: representa los valores tradicionales; exalta en sus obras la vida del campo frente a la ciudad y defiende que toda novedad puede llevar consigo la corrupción moral. Obras destacadas: Peñas arriba, Sotileza.
- Benito Pérez Galdós: es el novelista más importante del siglo XIX. Clasifica sus obras en varias series: novelas de la primera época; obras de tema histórico, por ejemplo La Fontana de Oro; de carácter fantástico, como La sombra; novelas en las que defiende sus ideas progresistas, como Doña Perfecta y Gloria; y novelas de tema espiritual, por ejemplo Marianela.
Las novelas españolas contemporáneas tienden a describir y narrar de forma más objetiva: ejemplos son Miau, Misericordia y Tristana. Paralelo a estos desarrollos están los Episodios Nacionales, que cuentan la historia de España en el siglo XIX. Galdós mezcla realidad y fantasía, pero siempre basándose en la observación rigurosa y en el análisis de los hechos.
Otras voces relevantes
- Leopoldo Alas «Clarín»: defensor de la libertad de pensamiento y crítico del fanatismo y del tradicionalismo. Obras destacadas: Adiós, Cordera y La Regenta.
- Emilia Pardo Bazán: escritora gallega que defendió el naturalismo en su colección de artículos La cuestión palpitante, aunque rechazaba el determinismo extremo y el materialismo. Novelas destacadas: Los pazos de Ulloa y La madre Naturaleza.
- Vicente Blasco Ibáñez: autor de obras como La barraca, ambientadas en tierras valencianas y con tramas marcadas por la violencia y la fatalidad.
El teatro vivió en la segunda mitad del siglo XIX una decadencia intensa; la crítica teatral se centraba en temas como el adulterio y la excesiva ambición por la riqueza. Hay que mencionar la dedicación de Galdós al teatro, con adaptaciones como El abuelo. La poesía no vivió su mejor momento: los temas predilectos fueron la pérdida de la fe, la vida familiar sencilla y la actualidad política. La verdadera poesía llegó de la mano de Gustavo Adolfo Bécquer, reconocido por sus Rimas, y de Rosalía de Castro, por Cantares gallegos y Follas nuevas.
La Generación del 98 y el Modernismo
Desde finales del siglo XIX surgieron corrientes inconformistas respecto a la cultura y la sociedad. Los últimos años del siglo XIX, que fueron de esplendor, se transformaron en crisis tras el Desastre del 98. Nació la preocupación por reformar España. Los autores modernistas se relacionaron con el romanticismo en su atención a la musicalidad y a los aspectos métricos; se propusieron innovaciones como la recuperación del soneto o el empleo de alejandrinos, con variaciones en las estrofas (por ejemplo, cuartetos transformados en serventesios).
Los temas trascendentes fueron el contraste vida‑muerte y el tiempo, que a menudo adquiere carácter angustioso ante lo fugaz y perecedero de la realidad. La soledad es otro tema dominante; se insiste en la necesidad del encuentro del hombre consigo mismo. El sueño aparece como forma de superar la angustia existencial. El tono suele ser pesimista; los autores buscan intensificar las sensaciones y el modernismo inventó la fusión de lo popular y lo culto: el autor modernista recurre a colores vivos, plantas y animales exóticos.
La preocupación por el lenguaje se traduce en una concepción de la poesía y la prosa poética con características similares al verso. La emoción, la ausencia de fórmulas prestablecidas y la expresividad se trasladan a la prosa. Rubén Darío está vinculado al modernismo: supo adaptar la lengua y las formas a su obra y, a partir de Azul (1888), se consagró como primer modernista y crítico de su época. Juan Ramón Jiménez también influyó en el movimiento con obras como Ninfeas o Arias tristes.
En los ensayos se tratan dos temas fundamentales: el problema de España y la angustia existencial sobre el destino del hombre. En los autores de la Generación del 98 está presente la desazón nacional y el rechazo a la política del momento. Nace el concepto de intrahistoria con el fin de buscar soluciones a la enfermedad sufrida por España. Se elabora una novela con finales abiertos, cercanos al ensayo, y la temática preferida será de corte existencial. Se prefiere el protagonista individual y el narrador más personal y subjetivo.
En el teatro existen dos tendencias: el teatro convencional, dirigido al público burgués y poco arriesgado en cuanto a temas (encabezado por Jacinto Benavente y Carlos Arniches), y un teatro innovador liderado por Ramón María del Valle‑Inclán y Federico García Lorca, que abordan temas sociales y humanos y destacan por la introducción del esperpento (en Valle‑Inclán) y por la renovación dramática (en Lorca).
El novecentismo y la Generación del 14
El novecentismo defiende la modernización, la renovación y la reflexión sobre la identidad nacional. En 1914, la conferencia «La vieja y la nueva política» de José Ortega y Gasset marcó el inicio del novecentismo. Jóvenes universitarios propusieron reformas optimistas para la regeneración del país, en contraste con los autores del 98. Los novecentistas adoptaron la claridad expositiva y el rigor intelectual, optando por una manifestación intelectual de las emociones y desvinculando el arte puro de la realidad objetiva.
La generación se destacó por su estilo cuidado y la perfección formal, principalmente en el ensayo. Eugenio d’Ors, junto con Ortega y Gasset, fue un impulsor clave del novecentismo. Ortega defendió la europeización y la educación como impulsores del progreso. Obras destacadas: España invertebrada y La rebelión de las masas, que analizan la decadencia española y proponen soluciones. En ensayos como La deshumanización del arte, Ortega propone un arte deshumanizado; en las novelas novecentistas se privilegia el estilo y la estructura sobre la acción.
Gabriel Miró y Ramón Pérez de Ayala enfatizan el estilo frente al argumento, combinando ironía, lírica y humor. La obra de Gabriel Miró se estructura en dos etapas: la primera, más vinculada al modernismo, con obras como Las cerezas del cementerio (1910); la segunda busca la perfección formal con obras como Nuestro Padre San Daniel (1921).
La obra lírica de Ramón Pérez de Ayala aborda distintas etapas de la vida. En el ámbito narrativo escribió novelas realistas como Tinieblas en las cumbres (1907), luego obras que fusionan narrativa y lírica como Prometeo (1916) y, en su tercera fase, novelas intelectuales como Belarmino y Apolonio (1921). Su narrativa se caracteriza por la reflexión intelectual, el juego de perspectivas y la ironía.
Juan Ramón Jiménez fue un puente entre las generaciones del 98 y del 27. Su poesía busca el conocimiento y la verdad mediante la palabra exacta; la poesía se convierte en un medio de trascendencia y eternidad. En la época sensitiva (hasta 1915) abordó temas como la soledad, el tiempo y la muerte. La etapa intelectual (1916–1936) marcó un cambio con obras como Diario de un poeta, de estilo más abstracto. La fase suficiente o verdadera (desde 1936) se caracteriza por su obra en el exilio, con destacados poemarios como En el otro costado y Dios deseado y deseante. Jiménez buscó la perfección formal y una mayor complejidad, dejando un legado de profunda reflexión.
Las vanguardias en Europa, España e Hispanoamérica
El término «vanguardias» agrupa movimientos con características comunes: combaten el antiguo orden estético y la sensibilidad romántica, buscan la originalidad, provocan al rechazar la sociedad burguesa y se centran en el progreso, la máquina, lo urbano y la velocidad. En literatura introducen innovaciones formales como la ruptura de la sintaxis, neologismos y la proliferación de onomatopeyas.
Las vanguardias europeas incluyeron movimientos como el expresionismo, futurismo, cubismo, dadaísmo y surrealismo. El expresionismo (alrededor de 1905–1910) buscaba representar la realidad interna mediante la deformación. El futurismo, iniciado en 1909, exaltó la velocidad, la máquina y, en ocasiones, el belicismo. El cubismo literario (nacido en 1913) descompone la realidad mediante técnicas próximas al collage. El dadaísmo, originado en Zúrich en 1916, buscó lo absurdo. El surrealismo, liderado por André Breton en Francia desde 1924, utilizó la escritura automática e influyó en la libertad expresiva y en la creación de imágenes visionarias en la literatura.
España también experimentó la influencia de estas vanguardias. El periodo vanguardista en España abarca aproximadamente desde 1909 hasta la Guerra Civil. En 1936 se produce una rehumanización de la poesía tras la visita de Pablo Neruda a Madrid y la publicación de Residencia en la tierra (1935). Vicente Huidobro introdujo el creacionismo, influyendo en autores como Gerardo Diego hasta 1922. El ultraísmo surgió como movimiento experimental que rechazaba la tradición y buscaba una nueva visión mediante metáforas ricas y sorprendentes.
Ramón Gómez de la Serna fue una figura clave en las vanguardias en España; promovió nuevas ideas artísticas desde la tertulia del Café Pombo y la revista Prometeo. Destacan obras como El doctor inverosímil o Los medios seres. León Felipe destacó por la sencillez de sus versos y por la influencia surrealista en obras como Drop a Star; durante la Guerra Civil abordó el conflicto en obras como Good‑bye, Panamá! Su verso se caracteriza por metros largos y por interrogaciones y exclamaciones retóricas.
En resumen, el periodo de las vanguardias en Europa, influenciado por cambios históricos y sociales, representó una redefinición cultural que también dejó su huella en Hispanoamérica y en España.
21
La Generación del 27: características y trayectoria poética. El teatro lorquiano
El desempleo y las demandas obreras llevaron a formas de gobierno autoritarias en varios países, mientras que Inglaterra, Francia y Alemania mantuvieron sistemas parlamentarios consolidados. En España, la neutralidad durante la Primera Guerra Mundial provocó un auge económico temporal seguido de luchas de clases y una huelga general en 1917. El golpe de estado de Miguel Primo de Rivera en 1923 terminó con una etapa anterior de la restauración y provocó un cambio político que afectó a la república y a los movimientos obreros.
La Generación del 27 es un grupo de poetas que comparten ciertas características: relación personal en torno a la Residencia de Estudiantes; participación en 1927 en el homenaje a Góngora; iniciaron sus publicaciones en torno a 1920; y recibieron la influencia de los movimientos de vanguardia, en especial de Ramón Gómez de la Serna. Los autores más destacados son Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Rafael Alberti y Luis Cernuda. También hay que mencionar a las «sin sombrero»: Concha Méndez, Rosa Chacel, María Teresa León y Josefina de la Torre. A Miguel Hernández se le considera, en ocasiones, un epígono de esta generación.
Cada uno de estos poetas tiene rasgos personales, pero comparten la preocupación por la lengua poética. Hasta 1927 predominaron modelos ligados a la libertad de la imaginación y el ingenio gongorino; de 1927 hasta la Guerra Civil aparecen nuevos temas como el amor, el deseo, las frustraciones y las inquietudes sociales.
Trayectorias individuales (síntesis)
- Pedro Salinas: su poesía es sencilla y esencial; elimina lo superfluo. Se distinguen tres etapas: una cercana a la poesía pura y a las vanguardias; una centrada en el amor, con obras como La voz a ti debida, que presenta el amor como experiencia trascendente; y una etapa más existencial (por ejemplo, Razón de amor y textos posteriores).
- Jorge Guillén: concibió su obra poética como un todo unitario, destacando colecciones como Cántico, Clamor y Homenaje. El tema principal de Clamor es el canto a la alegría de vivir; Homenaje reúne poemas en los que rinde tributo a autores y amigos.
- Gerardo Diego: nacido en Santander en 1896, combina una línea tradicional (seguidora de modelos clásicos) y otra vanguardista y experimental (por ejemplo, Manual de espumas y obras de corte diverso).
- Dámaso Alonso: su trayectoria se divide en la etapa de poesía pura (lenguaje depurado) y la etapa existencial que dio lugar a la llamada poesía desarraigada, con obras como Hijos de la ira.
- Luis Cernuda: su poesía es de meditación; pasó por el surrealismo y abordó obras como Un río, un río. En su obra la realidad y el deseo se entrecruzan en la reflexión sobre el comportamiento humano.
- Vicente Aleixandre: uno de los máximos representantes del surrealismo en España; su primera etapa incluye obras de difícil comprensión (por ejemplo, Pasión de la tierra), en una segunda etapa su poesía se hace más cercana al ser humano y de estilo más sencillo; en la tercera reflexiona sobre la vejez y la muerte, volviendo a técnicas surrealistas.
- Federico García Lorca: murió en 1936. Entró en contacto con el surrealismo, combinó lo popular y lo culto, y se distinguen dos etapas: una ligada a lo popular andaluz (Romancero gitano) y otra más cercana al surrealismo y a la poesía social (Poeta en Nueva York). Su teatro ofrece una gama variada de símbolos y personajes fantásticos (la muerte, la luna), con obras destacadas como La zapatera prodigiosa y Así que pasen cinco años, además de piezas como Bodas de sangre y Yerma, que profundizan en lo social y lo trágico.
- Rafael Alberti: su producción poética se suele dividir en etapas: una primera etapa de poesía popular y folclórica (por ejemplo, Marinero en tierra); una segunda (1927–1929) que incorpora elementos de vanguardia; una tercera (1930–1939) en la que la poesía se emplea para expresar ideas políticas; y una última etapa en el exilio, en la que predominan la nostalgia y el recuerdo.
Después de la Guerra Civil, la mayoría de los miembros de la Generación del 27 se dispersaron o se exiliaron; Federico García Lorca fue asesinado en 1936 y Pedro Salinas, entre otros, se exilió.
11