Tendencias del teatro español a principios de siglo
Las grandes tendencias del primer tercio del siglo son:
- El teatro poético / teatro modernista en verso: Fue una moda del momento; presenta escenarios fastuosos, alejados de la realidad, y halla sus argumentos preferentemente en la historia lejana y las leyendas, mitificando hechos del pasado. Eduardo Marquina (Las hijas del Cid) es su máximo exponente. Este teatro influye en Valle-Inclán y Lorca.
- El drama burgués: Se especializa en comedias con divertidas situaciones cuya acción se sitúa en una sociedad de clase acomodada. El mejor exponente es Jacinto Benavente (Premio Nobel de Literatura), con su obra Los intereses creados.
- La comedia popular de humor castizo: Entre las que se incluyen los sainetes de Carlos Arniches.
- Teatro de experimentación y vanguardia: Verdadera opción de calidad, un teatro innovador que persigue renovar las técnicas y el lenguaje. Valle-Inclán (Luces de bohemia) y García Lorca (La casa de Bernarda Alba) consiguen excelentes resultados en vanguardia e innovación, representando lo mejor del teatro contemporáneo español.
Valle-Inclán y el esperpento
Valle revoluciona todos los géneros y contribuye al auge de la lengua española. Participó en las vanguardias sin perder nunca el alma de la Generación del 98. Fue inventor del esperpento, una nueva estética. Más que un nuevo género dramático, se trata de una estética y nueva visión de la realidad utilizando la caricatura, la degradación y la deshumanización como recursos expresivos. El esperpento deforma y distorsiona la realidad para presentarnos la imagen real que se oculta tras ella.
Para ello utiliza la parodia, humaniza los objetos y animales, y animaliza o cosifica a los humanos. Los personajes carecen de humanidad y se presentan como marionetas. Su obra principal y clásico de la literatura castellana es Luces de Bohemia, la cima de toda su creación y la mejor muestra del esperpento. Principales rasgos esperpénticos:
- La deformación de la realidad.
- Los contrastes que nos acercan a lo absurdo.
- La presencia de la muerte.
- El lenguaje humorístico e irónico.
Existe una fuerte intención crítica: Valle no solo critica la situación política (huelgas, represión, corrupción, política colonialista), sino también el egoísmo humano, la insensibilidad ante la desgracia, la ignorancia del pueblo, la miseria moral y las malas condiciones higiénicas.
Desde la Guerra Civil hasta 1975
Novela existencial (años 40)
El realismo existencial es la tendencia más importante. Se caracteriza fundamentalmente por su tremendismo (destacan siempre la parte más negra o denigrada de la realidad); las óperas primas de los autores reflejan la cruda realidad cotidiana de la época:
- Cela: La familia de Pascual Duarte
- Carmen Laforet: Nada
- Miguel Delibes: La sombra del ciprés es alargada
Los protagonistas de estas novelas son sometidos a situaciones en las que el “sin sentido”, la soledad y el fracaso reinan en el ambiente. El existencialismo presente en estos autores está cargado de malestar social, que no pueden manifestar abiertamente debido a la implacable censura de la época.
Novela social (años 50)
La novela social (también llamada de realismo social) es la evolución de la novela existencial hacia concepciones específicamente sociales. Se pretende reflejar fielmente las condiciones a las que está sometida la sociedad española por parte de la dictadura franquista. Este es el objetivo de la Generación del 50, cuyos autores pusieron la literatura al servicio de la denuncia de las desigualdades sociales.
Se caracterizan por su claridad y estilo sencillo: narración lineal, sencillez expresiva y personajes representativos de un grupo social. Los temas tratados son los de las clases populares: la supervivencia en las ciudades (La colmena, Cela) y la dura vida del campo (Los santos inocentes, Delibes).
Novela experimental (años 60)
Al empezar la década de los sesenta se abren caminos de libertad. La relajación de la censura propicia una vuelta a la lectura de los autores exiliados y se conoce de cerca el ‘boom’ de la narrativa hispanoamericana. El inicio literario de esta etapa se fecha en 1962 con la publicación de Tiempo de silencio de Luis Martín Santos, que consagra la experimentación como eje narrativo.
Narrativa hispanoamericana: El realismo mágico
A mediados del siglo XX, la confluencia en Hispanoamérica de una serie de autores extraordinarios produjo el fenómeno conocido como el ‘boom’. La novela hispanoamericana sufre a partir de 1940 una gran transformación en sus temas, incorporando espacios urbanos y la influencia del psicoanálisis y el surrealismo.
En el realismo mágico, la realidad presenta dos planos: el natural y el sobrenatural, unidos en perfecta armonía. Entre sus elementos destacan:
- Personajes: Reales e irreales, vivos y muertos conviven en la novela.
- Hechos reales: Se mezclan con elementos mágicos percibidos por los personajes como “normales”.
- Conocimiento: Captado por los sentidos y un sexto sentido que explica la realidad mejor que la razón.
- Espacio: Ubicado a menudo en niveles de pobreza y marginalidad social.
Autores clave: Mario Vargas Llosa, Jorge Luis Borges (el mejor autor de cuentos), Julio Cortázar y Gabriel García Márquez (Cien años de soledad).
Teatro: Existencial, social y experimental
- Alta comedia o teatro benaventino.
- Teatro cómico: Destacan Enrique Jardiel Poncela y Miguel Mihura, quienes renovaron la risa introduciendo lo inverosímil.
- Teatro existencial: Grave, preocupado e inconformista (Buero Vallejo y Alfonso Sastre).
- Teatro social: Dirigido a un público universitario que pide otro teatro.
- Teatro experimental o de vanguardia: Surge hacia 1970 siguiendo las tendencias europeas del teatro del absurdo (Antonio Gala).
Autores destacados: Miguel Mihura (Tres sombreros de copa) y Buero Vallejo (Historia de una escalera), quien inaugura un teatro grave y preocupado.
Poesía: De la posguerra a la nueva poética
Años 40: Poesía existencial o desarraigada
Es una poesía desesperada y angustiosa. Hijos de la ira (Dámaso Alonso) y Ángel fieramente humano (Blas de Otero) son ejemplos de esta tendencia que invoca a Dios ante el dolor humano.
Años 50: La poesía social
Los poetas creen que la poesía debe ser un instrumento para cambiar el mundo. Denuncian la injusticia social con un lenguaje sencillo y coloquial. Destacan Pido la paz y la palabra (Blas de Otero) y Cantos iberos (Gabriel Celaya).
Años 60: Nueva poética
Aparece un escepticismo que distancia a los autores de la poesía social. Se habla de poesía de la experiencia, con temas íntimos como el amor, el erotismo y el paso del tiempo. Destacan autores como Ángel González y Jaime Gil de Biedma, junto a voces personales como José Hierro y Gloria Fuertes.