Autores y características de principios del siglo XX
José Martínez Ruiz (Azorín): obras con elementos autobiográficos (no se dice todo y se reduce a las sensaciones y al ambiente). Quería mostrar el interior del protagonista: la voluntad.
Pío Baroja: novelista de la Generación del 98, sin género fijo. Medicina y literatura. La novela era un género en el que cabían todos los registros: reflexiones filosóficas, aventuras y descripción. Sus obras son paralelas, sin un plan fijo, y se concentran en la acción. Usa palabras sencillas y obras cortas. Gusto por personajes asociales y rebeldes. Ambiente humilde. Finales abiertos. El árbol de la vida.
Concha Espina: importancia de los personajes femeninos (entorno rural). Debaten entre el deseo y el poder. La luz de Luzmela.
Carmen de Burgos (seudónimo Colombine): novelas bajo el seudónimo Colombine. Periodista y corresponsal de guerra. Defendió la misión social de la mujer. Puñal de claveles.
Ramón María del Valle-Inclán: no es totalmente de la Generación del 98 porque comparte rasgos estilísticos; adopta actitudes modernistas y vanguardistas. Muy polifacético. Sonatas (cuatro novelas —las cuatro estaciones del año—) representan etapas de la vida del protagonista. El protagonista Bradomín intenta seducir a las mujeres. El esperpento es la deformación grotesca de la realidad.
Grupo del 14 o Novecentismo
En 1970 surge una nueva generación con autores vanguardistas y un nuevo panorama literario. Intelectualistas liberales, escriben ensayos y aplican en España valores, formas de vida y pensamientos europeos; así empujan a España. Se produce entre 1920 y 1930. Abandonan el sentimentalismo en la literatura, y lo utilizan a modo de conocimiento (lirismo, humor e intelectualismo). Gabriel Miró (psicología de los personajes), Ramón Pérez de Ayala (novelas intelectuales) y Ramón Gómez de la Serna (greguerías).
Novelistas del Grupo del 27
Novelistas posteriores al Grupo del 14; su talento ha sido en ocasiones tapado por la calidad de la poesía contemporánea. Muchos autores se exilian en 1939 y seguirán escribiendo en el exilio. Hay dos tendencias: quienes escriben novelas deshumanizadas, influenciados por las ideas de Ortega y Gasset, y quienes plantean novelas con intención política. Primer grupo: Rosa Chacel, Francisco Ayala, Max Aub. Segundo grupo: Ramón J. Sender.
1939–1970: Años 40 — Novela existencial y tremendista
Muchos autores se han ido al exilio: Ramón J. Sender, Max Aub, Rosa Chacel, Francisco Ayala (recuerdo común de España, la guerra civil, lugares nuevos donde viven y reflexiones). Otros se quedan en España por afinidad con el régimen (novelas de exaltación patriótica). Existe un tercer grupo: aquellos que permanecen en España sometidos a la censura del nuevo gobierno (país devastado — tremendismo). Así se inicia la novela existencial.
1942: La familia de Pascual Duarte (Camilo José Cela). 1945: Nada (Carmen Laforet). Estos dos autores reflejan amargura personal y existencial; sus personajes se sienten angustiados, marginados y desorientados. Camilo José Cela presenta el aspecto más sórdido, personajes que no pueden escapar de la realidad. Carmen Laforet ofrece una protagonista vacía y desorientada (consecuencia de la guerra civil). El tremendismo y la novela existencial son dos caras de la misma moneda.
Años 50 — Novela social
Doble sentido: en sentido amplio, la sociedad; en sentido estricto, analizada críticamente. El realismo crítico y el realismo objetivo. La novela debe tener un sentido útil: refleja la realidad social y denuncia las injusticias (se centran en el contenido). El protagonista suele ser colectivo, aunque también aparecen personajes representativos de una clase social. La acción refleja la vida cotidiana: espacio concreto, muy bien caracterizado y desarrollado en poco tiempo. Predomina el diálogo (el habla de distintos grupos sociales). Gusto por la narración lineal.
1951: inicio de la novela social — La colmena (Camilo José Cela). 1962: final simbólico — Tiempo de silencio (Luis Martín-Santos).
Años 60 — La novela experimental y la renovación de las técnicas narrativas
Se abre a corrientes exteriores: experimenta. Los autores muestran una mayor diversidad temática. Impulso de cambio: auge del turismo, flexibilidad en la censura y expansión editorial que alcanza a autores extranjeros e hispanoamericanos. Resultado de los cambios: se rompe la estructura lineal del tiempo. Protagonistas individuales (castigados por la sociedad). Se cambia de narrador y de punto de vista. Desaparece la división en capítulos y la narración puede volverse secuencial. Importancia de la anécdota.
Formas narrativas: monólogo interior, voz en segunda persona y autorreflexión, cambios de narrador. A veces rompen con las normas sintácticas. Buscan un lector activo que colabore con el narrador. Tiempo de silencio muestra a las clases más humildes.
Años 70 — De la novela experimental al regreso a contar historias
Generación del 68: los autores reciben influencias de la literatura extranjera y siguen experimentando. Poco a poco vuelven a la literatura tradicional y recuperan ciertos géneros (ciencia ficción, novela policíaca). Tema del desencanto, preocupaciones y sentimientos. Los mares del Sur, Manuel Vázquez.
1970 en adelante: cambios sociales y editoriales
Tras la muerte de Franco (1975) y con la Constitución de 1978 se produce una mayor libertad; desaparece la censura y la literatura española es conocida en Europa, además de que llegan obras del extranjero. Existe falta de perspectiva histórica en algunos novelistas y es difícil clasificar la novela española en las últimas décadas. Rasgos comunes:
- Alejamiento del experimento y recuperación de la intriga: la novela recobra el placer de contar historias bien construidas, se hace más accesible y atrae a lectores.
- La crisis del individuo: los autores muestran novelas más francas y honestas; se habla del ser humano a través de un nuevo realismo (individuo perdido, desconfianza en la sociedad). Fundamentalmente, la memoria.
- La novela como bien de consumo: hay quien critica que esta literatura sea ligera, y que se diluyan los contenidos filosóficos y políticos. La novela se convierte en consumo al pretender llegar a un elevado número de lectores.
Coexisten autores de varias generaciones:
- Generación del 36: autores que empiezan a escribir en la posguerra y continúan hasta su muerte: Miguel Delibes.
- Generación de los 50 («niños de la guerra»): Carmen Martín Gaite.
- Generación del 68: despuntan en los primeros años de la democracia: Eduardo Mendoza, Juan José Millás…
- Generación del 75: adultos cuando se consolida la democracia: Carlos Ruiz Zafón, entre otros.
- Generación afterpop o «Nocilla»: nacen sobre 1975 y desarrollan su obra en el nuevo siglo: Lorenzo Silva, César Pérez Gellida, etc.
Tendencias novelísticas
Metanovela: mezclada con otras modalidades; observamos una simbiosis entre la narración de la historia y el proceso seguido para la construcción de la misma. Esta manifestación de la literatura dentro de la literatura define muchas novelas de los hermanos Goytisolo.
Novela poética: combina elementos narrativos con expresiones íntimas y emotivas propias de la poesía. La lluvia amarilla, de Julio Llamazares: el último habitante de un pueblecito del Pirineo aragonés, que en el ocaso de su vida, ya solo, evoca a otros vecinos y familiares desaparecidos, confundiendo la realidad con sus recuerdos.
Novela de memorias: mezcla elementos biográficos y vivencias personales con elementos ficticios; así se alcanza un aire existencial en el que los protagonistas luchan contra su soledad, buscan su identidad y su lugar en el mundo. Ejemplo: El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite.
Novela reflexiva: la narración compite con el pensamiento. Descripciones minuciosas o digresiones filosóficas sobre la verdad, la sospecha, la muerte o el fracaso amoroso. Ejemplo: Javier Marías, Corazón tan blanco.
Novela histórica: ambientadas en el pasado; combinan una base histórica bien documentada con elementos ficticios al gusto del autor. Ejemplo: La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón.
Novela de intriga: mezcla esquemas policíacos con aspectos políticos e históricos; plantea un enigma policial, incluye asesinatos y violencia. Ejemplo: La verdad sobre el caso Savolta.
Novela de testimonio: recoge momentos de la historia reciente de España o vivencias cercanas al narrador. Se cuestionan conductas humanas y actitudes morales marcadas por la sociedad. Retratan la realidad con verosimilitud, a veces denominada «neorrealismo».