Evolución de la literatura y el teatro español desde la posguerra hasta la democracia

El teatro español: del compromiso social a la vanguardia

Seguidamente, podemos hablar del teatro social de los años cincuenta, un teatro comprometido con la realidad social y política que, a menudo, fue silenciado y no llegó a los escenarios. En estas obras se representaba la injusticia social, las penurias de la clase perjudicada y la oposición a la censura, temas que no eran del agrado de la burguesía. Entre sus figuras destacan:

  • Antonio Buero Vallejo: logró superar la censura con obras como Historia de una escalera, donde analiza las duras condiciones de vida de la clase obrera y la imposibilidad de salir de su situación. También destacan sus dramas simbólicos como En la ardiente oscuridad, dramas históricos como El sueño de la razón y el teatro experimental de La fundación.
  • Alfonso Sastre: denunció de forma explícita las injusticias y la situación política del país. El tema central de su obra es la opresión, motivo por el cual sus textos fueron prohibidos por la censura en numerosas ocasiones.
  • Otros autores relevantes: Lauro Olmo (La camisa), José Martín Recuerda (Las salvajes de Puente San Gil), Alfonso Paso y Antonio Gala.

A mediados de los años sesenta y setenta surge un teatro vanguardista que se aleja del comercial. Es un teatro de renovación con un acercamiento a las corrientes europeas, otorgando mayor importancia a la escenografía, la música y el espectáculo audiovisual. Destacan autores como Francisco Nieva y Fernando Arrabal, con obras alegóricas que buscan la provocación a través de lo absurdo, la violencia, el sexo o la transgresión.

Tras el fin de la dictadura, triunfaron los grupos de teatro independiente con obras de autores silenciados durante el franquismo. Además, aparecieron nuevos dramaturgos que abordaron temas de actualidad en tono cómico, como la droga (ejemplo de José Luis Alonso de Santos con Bajarse al moro), y se recuperó la memoria histórica de la Guerra Civil en obras como ¡Ay, Carmela! de José Sanchis Sinisterra o Las bicicletas son para el verano de Fernando Fernán Gómez. Actualmente, existe una gran variedad de tendencias subvencionadas por administraciones públicas, como el Centro Dramático Nacional, y un auge de géneros como el musical o el monólogo, pese al frenazo cultural provocado por la pandemia.

Contexto histórico y narrativa de posguerra

Al finalizar la Guerra Civil, España se vio afectada por un panorama desolador con el exilio de muchos intelectuales debido a la férrea censura. Estos dos factores provocaron un auténtico frenazo en el terreno cultural y, concretamente, en la literatura, que en esta primera época estuvo marcada por un tono pesimista y existencial. Hacia 1950 finalizó el aislamiento internacional. En los años 60 se intentó la apertura a Europa y se relajó la censura, desarrollándose una literatura de carácter experimental. Con el fin de la dictadura, la literatura española se convirtió en un bien de consumo, aumentando el número de obras y publicaciones, sobre todo en la novela.

La novela de los años 40

En la narrativa de los años 40 destacan los autores en el exilio, como Ramón J. Sender (Réquiem por un campesino español), Francisco Ayala y Rosa Chacel, quienes trataron los recuerdos trágicos de la guerra o la vida fuera de España. Por otro lado, existió una novela afín al régimen, como Madrid de Agustín de Foxá.

Sin embargo, las obras más interesantes fueron de carácter existencialista, reflejando la crisis moral y la miseria material desde un punto de vista individual para evitar la censura. Destacan:

  • La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela: inicia el tremendismo, caracterizado por la atrocidad y la violencia.
  • Nada, de Carmen Laforet: refleja la miseria y el ambiente asfixiante de la baja clase media barcelonesa.
  • La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes: narra con tono pesimista la juventud de un niño huérfano.

El realismo social de los años 50

En los años 50, la narrativa comenzó a reflejar de forma directa la injusticia social. Sus características principales fueron el estilo sencillo, el uso del habla coloquial, el objetivismo y el protagonista colectivo. Destacan La colmena de Camilo José Cela, El camino de Miguel Delibes y El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio, junto a la obra de Ana María Matute.

La novela experimental y la democracia

En los años 60, se buscaron nuevas formas de expresión (monólogo interior, ruptura cronológica, mezcla de géneros). La obra fundacional es Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos. Otros autores clave fueron Miguel Delibes (Cinco horas con Mario), Juan Goytisolo (Señas de identidad) y Juan Marsé (Últimas tardes con Teresa).

En los años 70, influenciados por el «boom» hispanoamericano, surgieron obras como La saga/fuga de J.B. de Gonzalo Torrente Ballester. Con la democracia, la novela experimental dio paso a una gran diversidad de géneros, marcada por La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza (1975). A partir de ahí, florecieron la novela policíaca (Vázquez Montalbán), la realista (Luis Landero, Almudena Grandes), la reflexiva (Javier Marías), la histórica (Miguel Delibes, Antonio Muñoz Molina, Javier Cercas) y la narrativa de intriga (Arturo Pérez-Reverte, Carlos Ruiz Zafón, María Dueñas).

El teatro de posguerra: entre la evasión y el humor

En los años 40, el teatro dirigido a la burguesía se caracterizó por su carácter evasivo y cómico. Destacan el teatro continuista (López Rubio con Celos del aire, José María Pemán con El divino impaciente, Juan Ignacio Luca de Tena con ¿Dónde vas Alfonso XII? y Joaquín Calvo Sotelo con La muralla) y el teatro del humor, con Enrique Jardiel Poncela (Eloísa está debajo de un almendro) y Miguel Mihura (Tres sombreros de copa). En el exilio, destacaron Alejandro Casona (La dama del alba) y Max Aub (La noche de San Juan).