EL MODERNISMO
El Modernismo es un movimiento nacido al amparo de la crisis de fin de siglo cuyas principales características son:
- La rebeldía frente a los valores burgueses y la ruptura con la estética vigente, mediante actitudes como el malditismo, el dandismo, la vida licenciosa…
- El refinamiento aristocrático. El arte se concibe como algo dirigido a una minoría selecta y culta (en palabras de Juan Ramón Jiménez: “A la minoría, siempre”).
- El cosmopolitismo. Los modernistas se consideran ciudadanos del mundo.
- La influencia del parnasianismo (Gautier) y el simbolismo (Baudelaire, Rimbaud…).
Temas Centrales del Modernismo
Entre los temas del modernismo destacan los siguientes:
- La desazón típica del romanticismo: rechazo de una sociedad vulgar, desarraigo, soledad, el hastío de la vida y una profunda tristeza. La literatura, como en el romanticismo, vuelve a dar entrada al misterio, lo fantástico y los sueños.
- El escapismo. Hay una evasión en el espacio, hacia paisajes y lugares exóticos, fundamentalmente en Oriente, y una evasión en el tiempo, hacia el pasado medieval, renacentista, dieciochesco, etc. A ello se añade el gusto por la mitología clásica.
- El amor y el erotismo. Hay un contraste reiterado entre un amor delicado y un intenso erotismo. Por una parte, se cultiva un ideal amoroso hacia mujeres lánguidas, elegantes y melancólicas que constituyen casi siempre un amor imposible. Por otra, hay muestras de erotismo desenfrenado.
- Los temas americanos y lo hispánico, que representan el anhelo de buscar las raíces de una identidad colectiva y un sentimiento de solidaridad frente a la pujanza de los Estados Unidos.
Estilo Modernista
En cuanto al estilo, el modernismo se caracteriza por:
- La riqueza léxica: cultismos, helenismos, neologismos…
- El uso de recursos sensoriales: efectos sonoros y musicalidad, colores, olores…
- El uso de versos como el alejandrino, el dodecasílabo y el eneasílabo y la experimentación con el soneto (sonetos en alejandrinos o en versos de desigual medida, cambios en la disposición de sus rimas…).
Evolución del Modernismo
En la evolución del modernismo suelen distinguirse dos etapas, articuladas en torno a la figura del nicaragüense Rubén Darío, centro del movimiento modernista.
- La primera etapa se extiende desde la publicación de Azul… en 1888 hasta 1896 (Prosas profanas), y se caracteriza por el preciosismo formal y el culto a la belleza sensible.
- En la segunda etapa, desde 1896 hasta 1916 (muerte de Rubén Darío), se intensifica la presencia de la poesía intimista y los temas americanos y se atenúan los grandes efectos formales. A este período pertenece Cantos de vida y esperanza (1905), que trata temas como el paso del tiempo, la muerte y la desesperación, la misión del poeta, la búsqueda de la fe, la preocupación por el futuro de América, etc.
El Modernismo en España
Las visitas de Rubén Darío a España marcan la evolución del modernismo en nuestro país.
- En una primera etapa, el modernismo español agrupa a escritores como Villaespesa, Marquina y Manuel Machado.
- Hay un segundo período que arranca con la aparición de la revista Helios (1903), fundada por Martínez Sierra, Juan Ramón Jiménez y Pérez de Ayala y se prolonga hasta 1916, año de la muerte de Rubén Darío y de la composición de Diario de un poeta recién casado, de Juan Ramón Jiménez. En esta fase destacan obras como Soledades (1903), de Antonio Machado, y Arias tristes (1903) y Jardines lejanos (1904), de Juan Ramón Jiménez.
Ramón María del Valle-Inclán, con las Sonatas (1902-1905), es el máximo representante de la prosa modernista.
LA GENERACIÓN DEL 98
La indiferencia colectiva en España ante el Desastre del 98 contrasta con la inquietud de un grupo de intelectuales y políticos que plantearon la necesidad de regenerar España. Este grupo forma la llamada Generación del 98.
La “Mentalidad del 98”
La “mentalidad del 98” se caracteriza por los siguientes rasgos:
- Existencialismo. Destaca especialmente Miguel de Unamuno, con ensayos como Del sentimiento trágico de la vida y La agonía del cristianismo.
- El tema de España. Ángel Ganivet denuncia en Idearium español las causas del atraso cultural que padece España. Miguel de Unamuno, en En torno al casticismo, expone que el remedio a los males del país está en la conjunción de tradición y europeización. José Martínez Ruiz, “Azorín” capta el alma castellana a través de la contemplación del paisaje en libros como Los pueblos, La ruta de don Quijote y Castilla.
Poesía y Novela del 98
En el 98, además de Unamuno y su poesía existencial, Antonio Machado es, sin duda, el gran poeta. La lírica machadiana evoluciona desde el simbolismo modernista de Soledades (ampliada en Soledades, galerías y otros poemas) hacia la nueva estética noventayochista. En Campos de Castilla (1912) destacan motivos como el paisaje castellano, el amor y la muerte a partir de la pérdida de su esposa Leonor…
La Novela del 98
Para la novela del 98, 1902 es un año clave, pues en él se publican Sonata de otoño (Valle-Inclán), Camino de perfección (Baroja), La voluntad (Azorín) y Amor y pedagogía (Unamuno). Se trata de obras que rompen con la novela realista y naturalista del siglo XIX mediante la pérdida de la importancia del argumento, la mezcla de ficción y reflexión y diversos juegos narrativos.
Azorín
Azorín cultiva una novela intelectual y lírica en la que la trama desaparece casi por completo, y se sustituye por las sensaciones del protagonista por medio de una estructura fragmentaria. Destacan La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904).
Pío Baroja
Pío Baroja, además de por el fragmentarismo, se caracteriza por el uso de un héroe formado a partir de dos arquetipos: el héroe escéptico, abúlico y pesimista (como en El árbol de la ciencia) y el hombre de acción (Memorias de un hombre de acción, formada por 22 novelas).
Unamuno
Unamuno es el fundador de la novela intelectual. En Niebla (1914) formula su teoría sobre la nivola, una novela que no es novela, construida “con mucho diálogo” para representar mejor la interioridad de los personajes. Otras obras de importancia son Abel Sánchez (1917) y San Manuel Bueno, mártir (1930).
Valle-Inclán
Valle-Inclán renueva la novela a través del lenguaje. En su fase modernista, la de las cuatro Sonatas, transforma la realidad de forma ascendente. Más adelante, coincidiendo con sus esperpentos, lo hace de forma descendente en novelas como Tirano Banderas (que inicia el subgénero de novela de dictador) y la trilogía El ruedo ibérico, que esperpentiza el reinado de Isabel II.
Teatro del 98
En el teatro del 98, la gran aportación es la de Valle-Inclán, que muestra, desde sus primeras obras, una tendencia a la deformación de la realidad a través de dos vías diferentes, la del mito (las Comedias bárbaras y Divinas palabras) y la de la farsa, que desembocarán en el esperpento (Luces de Bohemia y las tres obras recogidas en Martes de Carnaval, principalmente). El esperpento se basa en la necesidad de superar la tragedia mediante dos procedimientos: la deformación grotesca de la realidad y la adopción por parte del autor del punto de vista de un demiurgo que mira a sus personajes “en el aire”, con distanciamiento, como si fueran marionetas que el autor maneja a su antojo.
NOVENTAVENTISMO Y VANGUARDIAS
El Novecentismo
Se designa con la etiqueta de Novecentismo a un grupo de escritores que irrumpieron en el panorama literario en torno a 1914. El filósofo José Ortega y Gasset es el referente de este grupo. Sus ideas estéticas las desarrolla en dos ensayos publicados en 1925: La deshumanización del arte e Ideas sobre la novela.
- La deshumanización del arte es un examen de las vanguardias. Ortega señala que el arte nuevo tiene un carácter minoritario y antipopular (es decir, elitista) y es un arte puro y antirrealista que tiende a la deshumanización, es decir, a relegar las emociones humanas y valorar solo la pura emoción estética.
- Ideas sobre la novela es un examen del género narrativo. Para Ortega, la novela se agota por dos razones: la dificultad de hallar temas nuevos y las crecientes exigencias de los lectores selectos, de modo que el novelista debe renovar la estructura o el estilo para llegar a una novela deshumanizada que proporcione un goce artístico más puro.
Continuación de la Renovación Narrativa
La renovación de la novela española que empezaron algunos escritores de la generación del 98 prosiguió con la obra narrativa de Gabriel Miró y Ramón Pérez de Ayala.
- Gabriel Miró destaca por la “desnovelización” impresionista y fragmentada y la poetización sensorial de la novela en obras como Nuestro Padre San Daniel y El obispo leproso.
- Ramón Pérez de Ayala evoluciona hasta llegar a una novela próxima al ensayo en la pareja formada por Tigre Juan y El curandero de su honra.
Juan Ramón Jiménez: El Prototipo Novecentista
El principal poeta novecentista es Juan Ramón Jiménez, prototipo de artista consagrado a su Obra. Su poesía tiene vocación de ser minoritaria y posee un creciente hermetismo. De ahí su famosa dedicatoria: “A la minoría, siempre”. Él mismo resumía su evolución en tres etapas:
- Época sensitiva (hasta 1915, aprox.): caracterizada por la influencia del neorromanticismo becqueriano y del modernismo (Arias tristes, La soledad sonora, Platero y yo).
- Época intelectual (desde 1916 hasta 1936): Cultiva una “poesía desnuda” en la que se elimina lo anecdótico para dejar paso a la concentración conceptual y emotiva. Otras obras de esta etapa son Eternidades y La estación total.
- Época “suficiente” o “verdadera” (desde 1936 hasta su muerte en 1958): A ella pertenecen los libros escritos en el exilio, en los que alcanza la máxima depuración y se inclina por el verso libre. Pertenecen a este período Animal de fondo y Dios deseado y deseante.
Las Vanguardias (Los Ismos)
Con el término vanguardia se designa a un conjunto de movimientos (los ismos) que se oponen violentamente a la estética anterior y que proponen, en sus manifiestos, concepciones profundamente nuevas del arte. En general, son antirrealistas y antinaturalistas y buscan expresar lo irreal y lo irracional. Entre ellos figuran:
- Futurismo (Marinetti): Exalta el riesgo y la violencia, el progreso y el mundo moderno.
- Cubismo: De origen pictórico (Braque, Gris, Picasso), aspira a descomponer la realidad para luego rehacerla mediante el collage, los juegos tipográficos y el caligrama.
- Dadaísmo (Tristan Tzara): Se rebela contra la lógica y las convenciones para que aflore el trasfondo absurdo pero verdadero de lo humano.
- Surrealismo: Se inicia cuando André Breton aplica al Dadaísmo las ideas de Freud, y aspira a liberar el subconsciente y expresarlo a través de técnicas como la escritura automática, el collage, o el uso de imágenes oníricas o de alucinaciones.
Vanguardias en España
En España, las vanguardias se adaptan en dos movimientos principales:
- El Ultraísmo (Guillermo de la Torre): Recoge elementos del futurismo y propone las metáforas e imágenes como ejes de la poesía.
- El Creacionismo (Vicente Huidobro): Pretende que el poema no imite o refleje la naturaleza, sino que, como ente autónomo, la cree en sus versos.
El gran impulsor de las vanguardias en España es, no obstante, Ramón Gómez de la Serna, que divulga en su revista Prometeo los manifiestos de los movimientos vanguardistas. Además de por la greguería, su famosa mezcla de metáfora y humor, destaca por novelas vanguardistas de carácter experimental como, por ejemplo, El doctor inverosímil.
LA GENERACIÓN DEL 27
En el periodo de entreguerras, que abarca de lleno los años veinte y treinta, la literatura española está marcada no solo por el novecentismo y los movimientos de vanguardia, sino también por el surgimiento de la llamada Generación del 27, un grupo poético con voz propia que fusiona tradición y vanguardia. Toma su nombre del homenaje al poeta Luis de Góngora que se realizó en 1927 en el Ateneo de Sevilla con motivo del tercer centenario de su muerte.
Contexto y Vínculos del Grupo
Los poetas del 27 no constituyen en sí mismos una generación literaria, sino un grupo poético dentro de una amplia generación de intelectuales y artistas que incluye a las “Sinsombrero” (Rosa Chacel, María Zambrano, Maruja Mallo…), pintores como Dalí, cineastas como Buñuel… Asimismo, el poeta Miguel Hernández escribirá en los años treinta siguiendo la estela de los poetas del 27. Los vínculos del grupo son múltiples: tienen origen burgués, muchos coinciden en la Residencia de Estudiantes de Madrid y colaboran en revistas como Revista de Occidente, Litoral, la murciana Verso y prosa o Caballo verde para la poesía.
Características y Evolución Poética
Las características que definen la poesía del grupo resultan de la fusión de formas, tradiciones y movimientos poéticos. Así, beben de las vanguardias, del concepto de “poesía pura” y de la tradición poética popular. Tratan temas muy variados: la gran ciudad, los avances tecnológicos, el progreso, el cine… y temas universales como la naturaleza (el mar, el campo castellano…), la vida, la muerte, el destino, el amor.
Periodos de Evolución
Tradicionalmente se señalan tres periodos en la evolución del grupo:
- Primera etapa (hasta 1927): Influida por las vanguardias, la deshumanización del arte de Ortega, la poesía pura de Juan Ramón Jiménez y resonancias de Bécquer.
- Segunda etapa (desde 1927 hasta la guerra civil): Se produce un proceso de rehumanización bajo la influencia de Pablo Neruda y del surrealismo. La poesía del grupo se hace más humana y adquiere un compromiso social y político.
- Tercera etapa (tras la guerra civil): Marcada por el asesinato de Federico García Lorca y el exilio de casi todos los poetas, que cantan la nostalgia de una patria perdida y la angustia tras el desastre que prosigue (la Segunda Guerra Mundial). El desarraigo de los que permanecen en España orienta su poesía hacia el existencialismo.
Autores Destacados
La nómina de este grupo poético incluye a los siguientes autores, a los que hay que añadir a Emilio Prados, Manuel Altolaguirre y Dámaso Alonso, quien destacará por su producción poética tras la guerra civil.
- Pedro Salinas: En sus primeros poemarios (Fábula y signo, p. ej.), se inscribe en las primeras vanguardias y la poesía pura. En su plenitud destaca por su poesía amorosa (La voz a ti debida).
- Gerardo Diego: Es el representante español del creacionismo (Manual de espumas). A su vez, trabaja la tradición y el clasicismo (Alondra de verdad).
- Jorge Guillén: Es el máximo representante de la poesía pura con Cántico.
- Vicente Aleixandre: En los años treinta, mezcla surrealismo y rehumanización en Espadas como labios y La destrucción o el amor. Ya en la posguerra, cultiva la poesía humana en Historia del corazón. Obtuvo el Nobel de Literatura en 1977.
- Rafael Alberti: Destaca por el neopopularismo de Marinero en tierra y la poesía surrealista de Sobre los ángeles.
- Luis Cernuda: Cultiva el surrealismo en Los placeres prohibidos y el tono personal y desgarrado en Donde habite el olvido.
- Federico García Lorca: En su primera etapa combina la tradición y la vanguardia en Poema del cante jondo y Romancero gitano. Después se adentra en el surrealismo con Poeta en Nueva York, tras lo que se dedicará sobre todo al teatro. El teatro de Lorca implicó una renovación teatral frente al teatro comercial de la época. El teatro de Lorca es un teatro poético, experimental y presenta una unidad temática basada en el enfrentamiento de dos fuerzas: el principio de autoridad y el principio de libertad. Entre sus obras, destacan La zapatera prodigiosa, Bodas de sangre, Yerma, Doña Rosita la soltera y La casa de Bernarda Alba.
Miguel Hernández: El Epígono
Por último, Miguel Hernández ha sido considerado por algunos críticos como un epígono de la generación del 27 que, además, la enlaza con la poesía desarraigada de los años cuarenta y la poesía social de los cincuenta.
- Se reveló con Perito en lunas, poemario en el que fusiona la vanguardia, el gongorismo y la poesía pura.
- Con El rayo que no cesa, fusiona la tradición (soneto) y la vanguardia (metáfora surrealista).
- Después, con la llegada de la guerra, se embarca en la poesía social y comprometida (Viento del pueblo y El hombre acecha).
- Alcanza su madurez con su último poemario, Cancionero y romancero de ausencias, compuesto en la cárcel.
LA POESÍA ESPAÑOLA A PARTIR DE 1936
La Guerra Civil determina que se escriba una poesía de guerra, de circunstancias, al servicio de los ideales de cada uno de los dos bloques contendientes, con una difusión primordial en revistas y periódicos. A su término, además del exilio de poetas de generaciones precedentes, se produce en España el rechazo, por parte de los dirigentes del nuevo régimen, de la tradición cultural inmediatamente anterior y su propósito de conectar con los ideales de la España Imperial del Siglo de Oro.
Poesía Arraigada vs. Poesía Desarraigada
En la poesía, esto se traduce en la aparición de dos corrientes principales:
- La poesía arraigada: Ofrece una imagen del mundo armónica y centrada, anclada a la realidad a partir de una fe en algo según la cual el mundo tiene sentido. Los autores de esta corriente escriben una poesía sencilla con una vuelta a los temas directamente humanos. Destacan poetas como Luis Rosales, Leopoldo Panero, Luis Dionisio Ridruejo o José García Nieto, que publicaron en revistas como Escorial (1940) o Garcilaso (1943).
- La poesía desarraigada: Supone el primer movimiento renovador de la lírica española de posguerra. Surge de una visión del mundo caracterizada por la angustia existencial. La revista Espadaña, aparecida en 1944, pretende encarnar la reacción contra la poesía conformista de Escorial y Garcilaso, para rehumanizar la poesía española en un proceso que acabará desembocando en la poesía social.
Figuras Clave de la Poesía Desarraigada
Resulta muy llamativo que la obra fundacional de esta corriente pertenezca a uno de los más destacados miembros del grupo poético del 27: Dámaso Alonso. La publicación de Hijos de la ira en 1944 representa una verdadera revolución temática y formal. Junto a Dámaso Alonso, el otro representante principal de la poesía desarraigada es Blas de Otero, especialmente en sus primeros poemarios: Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia, refundidos luego en Ancia.
Poesía Social y Generación del 50
El panorama de la poesía de posguerra no se agota con las dos líneas expuestas. Surgen también en aquellos años autores que no se pueden clasificar en dicha dicotomía, como por ejemplo José Hierro.
Blas de Otero y Gabriel Celaya
La poesía desarraigada da pronto paso en Blas de Otero a la poesía social, representada por poemarios como Pido la paz y la palabra y Que trata de España. Blas de Otero dedica su poesía “A la inmensa mayoría”, en contraste con el deseo juanramoniano de dirigirse “a la minoría, siempre”. Los temas tratados por Blas de Otero tienen que ver con la guerra y la posguerra y, sobre todo, con la preocupación por España. Se inscribe así en la corriente regeneracionista iniciada por Larra y continuada por la generación del 98, especialmente por Baroja y Unamuno.
Junto a Blas de Otero, el otro gran representante de la poesía social es el también vasco Gabriel Celaya, que explicita su concepto de acción social mediante la creación poética en poemarios como Cantos iberos. Para Celaya, la poesía es “un arma cargada de futuro expansivo”.
Poesía de la Experiencia (Generación del 50)
En los años sesenta, la poesía de la experiencia de los autores de la llamada “generación del 50” o “del medio siglo” ofrece una visión desencantada de la posguerra española. A pesar de la variedad temática y estética de estos autores, sí es posible bosquejar algunos rasgos generales, entre los que destaca una rememoración nostálgica de la infancia teñida de matices elegíacos de origen clásico (el poeta latino Horacio, sobre todo) que medita sobre el paso del tiempo, el amor, la amistad, etc.
Algunos poetas de esta corriente son José Ángel Valente (A modo de esperanza), Ángel González (Sin esperanza, con convencimiento), Jaime Gil de Biedma (Las personas del verbo, título que recopila toda su poesía) o Claudio Rodríguez (Don de la ebriedad).
Los Novísimos y la Posmodernidad
La Generación de los Novísimos
En 1970, José María Castellet publica su antología Nueve novísimos poetas españoles y revela a un grupo de autores, los novísimos, que sustituyen el tono de sus antecesores por un imaginario poético caracterizado por el constante empleo de referencias culturales que abarcan también fenómenos de la cultura pop como el cine, el cómic, la música, o géneros literarios como la novela de aventuras. Entre ellos, destacan Pere Gimferrer (Arde el mar), el cartagenero José Mª Álvarez (Museo de cera), Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión o Guillermo Carnero. Como enlace entre los novísimos y la poesía posterior, suele citarse a autores como Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles o Antonio Colinas.
Poesía de los Años 80
Los años 80 suponen la entrada definitiva en la posmodernidad. Dentro de las numerosísimas tendencias de la poesía de estos años, puede destacarse a autores como Blanca Andreu (De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall) y, sobre todo, un grupo de poetas que recuperan la poesía de la experiencia, entre los que están Felipe Benítez Reyes y, muy especialmente, el murciano Eloy Sánchez Rosillo (Maneras de estar solo, Autorretratos).