La familia de Pascual Duarte
La familia de Pascual Duarte es una novela de Camilo José Cela, publicada en 1942 en el momento de la posguerra española. Camilo, nacido en 1916 en La Coruña, desarrolló la mayor parte de su obra durante el franquismo, una etapa marcada por el trauma de la Guerra Civil y una profunda sensación de desesperanza. Esta novela da a conocer la narrativa de posguerra y se considera el inicio de la novela existencial en España. Así, se sitúa en la corriente del tremendismo, caracterizada por la representación externa de la violencia como reflejo de las duras circunstancias históricas del momento. Dentro de la producción del autor, supone el reconocimiento de su trayectoria narrativa y es una de sus obras más influyentes.
La obra adopta la forma de una autobiografía ficticia en la que Pascual Duarte, un campesino extremeño condenado a muerte, narra su vida con el objetivo de justificar sus crímenes. El tema central es la violencia, que está unida a la muerte, la brutalidad y el fatalismo, entendidos como la imposibilidad de escapar de una «mala estrella». Estos temas se relacionan con la sociedad rural de la posguerra, marcada por la miseria, la falta de educación y la ausencia de oportunidades, sobre todo en el mundo campesino extremeño, presentado como un espacio de drama rural.
Pascual se muestra como un antihéroe que intenta presentarse como víctima de sus circunstancias por un determinismo biológico. El lector percibe una creciente conciencia en sus actos. Destaca la figura de la madre sin nombre propio, representada de forma esperpéntica como símbolo de la opresión y del origen de la violencia. La estructura documental refuerza la verosimilitud del relato, mientras que el estilo directo responde a la intención de ofrecer un testimonio crudo de la condición humana. En el momento de su publicación, la novela tuvo un gran éxito, aunque causó impacto por su violencia explícita. Con el paso del tiempo, se ha consolidado como una obra fundamental de la literatura de posguerra. Su vigencia actual reside en el planteamiento de cuestiones universales como la responsabilidad individual, la influencia del entorno y los límites de la justificación de la violencia.
La Generación del 27
La Generación del 27 agrupa a un conjunto de poetas españoles nacidos entre 1892 y 1906 que comienzan su actividad literaria hacia 1920. El nombre del grupo procede del homenaje a Góngora celebrado en 1927 en Sevilla. Sus miembros compartieron universidad en la Residencia de Estudiantes, participación en revistas culturales y la influencia de Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna.
Autores y Características
Entre los autores principales destacan Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda y Dámaso Alonso. También destacan las «Sinsombrero», mujeres creadoras como María Teresa de León o Rosa Chacel, históricamente excluidas del canon.
La Generación del 27 se caracteriza por la síntesis entre tradición y vanguardia, combinando la influencia de las vanguardias europeas con la poesía tradicional española y lo popular. Destacan los temas de la ciudad, la modernidad, el amor en sus diversas manifestaciones, la naturaleza y el compromiso social y político. En el estilo sobresalen la metáfora irracional, el simbolismo, la sinestesia y el uso del verso libre junto a formas métricas clásicas como el soneto y el romance.
Trayectoria Poética
La trayectoria se divide en tres etapas:
- Primera etapa (años 20): Predomina la poesía pura o deshumanizada centrada en la belleza formal. Obras destacadas: La voz a ti debida (Salinas), Cántico (Guillén), Manual de espumas (Gerardo Diego), Marinero en tierra (Alberti) y Romancero gitano (Lorca).
- Segunda etapa (años 30): Se produce una rehumanización de la poesía con influencia del surrealismo y el compromiso social. Destacan Poeta en Nueva York (Lorca), Sobre los ángeles (Alberti), Los placeres prohibidos (Cernuda) y obras como Vientos del pueblo (Miguel Hernández) o El poeta en la calle (Alberti).
- Tercera etapa (a partir de 1936): Marcada por la Guerra Civil, el exilio, la muerte de Lorca y la poesía existencial. Obras: Confianza (Salinas), Homenaje (Guillén) e Hijos de la ira (Dámaso Alonso).
El Teatro de Lorca
El teatro lorquiano constituye una de las cumbres del teatro español del siglo XX. Lorca crea un teatro poético de gran carga simbólica donde palabra, música y escenografía adquieren gran importancia. Sus primeras obras, El maleficio de la mariposa y Mariana Pineda, están escritas en verso y presentan un fuerte lirismo. Más tarde escribe farsas como Retablillo de don Cristóbal y La zapatera prodigiosa, y obras surrealistas como Así que pasen cinco años y El público.
La plenitud de su teatro llega con la etapa trágica, en la que destacan Bodas de sangre, Yerma, Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores y, como otra cumbre, La casa de Bernarda Alba, donde se representan los conflictos entre deseo y honor, libertad y autoridad, con un protagonismo central de la mujer. Su lenguaje destaca por el simbolismo y la ruptura con el costumbrismo tradicional.
La Novela Española de 1939 a 1975
La novela española entre 1939 y 1975 se desarrolla durante la dictadura franquista, entre el final de la Guerra Civil y el inicio de la democracia. Es un periodo marcado por la censura, el exilio, la pobreza de posguerra y una posterior apertura económica. La guerra supuso una ruptura total con la narrativa anterior, condicionando temas, estilos y difusión.
La Narrativa del Exilio
Tras la guerra, surge la narrativa del exilio con autores que continúan escribiendo fuera de España. Destacan:
- Ramón J. Sender: Con Crónica del alba y Réquiem por un campesino español.
- Max Aub: Con Campo cerrado y Las buenas intenciones.
- Francisco Ayala: Quien analiza la corrupción del poder en Muertes de perro.
Evolución en España: Años 40, 50 y 60
Años 40: Predomina la novela existencial que refleja la dureza de la vida cotidiana (soledad, frustración, muerte). Surgen tendencias como la novela existencial de estilo sencillo, con Nada de Carmen Laforet y La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes, y el tremendismo de La familia de Pascual Duarte.
Años 50: Se desarrolla el realismo social. La literatura se concibe como un instrumento de compromiso y denuncia. Destacan autores como Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite, Juan Marsé y Ana María Matute. La obra clave es La colmena de Cela. Otros ejemplos de objetivismo son Entre visillos, El camino y Primera memoria.
Años 60 y 70: El realismo social da paso a la novela experimental, inaugurada por Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos. Se incorporan técnicas como el monólogo interior y la fragmentación temporal. Destacan Cinco horas con Mario (Delibes), Señas de identidad (Juan Goytisolo) y Últimas tardes con Teresa (Juan Marsé). Esta etapa culmina con La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza, que recupera formas tradicionales sin abandonar la innovación. Con la muerte de Franco en 1975, se inicia una nueva etapa narrativa.