La Segunda República Española y la Guerra Civil: Historia y Desarrollo

La Constitución de 1931

El 14 de abril de 1931, el Comité Revolucionario se constituyó en Gobierno Provisional, proclamándose la II República en medio de grandes manifestaciones populares. La composición del gobierno provisional respondió a la coalición del Pacto de San Sebastián. Era un Gobierno de concentración republicana y socialista bajo la presidencia de Niceto Alcalá Zamora, quedando fuera la derecha monárquica, los nacionalistas vascos, los comunistas y los anarquistas. El gobierno se planteó, en primer lugar, la convocatoria de Cortes Constituyentes para el 28 de junio, un proyecto de reforma agraria e iniciar negociaciones con catalanes y vascos para pactar una solución autonómica.

La nueva República tuvo que enfrentarse pronto a una serie de conflictos sociales (huelgas en Sevilla, Asturias, Barcelona…), a la creciente animadversión de empresarios y propietarios agrícolas y a la oposición de parte de la jerarquía católica.

Las elecciones a Cortes Constituyentes dieron la mayoría a la coalición republicano-socialista, que elaboró una nueva Constitución bajo la presidencia del socialista Julián Besteiro. El proyecto generó mucha controversia, sobre todo en la cuestión religiosa y la organización territorial, lo que provocó la retirada de las fuerzas conservadoras del debate. Así, con la ausencia de estos diputados, la Constitución republicana fue aprobada el 9 de diciembre de 1931. Sus características son:

  • España se constituyó en una República democrática de trabajadores de toda clase.
  • El Artículo 1 definía a España como un «Estado integral» y se contemplaba la aprobación de Estatutos de Autonomía. El castellano era la lengua oficial, pero se abría la posibilidad del reconocimiento de las distintas lenguas regionales.
  • Una declaración de derechos muy amplia: libertad de asociación y mayoría de edad a los veintitrés años para hombres y mujeres. Se reconocía el sufragio universal femenino.
  • Cortes de una sola cámara elegidas por sufragio universal. Poder ejecutivo en el Presidente de la República, que nombra al consejo de ministros, y poder judicial en los tribunales.
  • Separación Iglesia-Estado y prohibición a las órdenes religiosas de ejercer la enseñanza. Aprobación del matrimonio civil y del divorcio. Estos puntos plantearon tensiones enormes entre el Estado y la derecha católica.
  • Aunque se reconocía la propiedad privada, esta quedaba subordinada al interés público, lo cual justificaba las posibles expropiaciones.
  • Marcada orientación pacifista: se renunciaba a la guerra como instrumento de política.
  • La cultura como función primordial del Estado, que debía extenderse a toda la población.
  • Se modificaban los colores de la bandera como un símbolo del deseo de transformación.

Fin del Bienio Derechista (1934-1936)

El gobierno radical-cedista continuó con su política de «rectificación». Se decretó la suspensión del Estatuto de Cataluña, en represalia por la participación en la revolución de octubre, y se aprobó la nueva Ley de Reforma Agraria, que suponía la paralización definitiva de la reforma. Sin embargo, el Gobierno permanecía en continua crisis. Los cambios de ministros fueron frecuentes a lo largo de 1935, y la oposición del Presidente Alcalá Zamora era cada vez más crítica con el Gobierno por su alejamiento de la Constitución. En 1935, la situación del Gobierno radical-cedista presidido por Lerroux era ya insostenible.

A lo largo de 1935 se fueron gestando las dos grandes coaliciones que se enfrentarían en las elecciones del año siguiente. La derecha, mucha de ella antirrepublicana y totalitaria, se unió en el llamado Bloque Nacional, y por la izquierda se organizó el Frente Popular, coalición electoral de republicanos, socialistas, comunistas, nacionalistas y sindicalistas (incluidos CNT) con el objetivo de derrotar a la derecha y con el siguiente programa: la amnistía de todos los encarcelados de la revolución de octubre, poner en marcha de nuevo la reforma agraria, volver a abrir el Parlamento Catalán y reiniciar medidas de reforma social.

Zonas estratégicas tras la sublevación

La sublevación había triunfado en media España y fracasado en la otra mitad. La situación estratégica de las dos zonas era:

  • La zona leal a la República: Se mantuvo fiel a la República todo el Norte peninsular, que eran las regiones industriales y mineras. La fachada cantábrica y la mitad de la zona pirenaica le aseguraban buenas comunicaciones con el resto de Europa. Cataluña, las comarcas trigueras de Castilla la Nueva, el Valle del Guadalquivir, las tierras regadas de Valencia y Murcia y toda la fachada mediterránea hasta Gibraltar le daban la mejor agricultura del país. La República contaba con la mitad de los efectivos del Ejército de Tierra, con la práctica totalidad de la escuadra (aunque sin oficiales) y con casi toda la aviación. Sin embargo, este ejército era poco operativo ante la falta de mandos superiores. Otro factor de suma importancia para la República es que estaba en posesión del Tesoro del Banco de España.
  • El bando sublevado: Contaba con el ejército de África, el mejor equipado y entrenado. Eso sí, con el grave inconveniente de su traslado a la Península a través del Estrecho de Gibraltar, sin barcos para su transporte y con la flota republicana anclada y vigilante en Tánger. La carencia de aviación militar y de transporte impedía también su traslado por vía aérea. Para la alimentación de la población civil y combatiente contaba con las zonas trigueras de Castilla la Vieja y las ganaderas de Galicia.

El balance inicial de las fuerzas en conflicto era muy favorable a la República; sin embargo, circunstancias internas en cada uno de los bandos y la dimensión internacional de la guerra terminaron decidiendo el resultado de la misma.

Desarrollo militar

El objetivo principal de los sublevados era la toma de Madrid. El ejército operó al modo empleado en la Guerra de Marruecos: pequeñas columnas avanzaban a pie o en avance rápido mediante camiones. Este rápido avance fue facilitado por la carencia de un verdadero ejército regular en la zona republicana, ya que las milicias populares se mostraron ineficaces. Desde Cataluña, los anarquistas de Durruti iniciaron una ofensiva en la zona de Aragón, paralela a un proceso de colectivización.

El bando rebelde hizo recaer el avance hacia Madrid sobre las fuerzas del ejército del sur. El inconveniente inicial era la necesidad de trasladar el ejército desde África, para lo que Franco gestionó la ayuda de barcos y aviones italianos y alemanes. Una vez conseguido, se aseguró el dominio de gran parte de Andalucía y se inició la marcha hacia Madrid, hacia donde se dirigían también las tropas del norte. Franco tomó una decisión decisiva para el resto de la guerra: optó por liberar Toledo, en cuyo Alcázar resistía un grupo de sublevados mandados por el coronel Moscardó. Una vez tomado Toledo, se reinició el ataque a Madrid. Ante la proximidad de los sublevados, el gobierno republicano se trasladó a Valencia. Sin embargo, los esfuerzos de Largo Caballero en organizar un ejército popular ya habían dado resultado y la llegada de las Brigadas Internacionales permitió que el eslogan de Pasionaria de «No Pasarán» se convirtiera en una realidad.

Batallas decisivas y finales

A finales de 1937, los republicanos desarrollaron una ofensiva en el bajo Aragón, logrando entrar en Teruel en enero del 38, pero pronto la ciudad fue recuperada por los nacionalistas. Tras esto, Franco se dirigió hacia el Mediterráneo, cortando en dos el territorio de la República con la toma de Vinaroz.

Las tropas republicanas, para frenar el avance hacia Valencia, lanzaron la ofensiva sobre el Ebro con el ejército de Cataluña. Esta batalla, que duró tres meses y medio (julio a noviembre), supuso un gran desgaste y la última oportunidad republicana. Tras su victoria, los nacionalistas pudieron conquistar fácilmente Cataluña en enero de 1939, iniciándose un exilio masivo a Francia.

Tras la dimisión de Azaña como Presidente de la República, hubo un golpe de Estado por el Coronel Casado, Jefe de Defensa de Madrid, que pretendía una paz negociada con los golpistas. Sin embargo, Franco únicamente admitió la rendición sin condiciones. El 28 de marzo, las tropas franquistas ocuparon Madrid, iniciándose el derrumbe definitivo de la República en Ciudad Real, Albacete, Murcia y Valencia. El 1 de abril de 1939, el Cuartel General nacionalista en Burgos comunicaba el fin de la Guerra.