Los Reyes Católicos y la Unión Dinástica
El matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en 1469 dio origen a una nueva entidad política: la Monarquía Hispánica y la unión dinástica. Cada reino siguió rigiéndose por sus propias leyes, por lo que conformó un Estado plural y no unitario, integrado por Castilla, Aragón, Cataluña y Valencia. Con la Concordia de Segovia (1475), se firmó un acuerdo por el que se reconocían autoridad mutuamente.
La acción política de los Reyes se orientó a transmitir a sus sucesores el conjunto de reinos como una herencia múltiple. Los Reyes Católicos reforzaron la autoridad con el fin último de afirmar la soberanía real, lo que dio lugar a:
- Un ejército permanente.
- Un cuerpo de embajadores.
- El refuerzo de la figura del corregidor.
Además, organizaron otras instituciones como el Consejo Real, las Cortes y las Audiencias. La Corona de Aragón incorporó la figura del virrey.
El significado de 1492: Guerra de Granada y Descubrimiento de América
Unidas las coronas, los Reyes Católicos completan, por una parte, la unificación religiosa (expulsión de los judíos en 1492 y conversión forzosa de los moriscos en 1502) y, por otro lado, la unificación territorial para consolidar un Estado fuerte. Esto incluyó la conquista de Granada, la incorporación del reino de Navarra en 1512 y una hábil política matrimonial orientada hacia la anexión de Portugal. En 1492 se da un paso importante para la unificación lingüística en el reino de Castilla.
Con la conquista del reino nazarí se pone fin al poder del Islam en la península. La guerra fue larga (1482 a 1492), destacando la conquista de Málaga (1487) y la de Baza (1489). La ocupación de la capital supuso la construcción de la fortaleza de Santa Fe; para las capitulaciones militares, establecieron conversaciones con Boabdil el Chico.
Impacto del Descubrimiento
Para la Monarquía Hispánica, esta guerra supuso un enorme esfuerzo, tanto económico como bélico. Debido a las nuevas estrategias y tácticas que culminaron con la victoria, se puso fin al proceso de Reconquista. En el siglo XV, Castilla y Portugal se postulan como los dos reinos pioneros. Surge la figura de Cristóbal Colón quien presenta su proyecto primero a la corte portuguesa y luego a la castellana, con el objetivo de alcanzar los mercados asiáticos.
El 3 de agosto de 1492 salieron de Palos (Huelva) y alcanzaron tierra el 12 de octubre. Las expectativas de riqueza generadas por el descubrimiento hicieron que el viaje de septiembre de 1493 incluyera 17 barcos y 1200 hombres.
Los Austrias del Siglo XVII: Crisis y Validos
El siglo XVII se caracteriza por un aumento del poder real; sin embargo, tras Carlos I y Felipe II, los monarcas dejan la responsabilidad del gobierno en manos de los validos. Con Felipe III gobiernan el Duque de Lerma, junto con su hijo el Duque de Uceda. Durante este reinado se produce la expulsión de los moriscos (1609-1613), lo que agravó la crisis demográfica y económica.
Tras una guerra de 12 años con Holanda, resurgió el movimiento independentista en 1621. Este enfrentamiento terminará con el reconocimiento de la independencia de Holanda mediante la firma del Tratado de Münster (1648). Con Felipe IV gobierna el Conde-Duque de Olivares, quien intenta hacer las reformas necesarias para superar la crisis. Los arbitristas exigen buscar las causas y poner los remedios. Estas exigencias eran la base de los intentos de reforma y se dirigieron a:
- Una mejor distribución de los gastos del Estado.
- Una disminución del gasto público.
- El estímulo de la agricultura y la industria.
- La reducción del número de monasterios.
Estas reformas no llegaron a producirse. Esta situación genera el levantamiento de Cataluña en 1640 (Corpus de Sangre). En 1652 Cataluña se rindió y Felipe IV concedió un indulto general. Sin embargo, un levantamiento simultáneo en Portugal (1640) acabaría con su independencia en 1668 (Tratado de Lisboa). La crisis finaliza con la destitución de Olivares en 1643 por Luis de Haro, quien emprende una pacificación al reconocer la independencia de Portugal, la pérdida de Holanda y firmar la Paz de los Pirineos con Francia, lo que supone el fin de la hegemonía española.
La Guerra de los Treinta Años
El siglo XVI representó para la monarquía su momento de máximo poder y hegemonía en el mundo. No obstante, tras la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), España quedó relegada a un segundo plano, mientras Francia emergía como la nueva potencia europea. Los objetivos de la monarquía eran la defensa a ultranza de su patrimonio, la colaboración con los Habsburgo alemanes y la defensa de su monopolio comercial con América.
Felipe III (1598-1621) heredó la mayor potencia territorial y militar del planeta, dueña de la totalidad de la península ibérica desde 1580 y de la herencia de Borgoña (Franco Condado y Países Bajos), pero también una situación económica crítica. Aunque Felipe III buscó el apaciguamiento, en 1618 finaliza el periodo de paz. La diversificación de los frentes y la crisis económica conllevan a los ambiciosos proyectos de Olivares. Tras su dimisión en 1643, Luis de Haro tiene que ocuparse de la pacificación: reconoce la independencia de Holanda y firma con Francia la Paz de los Pirineos en 1659.
Guerra de Sucesión Española
En 1700, Carlos II murió sin descendencia. Los dos candidatos con más derechos al trono eran el Archiduque Carlos de Austria y, por otra parte, Felipe de Anjou. La pugna por el trono español era, en el fondo, una lucha por el predominio político en Europa. En la península se desata una guerra civil al apoyar la Corona de Aragón al Archiduque Carlos, mientras Castilla se mantenía fiel a Felipe de Borbón.
El Sistema de Utrecht
El conflicto pronto se inclina a favor de Felipe V con el apoyo de los ejércitos franceses (Batalla de Almansa, 1707). Sin embargo, la gran alianza con Inglaterra mantuvo el equilibrio. El conflicto llega a su fin tras la elección del Archiduque Carlos como emperador de Alemania (1711). Ante el temor de una nueva hegemonía imperial, Inglaterra presionó para firmar la Paz de Utrecht (1713) y los acuerdos de Rastatt (1714).
La paz supuso el reconocimiento de Felipe V como rey de España a cambio de concesiones mercantiles y territoriales. Las consecuencias inmediatas supusieron un nuevo mapa europeo. La política exterior posterior se planteó recuperar los territorios perdidos y establecer a los príncipes de la familia Borbón mediante los Pactos de Familia (1733, 1743 y 1761). El conflicto internacional concluiría definitivamente con la Paz de Versalles en 1783.
La Nueva Monarquía y los Decretos de Nueva Planta
Tras la guerra sucesoria, se instaura la Casa de Borbón, que introdujo cambios definitivos. Su objetivo era la defensa del imperio colonial y la recuperación de territorios, manteniendo la alianza con Francia. Un cambio trascendental fue que la Corona de Aragón perdió sus instituciones forales. La dinastía se centró en una monarquía absoluta, centralizada y unificada, impulsando:
- Reformas en la administración y el gobierno.
- El control de la Iglesia (Regalismo).
- La intervención del Estado en la economía (Mercantilismo).
Los Decretos de Nueva Planta fueron implantados por Felipe V en los reinos de la Corona de Aragón como castigo por su apoyo al candidato austriaco. Navarra y el País Vasco permanecieron fieles y conservaron sus fueros. El territorio se dividió en provincias con intendentes a cargo de los asuntos económicos.
Reformas Administrativas y Judiciales
En el ámbito judicial, el corregidor era nombrado por el monarca. En la administración central, se suprimieron los Consejos (excepto el de Castilla) y se crearon las Secretarías de Despacho. Las Cortes pasaron a ser únicas para todo el territorio, excepto para Navarra.
En cuanto al control de la Iglesia, se firmó el Concordato de 1753 (Patronato Universal). La mayor muestra de fuerza del regalismo fue la expulsión de los jesuitas en 1767. En economía, se fomentó la industria mediante la creación de las Reales Fábricas.
El Reino Visigodo
Debido a la extensión de los suevos, vándalos y alanos en el siglo IV, el Imperio Romano encargó a los visigodos entrar en la península para expulsarlos. Tras esto, los visigodos vuelven a la Galia (Reino de Tolosa), pero tras ser expulsados por los francos, se asientan definitivamente en la península creando el Reino de Toledo.
El rey Leovigildo inició la unificación territorial (sometiendo a los suevos) y la expulsión de los bizantinos. Recaredo, en el III Concilio de Toledo, llevó a cabo la unificación religiosa al abandonar el arrianismo. Por último, Recesvinto promovió la unificación legislativa.
El reino visigodo llegó a su fin en el 711 tras la llegada de los musulmanes y su victoria en la Batalla de Guadalete. Su forma de gobierno era la monarquía electiva, donde el rey gobernaba con el apoyo del Oficio Palatino, el Aula Regia y los Concilios.