Racionalismo y empirismo en la Modernidad: origen, métodos y controversias

Visión panorámica: del conocimiento en la Edad Media a la Modernidad

A continuación se expone una visión panorámica sobre el conocimiento desde la Edad Media hasta la Modernidad europea. Cabe destacar que la controversia se centra en exponer el debate entre el racionalismo y el empirismo, así que, con el abandono de la escolástica en la Edad Media, el debate se centrará fundamentalmente en la propia Modernidad.

Racionalismo y empirismo: definiciones básicas

Si hablamos de racionalismo y empirismo nos encontramos ante dos corrientes epistemológicas que ofrecen respuestas distintas sobre el origen y los límites del conocimiento. El racionalismo sostiene que la razón es la fuente principal del saber, mientras que el empirismo defiende que todo conocimiento deriva exclusivamente de la experiencia y de los sentidos.

Estas posturas marcaron profundamente el desarrollo del pensamiento entre los siglos XVII y XVIII, y estuvieron vinculadas con aspectos sociales, políticos, culturales y científicos. En lo científico tuvo lugar la Revolución Científica: el racionalismo influyó en teorías abstractas y en la física matemática de Newton, mientras que el empirismo favoreció las ciencias naturales. Culturalmente, la visión de angustia del Barroco influye en la duda metódica de Descartes, mientras que el racionalismo refuerza una visión ordenada que dio paso al neoclasicismo. En cuanto al contexto filosófico, se promueve el giro antropológico, que desplaza el centro de interés desde Dios (teocentrismo) hacia el hombre y la sociedad (antropocentrismo). Se fomenta la educación como vía para la libertad y, desde el racionalismo, se destaca la razón para un sujeto autónomo. Estos ideales ilustrados se recogen en el lema: ¡Sapere aude!

Contexto historiográfico y protagonistas

La distinción entre ambas corrientes se establece desde el punto de vista gnoseológico. El racionalismo está representado por Descartes, Spinoza y Leibniz, mientras que en el empirismo destacan Locke, Berkeley y Hume. La disertación se vertebra en cuatro criterios fundamentales:

Método

El racionalismo utiliza un método deductivo que toma como modelo las matemáticas: se busca partir de verdades evidentes para extraer otras nuevas. Descartes diseña este método centrado en la regla de la evidencia, lo que conduce al desarrollo de la duda metódica para poner en cuestión todo conocimiento basado en los sentidos. Esta duda radical busca un cimiento absolutamente seguro, algo que un empirista consideraría injustificado.

Por el contrario, el empirismo defiende el método inductivo, tomando como modelo las ciencias naturales y partiendo de la observación sistemática de hechos particulares para comprobar hipótesis. Este camino exige la eliminación de prejuicios o «ídolos» para ascender progresivamente hacia leyes generales, apoyándose en los éxitos de la física de Galileo, Boyle o Newton.

Criterio de verdad

Otra de las diferencias fundamentales es el criterio de verdad que consideran válido. El racionalismo defiende la evidencia racional: es verdadero lo que la razón percibe de manera clara y distinta. Se añade además un criterio de coherencia interna, donde el saber debe encajar lógicamente en un sistema bien fundamentado.

El empirismo sostiene que el criterio es la correspondencia: una idea es verdadera si se puede contrastar con la realidad física. Esto implica que, para el empirista, el conocimiento es modesto, limitado y sujeto a grados de probabilidad, mientras que para el racionalista es posible alcanzar verdades universales y necesarias.

Origen del conocimiento

Estas diferentes posturas en cuanto a alcanzar un conocimiento universal o más limitado están condicionadas por su visión sobre el origen del conocimiento. Para el racionalismo, la razón es el único mecanismo fiable. Descartes sostiene que los sentidos y la experiencia son engañosos, por lo que aplica la duda metódica para encontrar una primera certeza absoluta: el «cogito, ergo sum» (pienso, luego existo). Plantea que no puedo dudar de lo que pienso y, por lo tanto, de mi existencia como sujeto que piensa. Así, el cogito es la primera verdad captada por la intuición, que sirve de base para derivar otras verdades de la metafísica.

El empirismo, en cambio, afirma que todo conocimiento procede de la experiencia sensible. Hume lleva esto al extremo distinguiendo entre «impresiones» (percepciones directas y vivas) e «ideas» (copias débiles de las impresiones), estableciendo que, si no hay impresión previa, la idea es nula. Además, señala que incluso los conceptos que trascienden la experiencia son meros hábitos mentales, no realidades objetivas.

Concepción de la mente e ideas

Para sostener que el origen del conocimiento es racional o empírico hay que tener una concepción de la mente determinada. En este sentido, es esencial pensar sobre el origen de las ideas. El racionalismo considera que la mente contiene ideas innatas, principios que el sujeto posee por sí mismo. Descartes sostiene que nuestra mente ya posee nociones fundamentales como la idea de «yo» (sustancia pensante), la idea de Dios (sustancia infinita) y la idea de sustancia extensa.

El empirismo sostiene que la mente es una «tabula rasa», una hoja en blanco que se llena con la experiencia. Locke clasifica las ideas que llenan esa hoja en «simples» (recibidas pasivamente) y «complejas» (formadas por la mente al combinar las simples y activamente), negando cualquier contenido previo al nacimiento. También critica las ideas innatas argumentando que no son universales (no están en niños ni en todas las culturas). Aunque reconoce un papel activo de la mente en la construcción de ideas complejas, Locke insiste en que el material último del conocimiento procede siempre de la experiencia.

Problemas y críticas

Tras esta breve exposición de las bases del racionalismo y del empirismo se pueden destacar los problemas con los que se encuentran. El racionalismo se enfrenta a que no hay pruebas concluyentes de que existan ideas innatas, subestima el papel crucial de la percepción y la experiencia cotidiana en el aprendizaje y genera sistemas abstractos que no siempre se corresponden con la realidad.

En cuanto al empirismo, se renuncia a la posibilidad de un conocimiento completamente seguro, ya que la experiencia es limitada y cambiante, pudiendo caer en un escepticismo que ponga en duda las bases del pensamiento científico. Por ejemplo, Hume realiza una crítica al «principio de causalidad» señalando que no existe una conexión necesaria entre dos hechos, ya que, al no haber evidencia empírica del futuro, la causalidad es solo una suposición o creencia basada en el hábito. Otro problema es que no es fácil explicar cómo, a través de la experiencia, surgen conceptos que parecen más bien condiciones de posibilidad del conocimiento, ni cómo se forman conceptos generales o universales a partir de experiencias individuales.

Conclusión

A modo de conclusión, cabe destacar que la controversia entre racionalismo y empirismo no solo modeló la filosofía moderna, sino que actuó como motor ideológico y práctico de enormes transformaciones sociales, culturales, políticas, económicas y científicas. Ambas corrientes, aunque en tensión, convergieron en muchos aspectos para formar la base del pensamiento moderno y de nuestras sociedades contemporáneas.

Conceptos clave
  • Racionalismo
  • Empirismo
  • Duda metódica
  • Cogito, ergo sum
  • Tabula rasa
  • Principio de causalidad
  • Sapere aude