Generación del 98: Innovación y reflexión en la literatura española

Generación del 98: Surgen como reacción a la crisis de fin de siglo. Todos ellos adoptaron una actitud crítica ante la situación política y social del momento. Inician un camino innovador, alejándose del realismo anterior y buscando la expresión de la realidad personal e interior, bajo la influencia de la filosofía pesimista de Schopenhauer. Subjetivismo: Se persigue la expresión de la realidad interior. Concepción totalizadora: La novela es un género multiforme, en el que tienen cabida la reflexión filosófica, el ensayo y el lirismo. Innovaciones técnicas: La historia pierde importancia y se potencia el discurso: perspectivismo, supremacía del diálogo, alteración del tiempo lineal mediante la simultaneidad, la elipsis y los saltos temporales, aparición del personaje colectivo, y disminución de la importancia del argumento. El narrador omnisciente va dejando paso a otro tipo de narrador que se diluye y permite que los personajes hablen por sí mismos. Temas principales: Tema existencial: la vida humana y su sentido, la soledad, la tristeza, etc. Tema religioso: la existencia o la no existencia de Dios, el problema del alma y la inmortalidad, etc. Tema social: analizaron las causas de la decadencia del país, así como los problemas concretos de principios de siglo. La propia literatura: intentaron definirla y adaptar los distintos géneros literarios a sus fines. Unamuno: Cultivó todos los géneros. Su obra gira en torno a dos grandes ejes temáticos: el problema de España y el sentido de la vida. Se sirvió de la novela para la expresión y reflexión de sus ideas obsesivas sobre la religión, la vida, la muerte y la propia conciencia. En las obras el autor interviene en el relato, convierte a los personajes en representaciones de sus propias preocupaciones e incertidumbres. Se escapa de los postulados tradicionales de la novela, en sus novelas no hay descripción ambiental, no hay autonomía en los personajes y el desarrollo de la acción es mínimo. “Niebla” “La tía Tula”. Pío Baroja: De ideología liberal evoluciona hacia un cierto conservadurismo moral. Para él, la novela es un género en el que cabe todo, desde la reflexión filosófica, la crítica, la aventura, el humor… En ellas predomina la acción y los diálogos abundantes, mediante los cuales se exponen las distintas concepciones del mundo. Sus novelas se centran en un personaje, a través del cual nos introducimos en los distintos ambientes. Se trata de protagonistas que generalmente son seres inadaptados que suelen fracasar en su lucha vital. Abundan descripciones impresionistas, el narrador suele intervenir a través de comentarios y reflexiones. “Árbol de la Ciencia” “Tierra Vasca” Azorín: Evoluciona desde un anarquismo juvenil al conservadurismo de su madurez. Se centra en una obsesión por el tiempo, por la fugacidad de la vida. En su obra se observa que Azorín vive para evocar, es un contemplativo. Cultiva el ensayo y la novela y las principales cualidades de su estilo son la precisión y la claridad. Tiene dos tipos de novelas, las que predominan los elementos autobiográficos y de impresiones suscitadas por el paisaje: “La Voluntad”, y las que reflejan sus propias inquietudes a través de personajes míticos: “Doña”.

Narrativa de la posguerra: Rasgo esencial de la novela en la década de los 40 (novela existencial) es la total desorientación por falta de unidad generacional. Hasta 1945 hay una serie de narradores que cultivan una novela histórica, de exaltación, que evolucionó hacia una justificación ideológica y moral del régimen. También en esta década surgen tres autores que van a abrir nuestra literatura a un compromiso con la realidad: Camilo José Cela que inicia la corriente del tremendismo con “La familia de Pascual Duarte”, al retratar un mundo y unos personajes dominados por la violencia y la miseria; Carmen Laforet, con “Nada” y Miguel Delibes con “La sombra del ciprés es alargada” se encuadran dentro de la tendencia de novela existencial y sus personajes reflejan la angustia, la frustración y la tristeza de las vidas cotidianas.



Las novelas de estos tres escritores giran en torno a la amargura de las vidas cotidianas, la soledad, la inadaptación, la muerte y la frustración, pero en ninguna de ellas encontramos una crítica o denuncia directa.

Con la publicación de “La Colmena” de Cela, en 1951, se abre un nuevo rumbo, el de la novela social (años 50). Es una literatura de corte realista, atenta a los condicionamientos histórico-sociales del individuo, que en 1956 con la aparición de “El Jarama”, ejemplo de técnica objetivista, se considera consolidada. Entre las principales características están el mostrar una estructura aparentemente sencilla, preferencia por la narración lineal, el relato objetivista, elevado número de personajes y concentración temporal. En cuanto a la temática, se desplaza el interés por lo individual para testimoniar la situación por la que pasa el pueblo. En “La Colmena”, Cela refleja la vida del Madrid de la posguerra, con sus miserias económicas y morales. El argumento se reduce al mínimo y los personajes se mueven por el sexo y el hambre. Es una novela de protagonista colectivo. La narración está basada en la técnica del contrapunto, y la unidad de la novela surge por la concentración espacio-temporal. También en la década de los 50 publica Delibes “Las ratas”, una de las obras más significativas del realismo social. Denuncia la subsistencia y las desigualdades sociales de un pueblo sujeto al caciquismo y a la tiranía de las condiciones meteorológicas, retratando la supervivencia casi animal en un medio hostil.

A principios de la década de los 60 (Experimentación y renovación), comienzan a manifestarse síntomas del cansancio hacia el realismo social, nuestros autores tienen cada vez más en cuenta las aportaciones de los grandes novelistas extranjeros y pronto causará un fuerte impacto la nueva novela hispanoamericana. En 1962, año de la aparición de “Tiempo de Silencio” de Luis Martín-Santos, “Cinco horas con Mario” de Miguel Delibes y “Señas de identidad” de Goytisolo (1966), fue un año decisivo en la nueva orientación de la novela, pues en estas tres obras se demostró que se podía hacer una novela crítica a la vez que innovadora. Lo característico de este periodo será la introducción de múltiples recursos técnicos que buscan apartarse de las formas tradicionales, como la escasa importancia que se concede al argumento, la aparición de elementos antirrealistas, la función simbólica de las descripciones, la simultaneidad temporal, el empleo del monólogo interior y el estilo indirecto libre, etc. “Tiempo de silencio” recoge buena parte de estas innovaciones. Es una novela que rompe con la novela social-realista. El narrador interviene con comentarios varios, hay una ruptura con la sencillez expresiva y el prosaísmo de la novela social y se utiliza un lenguaje barroco y complejo. Se relata las experiencias de Pedro, un investigador científico envuelto en un asunto penal y en una persecución amorosa. Con el personaje, el lector recorrerá los distintos ambientes de Madrid, la marginalidad de las chabolas, la clase media, el mundo intelectual y la aristocracia. Empleo del monólogo interior, uso del lenguaje con intención paródica. A esta etapa pertenece también “Cinco Horas con Mario” de Miguel Delibes, que consiste en un diálogo/monólogo interior en el que se refleja el contraste entre la España tradicional y la progresista.



Plenilunio: Temas: Plenilunio plantea una reflexión ética sobre temas muy de actualidad como la violencia, el mal, la insolidaridad de la sociedad actual o el sensacionalismo de los medios de comunicación. La violencia ocupa una parte muy importante en la novela, Muñoz Molina defiende que no se justifica de ningún modo. Está presente en dos planos. El primero ligado a los abusos sexuales a menores. Este tema, enlaza con el abuso infantil y la corrupción y la destrucción de la inocencia, pero en ningún momento el autor hace una lectura moralizadora de los hechos. La otra fuente de violencia es la que procede del terrorismo, de ETA, que se expresa no solo en el uso de bombas y pistolas, sino también en la presión psicológica, la que se vive en el ámbito privado de las personas a través de amenazas, las llamadas anónimas o las pancartas de las calles. El narrador relaciona ambas violencias con el afán de notoriedad y el deseo de saciar su vanidad. La presencia del Mal: que se manifiesta ejerciendo la violencia. Las posturas sobre este tema las sitúa el autor en las visiones del Padre Orduña y la actitud materialista de Ferreras. Para el sacerdote, el mal tiene una presencia observable, real e innegable en el mundo, personificada en el diablo. Para Ferreras, el mal era una excreencia del alma y el mal además acostumbra a permanecer invisible. Sobre la existencia del mal todos los personajes muestran su desconcierto y no son capaces de encontrar los motivos que pueden llevar a las personas a hacer esas atrocidades. Unido a los dos temas anteriores está el tema de la mirada. La experiencia del inspector no coincide con lo que le dice el padre Orduña, pues se basa en las fotos de los terroristas. El sufrimiento de las víctimas: En plenilunio es fundamental el punto de vista de las víctimas, en especial de la familia de Fátima. Destaca, la indefensión de las víctimas ante todo aquel que ejerce la violencia sobre ellas. Este protagonismo de las víctimas y la empatía que se produce entre víctima y lector en estas duras descripciones se presenta como un rasgo novedoso comparando con las novelas del género policiaco clásico. La insolidaridad de la sociedad: Se manifiesta en la impunidad con la que actúan los asesinos. Tanto los criminales de ETA como el asesino logran sus propósitos ante la indiferencia de los ciudadanos, poniendo de manifiesto la deshumanización de la sociedad moderna. El secreto: Todos los personajes guardan un secreto. Como contrapunto al odio y la maldad también está presente el tema del amor en una doble vertiente. El amor entre el inspector y su mujer, y el amor entre el inspector y Susana. El personaje de Susana sirve para desarrollar el tema de la liberación de la mujer a partir de los años setenta. Susana representa a la mujer moderna, libre de las ataduras e imposiciones de la época de la dictadura. Por último, destacar el sensacionalismo de los medios de comunicación. Narrador y punto de vista: Predomina un narrador en tercera persona, omnisciente y con focalización externa. En ningún momento participa activamente como personaje, pero esta omnisciencia se convierte, en muchas ocasiones, en una omnisciencia selectiva múltiple, focalizada en los personajes principales. El autor se centra en los pensamientos de los personajes y la introspección se convierte en el elemento dominante. El narrador nos ofrece múltiples análisis de las situaciones que viven, de sus condicionantes, del interior de su mente y de sus pensamientos. El narrador se acerca a cada uno de los personajes, de alguna manera se impregna de su voz, pero sin eliminar la distancia, ni anticipa acontecimientos, ni hace juicios de valor. Este narrador utiliza diferentes formas de aproximación. Estilo indirecto y directo. Pero también predomina el estilo indirecto libre, mediante el cual el autor refleja de forma convincente el pensamiento del personaje sin abandonar la tercera persona. En ocasiones el estilo directo e incluso el indirecto parecen acercarnos a una especie de monólogo interior, con un discurso espontáneo y desordenado del personaje. Al utilizar esta técnica, el autor acorta la distancia entre el lector y los personajes de la novela.



Construcción de los personajes: Los personajes son individuos sin importancia, con escasas ilusiones. De todos ellos solo Susana se rebela contra esa vida gris tratando de introducir cambios radicales que la lleven a una vida más satisfactoria. Paradójicamente, solo el final abierto de la novela abre un posible camino a la redención de los personajes. El protagonista es el inspector. Su carácter está condicionado por su pasado. Es el personaje que establece más relaciones en la trama. Se nos presenta su faceta profesional y privada. Es un personaje complejo: se ahonda en su pasado, llegando hasta su niñez. Termina triunfando profesionalmente pero eso parece costarle la vida. En su caracterización aparecen varios elementos de la novela negra: alma atormentada por una vida difícil, fuerte sentimiento de desarraigo y obsesiva búsqueda de la verdad en un contexto violento. Susana Grey es otro de los personajes principales. Es una mujer sensible, culta e inteligente que siente la opresión de una ciudad que nunca sintió como propia. Desempeña un papel estructurador, pues es el nexo de unión de los demás personajes. El asesino es el antagonista del inspector. Muestra un comportamiento psicótico relacionado con sus traumas, su fuerte represión sexual y el descontento por su trabajo y su familia. El narrador realiza un ejercicio de introspección para la caracterización del personaje…

Técnicas narrativas: Recursos: Técnica del contrapunto: que consiste en entrecruzar varios hilos narrativos. El primero de ellos corresponde a la trama de la investigación policial, el segundo a la trama terrorista y la tercera es la trama amorosa, la historia de amor entre el inspector y Susana. Las tres historias aparecen perfectamente ensambladas de forma intermitente. Cada capítulo se centra en un personaje, en una situación, y en el montaje se van entrelazando las tres tramas a través del contrapunto. Llama la atención que los tres protagonistas de las tres tramas son los únicos personajes que no tienen nombre. En esta forma de contarnos la historia se advierte la influencia del cine, los capítulos van apareciendo como las secuencias de una película. Técnica del suspense: técnica utilizada en el cine negro y que consiste en interrumpir el relato en el momento más interesante, de máxima tensión. Otra de las técnicas utilizadas es la del desenlace abierto, no se sabe si el inspector muere o no. Además, el disparo abre expectativas en la relación de la pareja que parecía casi rota. La luna como elemento estructurador de cohesión: la luna está presente en prácticamente todos los capítulos de la novela, sobre todo en los momentos climáticos como luna llena. El inspector busca la mirada del asesino bajo la luna llena, los ataques son en días de luna llena, la luna es el único testigo del encuentro íntimo del inspector y Susana, la detención se produce en día de luna llena, la luna llena es la clave para la resolución del crimen. En definitiva, la luna llena funciona como nexo entre los protagonistas y los acontecimientos relevantes de la obra. Rasgos de estilo: El estilo de esta novela es en general, objetivo, frío y aséptico, sin dar pie a la expresividad arrebatada y al sentimentalismo. No abundan las exclamaciones ni los recursos que inciden en la expresión exagerada, ni opiniones ni juicios de valor sobre lo narrado. Uno de los rasgos de estilo de esta novela es el uso de la metonimia para presentar a los personajes. En estas presentaciones abundan la anáfora y el paralelismo. También abunda el polisíndeton y el uso del adjetivo, utilización frecuentemente la doble adjetivación.

Modelos de sintaxis: Sustantivas: “Los que estudien aprobarán” (sujeto) “Te ruego que me lo digas” (CD) “Precisamente eso es lo que busco” (ATO) Término de un sintagma preposicional: “Darán el premio a quien lo merezca” (CI) “Convéncelo de que es cierto” (C.REG) “Me marché sin que lo notasen mis padres” (CC) “Tengo miedo de que no vengan” (MOD) “Fue descubierta por quienes la vieron” (C.AGENTE)

Adjetivas: introducidas por pron o adj relativo: “El obrero del que hablamos es albañil) Por adv relativo: “El pueblo donde nací está muy lejos”