El inicio de la Historia Contemporánea de España
El año 1808 marcó el inicio de la Historia Contemporánea de España. La entrada de las tropas napoleónicas y el levantamiento contra el ejército invasor el 2 de mayo de 1808 supusieron la irrupción de la burguesía liberal y de las clases populares en la escena de la historia política española. Al mismo tiempo que se combatía al invasor francés en el terreno militar, también se dieron los primeros pasos para asentar unas nuevas bases jurídicas para modernizar España. Se inició así toda una obra legislativa de carácter liberal que culminaría en la Constitución de 1812, primera de una larga serie de la historia del constitucionalismo español, que quedaría abortada con la restauración del absolutismo de Fernando VII.
La organización política: De las Juntas a las Cortes
Tras el levantamiento popular contra el ejército francés y la acusación de usurpación del trono a Napoleón, en aquellas zonas en que triunfaron los sublevados se destituyó a las autoridades y se crearon las juntas locales. Estos nuevos órganos políticos estaban integrados por miembros de los tradicionales grupos dominantes (nobleza y clero) y miembros de la oligarquía local y destacadas personalidades del ámbito mercantil. Aunque de composición muy heterogénea, compartían el compromiso común de defender la monarquía de Fernando VII frente a José I, el monarca impuesto por los franceses.
Las juntas locales se agruparon en juntas supremas provinciales, que coordinaban las acciones contra los franceses. Posteriormente, se creó una Junta Suprema Central que asumió las funciones de gobierno y dirigió el desarrollo de la guerra. En 1810, la Junta traspasó los poderes a un Consejo de Regencia, órgano transitorio que convocó las Cortes en Cádiz, la zona más segura tras el avance francés.
Las Cortes de Cádiz y las tendencias políticas
A diferencia del modelo tradicional, las Cortes se convocaron como una asamblea única, donde los votos se realizaban por cabeza. Los representantes fueron elegidos mediante sufragio censitario, predominando eclesiásticos, militares y miembros de profesiones liberales. Es de destacar que, a pesar de ser fundamentales en la lucha contra los franceses, las clases populares no tenían representación.
Los representantes electos se agruparon en tres grandes tendencias:
- Absolutistas: Partidarios del ejercicio absoluto del poder por parte del rey.
- Moderados o jovellanistas: Defensores de una monarquía parlamentaria al estilo inglés con soberanía compartida.
- Liberales radicales: Partidarios de la soberanía nacional residente en las Cortes.
La labor legislativa y el desmantelamiento del Antiguo Régimen
El objetivo de las Cortes era crear un modelo de país basado en los principios del liberalismo, heredados de la Ilustración. Entre las medidas más destacadas se encuentran:
- Concesión de la libertad de expresión y de imprenta.
- Abolición del régimen señorial y los señoríos jurisdiccionales.
- Supresión de los mayorazgos, la Mesta y los estatutos de limpieza de sangre.
- Supresión de la Inquisición y prohibición de la tortura.
La Constitución de 1812: «La Pepa»
El 19 de marzo de 1812, las Cortes promulgaron la Constitución española de 1812, conocida popularmente como “La Pepa”. Este texto representó un compromiso entre las facciones de las Cortes y se convirtió en uno de los mejores modelos del primer constitucionalismo occidental.
Características fundamentales
- Soberanía nacional: La autoridad suprema pertenecía al conjunto de la nación.
- División de poderes: El poder legislativo residía en el rey y las Cortes; el ejecutivo en el rey; y el judicial en los Tribunales de justicia.
- Monarquía limitada: El rey reinaba pero no gobernaba de forma absoluta, estando sujeto a las Cortes.
- Derechos fundamentales: Igualdad ante la ley, libertad de imprenta, derecho a la educación elemental y derecho a la propiedad.
Legado y trascendencia
Aunque la Constitución de 1812 fue derogada tras el regreso de Fernando VII en 1814 y solo tuvo una aplicación práctica breve, su importancia es capital. Representó el primer intento de racionalizar el Estado bajo los principios del liberalismo y se convirtió en un símbolo de libertad para las generaciones posteriores a lo largo del siglo XIX.