1.1. Los elementos del conocimiento
El punto de partida de Hume es el mismo que en Descartes: ¿en qué consiste el conocimiento cierto? Se trata de analizar nuestro conocimiento para encontrar los elementos que lo componen y cuál es su origen. Hume denomina al contenido de nuestro conocimiento percepción. Percepción es cualquier contenido de nuestra mente (se corresponde directamente con lo que Descartes llamó idea). Las percepciones pueden ser de dos tipos:
- Impresiones: corresponden al conocimiento por los sentidos (experiencia), son percepciones vivas y fuertes.
- Ideas: son representaciones o copias de las impresiones en el pensamiento, son percepciones más débiles.
Hume concluye que las ideas proceden de las impresiones; son imágenes o representaciones de estas.
1.2. Modos de conocimiento
Hay dos modos de conocimiento: relaciones de ideas y conocimiento de hechos.
- Relación de ideas: Pone dos ideas en relación. Ejemplo: relacionamos la idea de “todo” con la idea de “parte”: «El todo es mayor que sus partes» o «Los triángulos tienen tres ángulos». Aunque las ideas provengan de la experiencia, la relación entre ellas es independiente de la experiencia y no tiene nada que ver con los hechos. Su verdad se fundamenta en la relación lógica entre dos ideas. Son relaciones de ideas todas las proposiciones de la lógica y la matemática. Su verdad es necesaria e independiente de la experiencia.
- Conocimiento de hechos: Nuestro conocimiento también puede referirse a hechos. «Ahora estoy sentado», «la puerta está cerrada» o «mañana lloverá» son conocimientos factuales (de lo que sucede en el mundo). Hume concluye: la única justificación posible del conocimiento de hechos es la experiencia, o sea, las impresiones.
1.3. El criterio de certeza empirista
Para Hume, nuestras impresiones son todas ellas verdaderas; la realidad es el conjunto de nuestras impresiones, lo percibido en los sentidos es siempre verdad en cuanto percibido. El problema afecta a nuestras ideas, porque nuestra mente a veces es capaz de crear ideas nuevas, como por ejemplo con la imaginación. ¿Cómo sabemos cuáles de nuestras ideas son verdaderas? Hume establece el siguiente criterio de certeza:
Si podemos señalar la impresión de la cual procede la idea en cuestión, estamos ante una idea verdadera. En caso contrario, estamos ante una ficción.
Por ejemplo: «La puerta está abierta» es verdadera si, al mirar hacia ella, hemos tenido efectivamente la impresión en los sentidos de la puerta abierta. «Allí hay un centauro» será una ficción porque no podemos señalar ninguna impresión de un hombre con cuerpo de caballo. El límite de nuestro conocimiento son las impresiones. Aplicando este criterio al conocimiento de hechos, este queda limitado a:
- Nuestras impresiones actuales (lo que ahora vemos, oímos, tocamos).
- Nuestros recuerdos actuales (ideas) de impresiones pasadas.
- No puede haber conocimiento de hechos futuros, ya que no poseemos impresión alguna de lo que aún no ha sucedido.
1.4. La idea de causa
A pesar de lo dicho, contamos con que en el futuro se producirán ciertos hechos: «la lluvia que cae mojará la hierba» o «el fuego bajo la olla calentará el agua». Según Hume, nuestra «certeza» acerca de hechos futuros se basa en una inferencia causal (causas → efectos). Esta inferencia está basada en la idea de causa: la idea de una conexión necesaria entre dos fenómenos (hechos observables).
1.5. Crítica de la idea de causa
Apliquemos el criterio de verdad humeano a la idea de causa. ¿Tenemos impresión alguna que corresponda a la idea de una conexión necesaria entre dos fenómenos? Hume responde que NO. Hemos observado a menudo el fuego y que aumentaba la temperatura, pero nunca hemos observado que entre ambos exista una conexión necesaria. Lo único observable es una sucesión constante. La idea de causa se reduce a:
- La contigüidad espacio-temporal entre la causa y el efecto.
- La prioridad de la causa sobre el efecto.
- La conjunción constante entre la causa y el efecto.
En conclusión: no sabemos que el agua se calentará, sólo lo creemos. El pretendido conocimiento de hechos futuros no es en rigor conocimiento, sino sólo suposición y creencia basada en el hábito y la costumbre.
1.6. Crítica a las tres substancias
Hume aplica su criterio a las tres substancias del racionalismo:
- La realidad exterior (substancia extensa): La creencia en una realidad distinta de nuestras impresiones es injustificable, pues no hay impresión de dicha realidad, solo de nuestras percepciones.
- La existencia de Dios (substancia infinita): De Dios no tenemos impresión alguna, por lo que el principio de causalidad es una utilización ilegítima. La existencia de Dios es indemostrable; es un asunto de fe.
- El yo (substancia pensante): Para Hume, no hay impresión permanente e invariable de un «yo». La existencia de un yo es una ficción. La conciencia de identidad se explica mediante la memoria, confundiendo sucesión con identidad.
1.7. Fenomenismo y escepticismo
Si no hay realidad exterior, ni es demostrable Dios ni el alma, la realidad queda reducida a impresiones, a lo que aparece: fenomenismo. Esto conlleva un escepticismo: no podemos conocer más allá de nuestras impresiones.
Contexto de David Hume
David Hume (1711–1776) se sitúa en el siglo XVIII, el Siglo de las Luces. Este movimiento defendía la confianza en la razón y la crítica a las creencias tradicionales. Hume participa del espíritu ilustrado poniendo límites estrictos a lo que la razón puede conocer. Su pensamiento, enmarcado en el empirismo británico, sostiene que todo conocimiento procede de la experiencia sensible, oponiéndose al racionalismo de Descartes. Su obra Investigación sobre el entendimiento humano analiza la teoría del conocimiento desde bases radicalmente empiristas, desembocando en un escepticismo moderado.