El espíritu de fin de siglo
El fin de siglo es un momento histórico caracterizado por una profunda crisis en la que se cuestionan todos los valores de la civilización burguesa. El modernismo y la Generación del 98 son movimientos literarios que presentan una reacción estética frente a esta crisis. Las características comunes de este periodo son: la rebeldía y el sentimiento antiburgués; la evasión y el esteticismo como protesta contra la vulgaridad contemporánea; el irracionalismo y el antipositivismo; y el hastío o spleen.
Contexto histórico
En España, el periodo de fin de siglo está marcado por tres acontecimientos principales:
- El desastre del 98: la derrota ante Estados Unidos en la Guerra de Cuba, por la que España pierde las posesiones de Cuba, Puerto Rico y Filipinas; tuvo un enorme valor simbólico como signo de la decadencia del país.
- La deslegitimación del sistema político de la Restauración: el turno de partidos se basaba en un fraude electoral sistemático que garantizaba la alternancia en el poder; la presencia del cacique se imponía mediante clientelismo y coacción.
- La conflictividad social: auge del anarquismo y de los movimientos obreros, a los que el Estado respondió con una fuerte represión.
La Generación del 98
La Generación del 98 surge a partir del manifiesto «El manifiesto de los tres», publicado en 1901, en el que Ramiro de Maeztu, Pío Baroja y Azorín se proponían la transformación de España y su equiparación con los países europeos. A ellos se suman otros autores nacidos entre 1860 y 1875 —como Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Valle-Inclán y Antonio Machado—, en los que se combina el interés por el tema de España con la renovación formal.
Coinciden en una sensibilidad finisecular que les hace tratar temas como: la angustia existencial (spleen), el tema de Dios (relacionado con el irracionalismo), el primitivismo (como rechazo al presente) y el subjetivismo.
Modernismo
El modernismo es un movimiento literario hispanoamericano que comienza en Hispanoamérica y que se inspira en la crisis del fin de siglo europea; en concreto, en el simbolismo y el parnasianismo franceses del siglo XIX. Su género predilecto es la poesía, pero también influirá y será significativo en la prosa y el teatro.
En contraste con la Generación del 98, los autores modernistas renuncian a tratar temas sociales o filosóficos y recurren a motivos como el escapismo —que busca cauces expresivos en la ambientación aristocrática y en el cosmopolitismo—, el erotismo y la creencia en una armonía universal.
Formalmente, se produce una revolución en el lenguaje —que se llena de símbolos, se nutre de términos inusuales y se carga de musicalidad mediante aliteraciones, efectos rítmicos y palabras esdrújulas—, así como en la métrica, donde aparecen múltiples innovaciones, como la preferencia por el verso alejandrino y la propuesta de nuevas estrofas.
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El modernismo y la Generación del 98
IES Ortega y Gasset. Departamento de Lengua y Literatura
Poetas de fin de siglo
El poeta más destacado del modernismo hispanoamericano es Rubén Darío, importante no solo por la calidad de su obra, sino por el magisterio que ejerció sobre otros poetas. En sus poemarios, que tratan de forma recurrente el tema del erotismo, evoluciona desde el escapismo aristócrata en Azul, pasando por la armonía preciosista de Prosas profanas, hasta el gran libro del modernismo: Cantos de vida y esperanza, donde incorpora la preocupación existencial y la reivindicación de lo hispano.
En España, la figura más importante de la poesía de este periodo es Antonio Machado. Su primer libro, Soledades, galerías y otros poemas (1907), es propio del simbolismo modernista. Tiene como temas centrales los universales del sentimiento: la soledad, el hastío, la nostalgia por la infancia y la búsqueda de Dios. Su lenguaje está cuajado de símbolos (el jardín, la tarde, la fuente, los caminos) y presenta un tono intimista en el que introduce la fórmula del diálogo con las estaciones, la tarde, el amanecer y la noche. Su gran título es, sin embargo, Campos de Castilla (1912). En él, Machado mantiene una relación más íntima y esencial con el paisaje castellano y muestra inquietudes sociales y políticas más cercanas a la Generación del 98. Destacan, además, los poemas dirigidos a Leonor, su joven esposa, que murió poco después de la boda.
La novela de fin de siglo
En 1902 se publican cuatro novelas que realizan la renovación formal propia de esta generación y con las que se supera el realismo: Amor y pedagogía, de Miguel de Unamuno; Camino de perfección, de Pío Baroja; La voluntad, de Azorín; y Sonata de otoño, de Valle-Inclán. En ellas se plasman los rasgos de la nueva novela: predominio de la reflexión frente al componente narrativo, subjetivismo, simbolismo, voluntad de experimentación estética y predominio de la reflexión frente al componente narrativo.
A continuación se presentan las particularidades de cada uno de estos autores:
- Unamuno: su tema central es el ansia de inmortalidad; en concreto, el conflicto entre el impulso religioso y la razón, que tiene como consecuencia una fe agónica. Esta angustia existencial se plasma en sus ensayos Del sentimiento trágico de la vida y La agonía del cristianismo. Destacan, además, sus «nivolas», en las que renuncia a las descripciones para centrarse en la acción interior de los personajes: Niebla, San Manuel Bueno, mártir y Abel Sánchez.
- Baroja: es el gran narrador de su generación. En su amplia producción novelística sobresalen La busca, El árbol de la ciencia y Zalacaín el aventurero. La narrativa de Baroja se caracteriza por el pesimismo, la presencia de personajes antisociales, estructura abierta y un estilo claro y ameno.
- Azorín: su producción rompe definitivamente con la narrativa realista, pues la acción es constantemente interrumpida por descripciones y digresiones. Su estilo, depurado y conciso, hace que sus libros se ganen el apelativo de «novelas poemáticas». Destaca la trilogía protagonizada por Antonio Azorín: La voluntad, Antonio Azorín y Confesiones de un pequeño filósofo.
- Valle-Inclán: sus cuatro Sonatas constituyen la máxima expresión de la prosa modernista. Relacionadas con las cuatro estaciones, reproducen las memorias del marqués de Bradomín, «un donjuán feo, católico y sentimental». Destaca también en su producción la novela Tirano Banderas.
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El modernismo y la Generación del 98
IES Ortega y Gasset. Departamento de Lengua y Literatura
El espíritu de fin de siglo
El fin de siglo es un momento histórico caracterizado por una profunda crisis en la que se cuestionan todos los valores de la civilización burguesa. El modernismo y la Generación del 98 son movimientos literarios que presentan una reacción estética frente a esta crisis. Las características comunes de este periodo son: la rebeldía y el sentimiento antiburgués; la evasión y el esteticismo como protesta contra la vulgaridad contemporánea; el irracionalismo y el antipositivismo; y el hastío o spleen.
Contexto histórico
En España, el periodo de fin de siglo está marcado por tres acontecimientos principales:
- El desastre del 98: la derrota ante Estados Unidos en la Guerra de Cuba, por la que España pierde las posesiones de Cuba, Puerto Rico y Filipinas; tuvo un enorme valor simbólico como signo de la decadencia del país.
- La deslegitimación del sistema político de la Restauración: el turno de partidos se basaba en un fraude electoral sistemático que garantizaba la alternancia en el poder; la presencia del cacique se imponía mediante clientelismo y coacción.
- La conflictividad social: auge del anarquismo y de los movimientos obreros, a los que el Estado respondió con una fuerte represión.
La Generación del 98
La Generación del 98 surge a partir del manifiesto «El manifiesto de los tres», publicado en 1901, en el que Ramiro de Maeztu, Pío Baroja y Azorín se proponían la transformación de España y su equiparación con los países europeos. A ellos se suman otros autores nacidos entre 1860 y 1875 —como Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Valle-Inclán y Antonio Machado—, en los que se combina el interés por el tema de España con la renovación formal.
Coinciden en una sensibilidad finisecular que les hace tratar temas como: la angustia existencial (spleen), el tema de Dios (relacionado con el irracionalismo), el primitivismo (como rechazo al presente) y el subjetivismo.
Modernismo
El modernismo es un movimiento literario hispanoamericano que comienza en Hispanoamérica y que se inspira en la crisis del fin de siglo europea; en concreto, en el simbolismo y el parnasianismo franceses del siglo XIX. Su género predilecto es la poesía, pero también influirá y será significativo en la prosa y el teatro.
En contraste con la Generación del 98, los autores modernistas renuncian a tratar temas sociales o filosóficos y recurren a motivos como el escapismo —que busca cauces expresivos en la ambientación aristocrática y en el cosmopolitismo—, el erotismo y la creencia en una armonía universal.
Formalmente, se produce una revolución en el lenguaje —que se llena de símbolos, se nutre de términos inusuales y se carga de musicalidad mediante aliteraciones, efectos rítmicos y palabras esdrújulas—, así como en la métrica, donde aparecen múltiples innovaciones, como la preferencia por el verso alejandrino y la propuesta de nuevas estrofas.
Poetas de fin de siglo
El poeta más destacado del modernismo hispanoamericano es Rubén Darío, importante no solo por la calidad de su obra, sino por el magisterio que ejerció sobre otros poetas. En sus poemarios, que tratan de forma recurrente el tema del erotismo, evoluciona desde el escapismo aristócrata en Azul, pasando por la armonía preciosista de Prosas profanas, hasta el gran libro del modernismo: Cantos de vida y esperanza, donde incorpora la preocupación existencial y la reivindicación de lo hispano.
En España, la figura más importante de la poesía de este periodo es Antonio Machado. Su primer libro, Soledades, galerías y otros poemas (1907), es propio del simbolismo modernista. Tiene como temas centrales los universales del sentimiento: la soledad, el hastío, la nostalgia por la infancia y la búsqueda de Dios. Su lenguaje está cuajado de símbolos (el jardín, la tarde, la fuente, los caminos) y presenta un tono intimista en el que introduce la fórmula del diálogo con las estaciones, la tarde, el amanecer y la noche. Su gran título es, sin embargo, Campos de Castilla (1912). En él, Machado mantiene una relación más íntima y esencial con el paisaje castellano y muestra inquietudes sociales y políticas más cercanas a la Generación del 98. Destacan, además, los poemas dirigidos a Leonor, su joven esposa, que murió poco después de la boda.
La novela de fin de siglo
En 1902 se publican cuatro novelas que realizan la renovación formal propia de esta generación y con las que se supera el realismo: Amor y pedagogía, de Miguel de Unamuno; Camino de perfección, de Pío Baroja; La voluntad, de Azorín; y Sonata de otoño, de Valle-Inclán. En ellas se plasman los rasgos de la nueva novela: predominio de la reflexión frente al componente narrativo, subjetivismo, simbolismo, voluntad de experimentación estética y predominio de la reflexión frente al componente narrativo.
Veremos ahora las particularidades de cada uno de estos autores:
- Unamuno: su tema central es el ansia de inmortalidad; en concreto, el conflicto entre el impulso religioso y la razón, que tiene como consecuencia una fe agónica. Esta angustia existencial se plasma en sus ensayos Del sentimiento trágico de la vida y La agonía del cristianismo. Destacan, además, sus «nivolas», en las que renuncia a las descripciones para centrarse en la acción interior de los personajes: Niebla, San Manuel Bueno, mártir y Abel Sánchez.
- Baroja: es el gran narrador de su generación. En su amplia producción novelística sobresalen La busca, El árbol de la ciencia y Zalacaín el aventurero. La narrativa de Baroja se caracteriza por el pesimismo, la presencia de personajes antisociales, estructura abierta y un estilo claro y ameno.
- Azorín: su producción rompe definitivamente con la narrativa realista, pues la acción es constantemente interrumpida por descripciones y digresiones. Su estilo, depurado y conciso, hace que sus libros se ganen el apelativo de «novelas poemáticas». Destaca la trilogía protagonizada por Antonio Azorín: La voluntad, Antonio Azorín y Confesiones de un pequeño filósofo.
- Valle-Inclán: sus cuatro Sonatas constituyen la máxima expresión de la prosa modernista. Relacionadas con las cuatro estaciones, reproducen las memorias del marqués de Bradomín, «un donjuán feo, católico y sentimental». Destaca también en su producción la novela Tirano Banderas.