1. Comprensión de textos: La oralidad y el método socrático
La comprensión de textos tiene dos formas de expresión: oral y escrita. La oralidad está asociada a Sócrates, pues este filósofo no dejó escrita ninguna obra filosófica y consideraba que el diálogo con sus discípulos era el mejor método para reflexionar filosóficamente. Enseñaba a filosofar mediante diálogos y debates.
El método que utilizaba para orientar a sus contemporáneos consistía en dialogar con ellos, y lo hacía con unos diálogos que constaban de dos fases:
- La ironía: Realizada mediante una doble reflexión: la exhortación, que consistía en dirigir la atención de su interlocutor a la necesidad de purificación interior, y la refutación, en la que, preguntándole por la definición del asunto sobre el que se estuviera tratando, le hacía ver y confesar su ignorancia sobre el tema.
- Mayéutica: Consistía en intentar ayudar a su interlocutor a encontrar por sí mismo la definición correcta que anteriormente había reconocido ignorar. Al comentar el método que utilizaba en sus diálogos, Sócrates decía que en su persona se habían sintetizado los oficios de su padre (escultor) y su madre (comadrona).
En la Apología de Sócrates, Platón pone en boca de su maestro las siguientes palabras: «En mí no hay parte del saber, y el reproche que precisamente me han hecho muchos de que formulo preguntas a los otros y nada produzco por mí mismo sobre ningún tema, por falta de saber alguno, es un reproche bien fundado».
El problema de la tradición oral
Pero la reflexión filosófica oral tiene un problema: no se puede reconstruir una vez que ha sido expuesta. Para hacerlo, hay que recurrir a las personas que la hayan escuchado y, si son varias, siempre se dan versiones distintas. En el caso de Sócrates, tenemos que recurrir a lo que Platón nos dice acerca del pensamiento de su maestro, pero siempre se corre el riesgo de atribuirle contenidos que no sean suyos, sino de su discípulo. Tan solo cuando lo que dice Platón de Sócrates es confirmado por otros discípulos suyos que también hablan de su maestro, como Jenofonte, el riesgo es menor.
2. El dualismo de Platón
Sus convenciones sobre el ser humano son básicas para entender el tema debido a la influencia de este pensador en la antropología occidental, gracias principalmente a la asimilación del platonismo por parte de la religión cristiana.
Contexto histórico y la búsqueda de la verdad
Platón vive en una época histórica de decadencia política, la cual se debe al pensamiento de los sofistas, para quienes la verdad no existe: solo hay opciones y todas son igualmente válidas. Él, por el contrario, está convencido de que únicamente una política basada en la verdad puede dar origen a una organización justa de las polis. Por eso, su filosofía va a ser un intento de justificar que la verdad existe y que el ser humano puede adquirir conocimientos verdaderos.
Los conocimientos verdaderos son aquellos que son:
- Universales: Válidos para todos los seres humanos.
- Necesarios: No pueden ser de otra manera.
- Inmutables: No cambian.
Un conocimiento solo es válido si las características que posee se dan también en las realidades de las que ese conocimiento es correspondencia. Dado que los conocimientos verdaderos solo serán válidos si existen objetos y realidades particulares, contingentes y cambiantes, se ve obligado a afirmar que, además de este mundo, existe otro donde las realidades son universales, necesarias e inmutables. A ese mundo lo llama «Mundo de las Ideas».
La Teoría de la Reminiscencia
Se plantea entonces un problema: si los seres humanos vivimos en este mundo, en el «mundo sensible», ¿cómo conocemos las realidades del mundo de las ideas? La explicación que da Platón es la siguiente: antes de vivir en el mundo sensible, las almas de los humanos han vivido en el mundo de las ideas, en el mundo donde existen esas realidades universales, necesarias e inmutables.
Por ese motivo, al vivir en el mundo sensible unidas a los cuerpos y ver las cosas de este mundo, que son «copias» de las ideas, pueden recordar las realidades que antes habían conocido y que habían olvidado al unirse a los cuerpos en el momento del nacimiento. En esto consiste el conocimiento intelectual: en recordar lo que se sabía pero se había olvidado.
El conocimiento intelectual o científico es recuerdo (anamnesis) o reminiscencia. En consecuencia, para Platón el ser humano es un alma espiritual y eterna (no solo en el sentido de que no va a morir, sino que vive para siempre), encerrada en un cuerpo. El auténtico y genuino «yo» de los seres humanos es el alma y su destino es la sabiduría; el cuerpo no es más que su cárcel, su sepulcro que le impide dedicarse a su verdadero sino.
Mantiene una concepción claramente dualista del ser humano en la que el alma, que es una entidad no material que puede vivir separada del cuerpo (de hecho, vive así la mayor parte del tiempo), se convierte en el elemento fundamental. La relación entre cuerpo y alma es absolutamente accidental, como la relación que puede existir entre un preso y su celda.
3. El dualismo de Descartes
Su pensamiento sobre el ser humano posee también gran importancia, ya que la mayor parte de la antropología y psicología de los siglos XVI y XVII han estado influenciadas por su dualismo. Considerado el padre de la filosofía moderna, intenta construir una filosofía en la que no quepa el error. Toma como modelo lo que pasa en las matemáticas y propone partir de enunciados evidentes para razonar con una lógica total.
La duda metódica
Descartes propone dudar de todo para encontrar una primera verdad de la que no podamos dudar:
- Información de los sentidos: Si los sentidos nos engañan a veces, puede ser que nos engañen siempre.
- Los razonamientos más sencillos.
- Distinción entre estar despierto y estar soñando.
- Hipótesis del «genio maligno».
No podemos dudar de estar dudando. «Pienso, luego existo» (Cogito ergo sum). El ser humano se divide en res cogitans («alma») y res extensa («cuerpo»). A la hora de señalar cuáles son esos enunciados evidentes, solo encuentra uno que merezca de verdad ese nombre: el yo existo pensado. Pero el «yo», el sujeto de la evidencia de la que intenta partir Descartes, es un «yo» sin cuerpo, sin materia, hasta el punto de que necesita demostrar que el ser humano, además de ser «yo», tiene cuerpo.
La separación de sustancias y la glándula pineal
Al demostrarlo, establece una distancia insalvable entre el «yo» pensamiento (sustancia pensante) y el «yo» cuerpo (sustancia material). Esta radical separación entre el alma y el cuerpo ha tenido lamentables consecuencias para las ciencias humanas en el mundo moderno, sobre todo por su visión del cuerpo como una res extensa, como una realidad comprensible y explicable solo geométrica y mecánicamente.
Para el dualismo antropológico cartesiano, el cerebro humano es la base biológica y neurológica en la que se «asientan» las funciones mentales (percibir, pensar, desear), pero en última instancia es la mente la que controla al cerebro. Si existe una correlación entre los estados mentales y los sucesos neuronales, es debido a que el alma está unida con el cerebro a través de la «glándula pineal», y de esta forma se posibilita la interacción entre las actividades mentales y los procesos corporales.