1. La literatura del siglo XIX
Se desarrollaron dos grandes corrientes: el Romanticismo, que se extendió por Europa por la voluntad transformadora del momento, y el Realismo, que analiza la sociedad contemporánea.
Autores del Romanticismo español: Bécquer, Rosalía de Castro, Duque de Rivas…
El Romanticismo desea romper con los convencionalismos, persiguiendo la libertad formal y la expresión subjetiva de los sentimientos y emociones.
Características del Romanticismo
- Libertad formal: se refleja en la polimetría y la mezcla de géneros, y en la utilización del yo poético para desarrollar la subjetividad del creador. Este rasgo propicia el desarrollo de la poesía y de la narrativa en primera persona, que a veces adopta forma epistolar.
- Yo poético: es un personaje atormentado, emocionalmente extremista, a veces intimista, a veces heroico, pero siempre enfrentado a un entorno y a normas que lo limitan. Para el desarrollo del potencial creativo es vital la libre expresión de las ideas y los sentimientos.
- Temática: el deseo de escapar del mundo mediocre que frustra al creador. Es habitual la presencia de la naturaleza (reflejo del sentimiento íntimo del poeta), la huida a tiempos pasados y legendarios, y el gusto por el exotismo y el misterio.
Se impuso la necesidad de analizar la época contemporánea desde una perspectiva objetivista y crítica. Así, a partir de la obra de Balzac o Flaubert surgió la corriente realista, que encontró en España grandes figuras como Pérez Galdós o Leopoldo Alas.
El Realismo profundiza en la representación de la vida contemporánea, casi siempre desde una perspectiva crítica, adoptando corrientes científicas y filosóficas.
Se desarrolló en la segunda mitad del siglo en paralelo con los cambios sociales más notorios. Antes, la sociedad estaba en plena transformación; ahora se presenta como un mundo imperfecto. El escritor se centra en su propia época y en el conflicto entre ésta y el individuo.
Nos encontramos con una literatura contemporánea, que se centra en la misma época que la inspira, en sus ambientes y en sus personajes.
- Tono: objetivista y descriptivo, que favorece la sobriedad.
- Género clave: la novela es el género central; es la época de los grandes relatos. El narrador es omnisciente, profundiza en la caracterización física y psicológica de los personajes, y utiliza la verosimilitud y el retrato de la sociedad burguesa.
El elemento costumbrista cobra especial importancia y se utiliza para describir los tipos y escenarios que definían los ambientes populares del momento.
2. El Romanticismo español
En España, el Romanticismo se asentó tarde debido al exilio de muchos intelectuales durante el reinado de Fernando VII. Pudieron regresar a partir de 1833, cuando terminó dicho reinado. Con ellos vinieron las corrientes renovadoras que se habían abierto en Europa décadas antes. El movimiento romántico encuentra su auge en nuestro país entre los años treinta y cuarenta, con la obra de Espronceda, Ángel de Saavedra (Duque de Rivas) y Larra. Más tarde aparecen Bécquer y Rosalía de Castro, considerados posrománticos porque el yo poético es más íntimo y el escritor se preocupa más de la emoción que del virtuosismo.
El Romanticismo se caracteriza por el individualismo y la subjetividad, por la curiosidad ante lo legendario y lo misterioso, y por el conflicto del ser humano entre su libertad, su pasión y su efervescencia emocional y la sociedad que las constriñe.
2.1. La poesía romántica
La poesía romántica busca la expresión subjetiva y la creación. Defiende la libertad formal y enfoca los temas desde una perspectiva apasionada, rebelde y atormentada. La naturaleza se convierte en una expresión externa del estado de ánimo del poeta. Los poetas más representativos del Romanticismo son:
A. José de Espronceda
Es el poeta de la libertad, tema principal de sus obras, como la Canción del pirata o Canto a Teresa.
Alcanza gran trascendencia a través de su poesía narrativa, en la que destaca El estudiante de Salamanca. En esta obra resaltan los rasgos del Romanticismo: la polimetría y la mezcla de géneros. Resumen: el protagonista, Félix de Montemar, es un seductor temerario y sin escrúpulos, pero lleno de atractivo. Esta contradictoria caracterización del personaje nos ofrece la imagen del héroe romántico que encontraremos también en otros personajes de la literatura, como el Don Juan Tenorio de Zorrilla.
B. Gustavo Adolfo Bécquer
Se le considera un poeta posromántico porque escribió su obra en la segunda mitad del siglo XIX; además, su poesía no refleja la realidad, sino que plantea una realidad en sí misma: el concepto de “el arte por el arte”.
Su obra se caracteriza por una métrica y un estilo sencillos, que muestran los sentimientos. Sus versos están llenos de símbolos y poseen un ritmo expresivo. Es una poesía intimista y reflexiva, donde predominan los temas del amor, la muerte y la creación literaria.
C. Rosalía de Castro
Poetisa gallega de gran relevancia en el Romanticismo. Se dedicó principalmente a la poesía con obras tan famosas como Cantares gallegos y Follas novas (en gallego), y La flor y En las orillas del Sar (en castellano). También cultivó la narración.
Su literatura inicia con temas como la ternura y la emoción (La flor) o la nostalgia por Galicia (Cantares gallegos), hasta el desengaño y la reflexión sobre el transcurrir de la vida, marcado por el amor, el paso del tiempo y la muerte (En las orillas del Sar).
Su obra remite a la poesía tradicional y presenta un rasgo característico del Romanticismo: los espacios naturales son el reflejo de los sentimientos del creador. Su producción representa su trayectoria vital, desde la ilusión de la juventud hasta la desencantada madurez.
2.2. La prosa romántica
Hay que diferenciar dos tendencias:
Por una parte, una prosa no narrativa que busca sus temas en la realidad circundante a través del periodismo y del costumbrismo:
- Periodismo: fuerte desarrollo en el siglo XIX. Escritores e intelectuales utilizaron la prensa para dar su opinión y criticar a la sociedad.
- Costumbrismo: recogía los tipos y ambientes propios de la época, ofreciendo cuadros castizos y pintorescos.
Por otra parte, la prosa de ficción acude a la fantasía y se evade de la realidad. Tuvieron gran éxito los relatos ambientados en épocas pasadas y legendarias, historias llenas de misterio. Es el caso de la novela histórica y de algunas de las narraciones más significativas de la literatura española de este periodo: las Leyendas de Bécquer.
A. Prosa no narrativa: Larra y el artículo periodístico
En la prosa periodística, Larra es un referente imprescindible. Sus artículos son ingeniosos y mordaces, y se clasifican en literarios, políticos y de costumbres.
- Literarios: Larra se dedicó a la crítica teatral, aportando una visión moderna sobre aspectos variados: desde la escenografía hasta el contenido de las obras.
- Políticos: defendió posiciones liberales y se manifestó contrario al absolutismo monárquico.
- Costumbres: Larra fue un adelantado a su época; ridiculizó y criticó vicios presentes en todas las clases sociales.
B. La prosa de ficción: Las Leyendas de Bécquer
Bécquer fue también autor de relatos fantásticos: las Leyendas, con una acción situada en el pasado y escenarios misteriosos, oníricos y embrujados. Su época favorita para estas narraciones era la Edad Media.
2.3. El drama romántico
Las tendencias teatrales del Neoclasicismo no habían tenido mucho éxito en el siglo XVIII. Sin embargo, con la llegada del Romanticismo se produce un cambio en los planteamientos dramáticos que resulta más atractivo para el público y que se afianza durante el primer tercio del siglo XIX. Esta nueva concepción rechaza la rigidez de las normas neoclásicas, descarta la regla de las tres unidades y prefiere el atractivo de personajes misteriosos y lugares evocadores, frente a la obsesión por la verosimilitud y el didactismo. Así surge el drama romántico, del que destacamos a dos autores: Ángel de Saavedra y José Zorrilla.
A. Ángel de Saavedra, Duque de Rivas
Ángel de Saavedra es el autor de Don Álvaro o la fuerza del sino, drama que mezcla prosa y verso en una acción dramática. Es una historia de amor entre el protagonista y doña Leonor, pero la familia de ella intenta detenerlos. Al final son derrotados por la fatalidad del desenlace trágico.
Don Álvaro tiene un origen misterioso, un carácter rebelde y valiente, y su amor es incondicional.
B. José Zorrilla
A José Zorrilla debemos una obra muy representativa de nuestra literatura: Don Juan Tenorio, donde el autor recrea un mito que ya había sido tratado por autores de épocas anteriores. Zorrilla presenta a un don Juan caracterizado como héroe romántico: temerario y criminal, rebelde y, pese a todo, seductor fascinante que intenta redimirse de sus errores al descubrir con doña Inés el verdadero amor.
3. El Realismo
Es un movimiento que se opone al Romanticismo tanto en sus elementos formales como en sus temas. Se considera una evolución del Romanticismo: el idealismo deja de entenderse como instrumento esencial para el arte y cede paso a la observación. La atención del artista se centra en la realidad. Al retratarla, el escritor narra el conflicto del individuo contemporáneo en una sociedad que lo condiciona y en un medio que, a menudo, lo determina.
Los escritores realistas utilizan dos instrumentos principales: la novela como medio para representar el mundo contemporáneo (urbano) y un ideal lingüístico basado en la sobriedad y el verismo. La lengua literaria se define por la profundización en las posibilidades descriptivas del idioma y por la introducción del habla cotidiana en los diálogos.
3.1. La novela realista
La primera etapa del realismo español se conoce como prerrealismo, una fase de transición. La obra principal fue La gaviota, de Cecilia Böhl de Faber, conocida por el seudónimo Fernán Caballero. Esta obra manifiesta una visión idílica de la realidad, rastros románticos y elementos costumbristas con un estilo sencillo y una reproducción verosímil de los personajes.
En 1868, Benito Pérez Galdós escribe La Fontana de Oro, en la que se aprecian rasgos de la literatura realista y la superación definitiva del idealismo romántico. Comienza una etapa marcada por el objetivismo, por el distanciamiento del escritor respecto a su obra y por la descripción detallada de la realidad.
Hacia 1880 se difunden en España los principios naturalistas postulados por Zola, que ejercen gran influencia en la narrativa del momento. En la difusión del Naturalismo es clave Emilia Pardo Bazán, autora de artículos de crítica literaria. También escribe novelas naturalistas, entre las que destacan Los pazos de Ulloa y La madre naturaleza. Uno de los escritores que mejor reflejan la presencia del elemento naturalista es Leopoldo Alas (Clarín), sobre todo en su obra maestra: La Regenta.
Hacia finales de siglo cobra importancia Vicente Blasco Ibáñez con novelas naturalistas que describen ambientes con gran crudeza y realismo: Arroz y tartana, La barraca y Cañas y barro.
A. Benito Pérez Galdós
Su producción literaria se divide en tres etapas.
Primera etapa. Sus primeras novelas (novelas de tesis) tienen como tema central el enfrentamiento entre la mentalidad progresista y la tradicional. A través de estas obras, Galdós hace una dura crítica a la intolerancia y al fanatismo.
Doña Perfecta está protagonizada por una mujer que, aunque parece bondadosa y religiosa, en realidad es cruel y dominadora. Esta novela relata las artimañas con las que Perfecta intenta arruinar la vida de su sobrino, Pepe Rey, al que odia por sus ideas modernas y por querer casarse con su hija Rosario. Para impedirlo, doña Perfecta le tiende trampas provocando una tragedia.
Segunda etapa. Galdós publica unas novelas españolas contemporáneas que muestran su madurez como escritor y ofrecen el retrato de la sociedad de la época. En Fortunata y Jacinta, Galdós inmortalizó dos personajes femeninos de clases sociales opuestas en una historia que aborda la nobleza, la generosidad y la inocencia frente a la picaresca, la avaricia y la perversión en todos los niveles sociales. Otras novelas de esta etapa son Tormento y Miau.
Tercera etapa. Galdós se ocupa de problemas religiosos, éticos y morales. Esta fase se define como realismo espiritual. Destaca Misericordia, un relato conmovedor cuyo tema central es la caridad.
Galdós emprendió un proyecto ambicioso: novelar los acontecimientos históricos más destacados del siglo XIX. Abarca 46 novelas agrupadas en los Episodios Nacionales, que recogen hechos como la Guerra de la Independencia, el reinado de Fernando VII, el de Isabel II o la Revolución de 1868. Aborda el género de la novela histórica con un enfoque documentado y objetivista.
Estilo y técnica narrativa. Galdós combina el retrato de personajes con el de ambientes. Los retratos de ambientes presentan una fidelidad casi pictórica. La descripción de los personajes tiene una gran penetración psicológica y verismo. Cuando es necesario, recurre a la lengua coloquial y popular.
Galdós utiliza un narrador omnisciente, que permite digresiones y puntualizaciones. También destaca el recurso de la reaparición de personajes, que crea un universo literario común a diversas obras. Su estilo es espontáneo, ágil y muy expresivo.
B. Leopoldo Alas, Clarín: La Regenta
Leopoldo Alas, Clarín, es el autor de La Regenta, su obra más importante. En sus inicios literarios escribió cuentos y cultivó la novela corta.
En 1885 se publicó La Regenta, novela con un enfoque naturalista que combina el análisis psicológico de los personajes con el retrato de ambientes. Uno de los temas centrales para los autores decimonónicos eran los conflictos interiores del individuo contemporáneo en una sociedad y un medio que los condicionan. Además, la novela retrata la época de la Restauración y, sobre todo, la historia de personajes que desean trascender su medio y ven frustradas sus expectativas.
La Regenta narra la historia de Ana Ozores, una joven casada con el antiguo regente de la Audiencia, don Víctor Quintanar. Es una mujer soñadora, sensible e infeliz que no soporta la mediocridad que la rodea; además, su matrimonio es frustrante. Don Víctor es bonachón y sencillo, pero su relación con ella es paternalista y nada apasionada. Ana busca dar un sentido a su vida, pero en esa búsqueda es manipulada por su confesor, don Fermín de Pas, que está secretamente enamorado de ella, y por Álvaro Mesía, quien pretende añadirla a su lista de conquistas amorosas y sentirse victorioso sobre don Fermín, su rival.
- Tema central: el retrato de Vetusta, que sería Oviedo en la realidad, aunque puede identificarse con cualquier ciudad caracterizada por la mediocridad y la corrupción social.
- Técnica narrativa: combina varios puntos de vista: el objetivismo de la descripción, el distanciamiento del narrador omnisciente y la perspectiva de los personajes mediante el estilo indirecto libre.
- Caracterización: la detallada caracterización de los personajes presenta un enfoque naturalista que plantea la influencia del medio en los sentimientos y actitudes.
- Estructura: los 30 capítulos se dividen en dos partes. La primera (I–XV) contiene numerosos flashbacks que reconstruyen el pasado de los personajes y les dan solidez y profundidad existencial. Los saltos temporales ralentizan la acción central y son imprescindibles para entenderla; la acción se aborda por completo en la segunda parte (XVI–XXX).