1. La sociedad estamental
La sociedad del Antiguo Régimen estaba dividida en tres órganos o estamentos conformados en la Edad Media: el clero, la nobleza y los plebeyos o tercer estado. Esta organización estaba basada en la desigualdad legal, social y económica. El clero y la nobleza eran los estamentos privilegiados: gozaban de derechos y privilegios y estaban exentos de impuestos. El tercer estado no tenía privilegios y debía soportar todas las cargas fiscales. En el siglo XVIII, representaba el 85% de la población de Europa. Los estamentos eran grupos cerrados a los que se pertenecía por nacimiento o por formar parte de la Iglesia. El ascenso era posible dentro del propio estamento, pero muy difícil entre la condición de plebeyo y noble.
1.2 Economía agraria y señorial
A principios del siglo XVIII, la agricultura era muy poco productiva y estaba técnicamente muy atrasada. La mayor parte de la tierra estaba vinculada, es decir, ligada a un título nobiliario, a la Iglesia, a un municipio o a la Corona. Los propietarios de las tierras eran rentistas que cobraban derechos señoriales y que no invertían en mejorar sus señoríos. Los campesinos no solo pagaban prestaciones y rentas, sino que estaban obligados a entregar a la Iglesia la décima parte de sus cosechas (el diezmo) y al Estado otros tributos. Los escasos excedentes en manos de los agricultores daban lugar a una agricultura de subsistencia.
1.3 Una población estancada
La falta de higiene y los escasos recursos médicos provocaron una mortalidad muy elevada. En consecuencia, la esperanza de vida era baja y, aunque la natalidad también era muy alta, el crecimiento demográfico era escaso o nulo. Además, la producción de alimentos no crecía al ritmo de la población. En los periodos de grave escasez de alimentos, las enfermedades y epidemias se ensañaban con una población subalimentada. Eran las llamadas crisis de subsistencia, que provocaron una mortalidad catastrófica.
2. El absolutismo monárquico
El monarca poseía un poder absoluto al concentrar todos los poderes en su persona. Gobernaba el reino y dirigía la política exterior, dictaba las leyes y administraba justicia. El monarca absoluto no se sometía a ningún tipo de control ni compartía la soberanía. Este derecho se justificaba por el derecho divino de su poder, ya que recibía esa autoridad de Dios. Los monarcas eran asistidos y asesorados por Consejos. Un gran número de funcionarios se encargaban de administrar el reino, recaudar impuestos y hacer cumplir las órdenes reales. El monarca debía respetar los privilegios tradicionales de la nobleza y el clero. El poder del monarca también estaba limitado por las Cortes y Parlamentos, surgidos en la Edad Media.
2.2 La contestación al absolutismo
En algunos países (como Inglaterra u Holanda) se habían producido a finales del siglo XVII revoluciones que habían implantado el control del Parlamento sobre los monarcas. El bajo crecimiento demográfico y económico y las revueltas populares les llevaron a introducir mejoras, en muchos casos siguiendo las nuevas ideas ilustradas.
2.3 El Tratado de Utrecht
Fue un conjunto de tratados firmados por los estados antagonistas en la Guerra de Sucesión Española entre los años 1713 y 1715. El Tratado de Utrecht puso fin al conflicto y otorgó una serie de beneficios territoriales a Rusia, Prusia, el Ducado de Saboya y Holanda. Gran Bretaña consiguió el monopolio del tráfico de esclavos con América y se consolidó, junto con Holanda, como una gran potencia marítima y comercial. Francia, Rusia y Austria también se afirmaron como grandes potencias, pero el dominio continental fue disputado por Prusia.
2.4 La política de equilibrio europeo
El fin del dominio de los Austrias en Europa y la consolidación de diversas potencias económicas y militares dieron lugar, en el siglo XVIII, a la apertura de una nueva época en las relaciones internacionales. Los países europeos mantuvieron una política de pactos y escasos enfrentamientos militares. Es lo que se conoce como equilibrio europeo, que otorgó espacio para un crecimiento económico. Los enfrentamientos por el control de las colonias y de su comercio dieron origen a algunos conflictos parciales como la Guerra de los Siete Años.
3. El Parlamento inglés
En Inglaterra, dos revoluciones en el siglo XVII acabaron con la monarquía absoluta de la dinastía Estuardo. El monarca Carlos I había pretendido imponer su autoridad y gobernar sin respetar los derechos tradicionales y sin el control del Parlamento. El descontento provocó una primera revolución dirigida por Oliver Cromwell, que derrocó y ejecutó al rey. Después de un breve periodo republicano, el nuevo monarca Carlos II aceptó el hábeas corpus. Una segunda revolución destronó definitivamente a los Estuardo. El Parlamento eligió a un nuevo monarca, Guillermo de Orange, y le obligó a jurar y aceptar la Declaración de Derechos (Bill of Rights), que limitaba los poderes del monarca y sometía algunas de sus decisiones al Parlamento. El parlamentarismo inglés fue un ejemplo para quienes deseaban acabar, en otros lugares, con el absolutismo.
4. Transformaciones económicas y sociales en el siglo XVIII
4.1. El crecimiento de la población
La introducción de nuevos cultivos (patata, maíz, etc.) llegados de América y de nuevas técnicas agrícolas permitió un aumento de la producción agraria. El crecimiento contribuyó a reducir la mortalidad catastrófica. Las grandes hambrunas fueron menos frecuentes y se produjo un aumento de la población en algunos países de Europa.
4.2. El aumento de la producción: las manufacturas
El aumento de población y, sobre todo, el crecimiento de la demanda en las colonias europeas en América provocaron una mayor necesidad de productos manufacturados. Se empezó a extender el trabajo doméstico: una familia campesina recibía de un artesano-comerciante la materia prima y los instrumentos de trabajo para elaborar productos en su propio domicilio. También se crearon las Manufacturas Reales por las monarquías absolutas con el fin de producir objetos de lujo y frenar sus importaciones. El Estado también autorizó la instalación de estas fábricas a la iniciativa privada.
4.3. El comercio colonial
Buena parte de los productos manufacturados tenía como destino el comercio con las colonias debido a la gran expansión del comercio marítimo.
4.4. El ascenso de la burguesía
El crecimiento de la economía convirtió a la burguesía en el grupo social más dinámico. Los burgueses poseían los negocios, las manufacturas y las compañías comerciales, y controlaban los grandes capitales y las instituciones financieras. Este poder económico contrastaba con su posición social y política en la sociedad estamental. No solo estaban sometidos a fuertes impuestos y a una discriminación legal frente a la nobleza, sino que carecían, en la mayoría de países, de poder político para cambiar las leyes. Ante esta situación, la burguesía aspiraba a profundos cambios en el sistema social del Antiguo Régimen. Demandaban el fin de los privilegios estamentales, la igualdad de derechos y la participación en política. Tenían el poder económico, la influencia y la formación para intentar liderar esos cambios.
6. La Ilustración: nuevas ideas frente al Antiguo Régimen
6.1. Las bases del pensamiento ilustrado
La Ilustración fue un movimiento intelectual que se desarrolló en Europa, especialmente en Francia, en el siglo XVIII. Los filósofos ilustrados sostenían que la razón (la inteligencia humana) era el único medio para entender y explicar el mundo. Los ilustrados defendían la libertad de conciencia y pensamiento, y rechazaban la superioridad de cualquier religión sobre las demás. Propusieron un nuevo modelo de organización política y social basado en los principios de libertad e igualdad. Sus ideas ayudaron a socavar los fundamentos ideológicos del Antiguo Régimen, afirmaron la conciencia crítica de la burguesía y marcaron el camino a las revoluciones americana y francesa.
6.2. La crítica al Antiguo Régimen
En primer lugar, los ilustrados criticaron el absolutismo y configuraron la base de una nueva doctrina política que conocemos con el nombre de liberalismo. Así:
- Montesquieu: propugnó la división de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial).
- Rousseau: defendió la necesidad de un contrato social entre gobernados y gobernantes, formulando el principio de soberanía nacional.
Los ilustrados también se opusieron a la sociedad estamental. Defendieron la movilidad social, la igualdad de origen, y el mérito y la valía según la inteligencia y el esfuerzo de cada uno. Proclamaron que nadie podía heredar el honor, el prestigio o los privilegios en nombre de sus antepasados.
El liberalismo económico
Se opusieron al mercantilismo y sentaron las bases del liberalismo económico. A diferencia de los mercantilistas, los fisiócratas defendían que la principal fuente de riqueza de un país es la agricultura y no la acumulación de metales preciosos. Se oponían a toda reglamentación por parte del Estado, apoyando la libertad económica y la iniciativa individual.
6.3. El despotismo ilustrado
La influencia del pensamiento ilustrado alcanzó las cortes europeas. Algunos soberanos, sin dejar de ser monarcas absolutos, llevaron a cabo experiencias reformistas que pretendían unir la autoridad real con las ideas de progreso de la Ilustración. Hubo monarcas ilustrados en buena parte de Europa:
- Federico II en Prusia.
- María Teresa I en Austria.
- La zarina Catalina II en Rusia.
- Gustavo en Suecia.
- Carlos III en España.
Los rasgos comunes de estos monarcas son la racionalización de la administración, el fomento de la educación y la búsqueda de la modernización económica. Sin embargo, estas experiencias tuvieron un alcance muy limitado: no se podían impulsar reformas económicas y a la vez mantener intacta la sociedad estamental y el poder absoluto. Las contradicciones del despotismo ilustrado abrieron camino a las revoluciones.
7. El nacimiento de una nación: Estados Unidos de América
El motín del té: el precedente
Los colonos americanos estaban descontentos porque la metrópoli no les permitía enviar representación al Parlamento inglés, les obligaba a pagar impuestos y les imponía un monopolio comercial. En 1773, la decisión del gobierno británico de otorgar el monopolio de la venta de té a una compañía inglesa provocó una rebelión. Los colonos de Boston protestaron tirando varios cargamentos de té al mar (Boston Tea Party). El rey de Inglaterra, Jorge III, envió al ejército a sofocar la revuelta y se tomaron medidas represivas.
La guerra de independencia
En 1775 se produjeron los primeros enfrentamientos. Los colonos se organizaron bajo el mando de George Washington y, en 1776, declararon la independencia de Estados Unidos. La guerra contra la metrópoli fue larga; los americanos contaron con la ayuda de Francia, España y Holanda. En octubre de 1781, la victoria en Yorktown sentenció el curso de la guerra. Gran Bretaña reconoció la independencia en 1783. En 1789, George Washington fue nombrado primer presidente.
La Constitución de 1787
En 1787, el nuevo Estado redactó la primera constitución escrita de la historia. Incorporaba los principios de la revolución inglesa y las ideas ilustradas, convirtiéndose en el primer texto constitucional plenamente liberal. Establecía:
- El principio de elección de los cargos (sufragio).
- La separación y equilibrio de poderes.
- Una forma de gobierno republicana con estructura federal.
La Constitución se completó en 1791 con 10 enmiendas conocidas como la Carta de Derechos (Bill of Rights).
La Carta de Derechos
- Libertad de expresión, religiosa, de prensa y de reunión.
- Prohibición de que el gobierno ocupe propiedades privadas sin permiso.
- Derecho a ser juzgado por un jurado y a tener un abogado.
- Protección contra la autoincriminación y el doble enjuiciamiento.
- Garantía del debido proceso judicial para la vida, libertad o propiedad.
- Prohibición de fianzas excesivas y castigos crueles.