Perspectivas Filosóficas sobre el Ser Humano y la Sociedad: De la Ilustración a la Contemporaneidad

Immanuel Kant: Sociedad y Política en la Época Moderna

En Kant no encontramos el optimismo antropológico de Rousseau. Podemos resumir la visión antropológica de Kant en la siguiente frase sobre la humanidad: «la insociable sociabilidad humana». Con esto quiere decir que ser egoístas e insolidarios nos ha llevado a tener que cooperar y convivir para sobrevivir; en otras palabras, hemos tenido que encontrar soluciones a nuestra insociabilidad.

La esperanza humana no solo fija sus objetivos en el orden sobrenatural y en una vida tras la muerte, sino que también tiene expectativas que espera ver cumplidas en el devenir histórico, en la que se realicen los objetivos de la razón en un futuro no regido por los particularismos, sino por un auténtico reino de los fines. Es decir, una sociedad donde se respete la dignidad de todas las personas, siendo siempre tomadas como fines en sí mismas y no solo como medios.

Los fines de la racionalidad y el respeto del deber no solo son válidos en la dimensión ética individual, sino también en lo colectivo: el establecimiento del derecho y las constituciones políticas. Para Kant no puede existir discrepancia entre la política y la moral; así, al contrario que Maquiavelo, nunca podría afirmar que el fin justifica los medios. También las acciones políticas han de respetar la ley universal contenida en el imperativo categórico. Esto se aplica al derecho nacional, pero también al internacional; Kant propone un derecho internacional cosmopolita y con fines filantrópicos.

El tipo de constitución política que puede cumplir estas condiciones para Kant es la republicana, que ha de fundarse en un estado jurídico tal y como «lo quiere la razón pura» en los siguientes principios a priori: igualdad en cuanto a súbditos, libertad del ser humano e independencia. Por lo tanto, el gobierno republicano habrá de garantizar la igualdad ante la ley, la división de los poderes ejecutivo y legislativo, y la libertad limitando el poder. A pesar de su defensa del republicanismo, Kant no estaba de acuerdo con la democracia tal y como la entendemos hoy; calificaba a la democracia de despotismo.

El reino de la razón y la libertad no deberá limitarse solo a las fronteras de los estados nacionales; con el objetivo de promover la paz perpetua, Kant propone una confederación mundial de Estados que se entiendan pacíficamente.

Jürgen Habermas: Sociedad y Política en la Época Contemporánea

A partir de la ética del discurso, Habermas desarrolla un proyecto político democrático el cual toma como modelo la comunidad del diálogo ideal. Este proyecto se denomina democracia deliberativa. La democracia deliberativa sería el sistema en que todos los ciudadanos, sin coacción y en igualdad de condiciones, puedan participar en el diálogo para alcanzar un consenso racional acerca de los intereses de la comunidad.

Habermas distingue su propuesta entre los dos modelos teóricos existentes: la democracia liberal y la republicana.

  • La democracia liberal entiende la sociedad en términos individualistas y económicos. El ciudadano posee una libertad negativa entendida como ausencia de coacción externa para perseguir sus intereses privados. El derecho está orientado a proteger estos derechos individuales y el proceso político debe limitarse a la gestión de los conflictos de intereses de los ciudadanos y al control de las administraciones públicas, al margen de la comunidad política.
  • Por otro lado, la democracia republicana concibe la sociedad como una comunidad con fines colectivos en la que el ciudadano participa en los asuntos del Estado. A diferencia de la democracia liberal, la libertad es positiva, el derecho es inseparable de la comunidad política a la que se pertenece y la acción política es una acción comunicativa que tiene el objetivo de construir una comunidad política que mire por el interés común.

La alternativa de Habermas es una síntesis de ambos modelos teóricos, superando así sus carencias. Esta alternativa defiende los intereses del individuo pero, a su vez, también defiende la importancia de la sociedad como una comunidad de convivencia. De la visión liberal toma la importancia de las instituciones y de la administración del Estado, que son imprescindibles en la sociedad moderna, y destaca su realismo por el hecho de diferenciar el Estado de la sociedad civil. Sin embargo, toma de la visión republicana la importancia del diálogo, la participación y la esfera pública (donde se crea la opinión pública) para construir una voluntad. Para Habermas, la esfera pública está tanto en las instituciones y la administración como en la sociedad civil. Ambos deben estar en un diálogo permanente con el fin de encontrar consensos y respetando los derechos humanos.

José Ortega y Gasset: El Ser Humano en la Época Contemporánea

El autor considera que la vida debe ser estudiada por el saber filosófico. Para Ortega, la vida es la realidad radical a partir de la cual todo lo demás debe ser pensado. Por eso, primero trata de definir qué es la vida. La vida es una realidad que está siempre haciéndose, puesto que la vida es el conjunto de vivencias que constituyen nuestro existir, la coexistencia entre la mente y el mundo externo. Sin embargo, al carecer la vida de naturaleza o esencia, se convierte en un objeto filosófico difícil de definir en términos concretos.

Ortega enumera una serie de características a las que llama categorías de la vida:

  1. Vivir es ser consciente, saberse uno mismo y comprenderse: Esto quiere decir que los humanos, a diferencia de las cosas de la naturaleza, tienen autoconciencia, por lo que son los únicos que mientras viven son conscientes de su propia existencia. No obstante, esta autoconciencia solo atañe a la propia vida de cada ser humano y no en general; esto entraña una responsabilidad hacia ella. Puesto que soy consciente de mi existencia, me responsabilizo de lo que hago con ella.
  2. Vivir es encontrarse en el mundo: Ortega afirma que vivir es hallarse frente al mundo, con el mundo, dentro del mundo. El mundo no es algo separado del yo, ni de mi vida; es su elemento fundamental. Vivir es encontrarse entre las cosas, ocuparse de las cosas del mundo, convivir con una circunstancia.
  3. La vida es fatalidad: Esto quiere decir que los seres humanos no elegimos nacer, ni las circunstancias en las que nacemos; simplemente somos arrojados a la vida. Por eso, nuestra vida es «libertad en la fatalidad». Esta fatalidad no impide la libertad, sino que la hace en cierto modo posible. Sin esta fatalidad de la circunstancia, no podríamos actuar ni decidir, pues solo es posible tomar una decisión en un contexto determinado. Una vez arrojados a la vida en una circunstancia concreta, debemos tomar decisiones. Por lo tanto, nuestra vida es un problema que solo nosotros podemos resolver.
  4. La vida es futuración: Con esto Ortega se refiere a que el ser humano es el único que vive proyectado hacia el futuro. Las cosas son lo que son, mientras que el ser humano es el único ser paradójico que consiste en ser lo que aún no es. Para el autor, el ser humano es un proyecto de futuro que se construye a través de la libertad.

Jean-Jacques Rousseau: El Ser Humano en la Época Moderna

A diferencia del resto de los autores ilustrados, Rousseau denuncia la artificialidad de la vida social y critica a la civilización que la Ilustración interpreta como progreso. Se propone aclarar si el progreso en la cultura, las ciencias y las artes supone también un progreso en la moralidad y felicidad, y si la sociedad burguesa puede hacer del ser humano un ser unitario, total y libre.

La respuesta para ambas preguntas es negativa, por lo que tratará de explicar cómo la sociedad se ha convertido en deficiente e injusta y cómo habría que reconstruirla para evitar esto. Para Rousseau, en lugar de progreso se ha producido la degeneración moral de los seres humanos. Rousseau relaciona esto último con la llamada hipótesis del buen salvaje, por lo que distingue entre el «estado de naturaleza» y el «estado social».

  • En el estado natural, el ser humano es espontáneamente bueno, piadoso, independiente, libre, feliz y guiado por el sano «amor de sí».
  • En cambio, al vivir en la sociedad supuestamente civilizada, el ser humano se corrompe, se mueve por el egoísmo y el «amor propio» y está regido por la injusticia y la voluntad de dominio, sin libertad.

La cuestión será entonces comprender el paso de un estado a otro: del estado de naturaleza al estado social. Según el autor, la propiedad privada es el inicio de esta degeneración moral y produce desigualdad, ya que lleva a la codicia y al recelo por lo propio, al orgullo y a la ambición.

Entonces Rousseau propone una reforma de nuestra forma de vida, ya que, aunque no se puede volver al pasado ni al estado natural, puede haber un cambio radical tanto en la educación como en la política con un nuevo contrato social. Con la reforma de la educación, podrán volver a surgir espontáneamente en los jóvenes la felicidad y bondad naturales perdidas. Una educación en libertad frente a una educación memorística dejará que se desarrolle el interés de los jóvenes en asuntos más complejos sin tener que imponérselos. Sin embargo, esto tendrá un fallo, tal y como le criticaría Mary Wollstonecraft: la reforma de la educación no era ampliable a las mujeres.