El panorama del teatro español tras la Guerra Civil
Al terminar la Guerra Civil, el teatro español ha perdido a los autores más innovadores de la época anterior (Valle-Inclán, García Lorca y Unamuno); otros se encuentran en el exilio. Sobresalen algunos como Rafael Alberti, que desarrolló un teatro político salpicado de elementos poéticos (El adefesio; Noche de guerra en el Museo del Prado); Max Aub, que trataba temas como la guerra y el exilio. Su obra más destacada es el drama San Juan (1942), en el que acusaba a las naciones libres que se negaron a dar asilo político a las víctimas del nazismo. Alejandro Casona, con obras como Prohibido suicidarse en primavera (estrenada en México en 1944) y La dama del alba.
Mientras en Europa se representan obras renovadoras e irrumpe con fuerza el teatro del absurdo, en España se lleva a escena un teatro convencional que busca divertir y entretener a un público conservador.
Condicionamientos y estructura del teatro de posguerra
Los especiales condicionamientos que pesaban sobre el teatro antes de 1936, como los comerciales e ideológicos, persisten tras la guerra con agravantes. Las compañías siguen dependiendo de los intereses de los empresarios, de la censura y la atracción ejercida por el cine. Y así, junto a un teatro “visible”, se habló de un teatro “soterrado”, que intentaba responder a nuevas exigencias sociales o estéticas y que apenas logró mostrarse.
En el teatro posterior a la guerra pueden reconocerse unas etapas y unas tendencias paralelas a las que observamos en la novela y en la poesía:
Teatro de evasión
La comedia burguesa
A partir de 1939 se inicia en España una duradera tendencia teatral de continuidad sin ruptura: una serie de autores que conciben el espectáculo teatral a la manera benaventina (José María Pemán, Juan Ignacio Luca de Tena, Joaquín Calvo Sotelo). Domina el teatro de ambientes y personajes de la burguesía. Se silencia la situación española de la época y se refuerzan los mitos burgueses (la familia, la fidelidad, la autoridad, el orden, la división social en clases, el ahorro).
El teatro humorístico
Los dos autores más importantes son Enrique Jardiel Poncela y, sobre todo, Miguel Mihura. Representan un tipo de teatro mucho más innovador que el anterior, que por la vía del humor desemboca en el «teatro del absurdo». Representan un teatro de crítica burguesa dentro de los esquemas burgueses: rechazo de la vida monótona, del matrimonio sin sentido, las convenciones sociales…
- Jardiel Poncela: Se caracteriza por la incorporación de lo inverosímil. Los personajes pertenecen a la burguesía y aparece con frecuencia el esquema criado/amo. Entran, salen y se mueven, creando un dinamismo que provoca la risa. Representan una sociedad feliz cuyos objetivos son el amor y el dinero. Obras destacadas: Eloísa está debajo de un almendro (1940), Cuatro corazones con freno y marcha atrás (1936) y Los habitantes de la casa deshabitada (1942).
- Miguel Mihura: Pertenece a la etapa de renovación del teatro español de preguerra. Sin embargo, el reconocimiento como dramaturgo le llega después de la Guerra Civil cuando estrena en 1952 su primera obra (escrita en 1932), Tres sombreros de copa. Su obra dramática se divide en dos etapas:
- 1932-1946: Las composiciones de este periodo se acercan al teatro del absurdo, siempre con una intención crítica. La obra más representativa es Tres sombreros de copa.
- 1953-1968: El humor pierde su capacidad crítica, adaptándose a los gustos del público (El caso de la señora estupenda en 1953, Sublime decisión en 1955 o Maribel y la extraña familia en 1959).
En su producción teatral, Mihura manifiesta su concepción de la vida. Toda su obra dramática es una crítica de los convencionalismos que ahogan la libertad de la persona y, por tanto, su felicidad. La comicidad de su teatro reside en la ruptura de lo lógico, creando situaciones absurdas.
El teatro de testimonio social
En oposición al teatro burgués y cómico (teatro de evasión) nació un teatro inconformista, preocupado por los problemas e inquietudes humanos, protagonizado por personajes atormentados por la culpa, la incomunicación, la soledad o la frustración. Junto a estas preocupaciones existenciales aparecerán también las preocupaciones sociales, pero en estos primeros años no será fácil exponer la crítica y la denuncia social en las obras debido a la presión de la censura.
Durante las décadas de los 50 y 60, aparece un público nuevo —juvenil y universitario sobre todo— que pide otro teatro más crítico. Además, la censura se relaja levemente y tolera algunos enfoques críticos.
El teatro de testimonio social tiene como pioneros a Antonio Buero Vallejo (Historia de una escalera, 1949) y Alfonso Sastre (Escuadra hacia la muerte, 1953).
El debate entre posibilismo e imposibilismo
Entre los dramaturgos cuyas obras muestran su disconformidad con la realidad sociopolítica española se abre un debate que enfrenta dos posturas:
- Posibilismo (Buero Vallejo): Aquellos que están dispuestos a atenuar su crítica o a mostrarla mediante alusiones, símbolos, alegorías y guiños cómplices al espectador, con tal de conseguir que sus obras se representen.
- Imposibilismo (Alfonso Sastre): Aquellos otros que pretenden expresarse con toda libertad aun a riesgo de toparse con la censura y no ver sus dramas puestos en escena.
Antonio Buero Vallejo
Buero Vallejo une lo social y político con lo existencial. Su trayectoria se podría resumir en tres etapas:
- Etapa existencialista (hasta final de los 50): Utiliza una técnica realista. Destacan Historia de una escalera, En la ardiente oscuridad y Hoy es fiesta.
- Segunda etapa (hasta final de los 60): Predomina el enfoque social. Para evitar la censura, Buero elige en algunas de sus obras la forma de drama histórico, a través del cual hace un análisis del presente: Un soñador para un pueblo (sobre Esquilache), Las Meninas, El sueño de la razón (sobre Goya)… De esta etapa es también El tragaluz. Aporta innovaciones técnicas: el espacio escénico realista se sustituye por un «escenario múltiple», estructura compleja de la acción (se fragmenta, hay saltos en el tiempo), utilización de ciertos recursos para acercar el espectador a la acción, etc.
- Tercera etapa: Los experimentos escénicos aumentan y los contenidos políticos son fundamentales, como en La Fundación o en La doble historia del doctor Valmy.
Alfonso Sastre
Alfonso Sastre opina que el teatro es un instrumento de agitación y transformación de la sociedad. Su obra apenas se representó en su momento en escenarios comerciales, tanto por la desconexión con el gusto del público y el desinterés de los empresarios como por problemas con la censura.
En bastantes de sus obras analiza las consecuencias del poder injusto sobre el ser humano y cómo este puede rebelarse ante aquel. En su evolución pueden distinguirse tres etapas:
- Etapa inicial: Predomina la temática existencial con obras de un único acto, como Escuadra hacia la muerte.
- Etapa de evolución: Con los grupos Teatro de Agitación Social y Teatro Realista. Concibe el teatro como arte social que no solo muestra la realidad, sino que también aspira a modificarla: La mordaza.
- Etapa de madurez: Caracterizada por la radicalización de sus tesis revolucionarias y un giro en la técnica que lo lleva a la tragedia compleja (uso de toda la gama de registros lingüísticos y la inclusión de otros lenguajes no verbales como carteles o fotografías): La taberna fantástica. En sus tragedias el individuo siempre sale derrotado (frente a la concepción esperanzada de Buero). Para Sastre el teatro debe transformar una sociedad injusta; es un arte de urgencia al que llama social-realismo.