El Modernismo y la Renovación Poética
La segunda mitad del siglo XIX supuso una gran renovación en la poesía francesa gracias a dos movimientos sucesivos: el parnasianismo y el simbolismo. El primero defendió una poesía cuidada, perfecta y duradera, que hiciese de cada poema una obra de arte. El simbolismo, generado a partir de la obra de autores como Baudelaire, Verlaine, Rimbaud o Mallarmé, se declaró heredero de los parnasianos y abiertamente antiburgués. De estos dos movimientos surgió una nueva estética de gran trascendencia en las letras españolas: el modernismo.
El gran sintetizador del modernismo fue el poeta nicaragüense Rubén Darío, quien creó escuela en España y América. Las características esenciales del estilo modernista son:
- Brillantez sensorial: Cuidado estético y búsqueda de la belleza ideal y la perfección formal.
- Recursos literarios: Uso frecuente de la metáfora, la sinestesia, la aliteración y el hipérbaton.
- Innovación métrica: Recuperación de versos y estrofas en desuso e invención de nuevos ritmos.
- Actitud vital: Rechazo a la mediocridad, la uniformidad y la utilidad social del Realismo decimonónico.
- Evasión: Huida del mundo real mediante la ambientación en lugares exóticos o épocas lejanas.
Los temas principales colisionan con la moral burguesa: el erotismo, la muerte, el vicio y la melancolía. El culto a la belleza mediante un mundo exótico poblado de cisnes, hadas y seres mitológicos predomina en obras como Azul… y Prosas profanas. En Cantos de vida y esperanza, Darío aplica sus hallazgos técnicos a sus obsesiones más íntimas.
La influencia en la poesía española
Rubén Darío influyó en autores como Miguel de Unamuno, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez y los hermanos Machado. Manuel Machado, con Alma y Caprichos, sintetizó recursos simbolistas y parnasianos con la tradición popular andaluza. Por su parte, Antonio Machado publicó Soledades, galerías y otros poemas, una obra de tono intimista que medita sobre el paso del tiempo y la muerte.
La Generación del 98 y el Novecentismo
La transición del siglo XIX al XX estuvo marcada por una honda crisis espiritual. El regeneracionismo, en el que se enmarca la Generación del 98 (Unamuno, Azorín, Baroja, Valle-Inclán), propuso la europeización de España. Aunque tradicionalmente se ha contrapuesto al modernismo, esta distinción es artificial, pues ambos movimientos compartieron inquietudes estéticas y existenciales.
Autores clave
- Miguel de Unamuno: Filósofo y escritor marcado por la angustia existencial. Destacan sus obras Amor y pedagogía, Abel Sánchez y San Manuel Bueno, mártir.
- Pío Baroja: Autor de una vasta obra narrativa, como El árbol de la ciencia y la trilogía La lucha por la vida.
- Azorín: Maestro de la prosa lírica y la contemplación, autor de La ruta de don Quijote.
Vanguardias y Novecentismo
El novecentismo o generación del 14, liderado por Ortega y Gasset, se caracterizó por su sólida formación académica y europeísmo. Paralelamente, las vanguardias (Futurismo, Dadaísmo, Cubismo, Ultraísmo, Creacionismo y Surrealismo) buscaron una renovación radical frente al arte burgués. Ramón Gómez de la Serna fue el principal impulsor de estas tendencias en España.
El Teatro Español (1936-1975)
Tras la Guerra Civil, la cultura española sufrió un trauma colectivo y la censura franquista. El teatro de posguerra se dividió entre el entretenimiento burgués conservador y las voces que buscaban denunciar la realidad social.
Autores y obras destacadas
- Enrique Jardiel Poncela: Humor inverosímil (Eloísa está debajo de un almendro).
- Miguel Mihura: Sátira de las costumbres burguesas (Tres sombreros de copa).
- Antonio Buero Vallejo: Teatro de denuncia social y simbolismo (Historia de una escalera).
- Alfonso Sastre: Tragedias complejas y alegatos antimilitaristas (Escuadra hacia la muerte).