La Antropología Filosófica
La reflexión sobre el ser humano existe desde los inicios de la filosofía, pero la antropología filosófica no se convirtió en una disciplina independiente hasta finales del siglo XIX. Desde Aristóteles, algunos filósofos se centraron en el estudio del alma, dando lugar a la psicología racional, que analizaba racionalmente lo que se consideraba superior en el ser humano. Con la aparición de la psicología experimental a finales del siglo XX, esta disciplina fue abandonada y su lugar lo ocupó la antropología filosófica. Durante el siglo XX, los cambios filosóficos y acontecimientos históricos como las guerras mundiales hicieron que el ser humano se convirtiera en un problema central de la filosofía.
El Ser Humano como Problema
Hasta el Renacimiento, el ser humano se consideraba un ser superior creado a imagen de Dios. Esta visión fue cuestionada por tres grandes humillaciones:
- La humillación cosmológica, propuesta por Copérnico, mostró que la Tierra no es el centro del universo.
- La humillación biológica, defendida por Darwin, explicó que el ser humano no es esencialmente distinto del resto de los seres vivos.
- La humillación psicológica, planteada por Freud, puso en duda la idea de que el ser humano sea principalmente racional.
Estas tres crisis llevaron a replantear qué es el ser humano, cuestión fundamental de la antropología filosófica.
El Ser Humano en la Antigüedad
Antes de la filosofía, la mitología griega ya hablaba del ser humano, pero lo hacía ofreciendo modelos ideales, no explicaciones reflexivas. En Homero, el ser humano es el héroe que afronta riesgos, busca el éxito y desea el reconocimiento de los demás; el mérito y la admiración son los valores principales. Con la filosofía, el ser humano pasa a entenderse como parte de una comunidad: los filósofos se interesan por el ciudadano y por su función dentro de la polis.
Sócrates
Sócrates fue el primero en centrar la filosofía en el ser humano. Defendía que el conocimiento se encuentra en el interior de cada persona, como indica la frase: «Conócete a ti mismo». Para descubrir la verdad utilizaba la mayéutica, un método basado en el diálogo y las preguntas, con el que ayudaba a pensar por uno mismo. Aunque mostró el camino hacia el conocimiento, no ofreció una definición definitiva de qué es el ser humano.
Platón
Para Platón, el ser humano está formado por alma y cuerpo. El alma es racional e inmortal, mientras que el cuerpo es material y mortal. El alma se encuentra prisionera en el cuerpo y debe controlar las pasiones y purificarse para, tras la muerte, acceder a un mundo superior y perfecto. Platón divide el alma en tres partes:
- Razón
- Ánimo
- Apetito
Según cuál predomine en cada persona, esta deberá cumplir una función social distinta: gobernar, defender o producir bienes, lo que garantiza una organización justa de la sociedad.
Aristóteles
Aristóteles concibe al ser humano como un ser natural que tiende a realizar plenamente su esencia. Esta se basa en dos rasgos fundamentales: la racionalidad y la sociabilidad. El ser humano busca conocer la verdad y necesita vivir en comunidad para desarrollarse plenamente. Aunque acepta la distinción entre alma y cuerpo, rechaza que existan separadas. Para Aristóteles, el alma es la forma del cuerpo, aquello que le da vida, por lo que al morir el ser humano muere también su alma.
El Humanismo Renacentista
El humanismo fue un movimiento cultural propio del Renacimiento que renovó el pensamiento mediante la recuperación de los autores clásicos. Para los humanistas, el ser humano se comprende mejor a través de sus creaciones culturales, especialmente aquellas disciplinas que expresan lo más específico del hombre, como la poesía, la retórica, la historia o la filosofía. Su finalidad no era solo teórica, sino también transformar la forma en que el ser humano se entiende a sí mismo.
Aunque el humanismo reunió a pensadores muy diversos, todos compartieron una visión común del ser humano basada en el antropocentrismo, la confianza en las capacidades humanas y el individualismo. El ser humano pasa a ocupar el centro del pensamiento, se afirma su dignidad y su capacidad para dirigir su propia vida, y se valora la creatividad, la originalidad y la expresión personal.
El Racionalismo
Durante el Renacimiento y el siglo XVII, el nacimiento de la ciencia moderna influyó decisivamente en la filosofía y dio lugar al racionalismo y al empirismo. Mientras que los racionalistas defendían que el conocimiento depende del buen uso de la razón, los empiristas afirmaban que no debe superarse el límite de la experiencia. Estas posturas dieron lugar a distintas concepciones del ser humano.
René Descartes
René Descartes, principal representante del racionalismo, entendió al ser humano como un compuesto de alma y cuerpo totalmente distintos. El cuerpo funciona como una máquina sometida a leyes mecánicas, mientras que el alma es pensamiento libre e independiente. Esta separación permitió explicar la libertad humana sin negar el determinismo del mundo material, pero planteó un problema sin resolver: cómo se relacionan el alma y el cuerpo.
Blaise Pascal
Blaise Pascal también valoró la razón, aunque reconoció sus límites ante la idea de infinito. Para él, existen verdades que no se alcanzan solo con la razón, sino mediante una intuición emocional ligada al corazón. Pascal defendió que el ser humano es un ser paradójico: es frágil y pequeño, pero también grande porque es consciente de su propia existencia y de su muerte.
El Empirismo
El empirismo, representado por Hobbes, Locke y Hume, evitó definir la esencia del ser humano y se centró en estudiar los límites del conocimiento y de la acción moral y política. Hobbes analizó al ser humano antes de la vida en sociedad y concluyó que es egoísta y violento por naturaleza, lo que convierte el estado natural en una lucha de todos contra todos; la sociedad surge para garantizar la paz y la seguridad.
Locke
Locke se interesó por la libertad moral y política. Defendió que el ser humano es moralmente libre, capaz de controlar sus deseos tras reflexionar sobre sus consecuencias, y políticamente libre por naturaleza. El individuo solo debe ceder a la sociedad el derecho a defenderse por sí mismo, para que esta garantice la protección de los derechos y evite conflictos.
Hume
Hume quiso construir una ciencia de la naturaleza humana aplicando el método experimental. Sostuvo que los elementos irracionales tienen más peso que la razón. En el conocimiento, las creencias se basan en la costumbre y no en fundamentos racionales. En la acción moral, son los sentimientos y emociones los que guían nuestras decisiones y juicios, no la razón.
La Reflexión Contemporánea sobre el Ser Humano
En los siglos XIX y XX, el ser humano se convirtió en un tema central de la filosofía, aunque algunas corrientes le restaron protagonismo frente a la sociedad o la vida.
El Siglo XIX
El individuo perdió importancia mientras surgían las ciencias humanas, como la psicología, la sociología y la antropología. Tres corrientes destacaron:
- Positivismo: el progreso se logra mediante la ciencia y la razón; la sociedad es dirigida por la racionalidad científica.
- Marxismo: el progreso se basa en la lucha de clases; el objetivo es una sociedad sin clases ni propiedad privada.
- Vitalismo: critica los valores tradicionales y apuesta por la voluntad de poder; aspira a un «superhombre» capaz de crear nuevos valores.
Las ciencias humanas también plantearon problemas: reforzaron la humillación biológica y psicológica y generaron un debate sobre el método de estudio. El positivismo defendía un único método científico, mientras que el historicismo consideraba que el ser humano requiere un método propio que atienda su singularidad.
La Libertad
La antropología filosófica se centra en la libertad interna. El debate sobre los límites de la libertad externa corresponde a la ética y la filosofía política.
Respecto a los tipos de libertad:
- Libertad interna: es la capacidad del individuo de elegir entre distintas opciones que le afectan. También se llama libre albedrío y es la base de la conducta moral.
- Libertad externa: es la ausencia de obstáculos externos que impidan actuar. Solo afecta la acción, no la elección. Por ejemplo, un preso tiene limitada la libertad externa, pero conserva la interna.
Respecto a la existencia de la libertad interna, hay dos posturas:
- Deterministas: niegan la libertad real; nuestras acciones están completamente determinadas por causas externas y lo que llamamos libertad es solo apariencia.
- Indeterministas: afirman que el ser humano es libre. Reconocen que factores como temperamento, educación o economía condicionan, pero no determinan, nuestras decisiones; siempre podemos elegir de manera distinta.