PARTE I
CAPÍTULO 1
Alonso Quijano, hidalgo que rondaba los 50 años, era de complexión fuerte y rostro delgado. Se apellidaba Quijada, Quesada o Quejana. En su tiempo libre se dedicaba a leer libros de caballería, hasta el punto de que olvidó el ejercicio de la caza y la administración de su hacienda. Incluso vendió tierras para comprar más libros. Sus favoritos eran los de Feliciano de Silva (Amadís de Gaula). Se enfrascó tanto en la lectura que llegó a perder el juicio y comenzó a fantasear Sigue leyendo