Panorama teatral de la posguerra
El panorama teatral de la posguerra fue inicialmente pobre. Las innovaciones más interesantes anteriores a la guerra, como las de Valle-Inclán y García Lorca, desaparecieron, y el exilio apartó de los escenarios a otros dramaturgos. Los condicionamientos comerciales e ideológicos que ya existían antes de la guerra persistieron con mayor intensidad: las compañías teatrales dependían de empresarios sometidos a las preferencias del público burgués, mientras que la censura del régimen franquista agravó notablemente las limitaciones ideológicas.
La comedia burguesa
La comedia burguesa siguió la línea del teatro tradicional de Jacinto Benavente: obras amables que defendían los valores tradicionales con una suave crítica a las costumbres burguesas. Son las llamadas “comedias de salón”. Entre los autores de esta tendencia destaca José María Pemán, cuyas obras La Casa y Callados como muertos destacan por el cuidado de la expresión y el ingenio en la construcción de las escenas.
El teatro cómico: Jardiel Poncela y Mihura
Dentro del teatro cómico, destacan principalmente dos autores:
- Enrique Jardiel Poncela: Ante una realidad que no era de su agrado, eligió el camino de la evasión. Su producción se caracteriza por la incorporación de lo inverosímil, con ingredientes de locura y misterio. Es considerado precursor del teatro del absurdo en su vertiente humorística. Obras como Eloísa está debajo de un almendro, Cuatro corazones con freno y marcha atrás y Los ladrones somos gente honrada se caracterizan por el ingenio y un diálogo lleno de efectos irónicos.
- Miguel Mihura: Propugna la distorsión de la realidad mediante la imaginación y la fantasía poética. Su humor es producto de la asociación inverosímil de elementos, la exageración y la distorsión de la causalidad lógica. Su obra más lograda es Tres sombreros de copa, donde plantea su obsesión vital: el choque entre el individuo y la sociedad.
El teatro de testimonio social
Junto al público burgués, apareció un público nuevo —juvenil y universitario, sobre todo— que demandaba otro tipo de teatro. La censura se relajó levemente y permitió enfoques críticos, coincidiendo con el auge del “realismo social”. Los pioneros de este teatro comprometido fueron Buero Vallejo y Alfonso Sastre.
Antonio Buero Vallejo
Toda la obra de Buero Vallejo gira en torno a un planteamiento existencial y social. Podemos distinguir tres enfoques:
- Enfoque existencial y social: Obras centradas en la realidad contemporánea con tiempo y espacio concretos. Ejemplos: Historia de una escalera, En la ardiente oscuridad y El tragaluz.
- Enfoque de reflexión histórica: Utiliza el pasado para reflexionar sobre el presente y burlar la censura, recurso conocido como posibilismo. Destacan: Un soñador para el pueblo, Las Meninas y El concierto de San Ovidio.
- Enfoque subjetivista: Utiliza el “efecto de inmersión”, donde la acción llega al espectador a través de la visión subjetiva de un personaje con limitaciones físicas o psíquicas. Ejemplos: El sueño de la razón, La llegada de los dioses y La Fundación.
Su técnica busca la identificación máxima del espectador, oponiéndose al distanciamiento de Bertolt Brecht.
Alfonso Sastre
Fue el primer defensor del teatro social en su ensayo Drama y sociedad, influenciado por la literatura comprometida de Jean-Paul Sartre. Su función principal era “denunciar la injusticia”. Su obra Escuadra hacia la muerte (1953) marcó un hito por su hondura existencial, siendo prohibida por la censura. En su línea de denuncia social destacan La mordaza, La taberna fantástica y La cornada, mientras que en la línea de Brecht escribió La sangre y la ceniza.