I. Fragmento de «Tres Sombreros de Copa» (Acto II)
El fragmento pertenece al segundo acto de Tres sombreros de copa y refleja el momento en que Dionisio, a punto de casarse, entra en contacto con el mundo bohemio de Paula. Durante una noche en una habitación de hotel, Dionisio experimenta por primera vez la libertad y la felicidad, lo que le lleva a dudar de su futuro matrimonio y de la vida burguesa que le espera. Sin embargo, esa ilusión es pasajera, pues es consciente de que al día siguiente deberá volver a la vida tradicional para la que estaba destinado.
Desarrollo del Conflicto Interior de Dionisio
En el fragmento, Dionisio expresa primero su euforia y felicidad al descubrir la vida bohemia junto a los artistas, con la que se siente libre e ilusionado. Sin embargo, enseguida toma conciencia de su realidad y de las obligaciones que le esperan, especialmente en su matrimonio. El contraste entre el presente feliz y el futuro impuesto muestra su conflicto interior entre lo que desea y lo que debe hacer. Finalmente, al reafirmarse en la vida tradicional y sentirse confundido y frustrado por la situación, decide abandonar la habitación.
Personajes y Dinámicas Escénicas
El fragmento presenta dos momentos y tres personajes principales: Dionisio, Paula y Buby.
- Dionisio: Protagonista burgués, vive una contradicción entre la vida tradicional que le espera y la felicidad bohemia que descubre, lo que le provoca confusión y huida.
- Paula: Intenta detenerlo y se muestra comprensiva con él, rechazando aprovecharse de su situación.
- Buby: Tras la salida de Dionisio, revela su interés económico y presiona a Paula para obtener dinero.
Otros personajes secundarios refuerzan la comicidad y el caos de la escena.
Función de las Acotaciones
Las acotaciones del fragmento cumplen una función clave, ya que no solo indican los movimientos de los personajes, sino que también muestran el caos y lo absurdo de la situación en la habitación de Dionisio, con personas escondidas bajo la cama o en el armario. Estas descripciones permiten comprender mejor la confusión y desconcierto del protagonista ante lo que está ocurriendo. Además, una acotación destaca especialmente el cambio de actitud de Buby, que pasa de ser pasivo ante Dionisio a mostrar sus verdaderas intenciones cuando se queda a solas con Paula, reforzando así el conflicto de la escena.
II. Fragmento de «La Casa de Bernarda Alba» (Acto III)
El fragmento pertenece al tercer acto de La casa de Bernarda Alba y muestra la tensión final de la obra. En él se refleja la relación secreta de Adela y Pepe el Romano, a través de la persecución de Martirio, interrumpida por la aparición de María Josefa. Aunque considerada loca, la abuela demuestra una lucidez simbólica, anticipando el trágico desenlace y denunciando el deseo reprimido y la opresión que domina la casa.
La Represión y el Deseo en el Espacio Doméstico
En el fragmento se refleja la represión impuesta por Bernarda sobre su familia. Adela y Martirio actúan con miedo y ocultación, incluso dentro de su propia casa. María Josefa es quien expresa con mayor claridad esa opresión y manifiesta abiertamente su deseo de libertad, denunciando la casa como un espacio cerrado y asfixiante que funciona como una cárcel para todos sus habitantes.
Intervenciones de los Personajes
En el fragmento intervienen Martirio y María Josefa, y se menciona a Adela y Pepe el Romano.
- Martirio: Aparece vigilando a Adela y actuando con miedo, preocupada por que su abuela sea descubierta fuera de su habitación, lo que refleja el temor a la autoridad de Bernarda.
- María Josefa: Aunque considerada loca, demuestra una gran lucidez, ya que comprende la situación de la casa, critica el luto impuesto y anticipa el trágico desenlace, expresando además su deseo de libertad y espacios abiertos.
- Adela: Se menciona como una figura oculta y transgresora, que se dirige al encuentro con Pepe el Romano.
- Pepe: Aunque no aparece en escena, representa el deseo y el conflicto, ya que su presencia provoca la tensión entre las hermanas y conduce a la tragedia final.
Análisis de las Acotaciones y el Movimiento Escénico
En el fragmento destaca una única acotación inicial, muy relevante para la trama. En ella aparecen Adela, Martirio y María Josefa, aunque solo las dos últimas participarán en el diálogo. La acotación permite caracterizar a Adela y Martirio y anticipar el conflicto principal de la obra.
La Rebeldía de Adela
Adela sale de escena con sigilo hacia el corral, lo que indica que va a encontrarse con Pepe el Romano, relación prohibida por ser el prometido de Angustias y por el estricto control y el luto impuestos por Bernarda. Su actitud refleja rebeldía y deseo de libertad.
La Vigilancia de Martirio
Martirio, por su parte, sigue a su hermana movida por las sospechas y el miedo a la autoridad materna, permaneciendo en actitud de vigilancia. Su comportamiento muestra desconfianza, tensión y sumisión, rasgos propios del ambiente opresivo que domina la casa.
La Lucidez de María Josefa
En este fragmento, María Josefa demuestra que, pese a su aparente locura, comprende perfectamente la situación de sus nietas. Advierte a Martirio de que la atracción que todas sienten por Pepe el Romano tendrá un final trágico, afirmando que él las “va a devorar”. Para expresarlo utiliza metáforas, primero comparándolas con granos de trigo, aludiendo al interés económico de Pepe, y después con ranas sin lengua, imagen que refleja la represión y el silencio a los que están sometidas por la autoridad de Bernarda, que les impide expresarse y vivir libremente.
III. Estudio de «La Casada Infiel» del Romancero Gitano
La casada infiel pertenece al Romancero gitano (1928), obra clave de la primera etapa de Federico García Lorca. El poema se relaciona con el conjunto de la obra por su ambientación en la cultura gitana, visible en la condición del protagonista, que justifica su comportamiento al descubrir que la mujer estaba casada. Además, mantiene los rasgos formales del romance: inicio in media res, versos octosílabos con rima asonante y carácter narrativo, ya que relata una historia.
El Neopopularismo y la Innovación Formal
El neopopularismo, seguido por Lorca y otros autores del 27, consiste en recuperar la poesía popular, como el romance. En La casada infiel, Lorca retoma el romance medieval —versos octosílabos y rima asonante— para narrar un encuentro amoroso, pero introduce una variación formal: la rima aparece en los versos impares, y no en los pares como es tradicional. Esta alteración, presente también en otros poemas del Romancero gitano, puede interpretarse como un recurso intencionado para reforzar el carácter fragmentario del romance y evocar su origen en los antiguos cantares de gesta.
Simbología del Deseo y la Tragedia
En La casada infiel, Lorca utiliza símbolos ligados al deseo y al destino trágico.
- Símbolos del Deseo: Destacan el río, espacio propicio para el encuentro amoroso; el pez, asociado a la atracción sexual; y el caballo (la potra), que representa el deseo irrefrenable que impulsa al protagonista.
- Símbolos de Mal Augurio: Junto a ellos aparecen símbolos de mal augurio y tragedia, como los cuchillos, que anticipan un desenlace negativo, la plata y la luna, con connotaciones de muerte y fatalidad, y las espadas, símbolos lorquianos de destrucción.
En conjunto, estos símbolos refuerzan el contraste entre la pasión inicial y el final amargo de la historia.
Recursos Retóricos en los Versos 34 y 35
En los versos 34 y 35 de La casada infiel se emplean varios recursos retóricos. Destaca el paralelismo, reforzado por una anáfora al repetirse la misma estructura y las palabras iniciales “la mitad llenos de”. Además, aparece una antítesis entre “lumbre” y “frío”, que intensifica el contraste. La combinación de estas figuras concentra la atención del lector y subraya el momento culminante de la relación entre los protagonistas.
Origen y Fragmentariedad del Romance
Los romances medievales proceden de la fragmentación de los cantares de gesta, lo que explica rasgos como el verso octosílabo, la rima asonante y la sensación de fragmentariedad. Lorca imita estos rasgos en La casada infiel al comenzar con “Y que…”, creando un inicio in media res que sugiere la continuación de un relato previo. Además, ese primer verso es eneasílabo, una irregularidad que se explica por la presencia de la “y” inicial, cuyo valor es más expresivo que métrico, ya que refuerza la idea de falsa fragmentación propia del romance tradicional.