El Teatro Español en el Primer Tercio del Siglo XX
La historia del teatro español del primer tercio del siglo XX no es una, sino múltiple, pero en ella pueden advertirse dos líneas vertebradoras: la del teatro comercial, protagonizada por la figura de Jacinto Benavente, y la de los intentos de renovación, entre cuyos representantes destacan las figuras de Valle-Inclán y Lorca.
En las primeras décadas del siglo XX se produjeron diversos intentos de renovación del panorama teatral, dominado hasta el final del XIX por el drama realista y las obras de José Echegaray, marcadas por un romanticismo exagerado y un gran apasionamiento verbal y gestual. Sin embargo, los intentos de renovación del drama no tuvieron mayor éxito y lo que triunfaba en los escenarios es lo que hoy conocemos como teatro comercial.
El Éxito del Teatro Comercial
Jacinto Benavente y la Crónica Burguesa
Dentro de esta corriente, destacan las obras de Jacinto Benavente, que se caracterizan por la mesura en la composición de situaciones y caracteres y por el minucioso realismo de su puesta en escena. Su público habitual fue la alta burguesía, por lo que el teatro de Benavente compone una crónica, casi siempre amable, de las preocupaciones y los prejuicios burgueses, por medio de una suave ironía. El lugar en el que acontece la acción suelen ser salones, yates o palacios de la alta burguesía; aunque, en ocasiones, Benavente se decanta por escenarios rurales como en La malquerida (1913).
El Teatro Cómico y sus Variantes
En el teatro comercial, también encontramos el llamado teatro cómico, que tenía como finalidad principal el entretenimiento y solía acompañarse de música. Entre los autores que cultivaron este tipo de teatro, destacan:
- Los hermanos Álvarez Quintero: En cuyas obras predomina el ambiente y una vida amable y superficial, como muestra El genio alegre.
- Carlos Arniches: Quien evolucionó desde sainetes castizos ambientados en Madrid hasta lo que él denominó «tragedia grotesca» con La señorita de Trevélez, en la que la apariencia humorística encierra una voluntad de denuncia de la realidad nacional, caracterizada por la ignorancia, el inmovilismo, la hipocresía, la crueldad y el vacío espiritual.
- Pedro Muñoz Seca: Creador del «astracán», género que busca provocar la risa mediante situaciones disparatadas. Su mejor «astracanada» fue La venganza de don Mendo, parodia en verso de los dramas históricos.
El Teatro en Verso
Por último, el teatro en verso fue otra corriente del teatro comercial, que abordó temas históricos o fantásticos con el empleo de versos modernistas. Sus principales cultivadores fueron Eduardo Marquina y Francisco Villaespesa.
La Renovación Teatral y la Vanguardia
Primeros Intentos de Renovación
En cuanto al teatro renovador, Unamuno y Azorín protagonizaron los primeros intentos de renovación teatral, pero su esfuerzo fue vano, porque sus obras carecían de la audacia y el arrojo de las obras de Valle-Inclán y Lorca.
Valle-Inclán y la Estética del Esperpento
En la trayectoria dramática de Valle-Inclán se observa una constante voluntad de renovación formal y temática y una pretensión de romper con el teatro de su época. Desde un principio, su teatro no se ajustó al espacio escénico de los teatros del momento. Sus dramas exigían técnicas especiales, lo que implicó su exclusión de los escenarios e incluso la puesta en duda de la condición dramática de sus obras. Progresivamente, Valle evolucionó hacia su creación máxima, el esperpento, cuyos elementos se observan de manera incipiente en sus primeras obras.
El esperpento es la cima artística de Valle-Inclán, definido en su obra maestra Luces de bohemia. El esperpento constituye una estética que refleja una actitud crítica y corrosiva. Implica una deformación sistemática de la realidad en forma caricaturesca para subrayar las contradicciones existentes entre las conductas de la sociedad y los valores que esta defiende.
Valle-Inclán cosifica y animaliza los personajes, que pierden su condición de humanos, presentados como marionetas sin voluntad; personifica animales y objetos; selecciona los aspectos más indignos y los mezcla con los más delicados; los escenarios dominantes son tabernas, burdeles, antros de juego, interiores míseros o calles inseguras del Madrid nocturno; une el lenguaje lírico a la expresión más soez… Todo ello para denunciar la penosa realidad social y política de España.
Federico García Lorca: El Teatro Poético
Federico García Lorca, por su parte, creó el verdadero teatro poético. En él, además de la palabra, cobran importancia otros componentes como la música, la danza y la escenografía, concibiendo así el teatro como un espectáculo total. Los temas lorquianos (la frustración, la esterilidad, la muerte o el paso del tiempo) se estructuran en sus dramas en torno a dos principios básicos que aparecen como fuerzas opuestas:
- El principio de autoridad: Que representa el orden y la tradición.
- El principio de libertad: Que encarna el deseo y la imaginación.
El lenguaje teatral de Lorca, como el de su poesía, está cargado de símbolos (el agua, la luna, el caballo o la sangre) que lo convierten en mágico y eterno.
La cima de la producción teatral de Lorca la forman las tragedias escritas entre 1933 y 1936: Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. A ellas hay que añadir el drama Doña Rosita la soltera. Comparten las cuatro piezas el protagonismo de la mujer y el tema de la represión que ejerce la moral establecida sobre su amor y su sexualidad. Son obras acerca de la libertad individual, la frustración de los deseos y la soledad de la mujer española. Las tragedias lorquianas se desarrollan en un ambiente rural en el que las fuerzas naturales imponen un destino trágico.
Conclusión
En conclusión, en la historia del teatro español del primer tercio del siglo XX pueden advertirse dos líneas vertebradoras: la del teatro comercial, protagonizada por la figura de Jacinto Benavente, y la del teatro de renovación o vanguardia, cuyos representantes más destacados son Valle-Inclán y Lorca.