La Transición: Alternativas políticas tras la muerte de Franco
La transición es una nueva etapa histórica que comienza con la muerte de Franco y lleva a España a establecer un nuevo Estado democrático.
Alternativas políticas y el papel del Rey
Tras la muerte de Franco, las únicas alternativas políticas eran:
- La continuidad del régimen franquista (defendida por los «búnker»).
- La liberalización política a partir de las leyes e instituciones del franquismo (evolución hacia la democracia).
- La ruptura democrática (terminar con el régimen franquista y construir una verdadera democracia).
El rey Juan Carlos I, de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica del Estado, asumió la jefatura de Estado y juró lealtad a los principios del Movimiento y a las Leyes Fundamentales del régimen. Sus intenciones representaban una incógnita, aunque en su discurso dejó entrever una voluntad democrática. Juan Carlos I contribuyó de forma esencial para restaurar la democracia en España y renunció al enorme poder personal heredado de Franco.
El Gobierno de Adolfo Suárez
En el gobierno, el rey mantuvo como presidente a Arias Navarro, pero este fue incapaz de llevar a cabo una reforma política liberal. El talante represivo del Gobierno de Arias Navarro quedó patente en los sucesos de Vitoria. La incapacidad de Arias Navarro para impulsar una reforma política hizo que el rey le invitara a dimitir.
El Rey eligió a Adolfo Suárez como nuevo presidente. Esta elección generó descontento general por considerarse como un político de segunda fila y por su vinculación con el Movimiento Nacional. Suárez formó un gobierno con reformistas franquistas. En su primera declaración de gobierno se reconocieron los derechos y libertades fundamentales y se anunció una amnistía política y la convocatoria de elecciones generales.
La Ley para la Reforma Política y el terrorismo
En 1976, se publicó la Ley para la Reforma Política. Se trataba de una ley de carácter transitorio, con rango máximo de Ley Fundamental, en la que se establecía el procedimiento para la creación de unas nuevas Cortes, elegidas por sufragio universal y directo. Una amplia mayoría votó a favor de esta ley, estableciendo así lo que se denominó su “harakiri”. La vía reformista hacia la democracia, desde la legalidad franquista, se había impuesto definitivamente.
El camino hacia la democracia no fue fácil por el recrudecimiento del terrorismo, tanto de extrema derecha (AAA) como de ETA y GRAPO. Este terrorismo generó un descontento entre los militares, visible en la Operación Galaxia (1978) o en el golpe de Estado de Tejero (23F de 1981). A pesar del terrorismo, en 1977 se legalizó el PCE en el denominado “Sábado Santo Rojo”.
Las elecciones de 1977 y la Constitución de 1978
Las primeras elecciones democráticas se celebraron en 1977. Las principales fuerzas políticas fueron:
- UCD: creación de Suárez con una ideología de centro-derecha moderada; obtuvieron el triunfo sin mayoría absoluta.
- PSOE: bajo la dirección de Felipe González, principal partido de la oposición.
- Alianza Popular: denominada como la derecha política.
- PCE: partido poco renovado.
- Nacionalismos: catalán (ERC, PDC) y vasco (PNV).
Tras las elecciones, se publicó la Ley de Amnistía de 1977. En cuanto a la economía, se aplicaron los Pactos de la Moncloa para frenar la inflación y estabilizar los precios. Se alcanzó un consenso en cuanto al modelo de economía social de mercado.
El Estado de las Autonomías
Los favorables resultados electorales de las formaciones nacionalistas obligaron al Gobierno de Adolfo Suárez a afrontar el problema de las autonomías. Se restablecieron instituciones regionales como la Generalitat de Cataluña y el Consejo General Vasco.
La Constitución de 1978 estableció una monarquía parlamentaria, una amplia declaración de derechos y deberes fundamentales, y el carácter de Estado social. La organización territorial se definió como un Estado unitario de las autonomías, reconociendo la indisoluble unidad de la nación española junto a un amplio margen de autonomía para las comunidades históricas.
La creación del Estado franquista
El franquismo (1939-1975) fue una dictadura personal que atravesó tres etapas:
- Triunfo y asentamiento (1939-1959): marcada por la represión y el aislamiento internacional.
- Desarrollismo económico (1959-1973): suavización de la represión y crecimiento económico.
- Crisis final (1973-1975): inestabilidad política y recesión económica.
El régimen se apoyó en grupos como los monárquicos, la Falange (FET de las JONS) y los católicos (ACNP y Opus Dei), contando con el respaldo de las clases medias, la oligarquía, el ejército y el clero.
Política económica y transformaciones sociales
La política económica inicial fue la autarquía, caracterizada por el intervencionismo estatal y el fracaso económico. A partir de 1959, con el Plan de Estabilización y la llegada de los “tecnócratas”, se inició una apertura hacia el exterior y un crecimiento acelerado. Socialmente, se produjo un aumento de la clase media, migraciones interiores y una mayor influencia de la mentalidad europea, aunque persistieron desequilibrios regionales.
La oposición a la dictadura y la crisis final
La oposición al régimen fue evolucionando desde la resistencia guerrillera (maquis) hasta la conflictividad laboral (Comisiones Obreras) y la agitación universitaria. Tras el asesinato de Carrero Blanco en 1973, el régimen entró en una fase de inestabilidad terminal, marcada por la crisis del petróleo, la presión internacional y la creciente oposición democrática.
La Segunda República y el Bienio Reformista
Tras la dimisión de Primo de Rivera y la caída de la monarquía en las elecciones municipales de 1931, se proclamó la Segunda República. La Constitución de 1931 estableció un Estado laico, sufragio universal y una amplia declaración de derechos. El Bienio Reformista (1931-1933), liderado por Manuel Azaña, impulsó reformas religiosas, educativas, sociales, agrarias y militares que generaron una fuerte polarización.
El Bienio Radical-Cedista y el Frente Popular
El triunfo de la CEDA y el Partido Radical en 1933 inició una etapa de “rectificación” de las reformas anteriores. La Revolución de Asturias de 1934 y la posterior represión radicalizaron la vida política. En 1936, el Frente Popular ganó las elecciones, pero el clima de enfrentamiento social y político desembocó en el alzamiento militar de julio de 1936.
La Guerra Civil y su dimensión internacional
La Guerra Civil (1936-1939) fue el resultado de una profunda división social. El bando sublevado contó con el apoyo directo de la Alemania nazi y la Italia fascista, mientras que la República recibió ayuda limitada de la URSS y México, viéndose perjudicada por la política de “no intervención” de las democracias occidentales.
Fases militares y consecuencias de la Guerra Civil
La guerra se dividió en tres fases: los avances iniciales de los sublevados, la campaña del Norte y la batalla del Ebro, y la ofensiva final en Cataluña y Madrid. El conflicto dejó un saldo devastador de más de 500.000 víctimas mortales, un exilio masivo y una profunda destrucción material y económica.
La dictadura de Primo de Rivera
En 1923, Primo de Rivera instauró una dictadura militar con el apoyo de Alfonso XIII. Tras una etapa de Directorio Militar (1923-1925) y otra de Directorio Civil (1925-1930), el régimen fracasó ante la oposición de intelectuales, estudiantes y militares, precipitando el fin de la monarquía en 1931.
Prehistoria: Paleolítico y Neolítico
La prehistoria abarca desde la hominización hasta la escritura. El Paleolítico se caracteriza por grupos nómadas y la pintura rupestre cantábrica. El Neolítico, tras la glaciación, introduce la agricultura, la ganadería y la sedentarización, dando lugar a la pintura levantina.
Pueblos prerromanos y colonizaciones
La Península Ibérica fue escenario del auge de Tartessos y la llegada de colonizadores mediterráneos (fenicios, griegos y cartagineses), además de las migraciones indoeuropeas (celtas). Esto configuró una división cultural entre la zona celta (clanes) y la íbera (sociedad jerarquizada).
Conquista y romanización
La conquista romana (218-19 a.C.) integró a Hispania en el Imperio. La romanización fue un proceso de aculturación que introdujo el latín, el derecho romano, la urbanización y, finalmente, el cristianismo.
El reino visigodo
Tras la caída de Roma, los visigodos establecieron su reino en Toledo. Lograron la unificación territorial (Leovigildo), religiosa (III Concilio de Toledo) y legislativa (Liber Iudiciorum), sentando las bases de la organización política medieval antes de la invasión musulmana.