Historia de España: Culturas, Sociedades y Transformaciones Políticas

Sociedad, Economía y Cultura en al-Ándalus

Los habitantes de al-Ándalus siguieron unos procesos de islamización y arabización muy intensos y extensos, de forma que toda la población andalusí, con el tiempo, hablaba árabe. La actividad económica predominante fue la agrícola; impulsaron los cereales, la vid y el olivo, perfeccionaron los sistemas de regadío e introdujeron el arroz, cítricos, algodón, azafrán, entre otros. Además, destacó la apicultura y, en ganadería, la oveja. A su vez, la artesanía —con la producción de tejidos de seda o lino, el trabajo del cuero, la fabricación de cerámica y vidrio— y el comercio, con un eficaz sistema de comunicaciones, fueron claves.

Por otro lado, la sociedad andalusí fue eminentemente urbana; Córdoba fue su capital durante varios siglos y llegó a ser la ciudad más importante de Occidente con unos 100.000 habitantes en el siglo X. Luego, Sevilla cogió el testigo tras el fin del Califato de Córdoba. Además, los musulmanes fundaron nuevas ciudades como Madrid y Guadalajara. Estas se organizaban alrededor de la medina, en la cual se ubicaba la mezquita, la alcazaba (recinto fortificado) y el zoco (mercado).

Su jerarquía social estaba encabezada por una aristocracia árabe o hispanovisigoda. Debajo de ellos estaban los guerreros, agricultores, artesanos y comerciantes, formados por:

  • Bereberes
  • Muladíes
  • Mozárabes
  • Judíos

Les seguían los libertos (esclavos libres al convertirse al islam) y los esclavos (africanos o eslavos). Mientras, en el campo científico, los musulmanes fueron transmisores de conocimientos sobre astronomía, matemáticas, medicina y el mundo antiguo helenístico, por lo que la Península fue el puente que traspasó esos avances a Europa occidental. Destacamos figuras como Maimónides y Averroes. Por último, nuestro léxico conserva muchas palabras de origen árabe y en el arte destacan y conservamos la Mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada y la Aljafería de Zaragoza.

El Reino Visigodo en la Península Ibérica

A partir del siglo IV se producen invasiones de pueblos germanos como los visigodos, provenientes de Asia central, que penetraron en el Imperio Romano para, en el 410, saquear Roma y poco después instalarse en la zona sureste de la actual Francia y en el noreste de Hispania. Ellos, como aliados del Imperio Romano, logran expulsar a los alanos y vándalos de la Bética. Pero la Península no será su territorio hasta después de la caída del Imperio Romano de Occidente (476) y su derrota contra los francos. Toledo será la capital del nuevo reino visigodo en la Península.

El monarca ejercía un poder casi absoluto y tenía un carácter electivo y no hereditario, lo que generaba constante inestabilidad por luchas por el poder, fenómeno denominado «el morbo gótico». Además, el rey gobernaba con la ayuda del Officium Palatinum, en el que intervenían el Aula Regia (aristócratas o altos cargos y clérigos) y los Concilios de Toledo, que eran asambleas formadas por obispos, el rey y nobles.

Los monarcas Leovigildo y su hijo Recaredo consiguieron dominar a vascones y cántabros, expulsar a los suevos y conquistar territorios a los bizantinos en el siglo VI. La unificación cultural-religiosa se hizo a través de la conversión al catolicismo en el reinado de Recaredo, durante el III Concilio de Toledo, o el fomento de matrimonios mixtos en época de Leovigildo. La Iglesia alcanzó un gran alcance político y, por ello, el rey visigodo era el jefe de la Iglesia. El rey Recesvinto promovió una única ley para ambos pueblos, llamada el Fuero Juzgo o Liber Iudiciorum, que supuso la unificación jurídico-administrativa en el 654.

En este período, en el plano cultural, destacamos la figura del obispo Isidoro de Sevilla, que escribió la historia de los godos, además de las conocidas Etimologías. Por último, las disputas entre los nobles visigodos acabaron con el reino. Muerto el rey Witiza, sus apoyos quisieron transmitir la corona a su hijo, pero la facción rival se impuso colocando a Don Rodrigo. Los witizanos llamaron en su ayuda a los musulmanes y, en el año 711, un ejército de bereberes derrotó a las tropas leales a Rodrigo, iniciando así la invasión musulmana de la Península.

Prehistoria: El Paleolítico

El Paleolítico, periodo más antiguo de la Prehistoria, se caracteriza por la utilización y fabricación de herramientas de piedra tallada y por un hombre depredador y nómada. Además, se producirán las primeras manifestaciones artísticas. Por último, tuvo lugar el proceso de hominización, en el que los homínidos desarrollaron diferenciaciones frente a los primates (posición erguida o el bipedismo).

Paleolítico Inferior

El primer poblamiento humano en la Península data de hace más de un millón de años en zonas abiertas, cerca de ríos donde cazaban y carroñeaban grupos de Homo erectus y Homo antecessor que aún no dominaban el fuego. Entre sus yacimientos más destacados podemos citar Atapuerca (Burgos, uno de los más importantes del mundo), pero también el de Guadix-Baza (Granada).

Paleolítico Medio (300.000-40.000 años)

Se caracteriza por la presencia de Homo neanderthalensis, especie próxima al Homo sapiens moderno, el cual vivía en hábitats variados, dominaba el fuego y cazaba grandes animales, ya que sus herramientas eran más complejas y eficaces. No está claro por qué se extinguieron, pero parece que los últimos vivieron hace menos de 40.000 años.

Paleolítico Superior (40.000-10.000 años)

Donde únicamente encontramos seres humanos modernos, los cuales presentan cambios culturales rápidos, reconocidos por la evolución en las formas de sus herramientas; perfeccionan el pulimento de estas, por lo que cazaban de forma muy efectiva. Sus grupos son más numerosos y los contactos a grandes distancias son habituales, aunque todavía eran nómadas. Algo destacado es el inicio del arte rupestre en cuevas y de objetos decorados en piedra, hueso o marfil. Entre las cuevas decoradas destacan El Castillo y Altamira en Cantabria, Tito Bustillo en Asturias, Ekain en Guipúzcoa o Fuente del Trucho en Huesca.

Pueblos Prerromanos: Los Colonizadores Griegos y Fenicios

La presencia de colonizadores fenicios y griegos supuso una evolución de los pueblos que ocupaban la Península Ibérica. La colonización fenicia fue la más temprana y la que tuvo más impacto. Lideraron una exploración del Mediterráneo occidental en búsqueda de materias primas, llenando la zona del Estrecho de Gibraltar de sus mercaderes y colonos que fundaron asentamientos, en especial Gadir (Cádiz), que fue clave en el control de las rutas comerciales, y luego otras como Sexi (Almuñécar) o Malaka (Málaga).

Estos obtenían plata y otros metales a cambio de joyas, telas y cerámicas con los pueblos indígenas (Tartesos). Tuvieron una gran influencia en estos pueblos: impulsaron el cultivo del olivo y la vid, la pesca y la salazón de pescado. No obstante, su principal aportación fue la escritura. La influencia de los fenicios es clave para el desarrollo de la cultura tartésica, situada en el bajo Guadalquivir (yacimientos como El Carambolo en Sevilla), ya que impulsó la explotación en la minería para fomentar el comercio. Después, en el siglo VI a.C., las colonias fenicias decayeron.

A partir del siglo IV a.C., el sur de la Península Ibérica estuvo influenciado por Cartago (Túnez), una antigua colonia fenicia que tomó el relevo en el control de las colonias y fundó Cartago Nova (Cartagena). Comparativamente, la colonización griega fue mucho menos intensa. La ciudad de Focea, en la actual Turquía, lideró la colonización y fue la responsable de fundar las colonias en la Península. Su presencia se limitó a pequeños establecimientos comerciales; solo dos de estos acabaron por convertirse en auténticas ciudades: Rhode (Rosas) y Emporion (Ampurias). A partir del siglo VI a.C., iniciaron la colonización en la Península y comerciaban con los íberos, intercambiando cereales y metales por productos manufacturados. Por último, acuñaron moneda, una novedad para las poblaciones nativas, y exportaron el alfabeto.

Celtas e Íberos en Vísperas de la Conquista Romana

La Península Ibérica estaba ocupada por un conjunto heterogéneo de pueblos, pero a partir del siglo VI a.C. podemos decir que se habían configurado dos grandes áreas diferentes cultural y lingüísticamente: la Íbera y la Celta.

Los Íberos

Se situaban (siglos VI a II a.C.) desde el sur de Francia hasta el alto Guadalquivir, en el arco mediterráneo. Desarrollaron una rica y compleja cultura organizada en torno a ciudades-estado aristocráticas, como Castulo (Linares) e Ilerda (Lérida). La sociedad era tribal y estaba muy jerarquizada en función del poder económico y militar. Establecieron un control del territorio con asentamientos en lugares elevados y amurallados. Su base económica era la agricultura y la ganadería. Además, comerciaron con los pueblos colonizadores, lo que propició la acuñación de moneda propia. Entre las manifestaciones artísticas encontramos cerámica pintada y esculturas como la Dama de Elche y la Bicha de Balazote. También tenían una escritura distintiva, la cual conservamos, aunque su lengua continúa siendo intraducible.

Los Celtas

Ocuparon el interior de la Península Ibérica (La Meseta), la cornisa cantábrica y la fachada atlántica entre los siglos V y I a.C. Su desarrollo económico, político y cultural era inferior al de los pueblos íberos. Fueron pueblos ganaderos que también explotaron las minas de estaño y oro para favorecer el comercio con fenicios y cartagineses. Habitaban en poblados llamados castros, situados en cimas rocosas, amurallados y con viviendas circulares.

Uno de los pueblos celtas más reconocidos son los celtíberos, que ocupaban territorios en zonas de contacto entre ellos y los íberos. Su gran oposición a la dominación romana en el siglo II a.C. (Guerras Celtibéricas) hizo que los autores antiguos les prestaran mucha atención. Se destaca su ciudad de Numantia (Numancia). Finalmente, también conservamos inscripciones en lengua celtibérica y muestras artísticas como los verracos, que son grandes esculturas de animales en piedra (como los Toros de Guisando).

El Neolítico

, la segunda etapa de la Prehistoria, es un proceso que implica le sustitución de un modo de vida depredador (caza, pesca..) por uno producto? con domesticación de animales, cultivo agrícola, fabricación de herramientas con piedra pulimentada y elaboración de utensilios que permiten almacenar los excedentes y transportarlos para su intercambio. Además, se convertirán en sedentarios, creando aldeas al aire libre (yacimientos como La Draga en Gerona). Estas innovaciones suponen una gran evolución cultural. En el año 5000 a.C. fue cuando surgieron en la Península Ibérica las primeras comunidades neolíticas, debido a la difusión por costas mediterráneas de corrientes culturales procedentes de Oriente Próximo (allí surgió en el 9000 a.C.) y por el contacto con estas. Algunos lugares con este impacto son la costa levantina (cuevas de L’Or y La Sarsa en Valencia), en la costa andaluza (cueva de Nerja en Málaga) o en Huesca (cueva de Chaves): Unas de las innovaciones más características en la península son la cerámica cardial, por su decoración de impresión realizada con la concha de un molusco bivalvo y las manifestaciones artísticas. Como es el rupestre levantino, el cual es monocromo e incluye al ser humano en escenas donde interactúa pero con un arte esquemático (simple) con una gran carga simbólica religiosa o ritualística.

Hacia el 4000 a.C. en el nordeste peninsular surgieron asentamientos donde enterraban a sus muertos en necrópolis como la de Bóbila Madurell en Barcelona. Asimismo, en esta época también encontramos megalitismo, un fenómeno arquitectónico que se basa en grandes construcciones en piedras de función funeraria o delimitadora, como los menhires, dólmenes y crómleche, Por último, el final del periodo (últimos siglos del IV milenio a.C.) vendia marcado por la aparición de la metalurgia en cobre que desencadena a

comienzo de otra etapa.