Evolución Social y Desarrollo Industrial en la España del Siglo XIX

La evolución demográfica en la España del siglo XIX

Durante el siglo XIX, la población española presentó ciertos síntomas de mejoría que animaban a pensar que podría alcanzar el nivel demográfico y económico de los principales países de Europa. Sin embargo, la lentitud en el progreso económico, el efecto de las epidemias, la emigración y el elevado porcentaje de la población célibe no permitieron un crecimiento sostenible. La población española pasó de tener 10,5 millones de habitantes en 1797 a 18,5 en 1900, creciendo un 80% en un siglo. Por otro lado, las epidemias de fiebre amarilla o de cólera azotaron a la población, junto con otras enfermedades endémicas.

Natalidad y transición demográfica

La natalidad se mantuvo alta durante todo el siglo XIX y en 1900 estaba en torno al 35%, muy por encima de las tasas de los países de Europa occidental. Todo ello definía un modelo demográfico típico del Antiguo Régimen que solo empezó a cambiar en el último tercio del siglo, especialmente tras la epidemia de cólera de 1885. Solo Cataluña había iniciado su transición demográfica antes, culminándola en las primeras décadas del siglo XX.

El fenómeno migratorio

Entre 1882 y 1889 emigró un millón de españoles, acelerándose el ritmo en las dos primeras décadas del siglo XX. Las leyes migratorias cambiaron durante el siglo XIX:

  • Hasta 1853: Estaba prohibido emigrar, pues se consideraba a la población como un recurso del país.
  • Constitución de 1869: Reconoció el derecho a emigrar, lo que aumentó el traslado de población, mayoritariamente joven y masculina, hacia América Latina.

Las regiones de Galicia, Canarias, Andalucía y la Comunidad Valenciana fueron las que contaron con más población emigrante. Mientras las zonas mediterránea y suratlántica aumentaron su población, la zona centro la perdió (excepto Madrid). El éxodo potenció la urbanización, aunque fue un proceso lento: tan solo el 9% podía considerarse población plenamente urbana.

Desarrollo industrial y minería

Las áreas periféricas mediterráneas consumían productos del interior a precios altos, mientras vendían sus propios productos al exterior. Otro problema fue la carencia de capitales, tanto por parte del Estado como de los particulares. La Hacienda española navegó en un mar de déficit, donde la mayor parte del gasto fue absorbido por la deuda, la Marina y la Guerra. Hubo que recurrir al capital extranjero (francés, belga e inglés) para cubrir sectores como transportes y minas.

La Ley de Minas de 1868

La clave para el aumento en la extracción de minerales estuvo en la Ley de Minas de 1868, que concedía explotaciones a perpetuidad a cambio de una modesta tributación pública. Compañías internacionales aprovecharon esta legislación para exportar minerales en bruto a países industrializados con costes bajos y muy altos beneficios.

Siderurgia: Asturias y Vizcaya

El hierro, mercurio, plomo y cobre experimentaron un incremento en la demanda mundial durante la Segunda Revolución Industrial. Asturias tuvo ventaja inicial con siderurgias como Duro-Felguera y Mieres. En Bizkaia, tras la crisis de 1880, los capitales autóctonos accedieron a la explotación minera, iniciando el despegue definitivo del sector siderúrgico y la fundación de los Altos Hornos de Vizcaya.

La industria en Cataluña

La clave para la acumulación de capitales en Cataluña estuvo en el comercio americano, que junto a cavas y vinos, sirvió para acumular los recursos previos. La pérdida de las colonias actuó como factor desencadenante al repatriarse los capitales. El camino hacia la industrialización fue iniciado por el textil, principalmente el algodón.

  • Factores de éxito: Abundancia de mano de obra, mentalidad empresarial y política proteccionista.
  • Consecuencias: El proteccionismo desincentivó la innovación tecnológica al eliminar la competencia.
  • Especialización: La industria lanera se concentró en Tarrasa y Sabadell, mientras que la seda se trasladó a Cataluña desde Valencia, Murcia y Granada.

Debate económico: Proteccionismo frente a Librecambismo

La política arancelaria española evolucionó desde una etapa de avance del librecambio (hasta 1870) hacia un marcado proteccionismo. El Arancel Figuerola de 1869, de corte librecambista, fue revisado por el Arancel de 1891, que significó el giro definitivo hacia el proteccionismo. La pérdida de las colonias en 1898 agravó la situación, impulsando la creación de asociaciones como la Liga Marítima Española.

El sistema bancario y la reforma monetaria

En el siglo XIX, los sistemas bancario y monetario pasaron por una etapa de transición hacia su modernización. El primer banco español, fundado en 1782, fue el Banco Nacional de San Carlos, cuya función era administrar la deuda pública. Posteriormente, la crisis financiera de 1847-1848 obligó a la creación del Banco de España.

La reforma monetaria: Durante el primer tercio del siglo XIX existía una anarquía de monedas, pesos y medidas. La reforma definitiva llegó con la revolución de 1868 y la implantación de la peseta como unidad monetaria, consolidándose a finales de siglo gracias a la creciente emisión de papel moneda.