La Prehistoria y la Edad Antigua en la Península Ibérica
1. El Paleolítico y el Neolítico
El Paleolítico, o edad de la piedra antigua, es la primera etapa de la Prehistoria, caracterizada por la evolución de los homínidos unida al desarrollo del bipedismo y de la habilidad manual que condujo a un aumento de la inteligencia. Los restos humanos más antiguos de Europa se encontraron en Burgos y corresponden al Homo antecessor. También se encuentran otros restos correspondientes al Homo heidelbergensis, del Paleolítico Inferior. En el Paleolítico Medio vivió el Homo neanderthalensis, del que se conservan restos fósiles en Gibraltar. El proceso acabó en el Paleolítico Superior con el Homo sapiens.
Los grupos humanos del Paleolítico eran cazadores-recolectores, por lo que su economía era depredadora y la sociedad era nómada. También hubo un perfeccionamiento en las técnicas de fabricación de útiles realizados en piedra, asta y hueso. El desarrollo del pensamiento abstracto queda reflejado en el arte rupestre. En la zona cantábrica franco-española se desarrolló una pintura colorida con representación de figuras de animales.
El Neolítico, o edad de la piedra nueva, se inicia con la revolución agrícola y ganadera que se extendió por el Mediterráneo a partir del 10.000 a.C. Los hombres aprenden a domesticar animales y a cultivar la tierra, lo que impulsa una economía productora y una sociedad sedentaria. Se crean utensilios relacionados con la agricultura y la actividad textil. Se caracteriza porque se introduce en la pintura la figura humana en escenas de caza, de la vida doméstica y rituales. El dibujo es esquemático y lineal.
2. Los pueblos prerromanos y las colonizaciones del Mediterráneo
Los pueblos prerromanos habitaban en la Península en el primer milenio a.C. Se conocen a través de restos arqueológicos y por los textos escritos griegos y latinos que distinguieron dos áreas culturales fundamentales:
- Área Celta: En el Norte y Oeste peninsular, habitada por pueblos de origen indoeuropeo que atravesaron los Pirineos hacia el 1.200 a.C. En el Norte, los astures, cántabros y galaicos eran fundamentalmente ganaderos. En los valles de la Meseta, los vacceos, lusitanos y arévacos desarrollaron la agricultura y la ganadería. Entre sus restos se encuentran los castros (poblados fortificados) y los verracos (esculturas en piedra de animales).
- Área Ibera: En el Este y Sur peninsular, habitada por numerosos pueblos con rasgos comunes como la lengua, una escritura propia y ciertos ritos religiosos. Sus cementerios reflejan una fuerte jerarquización social presidida por una nobleza militar. En el Valle del Guadalquivir destaca por su riqueza minera la región de Tartessos.
3. La Hispania Romana
Los romanos ocuparon la Península Ibérica tras un largo proceso militar (218-219 a.C.). La conquista de los territorios iba acompañada del establecimiento de las estructuras políticas, sociales y culturales romanas, lo que dio paso a la romanización. La fusión de los invasores con la población indígena dio paso a la nueva sociedad hispanorromana.
Los romanos introdujeron nuevas técnicas agrícolas (como el arado) y la ingeniería. El uso del latín, lengua oficial del imperio, fue fundamental; mezclado con las lenguas indígenas, dio lugar al nacimiento de las lenguas romances. En el ámbito religioso, se introdujo el politeísmo y, posteriormente, el cristianismo se convirtió en religión oficial. El legado romano es visible en obras de ingeniería como acueductos, calzadas y puentes.
4. La monarquía visigoda
Tras la caída del Imperio romano, los visigodos fundaron en Hispania el Reino Visigodo con capital en Toledo en el año 507. Sus reyes buscaron la unidad peninsular:
- Leovigildo: Luchó por la unidad territorial.
- Recaredo: Impuso la unidad religiosa (catolicismo).
- Recesvinto: Unificó las leyes germanas y el derecho romano en un único código.
La organización política era una monarquía electiva sostenida por la nobleza. El nombramiento del rey dependía del Officium Palatinum, que constaba del Aula Regia (nobleza) y los Concilios de Toledo (asambleas eclesiásticas). El sistema electivo provocó frecuentes guerras civiles, lo que facilitó la invasión musulmana en el 711.
La Edad Media en la Península Ibérica
1. Al-Ándalus: evolución política
En el año 711, los musulmanes conquistaron la Península, llamándola Al-Ándalus. Su evolución política pasó por varias etapas:
- Emirato independiente (756): Abderramán I establece la capital en Córdoba.
- Califato de Córdoba (929): Abderramán III proclama el califato, época de mayor esplendor.
- Reinos de Taifas (1031): El califato se fragmenta, facilitando el avance cristiano.
- Etapas finales: Llegada de almorávides y almohades, derrota en las Navas de Tolosa (1212) y supervivencia del reino nazarí de Granada hasta 1492.
2. Al-Ándalus: economía, sociedad y cultura
Al-Ándalus se caracterizó por su riqueza y desarrollo cultural. Su economía se basaba en una agricultura avanzada (sistemas de riego, nuevos cultivos), artesanía de lujo y un comercio activo. La sociedad era diversa, con musulmanes, cristianos y judíos conviviendo en una etapa conocida como Convivencia. La cultura andalusí fue un puente entre los conocimientos griegos, orientales y la ciencia islámica.
3. Los reinos cristianos: Reconquista y organización
Tras el 711, surgieron núcleos de resistencia en el norte (Asturias, Navarra, Aragón, condados catalanes). Estos reinos iniciaron la Reconocquista, que avanzó significativamente tras la conquista de Toledo (1085) y la batalla de las Navas de Tolosa (1212). La sociedad era feudal, organizada en estamentos (privilegiados y no privilegiados) y basada en relaciones de vasallaje.
4. Modelos de repoblación y organización estamental
La repoblación fue el proceso de ocupación de tierras conquistadas. Se utilizaron diversos modelos: presura (apropiación individual), concejil (organizada por ciudades) o mediante órdenes militares y nobleza. La sociedad se dividía en estamentos: nobleza y clero (privilegiados) frente a campesinos y burguesía (no privilegiados).
5. La Baja Edad Media en las Coronas de Castilla y Aragón
Al final de la Edad Media, destacaban cuatro reinos: Portugal, Castilla, Navarra y Aragón. En Castilla, la monarquía tendió al autoritarismo apoyada en el Derecho romano (Siete Partidas). En la Corona de Aragón, el modelo era pactista, donde el rey debía negociar con las instituciones de cada territorio.
La Edad Moderna
1. Los Reyes Católicos
Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón unieron sus coronas en 1479, sentando las bases del Estado moderno. Sus objetivos fueron la unidad territorial (conquista de Granada en 1492) y la unidad religiosa (creación de la Inquisición y expulsión de los judíos). Aunque unieron las coronas, cada reino mantuvo sus propias leyes e instituciones.
2. Exploración y colonización de América
En 1492, Cristóbal Colón llegó a América. La conquista posterior (Cortés en México, Pizarro en Perú) y la explotación de recursos (oro y plata) convirtieron a la monarquía hispana en la mayor potencia mundial. Este proceso tuvo graves consecuencias para los pueblos indígenas, denunciadas por figuras como Bartolomé de las Casas.
3. Los Austrias del siglo XVI
Carlos I heredó un vasto imperio y fue coronado emperador. Su reinado estuvo marcado por revueltas internas (Comuneros) y conflictos exteriores (turcos, Francia, protestantes). Su hijo, Felipe II, centralizó la administración en Madrid, logró la unidad ibérica (anexión de Portugal) y defendió el catolicismo, aunque sufrió la derrota de la Armada Invencible.
4. Los Austrias del siglo XVII
Periodo de decadencia marcado por el gobierno de los validos. El Conde-Duque de Olivares intentó reformas centralizadoras (Unión de Armas) que provocaron rebeliones en Cataluña y Portugal. España perdió su hegemonía europea tras la Paz de Westfalia (1648) y la Paz de los Pirineos (1659).
5. Sociedad, economía y cultura de los siglos XVI y XVII
El siglo XVI fue de crecimiento, mientras que el XVII estuvo marcado por la crisis demográfica, económica y social. A pesar de la crisis, se vivió el Siglo de Oro, con figuras cumbres en la literatura (Cervantes, Lope de Vega, Quevedo) y la pintura (Velázquez, Ribera, Zurbarán).
6. La Guerra de Sucesión y los Borbones
Tras la muerte de Carlos II sin descendencia, la Guerra de Sucesión (1701-1713) llevó al trono a Felipe V, primer Borbón. La Paz de Utrecht supuso la pérdida de territorios europeos y el ascenso de Inglaterra. Los Borbones impusieron el absolutismo y los Decretos de Nueva Planta, centralizando el Estado.
7. Reformas borbónicas y despotismo ilustrado
En el siglo XVIII, los Borbones aplicaron reformas para modernizar el país (centralización administrativa, reformas económicas, política regalista). Carlos III, máximo exponente del despotismo ilustrado, impulsó reformas urbanas y educativas, aunque muchas chocaron con la resistencia de los estamentos privilegiados. En América, las reformas buscaron un mayor control fiscal y administrativo, sentando las bases de los futuros movimientos de independencia» }