La Revolución de 1868 y el Gobierno Provisional
En septiembre de 1868 se produjo La Gloriosa, una revolución que triunfó sin apenas derramamiento de sangre, dando lugar a la formación de juntas revolucionarias en todo el país. Prim, Serrano y Topete se pusieron al frente de este movimiento. El ejército leal a la reina fue derrotado en Alcolea del Pinar, e Isabel II, que veraneaba en Lequeitio (Vizcaya), se encontró sin apoyos y se exilió a Francia.
Se formó un Gobierno Provisional presidido por el general Serrano y se constituyó una Junta Superior Revolucionaria que proclamó el sufragio universal y una amplia declaración de libertades, incluyendo la libertad de culto. Así se produjo la formación de Cortes Constituyentes, cuyas elecciones dieron mayoría absoluta a las fuerzas gubernamentales.
La Constitución de 1869
El principal objetivo fue elaborar una nueva Constitución que estableciera la democracia como sistema. La burguesía pretendía una efectiva división de poderes: el poder ejecutivo —el rey— quedaría concentrado en una función de equilibrio y moderación, sustentado en el sufragio universal. La Constitución, promulgada en junio de 1869, consagró las libertades democráticas básicas (asociación, reunión y expresión), estableció el sufragio universal masculino y, por primera vez, reconoció explícitamente la libertad religiosa.
El reinado de Amadeo I
Se instauró una regencia presidida por Serrano, mientras Juan Prim fue nombrado jefe de Gobierno. Paralelamente, Cánovas del Castillo comenzó a formar un partido “alfonsino” para asegurar la defensa de los derechos del hijo de Isabel II. En 1869 surgieron problemas que amenazaron la estabilidad del nuevo régimen:
- La guerra de Cuba.
- El carlismo, que promovía a Carlos VII como rey legítimo.
- Levantamientos y agitaciones republicanas.
En octubre de 1870, Amadeo, duque de Aosta, aceptó la corona tras ser elegido por las Cortes. Sin embargo, su reinado fue efímero debido al asesinato de Prim, el conflicto militar en Cuba y el frente carlista. Tras repetidas elecciones generales y crisis de gobierno, Amadeo abdicó en febrero de 1873, momento en el que el Congreso y el Senado proclamaron la República.
La Primera República Española
Estanislao Figueras fue designado presidente de la República unitaria, pero chocó inmediatamente con los republicanos federales. Su cometido era convocar Cortes Constituyentes para promulgar una nueva constitución. Los problemas más graves fueron:
- La crisis de la Hacienda.
- La incipiente guerra carlista en el norte.
- La cuestión de Cuba.
- La escasa colaboración del ejército.
A pesar de medidas democráticas como la amnistía, la abolición de la esclavitud en Puerto Rico y la supresión de las quintas, el gobierno carecía de apoyos sociales. Las elecciones dieron el triunfo a los republicanos federales, y las nuevas Cortes proclamaron la “República democrática federal”, siendo propuesto como presidente del gobierno el catalán Pi i Margall.
La crisis del federalismo y el cantonalismo
Los republicanos federales discreparon sobre la organización de la España federal:
- Los transigentes: Mayoría encabezada por Pi i Margall, buscaban el orden social para construir la República desde arriba.
- Los intransigentes: Defendían la construcción de la federación desde abajo para alcanzar la paz social.
La sublevación de la “revolución cantonal” estalló en Cartagena y se extendió por el sur y el levante. En ella confluyeron tres revoluciones: la regionalista, la política y la social. Al no poder aprobar el proyecto de Constitución y verse desbordado, Pi i Margall dimitió, siendo sucedido por Salmerón, quien se limitó a restablecer el orden militarmente. Tras la dimisión de Salmerón, Emilio Castelar asumió la presidencia, pero su intento de estabilización fue interrumpido por el golpe de Estado del general Pavía en enero de 1874, que disolvió las Cortes y puso fin a la Primera República.
El fin del Sexenio y la Restauración
El gobierno quedó en manos de Serrano en forma de una dictadura provisional hasta 1875. La confusa situación favoreció al Partido Alfonsino de Cánovas del Castillo, que pretendía la restauración pacífica de la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII. El general Martínez Campos se adelantó a los deseos de Cánovas y se pronunció en Sagunto el 29 de diciembre a favor de Alfonso XII. Serrano dejó el gobierno en manos de Cánovas, quien inició el proceso de la Restauración.