René Descartes: El Fundamento del Conocimiento Verdadero
Parte A: La Duda Metódica y el Primer Principio
El texto plantea el problema del fundamento del conocimiento verdadero. Descartes se pregunta si es posible alcanzar una verdad absolutamente segura frente al error y la duda, y qué método debe seguir la razón para distinguir lo verdadero de lo falso. En concreto, el problema se centra en cómo encontrar un principio indudable sobre el que reconstruir todo el saber.
La tesis principal del texto es que existe al menos una verdad absolutamente indudable: la existencia del propio sujeto pensante, expresada en la fórmula “Pienso, luego soy” (cogito ergo sum), que debe ser el primer principio de la filosofía. Para justificar esta tesis, Descartes emplea el método de la duda metódica, rechazando provisionalmente como falso todo aquello que admita la menor duda. Los argumentos que utiliza son:
- Argumento del error de los sentidos: Los sentidos nos engañan a veces, por lo que no pueden proporcionar un conocimiento totalmente seguro.
- Argumento del error en el razonamiento: Incluso en disciplinas como la geometría se cometen errores, por lo que tampoco la razón es infalible sin un método riguroso.
- Argumento del sueño: No hay signos absolutamente seguros para distinguir el estado de vigilia del sueño, lo que permite dudar de la realidad del mundo externo.
Sin embargo, al llevar la duda al extremo, Descartes descubre que no puede dudar de que duda, y que para pensar es necesario existir. De este modo, la proposición “Pienso, luego soy” se presenta como una verdad clara, distinta e imposible de negar, incluso bajo las hipótesis más escépticas.
Este texto se inscribe en el racionalismo cartesiano y en el proyecto general de Descartes de fundar una filosofía completamente nueva, segura y universal, comparable en rigor a las matemáticas. El cogito constituye el primer principio de su sistema filosófico y el punto de partida para la reconstrucción del conocimiento. A partir de esta certeza inicial, Descartes demostrará posteriormente la existencia de Dios, que garantiza la verdad de las ideas claras y distintas, y la existencia del mundo material. Además, este planteamiento inaugura la filosofía moderna, al situar al sujeto pensante como fundamento del conocimiento, rompiendo con la tradición escolástica medieval.
Parte B: La Naturaleza del Yo y el Criterio de Verdad
En el Discurso del método (IV, 1), el texto aborda el problema de la naturaleza del yo y del criterio de verdad. Descartes se pregunta qué es aquello que existe con certeza cuando se ha aplicado la duda metódica y, además, cómo puede establecerse un criterio seguro que permita distinguir las proposiciones verdaderas de las falsas. En el texto aparecen dos tesis fundamentales:
- El yo es una sustancia pensante distinta del cuerpo: Descartes sostiene que el yo existe necesariamente en tanto que piensa y que su esencia consiste exclusivamente en el pensamiento. El argumento que emplea es que puede dudar de la existencia del cuerpo y del mundo exterior, pero no puede dudar de su propia existencia mientras piensa. Además, afirma que si dejara de pensar no tendría ninguna razón para afirmar su existencia, lo que muestra que el pensamiento constituye su esencia.
- El criterio de verdad es la claridad y distinción de las ideas: A partir de la certeza del cogito, Descartes busca qué hace que una proposición sea verdadera. Concluye que aquello que percibimos de manera clara y distinta es verdadero, ya que la verdad del “Pienso, luego soy” se debe a que es concebida con total claridad y distinción por la razón.
Este fragmento se integra plenamente en el proyecto racionalista cartesiano de fundamentar el conocimiento sobre certezas indudables. Aquí se formula la doctrina de la res cogitans, que define al ser humano como una sustancia pensante independiente del cuerpo, lo que dará lugar al dualismo antropológico entre alma y cuerpo. Asimismo, la formulación del criterio de claridad y distinción es esencial en la filosofía de Descartes, ya que servirá de base para demostrar posteriormente la existencia de Dios como garante de la verdad del conocimiento y para justificar la validez del saber científico. Este planteamiento sitúa al sujeto como fundamento del conocimiento y constituye uno de los pilares de la filosofía moderna.
David Hume: El Origen y los Límites del Entendimiento
Fragmento I: Impresiones e Ideas
En este fragmento, David Hume aborda el problema del origen y naturaleza del conocimiento, concretamente la distinción entre los distintos contenidos de la mente humana y su relación con la experiencia. El texto se sitúa dentro de su proyecto de elaborar una ciencia del entendimiento humano basada en la observación empírica.
La tesis principal que sostiene Hume es que todas las percepciones de la mente pueden dividirse en dos tipos según su grado de fuerza o vivacidad: impresiones e ideas. Las impresiones son las percepciones más intensas y directas, procedentes de la experiencia inmediata, mientras que las ideas son percepciones menos vivas que aparecen cuando reflexionamos o recordamos esas experiencias.
Para justificar esta distinción, Hume recurre al criterio de la vivacidad, señalando que actos como ver, oír, amar u odiar se presentan a la mente con mayor intensidad que cuando los pensamos o recordamos. De este modo, el autor muestra que las ideas dependen de las impresiones y no al contrario, sentando las bases del principio de copia, según el cual toda idea procede de una impresión previa.
Esta problemática se relaciona con el conjunto de la filosofía de Hume, caracterizada por un empirismo radical que rechaza la existencia de ideas innatas y limita el conocimiento a lo dado en la experiencia. La distinción entre impresiones e ideas es fundamental para su crítica posterior a la causalidad y a los conceptos metafísicos tradicionales, como el yo, la sustancia o Dios.
Fragmento II: El Alcance de la Imaginación
En este fragmento, Hume plantea el problema del alcance y origen de la imaginación humana, cuestionando la aparente libertad ilimitada del pensamiento. El texto se enmarca dentro de su proyecto de estudiar la mente y el conocimiento humano mediante una ciencia empírica, mostrando que incluso la imaginación tiene límites derivados de la experiencia.
La tesis principal del autor es que, aunque la imaginación humana parece capaz de crear cualquier cosa sin restricción, en realidad todas nuestras ideas derivan de percepciones previas, ya sean externas o internas. Hume sostiene que la mente no puede generar contenidos totalmente nuevos; su poder consiste en mezclar, transponer, aumentar o disminuir los materiales que le proporciona la experiencia. Por ejemplo, la idea de una “montaña de oro” combina dos elementos conocidos: oro y montaña; o la idea de un “caballo virtuoso” surge al unir la figura de un caballo con la virtud, previamente conocida a través de la experiencia interna.
Para justificar esta tesis, Hume distingue entre la libertad aparente del pensamiento, que puede transportarnos a lugares imaginarios o concebir situaciones extraordinarias, y la limitación real de la mente, que depende de los materiales que suministran los sentidos y la experiencia. De este modo, la creatividad mental no es ilimitada, sino que se fundamenta en percepciones previas y en la facultad de combinarlas según la voluntad.
La problemática planteada en el fragmento se relaciona con la filosofía general de Hume, en la que todas las ideas son vistas como derivadas de impresiones más intensas, sentando las bases de su principio de copia. Esta postura es clave para su crítica posterior a la metafísica y a conceptos abstractos como la causalidad, el yo o Dios, ya que muestra que el pensamiento humano no puede crear conocimientos verdaderos fuera de la experiencia.
Parte C: El Principio de Copia y la Crítica a la Metafísica
El problema central es el origen y validez del conocimiento humano. Hume busca determinar si todos nuestros contenidos mentales provienen de la experiencia o si existen ideas innatas, situándose en el marco del empirismo epistemológico frente al racionalismo.
Tesis: Hume sostiene el “Principio de Copia”, por el cual todas nuestras ideas son copias de impresiones precedentes. Incluso las ideas más abstractas tienen un origen sensible.
Argumentos:
- Reducción de ideas: Al analizar ideas complejas, siempre se descomponen en ideas simples que fueron sentimientos o sensaciones.
- Ejemplo de Dios: La idea de Dios no es innata; surge de proyectar al infinito cualidades humanas (bondad, sabiduría) mediante la reflexión sobre nuestra propia mente.
- Desafío empírico: Hume reta a quien disienta a mostrar una sola idea que no derive de una impresión; si no puede, su postura queda demostrada.
Este fragmento es el pilar de la epistemología de Hume. Se conecta con:
- La distinción de las percepciones: Divide la mente en impresiones (vivaces, originales) e ideas (copias débiles).
- El criterio de verdad: Una idea es válida solo si se encuentra la impresión de la que deriva. Esto le permitirá realizar su crítica a la metafísica (negando conceptos como sustancia o alma por no tener impresión asociada).
- El nominalismo y fenomenismo: El conocimiento se limita a lo percibido; la mente solo combina materiales de la experiencia.