David Hume (1711-1776): El Empirismo Radical
Experiencia y Conocimiento
Para precisar el concepto de idea, que sirve para nombrar indistintamente las imágenes de los sentidos y las representaciones almacenadas en la memoria (base de los conocimientos abstractos), Hume propone la distinción entre:
- Impresiones: los datos inmediatos de la experiencia que se presentan con la mayor fuerza y viveza.
- Ideas: copias o imágenes atenuadas de las impresiones que quedan almacenadas en la memoria.
Estas últimas son la base de nuestras reflexiones. La imaginación es la facultad encargada de combinar entre sí las ideas, mediante los principios asociativos inscritos en la naturaleza humana: la semejanza y el contraste, la contigüidad en el espacio y en el tiempo, y la relación de causa y efecto.
Tipos de Conocimiento y el Principio de la Copia
Para Hume, conocer es construir juicios combinando las ideas que hay en el entendimiento. Distingue, siguiendo en esto a Leibniz, dos tipos de conocimiento:
- Relación entre ideas: Como su nombre indica, la verdad o falsedad del juicio depende de principios cuya verdad la establece el entendimiento con independencia de la experiencia. El principio fundamental de estas ciencias es el principio de contradicción, que dice que «no es posible afirmar algo y su contrario al mismo tiempo y respecto de lo mismo».
- Conocimiento de hechos: El juicio afirma algo sobre las cosas exteriores a la mente, sean de la naturaleza o de la historia. Su verdad se regula por la experiencia; es decir, las ideas tienen que proceder de impresiones.
De ahí que el criterio del que se va a servir Hume en su polémica con el racionalismo acerca de la realidad es lo que llamaremos «principio de la copia»:
«Cuando tengamos la más mínima sospecha de que se está empleando un término filosófico sin significado ni idea que le corresponda […] no tenemos más que preguntar: ¿de qué impresión se deriva dicha supuesta idea? Y si fuera imposible asignarle una, esto serviría para confirmar nuestras sospechas» (Tratado de la naturaleza humana, 1739).
Crítica de los Conceptos Centrales de la Metafísica Racionalista
El Problema de la Causalidad
El principio de causalidad fue para la filosofía antigua, y siguió siendo para la ciencia moderna, un concepto central. Hume lo sometió a un escrupuloso examen distinguiendo, en la relación causa-efecto, lo que podía controlarse por la experiencia (la sucesión espaciotemporal que se da entre el fenómeno antecedente y el consecuente) y lo que escapa a esta: que esa conexión sea necesaria y constante.
La naturaleza oculta a nuestras impresiones la «necesidad». Hume explica la causalidad como una creencia, resultado de un hábito o costumbre. Vemos una y otra vez ponerse el sol por el oeste o caer un cuerpo pesado; pero no es posible, de acuerdo con lo constatado por la experiencia, afirmar que en el futuro seguirá siendo así.
Aunque muchos comentaristas han subrayado las consecuencias escépticas de este planteamiento, la intención de Hume no era cuestionar la validez de la ciencia física, sino establecer una distinción entre creencias razonables (basadas en conexiones causales que caen dentro de la experiencia) y «no razonables», que son las que escapan al ámbito de la misma, como las que atañen a la religión (supersticiones).
La Crítica de las Tres Sustancias
El propio Hume aplicó sus reflexiones críticas a las tres sustancias con que el racionalismo estructura la realidad:
- Dios: Defiende la imposibilidad de demostrar su existencia al basarse en un uso del principio de causalidad que escapa a la experiencia.
- El Mundo (Sustancia Material): Señala la incapacidad del entendimiento para postular la existencia de una sustancia material por el hecho de no tener experiencia de un sustrato permanente del que, por definición, nunca puede haber impresiones.
- El Alma (Yo Personal): Hume no acepta que tengamos una intuición inmediata de nuestro propio yo como un ser permanente. Se trata de un efecto de la memoria que, como el hilo que une las cuentas de un collar, unifica las impresiones que van apareciendo sucesivamente en el «teatro de nuestra conciencia». Nuestro yo personal no es sino un producto de nuestra memoria.
La Razón y los Sentimientos en los Juicios Morales
Hume afirmó en el prólogo de su Tratado que aspiraba a convertirse en «el Newton de las ciencias morales». En su obra Investigación sobre los principios de la moral (1751) desarrolla sus tesis sobre ética, que serán el punto de partida para una corriente denominada emotivismo moral, que sigue hoy teniendo muchos partidarios en el mundo anglosajón.
Fiel a sus postulados empiristas, constata que los hombres califican sus acciones y las de sus semejantes como buenas y malas. ¿Cuál es la fuente de los juicios morales? La tradición racionalista se equivoca al creer que es la razón el origen de nuestra experiencia moral; por el contrario, es el sentimiento.
Los juicios con «es» (hechos) y los juicios con «debe» (sentimientos, valores) pertenecen a órdenes distintos del conocimiento humano. Quien pretenda derivar de cuestiones relativas a hechos conclusiones de valor moral incurre en la «falacia naturalista». Por tanto, para Hume, los sentimientos son la única base de nuestra actividad moral. La virtud consiste en cualquier acción o cualidad mental que produce en un espectador un sentimiento agradable o de aprobación, mientras que el vicio es lo contrario. En última instancia, Hume deduce la experiencia moral de la estética.