Perspectivas Filosóficas sobre la Realidad, el Conocimiento y la Condición Humana

El problema de la realidad y el conocimiento en Ortega y Gasset

Ortega y Gasset realiza una crítica tanto a la filosofía anterior a la modernidad, el Realismo, como a la filosofía que surge a partir de Descartes, el Idealismo.

En el Realismo, defendido por la filosofía anterior a Descartes, la realidad se entiende como el conjunto de cosas que existen independientemente del sujeto. Esta realidad es algo acabado, estático, que se explica mediante los conceptos de esencia o sustancia. Por ello, en el Realismo el sujeto es una cosa más dentro del mundo, quedando el yo absorbido por la realidad.

También critica el Idealismo, que nace con Descartes. En esta corriente, el conocimiento de la realidad se fundamenta en el sujeto, en el pensamiento, hasta el punto de afirmar que toda la realidad no es más que una construcción de ideas del sujeto. Este sujeto, además, se concibe como una sustancia fija e inmutable. Así, al contrario que en el Realismo, en el Idealismo son las cosas las que quedan absorbidas por el yo, dando lugar al subjetivismo.

Frente a estas dos posturas, Ortega defiende que la verdadera realidad es el “yo con las cosas”. Ni el yo ni el mundo son realidades independientes ni acabadas, sino que ambos dependen mutuamente en su constitución y desarrollo. Esta relación entre sujeto y objeto se da en la vida, por lo que la vida se convierte en el fundamento de toda realidad. Por ello, la vida es la Realidad Radical, ya que en ella y desde ella se constituye todo lo real.

Junto a la vida, Ortega destaca la importancia de la razón, pues es la única capaz de comprender y dar sentido a la vida. De esta unión surge el raciovitalismo, según el cual la razón no es algo abstracto ni previo a la vida, sino que se desarrolla dentro de la vida concreta de cada individuo. Por ello, la razón es siempre razón vital. Además, como toda vida se da en un contexto histórico determinado, esta razón es también razón histórica.

La razón vital e histórica no son dos razones distintas, sino una misma forma de racionalidad que entiende la realidad como un proceso en constante cambio. Así, rechaza las explicaciones de la realidad como algo fijo o aislado, afirmando que todo lo real es fruto de una evolución histórica y de múltiples interrelaciones. Incluso la propia razón cambia con el tiempo, adaptándose a la vida, por lo que es un proceso dinámico que nunca se cierra definitivamente.

Por último, Ortega defiende el perspectivismo. Según esta teoría, cada individuo posee una perspectiva propia de la realidad. Estas perspectivas no son verdades absolutas, sino visiones parciales. La realidad se presenta siempre desde distintos puntos de vista, y cada persona interpreta esas perspectivas dándoles un significado propio. Aunque las distintas perspectivas pueden complementarse y formar visiones más amplias, nunca se alcanza una verdad absoluta, ya que esto requeriría reunir todas las perspectivas posibles.

Además, Ortega distingue entre ideas y creencias. Las ideas son contenidos puramente intelectuales, mientras que las creencias son aquellos contenidos que se viven de manera profunda en la propia existencia y que condicionan nuestra forma de entender la realidad.

El problema del ser humano en Ortega

Ortega analiza la vida humana como la realidad fundamental:

  • Autoconciencia: Darse cuenta de que se vive.
  • Circunstancia: La relación entre el yo y su mundo (“yo y mi circunstancia”).
  • Imprevisibilidad: No elegimos ni el momento ni las condiciones en las que vivimos.

Esta situación obliga al individuo a tomar decisiones y a elaborar un proyecto vital, de modo que la vida se va construyendo a través de las elecciones personales. Por ello, el ser humano no está determinado, sino que tiene que hacerse a sí mismo. Finalmente, la vida es temporalidad, ya que consiste en proyectarse constantemente hacia el futuro.

El problema de la realidad y el conocimiento en Nietzsche

Nietzsche critica la metafísica tradicional iniciada por Platón. Esta metafísica ha considerado que la verdadera realidad son las esencias, concibiendo la realidad como algo fijo, estático e inmutable. Además, distingue entre un mundo verdadero y superior y un mundo aparente o falso.

Sin embargo, Nietzsche afirma que la invención de ese mundo superior es en realidad producto del resentimiento y del temor hacia la vida por parte de los filósofos. A este impulso lo denomina “Voluntad de Verdad”, que consiste en utilizar la razón para afirmar lo permanente y estable, como una forma de venganza contra el devenir de la realidad. Por ello, toda la filosofía ha sido, en el fondo, un platonismo encubierto y contrario a la vida.

Frente a esto, Nietzsche afirma que la realidad es devenir, sin finalidad ni meta. Se trata de una realidad cambiante y múltiple que se presenta al ser humano a través de perspectivas. En su lugar, defiende la “Voluntad de Poder”, que consiste en aceptar la realidad cambiante y afirmar una perspectiva propia de manera temporal para vivir más plenamente.

Desde esta perspectiva, los conceptos no son más que metáforas. Estas metáforas se forman a través de un proceso que nos aleja progresivamente de la realidad original. Las ideas más abstractas son las metáforas más alejadas de la realidad, cuyo origen hemos olvidado. Nietzsche critica a las ciencias positivas, ya que al matematizar lo real solo captan aspectos cuantitativos, ignorando las diferencias cualitativas.

Para Nietzsche no existe una verdad absoluta; el criterio de verdad es la Voluntad de Poder. Dios representa el fundamento de la Voluntad de Verdad y del platonismo, siendo el principal obstáculo para la afirmación de la vida. Nietzsche afirma que esto ya ha ocurrido en la modernidad con la “muerte de Dios”, es decir, que los valores tradicionales han perdido su validez. Este acontecimiento provoca el nihilismo. El nihilismo puede ser negativo (pasividad) o positivo (creación de nuevos valores). Así surge la necesidad de una transmutación de los valores. Esta tarea corresponde al superhombre, que vive aceptando el Eterno Retorno.

El problema del conocimiento y el ser humano en Marx

Para Marx, el auténtico conocimiento es la praxis, la actividad teórico-práctica a través de la cual el ser humano transforma la realidad. Toda teoría únicamente especulativa es falsa: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

Según Marx, el ser humano se realiza al transformar la realidad y humanizarla haciéndola racional, cumpliendo su praxis. Las relaciones sociales son relaciones existenciales, pues posibilitan y condicionan concretamente la existencia de cada individuo.

El problema de la realidad y la sociedad

La realidad para Marx se construye en la relación dialéctica entre ser humano y naturaleza. Toda sociedad se compone de:

  • Base económica: El modo en que se organiza la producción material.
  • Superestructura: El conjunto de leyes, ideas y costumbres (cultura) que surge de dicha forma de producción.

Frente a la injusticia del sistema, la superestructura genera la Ideología, una falsa conciencia que busca mantener la realidad tal y como es. Una forma importante de Ideología es la religión, que produce alienación religiosa (“la religión es el opio del pueblo”).

La sociedad capitalista se divide en clases sociales: la burguesía (propietaria de los medios de producción) y el proletariado (fuerza de trabajo). Esta explotación se fundamenta en la alienación en el trabajo y la generación de plusvalía. Es necesaria la revolución para superar el capitalismo y permitir que el ser humano se realice libremente.