La Transición Española: El Camino hacia la Democracia
La Transición es el proceso de desmantelamiento de la dictadura que culminó con la Constitución de 1978. Comienza el 22 de noviembre de 1975 con la monarquía de Juan Carlos de Borbón. Esta nueva monarquía estaba legitimada por el franquismo, pero el rey optó por la vía reformista.
El Gobierno de Arias Navarro
El primer Gobierno desde el nuevo sistema es el de Arias Navarro (noviembre de 1975 – julio de 1976), quien adopta un inmovilismo que aumenta la conflictividad social y laboral, incrementando a su vez la represión. Todo ello derivó en graves incidentes entre manifestantes y fuerzas del orden, como se observa en Vitoria, con cinco muertos; y en Montejurra, con dos muertos. En esta situación, la oposición política tomará la iniciativa y fusiona la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática en Coordinación Democrática en abril de 1976, lo que se conoce como «Platajunta», defendiendo la formación de un gobierno provisional y la convocatoria de elecciones libres a Cortes constituyentes. Ante estas circunstancias, el rey provoca la dimisión de Arias Navarro y nombra en su lugar a Adolfo Suárez.
El Gobierno de Adolfo Suárez y la Reforma Política
El Gobierno de Adolfo Suárez (julio 1976 – junio 1977) llevará a cabo cambios democráticos por medios legales y diálogo con la oposición. Para dar credibilidad a sus intenciones, despenalizó los partidos políticos y el ejercicio de los derechos de reunión y manifestación; además, concedió la amnistía política.
También llevó a cabo la Ley para la Reforma Política en 1976, con los objetivos de establecer la soberanía popular, Cortes elegidas por sufragio universal, defender los derechos fundamentales y reconocer el pluripartidismo. Lo que le permitirá una ruptura pactada del sistema («De la ley a la ley, a través de la ley»). Esta ley fue aprobada por las Cortes franquistas en noviembre de 1976 y por el referéndum popular el 15 de diciembre de 1976, desmantelando con todo ello las instituciones del régimen.
Hacia las Elecciones de 1977
A principios de 1977 aumenta el terrorismo a través de las campañas de desestabilización del Gobierno por parte de la extrema derecha, llevando a cabo la «Matanza de Atocha» el 24 de enero de 1977; y ETA y GRAPO, quienes continúan con su actividad terrorista. En febrero de ese año, los partidos de la oposición se reúnen con el gobierno para pactar la legalización de los partidos políticos, la ley electoral y la convocatoria de elecciones para el 15 de junio. Para completar el proceso reformista, únicamente faltaba legalizar el PCE, lo que se consiguió mediante el decreto del 9 de abril de 1977, pese a la oposición de un sector del ejército y los políticos inmovilistas.
Tras garantizar la pluralidad política, los diferentes partidos se preparan para las elecciones del 15 de junio. Para estas elecciones, Adolfo Suárez creará la UCD, que se enfrentará a otros partidos como Alianza Popular, PSOE, PCE y los partidos nacionalistas catalanes y vascos. Las elecciones darán como resultado un sistema bipartidista, saliendo vencedor la UCD, con 166 escaños; seguido por el PSOE, con 118 escaños. Este último será el líder de la oposición. Tras las elecciones, el Rey nombra a Adolfo Suárez presidente, quien optará por gobernar en minoría. Así se inicia la etapa del consenso político.
Cambio Social y Modernización en España
El desarrollismo de los años 60 dio lugar a una modernización que causó impacto en la estructura demográfica y social española. La España rural pasará a una España organizada con valores de la sociedad de consumo.
Transformaciones Demográficas y Migraciones
La modernización se observó, en principio, en la demografía. Durante esta etapa tiene lugar el «baby boom», causado por la mejora en el nivel de vida, el fomento de la natalidad con los Premios Nacionales de Natalidad y las mejoras sanitarias con la Seguridad Social, lo que conlleva al crecimiento de la población. Pero el hecho demográfico más importante serán las migraciones; se llevó a cabo el éxodo rural por la búsqueda de la población de mejores condiciones de vida y oportunidades laborales. Este movimiento derivará en el crecimiento de las áreas industriales (Madrid y el litoral), la densificación de las regiones interiores y la urbanización caótica y desordenada de las ciudades, surgiendo las barriadas obreras.
Otro movimiento será la emigración exterior a Francia, Alemania y Suiza, las cuales estaban impulsadas por el gobierno para reducir el impacto del desempleo y aumentar la entrada de divisas; este proceso se mantendrá constante hasta 1973, cuando la crisis frena las salidas y fuerza el regreso de los emigrantes a España.
La Nueva Sociedad de Consumo y Mentalidades
A nivel social, el desarrollo económico, las mejoras en educación y los cambios en el mercado laboral provocan el crecimiento de la clase media, accediendo a la sociedad de consumo, lo que estaba impulsado por el gobierno para llegar a la despolitización de la sociedad. Así aparecieron en España las vacaciones pagadas, los electrodomésticos y el automóvil (Seat 600). Este consumismo se logró gracias al aumento de las ventas a plazos y los créditos, escondiendo una gran desigualdad en el reparto de la riqueza.
La modernización derivó también en una nueva mentalidad, costumbres y valores, dando paso a una sociedad más plural y libre, enfrentada a los principios franquistas. Se vivirá un proceso de secularización de la sociedad que implicaba la disminución de la práctica religiosa y nuevas formas de relaciones familiares y sociales. Los mayores cambios se dan en los jóvenes, por las mejoras culturales, en la escolarización, el turismo y los viajes al extranjero, permitiéndoles adoptar modas y comportamientos de jóvenes europeos y estadounidenses, asumiendo las reivindicaciones sociales y políticas de su tiempo. También habrá mucho cambio en las mujeres por su creciente incorporación a los estudios y el trabajo asalariado, así como la extensión de ideas feministas defendiendo la igualdad de sexos y abandonando el papel de mujer sumisa del primer franquismo. La incapacidad del Estado para atender las demandas de la sociedad provocó el aumento de la protesta social, imposible de detener mediante la represión.