El Devenir: La Realidad como Cambio Constante
De acuerdo con la filosofía tradicional, la realidad que muestran los sentidos es apariencia. Debido a esto, debemos conocer la realidad auténtica a través de la razón, la cual no está al alcance de la percepción. Como consecuencia, se han duplicado los mundos: el mundo del devenir, el cual es pura apariencia, y el mundo verdadero. El primer mundo es la única realidad restante, puesto que el mundo no es mundo si no está en constante cambio.
Para Nietzsche, la realidad se presenta como un caos, pues no hay nada igual, eterno o permanente, sino todo lo contrario. Esta no es, sino que deviene; es decir, es multiplicidad y cambio. Un ser nunca va a ser el mismo, pues la vida se encuentra sujeta a cambios inevitables. Finalmente, la realidad es un enigma indescifrable. No se puede conocer, pues todo intento será en vano y acabará en fracaso. Es inaccesible al conocimiento humano; se puede experimentar para dar con todos sus ámbitos, pero no se puede conocer. Por la misma razón que es enigmático, podemos odiarlo. Para soportar un mundo sin sentido, se ha creado un mundo ficticio.
El Perspectivismo: La Verdad como Interpretación
El término “verdad” respecto al perspectivismo es una interpretación, pues no existe la verdad absoluta. Estos puntos de vista responden a las diferentes experiencias y opiniones que cada persona tiene acerca de la realidad.
Son apreciaciones, porque no hay conocimiento objetivo, por lo que no existe una percepción correcta de las cosas. Una percepción tiene tres influencias:
- El aparato sensorial: Las percepciones son juicios de valor, es decir, lo que es bueno y malo para el cuerpo. No hay cabida a una percepción neutral, ya que los sentidos se pueden interpretar de distintas maneras.
- Las vivencias: Las experiencias y los sentimientos durante estas son elementos que condicionan la percepción.
- Los instintos: Las pulsiones y los afectos también pueden alterar las percepciones.
De acuerdo con Nietzsche, conocer consiste en establecer una valoración desde un punto de vista que indica lo útil o perjudicial para cada ser. Por lo tanto, aparece una multitud de sentidos donde, según la voluntad de poder de cada individuo, se formará su propio sentido. Es por esto que hay una pluralidad de perspectivas e interpretaciones. Esta concepción deriva en un perspectivismo de la verdad.
La Vida y la Voluntad de Poder
La vida está interrelacionada con la voluntad de poder. Existen expresiones como “está lleno de vida” que nos acercan intuitivamente al concepto. La vida es energía, potencia y fuerza. La voluntad de poder aspira a afirmar la vida; es instinto de vida, puesto que la vida, entendida como sensitiva y sensorial, hace que el existir sea existente. El objetivo de la voluntad de poder es la elevación de la vida, el afinamiento de los sentidos, la potenciación de la pasión y la búsqueda del riesgo y el peligro como muestra de una confianza en uno mismo. Sin embargo, la relación de la voluntad de poder y la vida puede variar, lo que deriva en dos tipos de vida:
- La vida ascendente: La vitalista, la del superhombre. Es propia de la voluntad de poder fuerte. Destaca por la afirmación de la vida, pues apuesta de forma positiva por el “quiero existir”, la potenciación de la pasión y la asunción del riesgo para obtener la autoafirmación.
- La vida descendente: La vida de Occidente. Es propia de la voluntad de poder débil, la negación de la vida. Es incapaz de oponer resistencia, está agotada y no tiene fuerzas. Incapaz de vencer en el combate de la vida, actúa de forma reactiva, sensible, y reniega del deseo, la sensibilidad y la pasión, rebajando el sentimiento vital hasta no querer existir, como en la expresión “no soporto existir”.
Características de la Voluntad de Poder
La voluntad de poder es la energía vital que nos lleva a actuar con el fin de autoconfirmarnos y autorrealizarnos. Son sentimientos como el entusiasmo y la pasión los que nos empujan a realizar determinadas acciones; es la fuerza que nos lleva a crecer y hacernos más fuertes. Es tener poder sobre uno mismo. Brota del cuerpo, pero no es un instinto biológico; intervienen factores como el ambiente, la biología, la alimentación y la fuerza de voluntad. Refleja nuestro crecimiento y desarrollo, en lo que nos hemos convertido y la creación de nuestros propios valores a partir de nuestras experiencias.
Según Nietzsche, la voluntad de poder se caracteriza por ser:
- Inconsciente y reflexiva: Alejada de obligaciones o deberes. Es un impulso ligado al cuerpo biológico.
- Previa a la razón: Es la forma primitiva de pasión e instinto que determina la razón. La razón y el pensamiento son sus instrumentos.
- Peculiar: Es cambiante y diferente según el grado de actividad, edad, dieta o clima.
- Exige resistencia: Para afirmarse necesita oposición y enemigos, pues su potencia se fortalece al superar obstáculos.
- Necesita el dolor: Es necesaria la sensación desagradable para crecer, pues los estímulos dolorosos la refuerzan.
- Carente de finalidad externa: Se quiere por sí misma, no para conseguir placer o felicidad; no busca alcanzar metas.
- Creativa: Es voluntad de crear marcando las diferencias. Imponer la visión del mundo y enfrentarnos nos exige ser diferentes y crear modelos de vida singulares.
- Libre: La voluntad de poder es libertad. El problema son los límites del poder, pues la libertad empieza donde acaba la fuerza de mi voluntad.
- Diversa: Es móvil, variable y plástica. Reside en cada individuo en cada momento. Sus acciones abarcan desde la crueldad hasta la generosidad.