Cosmología Aristotélica
El Universo según Aristóteles
Para entender la cosmología aristotélica, es necesario recordar que en la antigua Grecia no se distinguía la ciencia de la filosofía, porque todavía no se había desarrollado el método científico. La interpretación aristotélica del cosmos puede parecernos infantil, pero no sería justo juzgar una cosmovisión distinta de la nuestra a partir de lo que sabemos actualmente; hay que recordar que en tiempos de Aristóteles no existían telescopios ni ordenadores. Era capaz de ofrecer una descripción coherente y bastante acertada de los fenómenos que se conocían en la antigüedad; su éxito fue tan grande que estuvo en vigor casi 2.000 años. Decimos que es teleológica (orientada a fines) porque en ella todo lo que existe persigue su finalidad. Puede compararse a un enorme ser viviente formado por innumerables partes que tratan de alcanzar sus propias metas. Para Aristóteles, sólo es posible entender el universo si comprendemos la causa final que persiguen todas las cosas.
Universo geocéntrico y heterogéneo
Aristóteles creía que el universo era geocéntrico; es decir, que la Tierra está en el centro del cosmos y a su alrededor giran la Luna, el Sol, los planetas y las estrellas. Para Aristóteles, el universo es eterno en el tiempo. Para explicar el movimiento de los astros, suponía que cada uno estaba en una esfera cristalina que giraba alrededor de la Tierra. La primera era la Luna, después el Sol, seguida de los planetas y, por último, las estrellas. Aristóteles creía que el universo era heterogéneo porque pensaba que estaba dividido en dos regiones bien diferenciadas: por debajo de la esfera de la Luna se encontraba el mundo sublunar (que incluía la Tierra) y, por encima de la Luna, el mundo supralunar.
Esferas sublunares y supralunares
La esfera sublunar está formada por los cuatro elementos de Empédocles (fuego, aire, agua y tierra), los cuales se colocan en distintas capas según su peso. Cada elemento tiene su lugar natural: a la tierra le corresponde estar abajo por ser el elemento más pesado; sobre ella se coloca el agua, sobre el agua el aire y sobre el aire el fuego. El mundo supralunar está formado por el Sol, los planetas y las estrellas. En el modelo aristotélico, los astros son divinos, por lo que solo se mueven en círculos (la figura más perfecta). La zona supralunar es perfecta y no puede haber cambios, porque todos los astros son inmutables y eternos. En la filosofía de Aristóteles, el movimiento se explica como un paso del ser en potencia al ser en acto. Aristóteles creía que se transmitía el movimiento desde las estrellas a la Luna. Este proceso necesita de un Primer Motor Inmóvil que empuja a la primera esfera y actúa como origen de toda la dinámica del cosmos.
El Universo Mecánico
Modelo heliocéntrico
La ciencia experimental apareció en el siglo XVII; los descubrimientos realizados con ayuda del telescopio mostraron que Aristóteles estaba equivocado. El trabajo de científicos como Kepler, Galileo o Newton permitió desarrollar una nueva visión del cosmos. Enfrentándose a una creencia que había durado siglos, Copérnico propuso el modelo heliocéntrico (la Tierra giraba alrededor del Sol). Los científicos entendieron que el universo era ilimitado en el espacio y pensaban que el cosmos había sido creado por Dios, por lo que no era eterno, sino finito en el tiempo.
Universo determinista y homogéneo
La cosmovisión moderna no presta atención a la causa final; la única causa que interesa es la causa eficiente, que se puede describir mediante las leyes de la física. Con el descubrimiento de la ley de la gravedad, Newton identificó la causa eficiente de las trayectorias de los planetas. El universo newtoniano es homogéneo porque está gobernado por las mismas leyes en todas partes. En la cosmovisión de la física clásica, la naturaleza está formada por materia inerte que está sujeta a las leyes matemáticas. Es mecanicista; es decir, el movimiento de los planetas se describe mediante fórmulas matemáticas que permiten calcular la posición de los astros, por eso en esta época el universo fue comparado con un reloj. Es determinista porque establece que el cosmos está sujeto a movimientos que se pueden predecir. La física clásica asume que la naturaleza es regular y ordenada, por lo que se describe su comportamiento mediante leyes matemáticas. Esto es lo que describen los principios de conservación de la física.
La Física Contemporánea
Nueva interpretación del tiempo y espacio
Para resolver las anomalías que se iban encontrando, varios científicos se vieron obligados a adoptar nuevos puntos de vista en sus investigaciones. El desarrollo de estas perspectivas condujo a la aparición de la teoría de la relatividad y de la mecánica cuántica. Einstein propuso la teoría de la relatividad y afirmó que la velocidad de la luz debía tener el mismo valor para todos los observadores, pero eso significaba asumir que tanto el espacio como el tiempo son relativos.
Teoría de la relatividad
La física clásica siempre había supuesto la existencia de un tiempo y de un espacio absolutos. La teoría de la relatividad afirma que las mediciones espaciales y temporales pueden ser distintas para diferentes personas. La relatividad otorga un importante papel al observador que describe la realidad. Además, indica que la masa y la energía son dos manifestaciones de una misma realidad, por lo que pueden transformarse la una en la otra.
Mecánica Cuántica
La segunda gran revolución en la física se produjo en el siglo XX. La idea de que las magnitudes naturales son continuas había sido una de las suposiciones fundamentales de la física clásica. Para la filosofía clásica, tanto la materia como la energía son continuas. La mecánica cuántica surgió cuando los científicos se vieron obligados a revisar esta suposición básica. Para poder explicar los fenómenos que estaban estudiando, los físicos tuvieron que suponer que la energía no es continua, sino que puede intercambiarse en forma de paquetes. Esos “paquetes de energía” se llaman cuantos.
Principio de Indeterminación
La mecánica cuántica establece que es imposible conocer al mismo tiempo y con total certeza la posición y la velocidad de una partícula. Esta afirmación se conoce como el principio de indeterminación (o de incertidumbre). La consecuencia es que no podemos conocer la trayectoria exacta del electrón. También afirma que las partículas participan de un comportamiento ondulatorio. Por eso, no resulta correcto imaginarnos que un electrón es una especie de bolita muy pequeña que se mueve a gran velocidad.
Azar y observación
La mecánica cuántica sólo nos permite determinar la probabilidad de que el electrón esté en un cierto lugar, con lo que se introduce la idea del azar en nuestra interpretación de la realidad. Resulta que la física es incapaz de decirnos con seguridad cuál es el estado en el que se encuentra la realidad; todo lo que puede hacer es darnos una probabilidad. Además, la intervención del observador produce efectos en la realidad que no podemos evitar: es imposible medir un fenómeno sin afectarlo de manera decisiva.
Teoría del Caos
La teoría del caos surgió dentro de una rama de las matemáticas y de la física interesada por estudiar los sistemas dinámicos. Se denominan sistemas dinámicos a las configuraciones de objetos que cambian con el tiempo (como, por ejemplo, el sistema solar). Estos sistemas parecían depender de forma crítica de las condiciones iniciales, de manera que una pequeña alteración en las condiciones de partida podría conducir a enormes cambios; a esto se le conoce como el efecto mariposa.
Metafísica Aristotélica
Las cuatro causas
Para conocer la verdadera realidad compuesta por sustancias, hacía falta explicar sus causas: material, formal, eficiente y final.
- Causa material: Es aquello de lo que una sustancia está hecha; se denomina materia.
- Causa formal: Es la manera concreta en la que la materia se estructura y organiza para dar lugar a esa sustancia (la forma).
- Causa eficiente: Se trata del agente que ha producido esa sustancia.
- Causa final: Aristóteles creía que todo cuanto existe está hecho con un propósito o finalidad; la causa final aclara cuál es ese propósito.
Filosofía Teleológica
Todas las cosas, tanto las naturales como las artificiales, poseen un propósito; a esta teoría se le llama teleológica. Aristóteles creía también que los objetos inanimados y los seres vivos actúan persiguiendo una meta. Como por ejemplo una piedra: si tú la dejas caer al suelo, es para cumplir su finalidad, que consiste en alcanzar su lugar natural. Todas las cosas tienden espontáneamente a cumplir su propósito. Este propósito es inmanente porque está en el interior de las cosas y forma parte de su naturaleza.