Los grandes temas poéticos de Antonio Machado
El paso del tiempo
El paso del tiempo es el tema más filosófico de su obra. El paso del tiempo y la angustia de la muerte (el tópico del tempus fugit) están presentes en muchos de sus versos. Machado definía la poesía como “palabra en el tiempo” y retomó en sus composiciones el tema manriqueño de los ríos que van a dar en la mar.
El tema de España
El tema de España es otro de los grandes asuntos de Antonio Machado; es lo que lo vincula plenamente con la corriente noventayochista. El poeta habla de la decadencia de España, de Castilla como creadora del espíritu español y símbolo de la nación. Sus compañeros de generación tocaron el tema de España de modo subjetivo, inspirados en los regeneracionistas (entre ellos, el aragonés Joaquín Costa) y en Ángel Ganivet, autor de Idearium. Él trasladó estos temas a su poesía, especialmente en su famoso poemario Campos de Castilla: la exaltación de los pueblos y del paisaje austero de Castilla, el canto a Soria y a la curva del Duero, los ecos literarios con el Cid al fondo, la rudeza y violencia de sus gentes (como en La tierra de Alvargonzález).
Machado también habló del caínismo, las guerras fratricidas entre españoles, ese innoble deporte nacional, la horrible inclinación de matarnos los unos a los otros. Observó la rudeza y violencia de las gentes hispánicas y lo cuenta en poemas como el largo romance La tierra de Alvargonzález. El poeta vislumbraba un país escindido en dos: el país de charanga y pandereta, atrapado entre un pasado vano y un mañana vacío, y “la España del cincel y de la maza”; una España implacable y redentora, una España que muere y otra que bosteza. Una España de guerra y muerte, condenada a la guerra civil.
Otros temas machadianos
- El sueño como forma de conocimiento, un lugar donde encontrar profundas verdades y un consuelo ante el paso del tiempo.
- El amor (o su falta): el amor como sentimiento, no el amor sensual.
- La melancolía; el hastío, la monotonía de la vida, la soledad.
Ideales: vanguardismo y tradición
Movidos por un ideal de pulcritud y pureza poéticas, en un primer periodo los poetas de la Generación del 27 siguieron el camino trazado por Juan Ramón Jiménez (cuyo magisterio aceptaron) y las ideas innovadoras de Ramón Gómez de la Serna (creador de las greguerías). También mostraron una clara simpatía por los movimientos europeos de vanguardia (en contra de la estética tradicional): cubismo, surrealismo, futurismo, dadaísmo, ultraísmo y creacionismo. Aceptaron asimismo el análisis del filósofo José Ortega y Gasset sobre el arte deshumanizado de su tiempo.
Ortega, en su famoso ensayo La deshumanización del arte, defendía que el arte puro de los nuevos poetas era un arte hermético, pues se cerraba sobre sí mismo, sobre su perfección formal y su pureza, sin atender a los problemas sociales de los seres humanos, convirtiéndose así en arte deshumanizado.
Al mismo tiempo, los autores del 27 sentían admiración por los clásicos y recobraron la tradición popular de los romanceros y cancioneros cortesanos de la Edad Media y del Renacimiento. Todo ello, unido a la necesidad de encontrar un lenguaje poético que expresara mejor los temas que querían tratar y a la gran capacidad creativa de estos artistas, dio lugar a una producción literaria considerada como la Edad de Plata de nuestras letras.
Estos temas comunes fueron, entre otros: la modernidad (representada por la gran ciudad y las contradicciones que genera el mundo moderno, opuesto a la naturaleza); el amor (tratado como deseo insaciable o plenitud inalcanzable); el compromiso político y social (que se manifiesta en revistas y creaciones de carácter político); y el exilio y el desarraigo, después de la Guerra Civil.
La denominación Edad de Plata se debe a que el término Edad de Oro ya se utilizaba para referirse a la literatura clásica española de los siglos XVI y XVII, con autores de la relevancia de Garcilaso, Fray Luis, San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Góngora, Lope de Vega, Quevedo y Cervantes. Así pues, para referirse a un nuevo periodo de esplendor de nuestra literatura hispánica (no solo la peninsular, sino también la hispanoamericana), empezó a utilizarse la denominación de Edad de Plata.
A la producción de estos autores se la suele dividir en tres etapas:
- Hasta 1928: influencia de las vanguardias e interés renovador.
- Desde 1928 hasta la Guerra Civil: recuperación de los contenidos humanos, sociales y políticos. Rehumanización del arte.
- Después de 1936: la mayoría en el exilio. Sus trayectorias tomaron caminos distintos.
Poesía surrealista (1929-1939)
El surrealismo es un movimiento de vanguardia que se sumerge en las profundidades del yo y trata los más íntimos sentimientos del hombre: la frustración por la imposibilidad de satisfacer los deseos, la desazón existencial, el amor. Esta tendencia tiene su origen en otro movimiento vanguardista anterior, el dadaísmo. Se relaciona con las teorías psicoanalíticas del psiquiatra austriaco Sigmund Freud, quien estudió a fondo las pulsiones y el mundo inconsciente del ser humano.
El surrealismo pretende revelarnos una realidad superior o suprarrealidad, ofreciendo una imagen totalizadora del ser humano, no sólo la que es perceptible por los sentidos, sino también su faceta oculta, la que se esconde en los estratos inferiores de la conciencia y escapa a los controles de la razón. El surrealismo es inseparable del onirismo, palabra que define todo lo relativo al mundo de los sueños. Para alcanzar sus objetivos, el surrealismo recurre a diversas técnicas, como la escritura automática o la transcripción de los sueños.
El surrealismo no solo fue una vanguardia poética. En pintura destacó de manera singular el catalán Salvador Dalí, y en el mundo del cine el genio surrealista fue, sin duda, el aragonés Luis Buñuel.
Los autores más representativos de esta tendencia poética son: Vicente Aleixandre, Rafael Alberti (con obras como Sobre los ángeles), Luis Cernuda y Federico García Lorca (sobre todo con Poeta en Nueva York, 1930).