Contexto social y literario de la posguerra
La situación social y económica tras la Guerra Civil es desoladora: muerte, exilio y represión. La novela supone un corte profundo con la tradición anterior. Quedan abandonadas las tendencias renovadoras y experimentales.
Las causas de la falta de renovación novelística fueron:
- El aislamiento político internacional.
- El exilio de escritores.
- La existencia de una censura rígida que conduce a una conciencia de autocensura; estaban prohibidas las novelas sociales de preguerra y las obras de exiliados.
Además hubo ausencia de traducciones de las grandes novelas europeas.
Años cuarenta: búsquedas y referentes
Los años cuarenta en la novela son una época de búsquedas y tanteos; el referente tradicional era solo Pío Baroja. Los autores del bando vencedor plasman los ideales del régimen: Sánchez Mazas, Rafael García Serrano, Gironella. El realismo tradicional da lugar a novelas-río, muy extensas, con autores como Zunzunegui e Ignacio Agustí (Mariona Rebull).
Renovación y tremendismo
Una corriente característica de los años cuarenta, en la posguerra, es el tremendismo y el primer impacto de un existencialismo renovador con dos obras clave: La familia de Pascual Duarte (Camilo José Cela, 1942), que inaugura el tremendismo, y Nada (Carmen Laforet, 1945).
En estas novelas se desarrollan dos temas principales: la incertidumbre de la existencia y la dificultad de comunicación entre las personas. Los personajes presentan conductas violentas; están angustiados e indecisos, con una memoria atormentada que intenta reconstruir el pasado, contando hechos en forma autobiográfica con lenguaje coloquial y estructura tradicional. Las vidas se sitúan en ambientes urbanos, como en Nada, o rurales, como en La familia de Pascual Duarte (la violencia aparece como modo natural de hacer las cosas).
Incluimos también a Miguel Delibes, con La sombra del ciprés es alargada.
Hacia los años cincuenta, la admisión de España en la ONU supone la aceptación del régimen en el exterior, menor aislamiento y mejores condiciones de vida.
El realismo social
La tendencia principal en este periodo es el realismo social, con el propósito de dar testimonio de las condiciones de vida de los españoles. La colmena de Camilo José Cela es una novela pionera: protagonista colectivo, alrededor de trescientos personajes que viven en un mundo inhabitable marcado por el aburrimiento y el hambre. Su estructura caleidoscópica presenta breves secuencias que reflejan la realidad madrileña en dos días del invierno de 1942, con desorden cronológico. La técnica narrativa predominante es el diálogo, con una mínima intervención del narrador, que narra solo aquello que enfoca.
Corrientes estéticas dentro del realismo social
Los autores muestran un talante antiburgués, crítico e inconformista. Se distinguen dos corrientes estéticas:
- Objetivismo: el narrador objetivista refleja el comportamiento externo y las palabras de los personajes sin valoración.
- Realismo crítico subjetivo: incorpora ideología y denuncia social.
Temas recurrentes: soledad, fracaso y alienación individual y colectiva. Los personajes mantienen un conflicto permanente con su entorno. La técnica narrativa dominante es el diálogo coloquial.
Narradores objetivistas destacados: Rafael Sánchez Ferlosio (El Jarama), Ignacio Aldecoa (El fulgor y la sangre) y Carmen Martín Gaite (Entre visillos). Los autores del realismo crítico incluyen a Juan Goytisolo (El mañana efímero), José Manuel Caballero Bonald (Dos días de septiembre) y Alfonso Grosso (La zanja).
Transformaciones en los años sesenta
En los años sesenta se producen cambios significativos en la sociedad española como consecuencia de la mejora de las condiciones económicas (turismo y emigración) y la subida al poder de los “tecnócratas”. Se suprime la censura previa y la renovación del Concilio Vaticano II incide en el cambio social.
A principios de década se produce una importantísima renovación de la novela, a la que contribuyeron obras como La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa, el mayor conocimiento de la narrativa extranjera y la voluntad de renovar el lenguaje narrativo.
El punto de inflexión: 1962
Tres obras muestran el cambio en la narrativa: Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos, Señas de identidad de Juan Goytisolo y Cinco horas con Mario de Miguel Delibes. Críticos señalan el año 1962 como un punto esencial en la evolución de la narrativa española, con la publicación de Tiempo de silencio, obra fundamental rupturista que deja atrás definitivamente el realismo social. Se destaca la originalidad en el tratamiento del tema, la asimilación de técnicas y recursos vanguardistas y la renovación del lenguaje.
A partir de 1962, la experimentación estructural y lingüística se compagina con el compromiso cívico y social.
Características de la novela experimental
La novela experimental presenta las siguientes características:
- El argumento se relega a un segundo plano y da cabida a lo fantástico y a lo onírico.
- Los personajes buscan su identidad y suelen fracasar.
- Riqueza lingüística y renovación de las técnicas narrativas: organización en secuencias, saltos temporales, fragmentarismo, finales abiertos, perspectivismo y la importancia del estilo indirecto libre y del monólogo interior.
En esta renovación participan autores como Camilo José Cela (San Camilo, 1936), Miguel Delibes (Cinco horas con Mario) y Gonzalo Torrente Ballester (La saga/fuga de J. B.).
La transición y la novela en los años setenta
Los años setenta traen una gran transformación de la sociedad española con la muerte de Franco en 1975 y el reinado de Juan Carlos I: fin de la censura, libertad de prensa, vuelta de los exiliados, la Constitución de 1978, elecciones y democracia.
La narrativa comienza a moderar el ímpetu experimental, que exige un lector minoritario, y tiende a tender puentes con la novela realista tradicional y con otros géneros considerados menores, como la novela negra y la ciencia ficción. Vuelve el interés por contar una historia; los temas se vuelven más intimistas y cosmopolitas y se recupera el gusto por el relato lineal, lo que acerca esta novela al gran público.
La obra emblemática de este periodo es La verdad sobre el caso Savolta, publicada en 1975 por Eduardo Mendoza.