Introducción
La novela española en el último tercio del siglo XIX vive un momento de esplendor. Entre los autores más destacados figuran: Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Palacio Valdés y Blasco Ibáñez. Técnicas en: Ricardo León y Concha Espina.
Los escritores cultivaron una novela distinta, de carácter impresionista: novelas de Unamuno, Azorín y Pío Baroja. Valle-Inclán introdujo las novedades modernistas. Aparecen otras obras de corte costumbrista, como las de Pérez Lugín, Emilio Carrere y Pedro de Répide. También se puso de moda el relato erótico de carácter naturalista y tema amoroso: Felipe Trigo y Eduardo Zamacois. Otros nombres relevantes son Pérez de Ayala, Gabriel Miró y Ramón Gómez de la Serna. De edad semejante aparece W. Fernández Flórez, vinculado a la novela regionalista y costumbrista.
Posteriormente irrumpió una novela de carácter intelectual: Jarnés, Rosa Chacel y Max Aub. En la década de los treinta apareció la novela nuevamente realista, de testimonio social y análisis político: Arconada, Andrés Carranque y Sender.
Pío Baroja
Vida
- Nació en San Sebastián en 1872. Estudió medicina en Madrid, pero ejerció poco tiempo como médico, en Cestona.
- Volvió a Madrid para regentar la panadería de una tía suya, pero se entregó de lleno a su vocación literaria. Publica sus primeros libros en 1900. Fue una etapa de intensa labor (aparte de varios viajes) hasta 1911, fecha de El árbol de la ciencia; publica diecisiete novelas que constituyen lo más importante de su producción.
- Su vida, consagrada a escribir, fue cada vez más sedentaria. En 1935 ingresó en la Real Academia Española. La Guerra Civil le sorprendió en el País Vasco, desde donde pasó a Francia. En 1940 se instaló de nuevo en Madrid y recuperó su vida sosegada y su quehacer cotidiano. Pero su capacidad creadora fue agotándose. Murió en 1956.
- Fue un hombre de talante solitario y a menudo amargado. El mismo se incluyó entre quienes tienen más sensibilidad de la necesaria. Su timidez y su espíritu de independencia le hicieron rechazar el matrimonio, a la vez que fustigaba la prostitución.
- Ello explica en buena parte su pesimismo sobre el hombre y el mundo; sin embargo, también fue capaz de sentir una intensa ternura por los marginados.
- Esta mezcla de pesimismo y sinceridad completa los rasgos fundamentales de su temperamento. No quería engañar ni engañarse. Su esperanza en una sociedad mejor fue cada vez menor; tuvo, eso sí, una gran añoranza de acción.
El estilo
Ha sido frecuente afirmar que Baroja «escribe mal». Azorín dijo que tenía un «gran estilo». Son evidentes sus incorrecciones gramaticales, que él mismo atribuía a su origen. No obstante, su estilo es coherente con su ideal de espontaneidad y lleva al extremo la tendencia antirretórica de los noventayochistas.
- Por otra parte, su estilo es coherente con su ideal de espontaneidad y la voluntad de evitar la retórica.
- El resultado de esa voluntad es una prosa rápida, nerviosa y vivísima.
- Junto a ello, su estilo tiene un tono a menudo agrio, que corresponde a su temperamento amargado; se manifiesta en expresiones contundentes y a veces feroces, que contrastan con apariciones de ternura.
- Aspectos concretos de su orientación estilística: preferencia por la frase corta y el párrafo breve.
- Todo lo dicho explica la viveza y la amenidad del relato. El relieve de sus descripciones se logra mediante pinturas rápidas, hechas de pinceladas escuetas que producen una intensa impresión de realidad.
- Naturalidad y autenticidad conversacional en los diálogos.
Su concepción de la novela
- Para él la novela es «un género multiforme, proteico»: lo abarca todo. Estamos pues ante la típica novela abierta.
- Declarada despreocupación por la composición. Estaba en contra de los novelistas que parten de «un argumento cerrado». Sus novelas presentan muchos cambios. Llegó a afirmar que «una novela es posible sin argumento». Lo que le importa son los episodios, las anécdotas, las digresiones… tampoco le preocupa la unidad.
- La invención y la imaginación disponibles eran para él las cualidades supremas del novelista y, junto a ello, la observación.
- Sus obras «no quieren probar una tesis». Eso no significa que de ellas no se desprenda una concepción de la vida.
Su obra. Las novelas
Fue Baroja un escritor fecundísimo. Solo sus novelas pasan de sesenta, escritas a razón de dos por año. Treinta y cuatro de ellas se agrupan en trilogías, cuyos títulos indican el rasgo común de las novelas.
- Tierra vasca: La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz y Zalacaín el aventurero. Su unidad está dada por el ambiente. Zalacaín es, según Baroja, la más pulcra y bonita de sus novelas; cuenta las andanzas de un típico «hombre de acción» en medio de la última guerra carlista.
- La vida fantástica: aventuras, inventos y mistificaciones de Silvestre Paradox — Camino de perfección y Paradox. El protagonista de la segunda, Fernando Ossorio, encarna la angustia existencial y el anhelo de hallar un sentido a la vida. Las otras novelas tienen como protagonista al insólito Paradox, simpático y anárquico.
- La lucha por la vida: La busca, Mala hierba y Aurora roja. La primera es la obra más intensa del autor; ofrece un panorama de los barrios más míseros de Madrid.
- La raza: pertenecen El árbol de la ciencia, La dama errante y La ciudad de la niebla.
- Las ciudades: César o nada, El mundo es así y La sensualidad pervertida. Destaca la primera, cuyo protagonista es el hombre enérgico que se enfrenta con el ambiente muerto y degradado de una ciudad provinciana y terminará vencido.
- El mar: se compone excepcionalmente de cuatro novelas: Las inquietudes de Shanti Andía, El laberinto de las sirenas, Los pilotos de altura y La estrella del capitán Chimista. La que inicia la serie presenta el tipo de marino vasco y ofrece numerosas anécdotas y personajes que conforman un ambiente marinero.
Entre 1913 y 1935, Baroja se consagró a desarrollar una serie narrativa más extensa titulada Memorias de un hombre de acción, integrada por 22 novelas cuyo protagonista es Eugenio de Aviraneta, aventurero del siglo XIX y antepasado ficticio del autor.