1. Introducción de los dos temas
Ilustración y Neoclasicismo: El humanismo, que desde el s. XIV dio origen al Renacimiento primero y al Barroco después, se asentó fértilmente durante la segunda mitad del s. XVI en la literatura francesa e italiana. De este modo, mientras que en países como España se desarrolló durante el s. XVII la estética del Barroco en toda su plenitud, en otros países la tendencia clasicista procedente del humanismo renacentista derivó hacia nuevos planteamientos estéticos que, como reacción a los excesos barrocos, intensificaron los principios del clasicismo, tomando como denominación el término de Neoclasicismo. Esta nueva propuesta estética y literaria procedente de Italia y, sobre todo, de Francia, irá afectando progresivamente al resto de las literaturas europeas a través de los llamados movimientos neoclásicos.
Así, podemos decir que el Neoclasicismo es la respuesta estética al Barroco. Esta reacción estética solo puede entenderse bajo los principios de un pensamiento moderno que en el s. XVIII adoptó la forma del racionalismo cartesiano y del empirismo, de carácter altamente cientificista y pragmático, que responde al nombre de Ilustración. Por lo tanto, podemos afirmar que el Neoclasicismo es la estética del pensamiento ilustrado.
El Romanticismo:
En el último tercio del s. XVIII ocurren una serie de acontecimientos políticos y culturales que van a definir la esencia del s. XIX. Por decirlo de forma sintética: en estas últimas décadas del siglo de las Luces Europa se acostó absolutista y neoclásica y despertó democrática y romántica. El cambio se produjo sobre todo en Alemania e Inglaterra, desde donde se irradiará el nuevo espíritu hacia el resto de las naciones europeas. En España poco o nada se aportó en este proceso, salvo la especial contribución desde el punto de vista pictórico de Goya y la figura intelectual de Cadalso. En consecuencia, el Romanticismo será la expresión del pensamiento y la estética del siglo XIX. El Romanticismo apareció como una auténtica revolución trascendental que lo cambió todo; no solo el arte y la literatura, sino también la política, la sociedad, las ideologías, la filosofía, la moral e incluso, según algunos, nuestra forma de expresar y sentir el amor.
2. Características del Neoclasicismo
Culto a la razón: Los artistas y escritores neoclásicos vieron en la razón el referente y la luz que debía guiar cualquier creación humana y artística. Este racionalismo neoclásico hay que entenderlo en un sentido cartesiano, es decir, metódico. La razón debe someterse a un método. En el caso del arte y la literatura, el método viene determinado por los preceptos: un conjunto de reglas y normas que el artista debe aceptar y respetar de antemano. Los preceptos literarios serán redactados en poéticas.
Imitación de autores clásicos grecolatinos: Según los neoclásicos, quienes deciden las reglas que garantizan la mayor calidad artística son los grandes referentes de la literatura clásica: Homero, Séneca… quienes alcanzaron la gloria y la más alta cumbre del arte. Justamente su pervivencia en el mundo lo atestigua. De este modo, la imitación de autores clásicos elevados al rango de modelos es el fundamento que determina las reglas del arte neoclásico.
La regla de las tres unidades: En el género teatral hay una regla de especial importancia conocida como la regla de las tres unidades (R3U). Así, siguiendo el dictado de Aristóteles y los grandes autores trágicos griegos, la obra debía mantener una unidad de acción conforme a la cual debía desarrollarse una sola trama a riesgo de quedar desintegrada en argumentos variopintos. A esta unidad de acción se le suman otras dos: la unidad de espacio y la unidad de tiempo.
3. Pregunta del «Sí de las niñas» para relacionarlo con el Neoclasicismo
3. Pregunta del «Sí de las niñas» para relacionarlo con el Neoclasicismo.
4. Características del Romanticismo
Subjetivismo: Para entenderlo hay que tomar en consideración a Kant y a la filosofía idealista posterior. Estos filósofos entienden el mundo tal y como lo conocemos más a través de nuestras categorías de pensamiento (fenómeno) que por sí mismo (noúmeno). Este planteamiento inspirará a los poetas alemanes de la escuela Sturm und Drang, quienes situarán el foro creativo en la subjetividad del artista antes que en la realidad objetiva del mundo, tal y como pretendieron los artistas neoclásicos.
b. Lo sublime: Como consecuencia del subjetivismo, los valores estéticos clásicos entraron en crisis. Para los clásicos, la belleza es algo objetivo, una categoría estable que se puede alcanzar siguiendo unas normas; en definitiva, la belleza es preceptiva. Para los románticos, la belleza, como el mundo, es subjetiva, pues depende del yo que la percibe y se caracteriza por ser una categoría inestable. Este concepto romántico de la belleza, que contrasta con su concepción clásica, fue denominado lo sublime. El artista romántico no buscará la belleza en su sentido clásico; buscará lo sublime.
c. La originalidad: Como consecuencia de lo anterior, el concepto romántico de la originalidad creativa cambia radicalmente. Si para el artista clásico ser original equivalía a imitar a la perfección a los grandes maestros de la Antigüedad, para el romántico la originalidad es, por el contrario, la capacidad de transmitir una visión íntima, personal, única y subjetiva del mundo. Esto se conoce como la estética del genio creador: los artistas imitan; el verdadero artista no imita.
d. Libertad creadora: Para poder ejercer su propia subjetividad en el mundo, el artista romántico necesita una total libertad creativa. En este sentido, los escritores románticos redescubrieron el valor poético de recursos renovados como la metáfora o la analogía, liberados de los estereotipos del pasado, e introdujeron conceptos nuevos como la intuición poética.
e. El mal de siglo: La pura subjetividad y la inmersión en la realidad condujeron a los artistas románticos a un desarraigo vital, una melancolía perpetua que los convertía en figuras antisociales; en ocasiones traspasaron los límites de la cordura y llegaron al suicidio como expresión radical de su desesperación.
f. Inspiración popular: Una fuente común de inspiración literaria fue de origen popular (oral). Los románticos pensaron que en la tradición popular residían los valores más puros del pueblo. Por ello es habitual encontrar referencias al contexto de la Edad Media.
g. Paisaje romántico: Aparece un nuevo sentimiento hacia la naturaleza que contrasta con la idealización del locus amoenus. Para los románticos resultan más atractivos los paisajes de inspiración melancólica: un atardecer, jardines solitarios con lluvia, una campiña con nubes grises… En otras ocasiones los paisajes se transmitían en los tópicos del locus agrestis y el locus horrendus.
h. El byronismo y el satanismo: Satán representa al ángel caído del cielo que se rebeló contra Dios sin dar su brazo a torcer. Los románticos se identificaron mitológicamente a través de una estética que reivindicaba el orgullo de no someterse a ninguna ley, norma o tirano. Este satanismo entroncó con el estilo del poeta Lord Byron, de donde procede el Byronismo.
6. Interpretación del romanticismo español
Hay dos interpretaciones del Romanticismo en España. La primera sostiene que las nuevas ideas llegaron procedentes de Alemania, Inglaterra y Francia tardíamente y, además, fueron reorientadas hacia un conservadurismo ideológico, de manera que el Romanticismo español no fue capaz de expresar toda la radicalidad que este movimiento traía consigo. Solo en unos pocos casos podemos hablar de románticos en el pleno sentido de la palabra: Larra, Espronceda, Bécquer… La segunda, por el contrario, afirma la existencia de un Romanticismo español genuino y anterior incluso a los movimientos románticos europeos. Según esta idea, el Romanticismo español es el resultado de la evolución natural de nuestro Barroco del siglo XVII, que manifestó sus primeros síntomas prerrománticos durante el siglo XVIII.
7. Identificar autores y obras
Ángel de Saavedra, duque de Rivas: Leyendas; Don Álvaro; La fuerza del sino.
José Zorrilla: El zapatero y el rey; Traidor, inconfeso y mártir. Su obra más importante fue Don Juan Tenorio.
Francisco Martínez de la Rosa: Aben Humeya; La conjuración de Venecia.
Antonio García Gutiérrez: El trovador.
Juan Eugenio Hartzenbusch: Los amantes de Teruel.