Pío Baroja y la Generación del 98
Madrid, lugares que conocía bien. Su estilo es espontáneo y antirretórico, poco preocupado por las normas académicas; prefiere la frase corta y el párrafo breve; su ideal es la claridad, la precisión y la rapidez.
Personajes Barojianos: Acción y Abulia
Sus personajes reaccionan de dos maneras:
- Unos son hombres de acción, que luchan por escapar de la mediocridad cotidiana, como Zalacaín.
- Otros, desorientados y abúlicos, se plantean el sentido de la existencia y son incapaces de actuar, como Andrés Hurtado.
Ambos acaban fracasando.
Obra Fecunda y Trilogías
Fue un escritor muy fecundo, con más de 60 novelas, 34 de ellas agrupadas en trilogías, entre las que destacan:
- Tierra vasca, a la que pertenece Zalacaín el aventurero.
- La lucha por la vida, cuya novela inicial es La busca.
- La raza, de la que forma parte El árbol de la ciencia.
Entre 1913-1935 se consagró preferentemente a desarrollar una serie narrativa más extensa, Memorias de un hombre de acción, integrada por 22 novelas, cuyo protagonista es Eugenio de Avinareta, dinámico personaje antepasado del autor. Escribió, además, numerosos cuentos y novelas cortas, ensayos y biografías, así como sus Memorias en 7 volúmenes, llenos de recuerdos, juicios, opiniones estéticas y morales. Su influencia en la novelística posterior se advierte en autores como Cela.
Miguel de Unamuno: Razón, Fe y Existencia
También vasco, Miguel de Unamuno estuvo ligado a la Universidad de Salamanca, donde primero fue catedrático de griego y, más tarde, rector. Se convirtió, entonces, en un hombre público, cuyas opiniones, en conferencias y artículos, tenían inmediata resonancia, dentro y fuera de España.
Cultivó todos los géneros de su tiempo: ensayo, novela, teatro… En su obra trata, entre otros, dos grandes temas:
Temas Centrales en la Obra de Unamuno
- España y lo español: Partiendo de postulados regeneracionistas, aboga por la modernización del país, por emprender caminos que resuelvan el atraso histórico.
- El problema de la existencia humana: El deseo de inmortalidad es su preocupación central. La fe religiosa le da solución al problema de la muerte y del más allá, pero su mente analítica y razonadora le impide considerar esa solución como satisfactoria. De ahí la lucha entre razón y fe y la búsqueda de una forma de supervivencia eterna a través de sus ideas, expresadas en sus obras.
La Renovación Narrativa: La Nivola
Su primera novela, Paz en la guerra, está basada en su experiencia en el sitio de Bilbao por los carlistas. Le siguen Amor y pedagogía y Niebla, en la que Unamuno plantea los problemas de la existencia y de la personalidad humana, así como los límites entre la ficción y la realidad. Esta obra es subtitulada Nivola, ante la acusación de los críticos de que no escribía novelas. Con ella intenta renovar la técnica narrativa. Además, escribió Abel Sánchez, sobre el tema de la envidia, y La tía Tula. Entre sus novelas cortas destaca San Manuel Bueno, mártir (1931).
La Generación del 14
En la Generación del 14 destacan:
Ramón Pérez de Ayala: De lo Autobiográfico a la Novela Intelectual
El asturiano Ramón Pérez de Ayala evoluciona de un relato autobiográfico (Tinieblas en las cumbres) a una «novela intelectual» con Tigre Juan y El curandero de su honra, historias sobre el amor y el honor, la hombría y el donjuanismo.
Gabriel Miró: Sensaciones y Paisaje Alicantino
Gabriel Miró, escritor que poseía una gran capacidad para captar sensaciones: luz y color, aromas, sonidos, sabores, a lo que no es ajena su tierra alicantina, en obras como Nuestro Padre San Daniel y El obispo leproso.
La Novela en Tiempos de Guerra y Exilio
La Guerra Civil y la Contienda Ideológica
Con el estallido de la Guerra Civil, pocos permanecen neutrales. En plena contienda escribieron, entre otros, novelistas como:
- Agustín de Foxá, escritor conservador (Madrid de corte a checa).
- Arturo Barea, contrapunto ideológico del anterior (La forja de una rebelde).
El Exilio Intelectual
A raíz de la Guerra Civil fueron muchos los intelectuales que abandonaron el país y se exiliaron a Europa y América. Debieron, por tanto, aclimatarse a una nueva realidad, a países y culturas distintas. Entre ellos sobresalen el recientemente fallecido Francisco Ayala, Ramón J. Sénder o Rosa Chacel.
La Novela de Posguerra (Década de los 40)
Años de Convalecencia y Desorientación
En España, los primeros años de la posguerra son años de convalecencia, de desorientación, ya que se ha roto con la tradición inmediata, a causa de la muerte o el exilio de los novelistas anteriores, salvo Baroja, figura venerada por los más jóvenes. Las causas literarias que influyen, además, en esta desorientación son:
- La rígida censura.
- La crítica falta de rigor.
- La difusión de una literatura escapista, para olvidar la dura realidad del momento.
Características de la Novela Existencial
La novela de la década de los 40, llamada también novela existencial, presenta estas características:
- El reflejo amargo de la vida cotidiana, de la existencia conflictiva del individuo, de ahí que los grandes temas sean la angustia, la soledad, la inadaptación, la frustración y la muerte.
- Los personajes son o marginales y desarraigados o desorientados y angustiados, lo que refleja el malestar del momento.
- Los ambientes retratan, con preferencia, la ciudad, bien la grande y caótica, bien la pequeña y ahogada ciudad de provincias.
Hitos de la Recuperación Narrativa
Dos fechas suelen señalarse como inicios de la recuperación del género:
1942: El Tremendismo de Cela
Año en que se publica La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela, novela con la que inicia una corriente llamada Tremendismo, basada en la selección de los aspectos más duros y degradantes de la vida. Cuenta, en primera persona, la vida de un hombre que, a punto de ser ejecutado por matricida, escribe sobre los momentos más significativos de su vida, condicionada por el medio social. De su lectura se deduce un hondo pesimismo en su visión del hombre y del mundo.
1945: El Vacío Existencial de Laforet
Año en que Carmen Laforet gana el premio Nadal con Nada, novela que narra la llegada de Andrea a Barcelona para comenzar sus estudios universitarios. Allí vive con parte de su familia, en un ambiente sórdido de mezquindad, de histeria, de ilusiones fracasadas, de vacío… que envuelve la ciudad y a los personajes en una gran desolación.