Evolución de la Poesía Española de Posguerra: de 1939 a los Años 70

La poesía española desde 1939 a los años 70

La Guerra Civil cambia drásticamente el panorama de la poesía española. Algunos poetas fundamentales fallecen durante el conflicto (como Federico García Lorca) y otros deben partir al exilio (como Luis Cernuda). No obstante, autores de gran relevancia como Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y Gerardo Diego permanecen en España e influirán notablemente en los poetas de la posguerra, un periodo caracterizado políticamente por la dictadura de Franco.

La figura más destacada de la poesía de los años cuarenta es Miguel Hernández. Los años cincuenta suponen un incipiente desarrollo industrial para España; de la nueva situación socioeconómica de los ciudadanos de aquella época pretende dar testimonio la poesía social. Desde un punto de vista exterior, contribuye a este cambio la evolución de la sociedad española, el fin de la autarquía económica y el aislamiento internacional que sufrió nuestro país durante la dictadura.

1. Panorama poético desde 1939: Miguel Hernández

En esta década coinciden autores de diferentes promociones, como Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre (pertenecientes al Grupo Poético del 27), junto a escuelas poéticas que optaban por una lírica clasicista o por la expresión de temas de manera trágica y testimonial, conocida como poesía desarraigada.

La figura más destacada de este primer periodo de posguerra es Miguel Hernández, quien conjuga las técnicas clásicas y vanguardistas con la tradición popular. Su influencia será decisiva para la poesía social posterior. Algunas de sus obras más importantes son:

  • Perito en lunas
  • El rayo que no cesa (del cual destaca la famosa «Elegía a Ramón Sijé»)

En estos dos primeros poemarios, los temas centrales son la vida, el amor y la muerte. Por otro lado, en Cancionero y romancero de ausencias, compuesto en prisión, los temas que destacan son la situación del prisionero, el amor a su esposa y a su hijo. Es especialmente célebre el poema «Nanas de la cebolla».

2. Poesía testimonial (Década de 1940)

Durante los años cuarenta se cultivan en nuestro país dos tendencias poéticas contrapuestas:

  • Poesía arraigada: De corte clasicista, optimista y formas tradicionales.
  • Poesía desarraigada: De corte testimonial y existencial, con un tono trágico y expresión sencilla.

La poesía conocida como arraigada se reúne en torno a las publicaciones Escorial y Garcilaso, y pretende volver a las formas clásicas. Cultivaron esta tendencia autores como Dionisio Ridruejo y Luis Rosales.

El resultado de la vertiente opuesta es una poesía testimonial, pues indaga en la situación existencial e histórica del hombre que transmite sus angustias en primera persona y que se siente comprometido con la problemática de un mundo deshecho y caótico en la España de posguerra.

En 1944 se publican dos libros fundamentales: Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, y Sombra del paraíso, de Vicente Aleixandre. Sombra del paraíso supuso la salida de Aleixandre de un prolongado silencio; el libro ofrece una cosmovisión panteísta, con cierto tono neorromántico, escrito desde la pasión y la emoción poética, lejos de todo convencionalismo.

3. La poesía social (Década de 1950)

Cultivada por poetas como Gabriel Celaya, José Hierro o Blas de Otero, esta corriente muestra un humanismo desgarrado, la angustia existencial y el drama del hombre y de España. Desde el punto de vista formal, estos autores rechazan el esteticismo y pretenden llegar a un público más amplio.

La poesía de este período se nutre de contenidos de índole moral que expresan problemas sociales y políticos, pretendiendo ser un instrumento para transformar la sociedad. Es necesario observar las causas que permitieron el cultivo de esta tendencia, tales como la situación nacional y europea al término de la Segunda Guerra Mundial y las tensiones de la Guerra Fría.

Los presupuestos estéticos de la poesía social dejan claramente de manifiesto el tema que quieren tratar: una poesía estructuralmente reiterativa y con vocación de sencillez y comunicabilidad. Vuelve a abordar el tema de la situación de España, la injusticia y la solidaridad de los seres individuales insertados en la sociedad. Entre las obras más importantes destacan:

  • Cantos íberos de Gabriel Celaya.
  • Quinta del 42 de José Hierro.
  • Pido la paz y la palabra de Blas de Otero.

4. Poesía del conocimiento

En torno a la figura de Antonio Machado se reúne un grupo de poetas que, como él, comparten la idea de que la poesía es una forma de conocimiento para transmitir sentimientos y descubrir nuevas perspectivas del ser humano y del mundo.

Este es también el planteamiento de la creación poética de José Ángel Valente: el poema se convierte en una exigente labor de conocimiento propio y del entorno. Los temas cultivados en esta tendencia parten de la subjetividad y de la expresión personal. El realismo y la atención a lo cotidiano se mantienen, preservando una actitud cívica y comprometida, donde se hacen presentes igualmente el humor y la ironía.

La poesía del conocimiento propone la dignificación del lenguaje poético; el poema es una forma de comunicación que necesita estar sujeta a la métrica y la retórica. Destacamos Moralidades, influido por Luis Cernuda e integrado en la obra poética completa de Jaime Gil de Biedma titulada Las personas del verbo.

5. Conclusiones

El panorama poético de este periodo configura diversas tendencias imprescindibles para comprender la poesía posterior. En él sobresalen figuras de generaciones anteriores como Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre, cuya trayectoria sería reconocida con el Premio Nobel en 1977.

El modelo que influirá en la poesía de las décadas siguientes es la propuesta de la poesía como medio de comunicación y de conocimiento, principios que adoptarán autores fundamentales como Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente o Caballero Bonald.