1. De la sociedad estamental al modelo liberal
El viejo orden
El Antiguo Régimen: Antes del siglo XIX, España vivía en el Antiguo Régimen, una sociedad dividida en estamentos. Era un sistema injusto: los nobles y la Iglesia no pagaban impuestos y tenían leyes propias; los campesinos y la burguesía cargaban con los gastos y no tenían poder político.
El cambio con Cádiz (1812)
La crisis napoleónica y la Constitución de Cádiz: La invasión de Napoleón en 1808 obligó a los españoles a reorganizarse. En las Cortes de Cádiz se redactó la primera Constitución (1812), que rompió con el pasado. Se pasó de un rey con poder absoluto a la soberanía nacional (el poder residía en la nación).
Igualdad ante la ley
Fin de los privilegios por nacimiento: La Constitución de Cádiz eliminó las diferencias legales por nacimiento. Proclamó que todos los españoles eran iguales ante la ley y tenían derechos como la libertad y la propiedad. Supuso el fin de los privilegios de «sangre».
Leyes para liberar la tierra
Medidas liberales: Para que el nuevo modelo funcionara, los liberales atacaron el poder económico de la nobleza y la Iglesia mediante varias medidas:
- Abolición de señoríos: Los nobles dejaron de ejercer funciones jurisdiccionales y señoriales sobre sus pueblos.
- Desamortizaciones: Se expropiaron bienes de la Iglesia para venderlos en subasta, con el objetivo de crear una clase de propietarios que apoyara al Estado.
- Fin de los mayorazgos: Se permitió que las propiedades de la nobleza pudieran venderse o dividirse, en lugar de transmitirse siempre íntegramente al primogénito.
Resistencia y realidad
Reacción realista: Estos cambios no fueron fáciles ni inmediatos. Fernando VII intentó restaurar el absolutismo, persiguiendo a los liberales. Aunque las leyes proclamaban la igualdad, la realidad fue distinta: los campesinos siguieron pobres y el poder pasó de la vieja nobleza a una nueva burguesía adinerada.
Conclusión
Una revolución legal con límites sociales: La transición fue una «revolución legal»: se eliminaron las leyes feudales y se creó un Estado más moderno y centralizado, pero las desigualdades económicas continuaron. Como se decía en la época, la ley podía otorgar libertad formal, pero no garantizaba el sustento ni la igualdad real.
2. La sociedad de clases
Un nuevo criterio: el dinero
De estamentos a clases: En el siglo XIX, España dejó de dividirse oficialmente por nacimiento (estamentos) y pasó a dividirse por riqueza (clases). La ley proclamaba la igualdad, pero el poder real quedó en manos de quienes poseían tierras, fábricas o capital. Como dijo Joaquín Costa: «se cambió el privilegio de sangre por el de oro».
Principales grupos sociales
- Alta burguesía: Se convirtió en la clase dominante. Incluía banqueros, grandes comerciantes, industriales y algunos nobles acomodados. Controlaban la política gracias al voto censitario y defendían la propiedad como base del orden y la libertad.
- Clases medias (meritocracia): Grupo variado de abogados, médicos y pequeños comerciantes. Representaban el esfuerzo y la educación como vías de ascenso social. Tenían influencia en las ciudades y apoyaban las libertades, aunque vivían con miedo a las crisis económicas.
- Proletariado (obreros): Novedad del siglo: trabajadores de fábricas y minas sin propiedades, que vivían del salario y en condiciones muchas veces miserables. En regiones como Cataluña y el País Vasco, surgieron identidades obreras fuertes para luchar por derechos.
- Campesinado: La mayoría seguía viviendo en el campo. Las reformas liberales no les dieron acceso real a la tierra; muchas parcelas se concentraron en pocos propietarios. Muchos campesinos pasaron a ser jornaleros y vivían en la miseria, lo que provocó revueltas en zonas como Andalucía.
Brecha educativa y cultural
El muro de la educación: La educación fue un factor clave de desigualdad. Mientras los ricos podían formarse en universidades, en 1860 alrededor del 65% de los españoles era analfabeto. Esto impidió a las clases bajas participar plenamente en la vida política y facilitó el control social por parte de la burguesía.
Conclusión
Un liberalismo dinámico pero desigual: El liberalismo creó una sociedad dinámica pero profundamente desigual. Mientras la burguesía proclamaba progreso, en los barrios obreros crecían corrientes como el socialismo y el anarquismo, preparando el terreno para los grandes conflictos sociales del cambio de siglo.
3. La cuestión agraria
El peso de la tierra
Agricultura predominante: En el siglo XIX, España era aún un país casi totalmente agrícola. La tierra estaba en manos «muertas» (la Iglesia) o vinculada a la nobleza, lo que limitaba su compra y venta y su modernización. Como señaló Jovellanos, la tierra se explotaba para cobrar rentas y no para producir con eficiencia.
Desamortizaciones
Medidas y objetivo: Gobiernos liberales llevaron a cabo desamortizaciones para expropiar tierras de la Iglesia (Mendizábal, 1836) y de los ayuntamientos (Madoz, 1855) y venderlas en subasta pública. El objetivo era obtener ingresos para el Estado y crear una clase media de pequeños propietarios.
Fracaso social
Resultados prácticos: En la práctica, las subastas las ganaron quienes ya contaban con capital. Los campesinos pobres no pudieron comprar tierras por falta de ahorros. La propiedad no se repartió equitativamente; muchas tierras cambiaron de manos o se concentraron aún más. La desamortización, en muchos casos, consolidó a los antiguos propietarios con nuevas bases legales.
El drama de los bienes comunes
Pérdida de derechos de uso: Al venderse tierras municipales, los campesinos perdieron el acceso a pastos, leña o caza necesarios para su subsistencia. Esto aumentó la pobreza rural y convirtió a muchos en jornaleros dependientes.
España agraria y regionalismos
Diversidad regional: La estructura de la propiedad varió según las regiones: en el sur (Andalucía y Extremadura) predominó el latifundismo; en el norte (Galicia y Cantabria) el minifundio, con parcelas tan pequeñas que no permitían subsistencia y provocaron emigración.
Falta de modernización
Retraso tecnológico: Mientras otras partes de Europa avanzaban en una revolución agraria mecanizada, España siguió dependiendo de mano de obra abundante y barata. El campo se convirtió en foco de conflictos sociales y hambre; Joaquín Costa lo calificó como una «rémora feudal disfrazada de legalidad liberal».
Conclusión
Reformas sin transformación social: Las reformas liberales eliminaron formalmente las estructuras feudales, pero no transformaron la realidad social. El campo quedó en manos de una minoría poderosa que defendió sus rentas, dejando a millones de campesinos en la exclusión.
4. El desarrollo de la industria
Una industrialización fragmentada
Proceso desigual: A diferencia de Inglaterra o Francia, la revolución industrial en España fue tardía y limitada a zonas concretas. El país seguía siendo mayoritariamente agrícola, faltaba capital y el mercado interno era débil por la pobreza general.
El motor textil catalán
Industria del algodón: Cataluña fue la región más avanzada industrialmente. Una burguesía emprendedora mecanizó las fábricas textiles. Para protegerse de la competencia británica, solicitaron medidas proteccionistas (aranceles) que favorecieran la producción local dirigida al mercado español y colonial.
Minería y capital extranjero
Explotación de recursos: España contaba con abundantes recursos minerales. Con la Ley de Minas (1868) se facilitó la inversión extranjera en el subsuelo. Esto aportó tecnología, pero muchos beneficios se exportaron, configurando una economía extractiva que no siempre impulsó el desarrollo local.
El hierro vasco
Siderurgia y comercio: En el País Vasco nació una importante industria siderúrgica. Se aprovechó el hierro de calidad para el comercio exterior y, a la vez, se importó carbón británico más barato. En el texto se menciona que en 1882 nació Altos Hornos de Vizcaya, lo que contribuyó a convertir a Bilbao en un centro industrial y financiero.
Fiebre del ferrocarril
Conectividad y limitaciones: El ferrocarril debía unir España. La Ley de 1855 impulsó la construcción de miles de kilómetros, pero hubo errores técnicos y económicos: se adoptó un ancho de vía distinto al europeo (lo que dificultó la interoperabilidad) y la red se diseñó de forma radial —centrada en Madrid—. Aunque facilitó el transporte de mercancías, muchas líneas no fueron rentables.
Conclusión
Una España dual: A finales del siglo, España era una suma de realidades: una periferia industrializada (Cataluña, País Vasco, Asturias) que crecía y se modernizaba, frente a un interior agrícola estancado. En resumen: España tuvo industrias importantes, pero no llegó a consolidarse como un país plenamente industrializado.
7. El movimiento obrero
Un camino difícil
Represión y control: Durante la Restauración, el régimen de Cánovas garantizó orden, pero fue duro con los trabajadores. Las leyes solo permitían asociaciones obreras que no molestaran demasiado; si se excedían, el Estado respondía con represión, detenciones y censura.
El anarquismo
Corriente mayoritaria en ciertos ámbitos: El anarquismo fue muy influyente en el campo andaluz y en fábricas catalanas. Muchos anarquistas rechazaban la participación política y buscaban destruir el Estado mediante huelgas y atentados. El gobierno respondió con mano dura y torturas, como en el caso de Montjuïc (1897), donde muchos inocentes fueron castigados para frenar lo que se consideraba el «peligro anarquista».
El socialismo
Organización y acción política: Pablo Iglesias fundó el PSOE (1879) y el sindicato UGT (1888). A diferencia de los anarquistas, los socialistas apostaban por la organización pacífica, la participación electoral y la negociación para obtener mejoras laborales. Su lema priorizaba la justicia y la educación frente a la violencia.
Andalucía y el hambre
Revuelta y represión: En el sur, los jornaleros vivían en condiciones extremas de pobreza, lo que provocó revueltas —por ejemplo, el intento de toma de Jerez en 1892—. El Estado respondió con represión y ejecuciones; el problema de fondo era la falta de tierras y alimentos, que la policía no podía solucionar por sí sola.
Hitos de la lucha obrera
Organización y conciencia: A pesar de la represión, los trabajadores se organizaron. En 1890 se celebró el primer 1 de mayo en España para reivindicar derechos laborales. Se crearon espacios propios como Casas del Pueblo y ateneos, donde se alfabetizaban, debatían política y se ayudaban mutuamente.
Conclusión
El movimiento obrero como actor político: A finales del siglo XIX, el movimiento obrero dejó de ser un grupo marginal para convertirse en un actor social y político relevante. Divididos entre anarquistas y socialistas, ambos contribuyeron a forjar una identidad obrera que cuestionaba el dominio de las clases propietarias. Para figuras como Pablo Iglesias, los trabajadores eran «la esperanza de una España más justa».
8. Crisis del fin de siglo: el fracaso del modelo liberal
Un balance negativo
Desencanto con la modernización: Al terminar el siglo XIX, España comprobó que su modernización había sido en buena medida un espejismo. Aunque se habían eliminado los privilegios nobiliarios, el país seguía siendo pobre, analfabeto y muy desigual. El liberalismo no había desembocado en una democracia real, sino en un sistema controlado por una minoría (oligarquía) que utilizaba el caciquismo para manipular las elecciones.
Atraso económico comparado
Retraso respecto a Europa: Mientras el resto de Europa avanzaba con la Revolución Industrial, España se quedaba atrás: alrededor del 50% de la población seguía trabajando en el campo. En 1900, el nivel de riqueza de un español medio equivalía aproximadamente al de un francés de seis décadas antes. España era, en muchos aspectos, la periferia de Europa.
Desigualdad extrema
Concentración del poder económico: La sociedad de clases no resultó más justa que la antigua sociedad estamental. Propietarios de tierras y banqueros controlaban la economía; las clases medias vivían con miedo a la pobreza y los obreros trabajaban largas jornadas sin protecciones laborales. Esta injusticia alimentó huelgas, protestas y atentados, especialmente en ciudades industriales como Barcelona.
El golpe de 1898
Pérdida colonial y repercusiones: La derrota y la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898 supusieron un golpe de gran alcance: fue una humillación militar y un desastre económico, al perderse mercados importantes para la industria catalana. Este hecho demostró que el sistema político de la Restauración estaba agotado y que España necesitaba cambios profundos.
Regeneracionismo
Propuestas de renovación: Intelectuales como Joaquín Costa reclamaron soluciones drásticas. Abogaron por «escuela y despensa»: mejorar la educación y la alimentación como condición indispensable para la modernización. Denunciaban que el Estado liberal era una fachada que no resolvía los problemas reales del país.
Conclusión
Una nación en busca de salida: España entró en el siglo XX con una sociedad fragmentada y un sistema político que no representaba a la mayoría. La crisis de 1898 fue más síntoma que causa: puso en evidencia que el modelo de Cánovas ya no funcionaba. Como escribió Unamuno —»Me duele España»—, la nación estaba herida pero buscaba con urgencia un camino hacia la regeneración.