Historia de España: De Al-Ándalus a la Democracia Moderna

Al-Ándalus: Conquista Musulmana, Emirato y Califato de Córdoba

La llegada de los musulmanes a la Península Ibérica se debió a la crisis interna de la monarquía visigoda y a la expansión del Islam. La muerte de Witiza y la llegada al trono de Don Rodrigo provocaron una guerra civil por intereses políticos, que fue aprovechada por los musulmanes. Dirigidos por Tariq, los musulmanes derrotaron a Don Rodrigo en la batalla de Guadalete (711). En solo tres años conquistaron la península, pero el control islámico del norte peninsular fue muy débil.

Al-Ándalus pasó por distintas fases en su organización política:

  • Emirato dependiente (711-756): Hispania se convirtió en una provincia del Imperio islámico llamada Al-Ándalus, con capital en Córdoba. Hubo una fuerte inestabilidad.
  • Emirato independiente (756-929): Llegó el último de los Omeyas, Abderramán I, quien se autoproclamó emir. Fue una etapa inestable por las revueltas nobiliarias y la expansión cristiana en el norte.
  • Califato de Córdoba (929-1031): Abd-al-Rahmán III se proclamó califa (líder político y religioso). Con su hijo Al-Hakam II, se produjo un gran desarrollo cultural. Sin embargo, su sucesor, Hixam II, estuvo dominado por Almanzor, quien estableció una dinastía militar. El Califato decayó hasta su división en reinos taifas en 1031.

Al-Ándalus: Reinos de Taifas y el Reino Nazarí de Granada

Tras la muerte de Almanzor, se sucedieron rebeliones de nobles y se independizaron algunos territorios. Finalmente, el Califato finalizó en 1031, quedando Al-Ándalus dividida en 27 pequeños Estados. Entre ellos destacaron por su prosperidad Toledo, Zaragoza, Valencia y Sevilla. Sin embargo, no eran fuertes militarmente, por lo que para garantizar su independencia pagaban tributos anuales (parias) a los reinos cristianos.

A finales del siglo XI, las taifas se vieron incapaces de frenar el avance cristiano (Alfonso VI de Castilla conquistó Toledo en 1085), pidiendo los taifas ayuda a los almorávides (1090), guerreros bereberes norteafricanos que lograron reunificar Al-Ándalus.

En 1145 los almorávides sucumbieron, naciendo así las segundas taifas, en las que tuvo lugar la invasión de los almohades (1146), frenados por los cristianos en las Navas de Tolosa (1212). De este modo se dio inicio a las terceras taifas, que irían siendo conquistadas a excepción de Granada.

El reino nazarí de Granada fue fundado por Muhammad I en 1238 y sobrevivió hasta 1492 gracias al pago de parias. Su prosperidad (agricultura y comercio) lo convirtió en un importante centro cultural y artístico, destacando en este ámbito el palacio de La Alhambra.

Economía, Sociedad y Cultura en Al-Ándalus

La economía era fundamentalmente agrícola. Los musulmanes intensificaron el regadío utilizando la noria y ampliando el uso de acequias, e introdujeron nuevos cultivos (algodón, arroz, azafrán y cítricos) que se unieron a la tríada mediterránea (cereal, vid y olivo). En ganadería, retrocedió la porcina, desarrollándose más la ovina y la equina. La minería se revitalizó, destacando el hierro, el cobre y el mercurio.

Famosos fueron sus productos artesanales: damasquinado, brocados, armas y cerámicas. Al-Ándalus importaba productos de lujo (especias, metales preciosos) y esclavos, y exportaba manufacturas (tejidos, armas y cerámica). El comercio se desarrollaba en la ciudad (zoco).

La sociedad andalusí era muy heterogénea, por su gran diversidad étnica y religiosa, con predominio de musulmanes (árabes, bereberes y muladíes). Esta sociedad se estructuraba en un grupo nobiliario (nobleza de sangre y de servicio), una burguesía urbana (funcionarios, artesanos y comerciantes), la plebe y, en último lugar, los esclavos. Junto a ellos coexistían minorías religiosas de mozárabes y judíos.

Su cultura estuvo marcada por el Islam e influyó en Occidente. Destacó la filosofía (Averroes), la medicina (con el judío Maimónides), la astronomía (Azarquiel), la literatura y las matemáticas. También brilló el arte, especialmente la arquitectura (mezquita de Córdoba, La Alhambra, etc.). El árabe era el idioma oficial, aunque los mozárabes utilizaban el latín y, más tarde, las lenguas romances.

Los Primeros Núcleos de Resistencia Cristiana y las Etapas de la Reconquista

El primer foco de resistencia cristiana se inició al vencer Don Pelayo a los musulmanes en Covadonga (722), naciendo así el Reino Astur. La inestabilidad andalusí durante el Emirato permitió ocupar el poco poblado valle del Duero y trasladar la capital a León. Castilla se independizó a finales del siglo X con Fernán González, y Portugal en el siglo XI.

En cuanto a la zona pirenaica, la desintegración de la Marca Hispánica carolingia dio lugar a lo largo del siglo IX al nacimiento del Reino de Pamplona con la familia Arista en el Pirineo Occidental (tras la derrota de Carlomagno en Roncesvalles). En el Pirineo Central dio lugar a los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza (unidos en 1036 bajo el nombre de Reino de Aragón) y los Condados Catalanes (unificados por Wilfredo y cuya independencia logró Borrell II).

Del siglo XI al XIII se desarrollaron las principales etapas de la Reconquista:

  • Siglo XI: Castilla se unió a León, naciendo el Reino de Castilla-León, y el Reino de Aragón tras su unión con Pamplona.
  • Siglo XII: Castilla y León se separaron, nació el Reino de Portugal, Pamplona se independizó (pasando a llamarse Navarra); y se unieron Aragón y Cataluña formando la Corona de Aragón.
  • Siglo XIII: La victoria de las Navas de Tolosa (1212) marcó un gran avance. En Castilla, Alfonso IX conquistó Extremadura, Fernando III conquistó Murcia e inició la conquista de Andalucía, acabada por Alfonso X. Para Aragón, Jaime I conquistó Baleares y Valencia. Quedó Granada como reino independiente hasta 1492.

Modelos de Repoblación

La repoblación durante la Reconquista se llevó a cabo mediante cartas puebla, con diversos modelos:

  • Del siglo VIII al XI: Presura o aprisio.
  • Primera mitad del siglo XII: Repoblación concejil (fundación de ciudades dotadas de fueros que conceden privilegios a los vecinos).
  • Segunda mitad del siglo XII: De órdenes militares.
  • Siglo XIII: Repartimientos de tierras.

Los Reinos Cristianos de la Edad Media: Organización Política y Sociedad Estamental

La principal autoridad de los Reinos Cristianos era el Monarca (en Cataluña, los condes de Barcelona), que reinaba asesorado por el Consejo Real. No obstante, la autoridad del Rey estaba limitada por el poder de la nobleza y la Iglesia, los privilegios de las ciudades (fueros) y, desde el siglo XIII, las competencias de las Cortes (asamblea de representación estamental).

La organización política contaba también con la Curia Real, un consejo de carácter consultivo. Las Cortes fueron convocadas por primera vez en León, en 1188, y su finalidad era la de aconsejar al rey y votar subsidios extraordinarios. Las Cortes de Castilla y León se fusionaron definitivamente en 1230. La administración territorial estaba a cargo de los condes y la local, a cargo del concejo.

La organización social estuvo marcada por la aparición del régimen señorial. Hasta el siglo XII, eran señoríos territoriales. Desde el siglo XII, los reyes les otorgan el privilegio de inmunidad, convirtiéndose en señoríos jurisdiccionales (el señor feudal tiene una serie de prerrogativas de tipo judicial y político) y sus pobladores en vasallos, obteniendo derechos jurídicos y limitando el poder del rey a las tierras de realengo.

La sociedad estaba dividida en tres estamentos: nobleza, clero y campesinado. Los privilegios de los dos primeros, como no pagar impuestos, reflejaban la desigualdad ante la ley. Los estamentos eran grupos cerrados determinados por nacimiento, lo que provocaba la ausencia de movilidad social.

Organización Política de los Reinos

  • Castilla y Navarra: Estados unitarios apoyados en el Derecho Romano.
  • Corona de Aragón: Confederación de reinos con leyes y órganos propios.

Existían dos instituciones comunes a todos los reinos:

  • El Consejo Real (órgano que asesoraba al Rey).
  • Las Cortes (institución que representaba a los estamentos).

Los organismos propios de cada reino eran:

  • Castilla: la Audiencia y el Mayordomo Mayor.
  • Corona de Aragón: virreyes (lugarteniente del monarca en cada uno de los cuatro reinos) y, en Cataluña, la Generalitat (asamblea para supervisar el cumplimiento por el Rey de lo acordado en las Cortes).
  • Navarra: Cámara de Comptos (actuaba como tribunal de cuentas fiscalizando los gastos del Rey).

Los reyes dividían el territorio (merindades en Castilla y veguerías en Cataluña) para su mejor gobierno. El rey nombraba a los gobernadores de estas demarcaciones, que contaban con competencias fiscales y judiciales. Las ciudades gozaban de gobierno propio gracias a los privilegios recogidos en los fueros. Regidos por los propios vecinos, al final de la Edad Media el patriarcado urbano acaparó el gobierno de las ciudades, lo que dio lugar a enfrentamientos como el ocurrido en Barcelona (conflicto de la Busca y la Biga). En Castilla, los reyes limitaron la autonomía de las ciudades nombrando corregidores.

La Primera Guerra Carlista (1833-1839)

El carlismo nació tras el problema sucesorio de Fernando VII, tras la abolición de la Ley Sálica mediante la publicación de la Pragmática Sanción. Isabel, primogénita de Fernando VII, no fue reconocida como heredera legítima por Carlos María Isidro, hermano mayor del rey y hasta entonces heredero, que se exilió en Portugal. Fernando VII se acercó al liberalismo moderado para contrarrestar el apoyo de los absolutistas más radicales.

En 1833 falleció el rey, dejando a María Cristina de Borbón como Regente de Isabel II, de tres años de edad. A su vez, Carlos María Isidro publicó desde Portugal el Manifiesto de Abrantes reclamando el Trono como Carlos V. Poco después comenzaba la guerra.

Bandos del Conflicto

  • Isabelinos: Defendían un liberalismo basado en la monarquía constitucional. Apoyados por la alta nobleza, la Iglesia, la burguesía, las clases urbanas y gran parte del Ejército, firmaron la Cuádruple Alianza con Gran Bretaña, Francia y Portugal (1834).
  • Carlistas: Absolutistas que mostraban su defensa del Antiguo Régimen. Apoyados por la baja nobleza rural, el bajo clero, militares reaccionarios y gran parte del campesinado, tuvieron fuerte presencia en las provincias vascas, Navarra, Cataluña y el Maestrazgo.

Etapas de la Guerra (1833-1839)

  • Ocupación de zonas rurales (1833-1835): Las partidas carlistas se hicieron con el control de la región vasconavarra (salvo las grandes ciudades) y de amplias áreas de Aragón, Cataluña y Valencia. El general Zumalacárregui organizó un fuerte ejército con las partidas vasconavarras, aunque fracasó en el sitio de Bilbao, en el que murió.
  • Ofensivas carlistas (1835-37): Los carlistas trataron de extender el conflicto al resto de España mediante dos expediciones militares dirigidas por el general Gómez y Carlos V, que fracasaron por su falta de apoyo en las ciudades. Asimismo, el general cristino Espartero alcanzó un gran prestigio tras levantar el segundo cerco carlista a Bilbao (Batalla de Luchana, 1836).
  • Fin de la guerra (1837-1839): Los fracasos dividieron al carlismo en transaccionalistas (partidarios de la paz) y exaltados (deseosos de continuar la guerra). Los primeros se reintegraron en la vida civil tras la firma del Convenio de Vergara entre el general carlista Maroto y Espartero (1839). A cambio de su rendición, Espartero se comprometió a evitar represalias y a pedir a la regente el mantenimiento de los fueros y la incorporación al Ejército nacional de los oficiales carlistas que lo deseasen. Por otra parte, los exaltados, liderados por el general Cabrera, continuaron su lucha en el Maestrazgo hasta la conquista liberal de Morella (1840).

Consecuencias del Conflicto

Además del establecimiento de una monarquía constitucional, el conflicto tuvo tres desastrosas consecuencias:

  • Elevado número de muertos y pérdidas materiales propias de toda guerra.
  • Absorción de los recursos económicos generados por la desamortización de Mendizábal (retrasando la industrialización del país).
  • Aumento del protagonismo de los militares en la vida política.

A pesar de su derrota, el carlismo siguió latente entre sus bases, dando lugar a nuevas guerras a lo largo del siglo XIX.

El Reinado de Isabel II: Regencias y Reinado Efectivo

El reinado de Isabel II se divide en dos grandes etapas: las regencias durante su minoría de edad (1833-1843) y el reinado efectivo (1843-1868), a lo largo de los cuales se implantó el sistema liberal en España.

Las Regencias (1833-1843)

  • Regencia de María Cristina (1833-1840): La regente mantuvo a Cea Bermúdez como Jefe de Gobierno, quien atrajo a los liberales con sus reformas. Sin embargo, no pudo evitar el levantamiento carlista y, para reforzar el apoyo de los liberales en la guerra, María Cristina sustituyó a Cea Bermúdez por Martínez de la Rosa, liberal moderado que en 1834 publicó el Estatuto Real. En 1836 se produjo el pronunciamiento militar de los sargentos de La Granja (1836), que forzó a la regente a restaurar la Constitución de 1812 y nombrar Presidente al progresista José María Calatrava, cuyo ministro de Hacienda, Mendizábal, promovió un conjunto de reformas económicas destinadas a liquidar el Antiguo Régimen. En 1837 se aprobó una nueva Constitución consensuada entre progresistas, moderados y la Corona, que aceptaba renunciar al absolutismo a cambio de reservarse un mayor poder que en la Constitución de 1812. Aprobada la Constitución, la regente sustituyó al Gobierno progresista por uno moderado. Su intento de eliminar la elección democrática de los alcaldes provocó movilizaciones contra María Cristina, cediendo la regencia a Espartero, líder de los progresistas.
  • Regencia de Espartero (1840-1843): Durante su gobierno, de carácter autoritario, se adoptaron medidas de carácter progresista. Destacó la desamortización de los bienes del clero secular, la limitación de los derechos forales vasco-navarros, y la elaboración de una ley librecambista para el sector textil que provocó fuertes altercados en Barcelona y el cierre de las Cortes. La revuelta dio lugar en 1843 a un pronunciamiento protagonizado por los generales moderados O’Donnell y Narváez, que triunfó. Espartero marchó al exilio y se anticipó la mayoría de edad de Isabel II (tenía 13 años), iniciándose su reinado efectivo.

El Reinado Efectivo (1843-1868)

Los 25 años de esta etapa estuvieron marcados por el conservadurismo. Distinguimos las siguientes etapas:

  • La Década Moderada (1844-1854): Los Gobiernos de Narváez y Bravo Murillo destacaron por su conservadurismo y afán centralizador:
    • Constitución de 1845: De carácter conservador, reconocía los derechos individuales de forma muy limitada.
    • Política centralizadora: Se llevó a cabo la unificación nacional del sistema jurídico, administrativo y hacendístico, que estableció dos tipos de impuestos: directos sobre los inmuebles y actividades productivas, e indirectos sobre los consumos o productos de primera necesidad.
    • Reforzamiento del orden público: Fundación de la Guardia Civil (1844).
    • Recuperación del poder de la Iglesia: Gracias al Concordato de 1851. A cambio de apoyar el régimen isabelino, la Iglesia obtenía ayudas económicas del Estado y el reforzamiento de su influencia.
    La centralización y el fracaso del proyecto de boda entre Isabel II y Carlos VI (hijo de Carlos María Isidro) dieron lugar a la Segunda Guerra Carlista (1846-49). El Ejército isabelino se impuso sobre las partidas carlistas. Tras la paz, algunas medidas centralizadoras no se aplicaron en los territorios forales.
  • Bienio Progresista (1854-1856): El conservadurismo, la crisis económica y los escándalos financieros de la camarilla que rodeaba a Isabel II provocaron en 1854 un pronunciamiento militar protagonizado por generales moderados contrarios a Narváez como O’Donnell o Serrano. Pese a su fracaso inicial, las promesas de reformas recogidas en el Manifiesto de Manzanares (redactado por Cánovas del Castillo) sumaron a progresistas y demócratas al pronunciamiento, forzando a Isabel II a nombrar Jefe de Gobierno a Espartero. Durante el Bienio se aprobaron importantes medidas económicas como la desamortización civil de Madoz, la Ley de Ferrocarriles, la Ley de Crédito o la creación del Banco de España. En 1856, la conflictividad social, la aparición de la Unión Liberal y el fin del apoyo de los demócratas a los progresistas facilitaron a Isabel II la sustitución de Espartero por O’Donnell. El fin del Bienio imposibilitó la aprobación de una nueva Constitución (Constitución non nata de 1856).
  • Vuelta al moderantismo (1856-1868): En esta etapa se alternaron en el poder el Partido Moderado (Narváez) y la Unión Liberal (O’Donnell). Lo más destacado fue el crecimiento económico, una política exterior colonialista (guerra de Marruecos, expediciones militares a México y Conchinchina -actual Vietnam-) que buscaba la popularidad del Gobierno y prestigio internacional, y la reforma educativa de la Ley Moyano. Desde 1866, el régimen entró en crisis por el descrédito de la reina, la muerte de Narváez y O’Donnell, la crisis económica y el aumento de la conflictividad social por el avance de demócratas y republicanos en las ciudades. En 1866, los líderes progresistas (Prim), unionista (Serrano) y demócrata (Martos) firmaron el Pacto de Ostende para derrocar a los Borbones y establecer un sistema auténticamente democrático. Tras varios levantamientos fracasados, triunfó en 1868 la Revolución Gloriosa, iniciada en Cádiz con el pronunciamiento del general Prim y el almirante Topete, que provocó el exilio de Isabel II en Francia y el inicio del Sexenio Democrático.

El Asentamiento del Liberalismo y las Desamortizaciones

El asentamiento del liberalismo exigía tanto reformas políticas como la liberalización de la economía. Para ello fue preciso reconocer el derecho de propiedad y de libertad de actividad profesional, industria y comercio, liquidando las bases económicas del Antiguo Régimen. El objetivo era hacer de la agricultura el motor de la modernización de la economía, y para ello las desamortizaciones impulsadas por los progresistas fueron el principal instrumento de cambio.

Objetivos de las Desamortizaciones

  • Aumento de las rentas del Estado: Se buscó la generación de ingresos y la disminución de la deuda pública.
  • Vinculación de los propietarios con el régimen liberal: La adquisición de tierras hasta entonces en manos muertas debía crear una masa de propietarios comprometidos con el sistema isabelino, pues la vuelta al absolutismo implicaría la devolución de los terrenos a sus antiguos dueños.

Las desamortizaciones son conocidas por el nombre de los ministros progresistas que las impulsaron. El proceso afectó aproximadamente al 40% de la tierra cultivable:

  • Desamortización eclesiástica de Mendizábal (1836): Adoptada durante la Primera Guerra Carlista para reforzar al Ejército cristino y ganar apoyos entre el campesinado, afectó a los bienes del clero regular. Espartero (1841) completó la desamortización eclesiástica. Las relaciones de los liberales con la Iglesia quedaron muy deterioradas.
  • Desamortización civil de Madoz (1855): Concluyó la venta de bienes eclesiásticos y aprobó una desamortización civil que ponía a la venta dos tipos de tierras de los Ayuntamientos: bienes comunales y de propios. Los ingresos, invertidos sobre todo en infraestructuras ferroviarias, superaron los obtenidos con Mendizábal.

Consecuencias del Proceso Desamortizador

  • Económicas: Los ingresos no fueron los esperados. No obstante, la desamortización de Mendizábal permitió reforzar al Ejército isabelino, mientras que con la desamortización de Madoz se mejoraron las infraestructuras, sobre todo ferroviarias, en pleno proceso industrializador.
  • Agrarias: Aumentaron las cosechas pero no los cultivos.
  • Sociales: La oligarquía se enriqueció mientras que el campesinado se empobreció.
  • Políticas: Por esto el campesinado rechazó el proyecto liberal. Por otra parte, las desamortizaciones provocaron la hostilidad de la Iglesia hacia el régimen isabelino hasta el Concordato de 1851.

Durante el reinado de Isabel II finalizó la sociedad estamental del Antiguo Régimen, dando paso a la sociedad de clases liberal, cuyas principales características son:

  • Igualdad ante la ley y frente a los privilegios jurídicos, económicos y políticos de nobleza y clero.
  • Nuevas categorías sociales: permitiendo el paso de una clase a otra. La sociedad de clases también estaba jerarquizada.

Sus principales grupos eran:

  • Clase alta: Aunque minoritaria, concentró el poder político y económico y la alta burguesía.
  • Clase media urbana: Estaba formada por profesionales liberales, funcionarios, militares y pequeños artesanos. La clase media rural solo fue relevante en regiones con propiedades de tamaño medio.
  • Clases populares: Constituían la mayoría de la población. Las condiciones de vida de las clases populares eran muy precarias, si bien los trabajadores industriales mejoraron progresivamente gracias a la presión del movimiento obrero.

El establecimiento de la sociedad de clases afectó tanto a la Iglesia, la cual perdió su influencia entre el proletariado y los sectores intelectuales de la clase media por las desamortizaciones. Con el Concordato de 1851 recuperó parte de su poder.

Ejército: Los militares adquirieron un papel central en la vida política. Sus efectivos aumentaron por numerosas guerras.

El Sexenio Democrático (1868-1874)

El Sexenio Democrático (1868-1874) fue una convulsa etapa histórica caracterizada por la inestabilidad política provocada por la falta de consenso entre los protagonistas de la Revolución Gloriosa (progresistas, unionistas y demócratas). Isabel II apenas contaba con apoyos tras 25 años de reinado por su política de exclusión de los progresistas, la muerte de las dos principales figuras del moderantismo (Narváez y O’Donnell), la crisis económica, y la extensión de las ideas democráticas y el republicanismo en las ciudades.

En este contexto, los partidos de la oposición (progresistas y demócratas) firmaron el Pacto de Ostende con el fin de derrocar la monarquía borbónica y establecer un régimen auténticamente democrático. Serrano, nuevo líder de la Unión Liberal, se unió poco después al movimiento antiisabelino. Tras varias insurrecciones fallidas, en septiembre de 1868 se produjo en Cádiz el pronunciamiento de la flota (almirante Topete) y de los generales Prim (progresista) y Serrano (Unión Liberal). Los sublevados llamaron a la población en el Manifiesto de España con honra a formar juntas locales contra el Gobierno, convirtiendo el alzamiento en una rebelión popular (la Revolución Gloriosa). Tras la derrota en la batalla de Alcolea, la reina Isabel II huyó a Francia.

Conforme a lo acordado en Ostende, el fin de los revolucionarios era establecer un régimen democrático. Para ello se formó un Gobierno provisional que agrupaba a unionistas, progresistas y demócratas, presidido por Serrano, que convocó elecciones a Cortes constituyentes mediante sufragio universal masculino. Aprobado dicho sufragio, el Partido Demócrata se disolvió, integrándose parte de sus militantes en el partido Republicano Federal (liderado por Pi y Margall).

La Constitución de 1869

El triunfo progresista en las elecciones a Cortes Constituyentes determinó el carácter de la Constitución de 1869, cuyas principales características son:

  • Soberanía nacional.
  • Monarquía parlamentaria como forma de gobierno. Se limitaron los poderes del Rey, que mantuvo su poder moderador (elección del Presidente; convocatoria y disolución de las Cortes; derecho de veto).
  • Cortes bicamerales, elegidas por sufragio universal masculino directo (Congreso) e indirecto (Senado).
  • Amplios derechos individuales, incluyendo el derecho de asociación (reclamado por los antiguos demócratas y el incipiente movimiento obrero) y la libertad de cultos (aunque mantuvo el sostenimiento estatal del clero).
  • Democracia municipal (elección democrática de alcaldes por los vecinos).

Evolución Política: Gobierno Provisional, Reinado de Amadeo de Saboya y Primera República

El Sexenio Democrático se divide en tres etapas:

  • Gobierno Provisional (1868-71): Aprobada la Constitución, Serrano fue nombrado Regente de forma provisional hasta que el Gobierno, presidido por Prim, encontrase para el trono un miembro de una dinastía europea liberal, no Borbón y aceptado por el resto de potencias. Tras arduas negociaciones, se ofreció la Corona a Amadeo, de la dinastía italiana de los Saboya.
  • Reinado de Amadeo I de Saboya (1871-1873): Amadeo I trató de implantar un régimen monárquico plenamente democrático, pero desde el primer momento encontró numerosos obstáculos (comenzando con el asesinato de Prim, su principal valedor al ofrecérsele la Corona, días antes de la llegada del rey a Madrid):
    • Rechazo del liberalismo moderado al nuevo rey: Amadeo I contó con la oposición de los monárquicos borbónicos (agrupados en torno a Cánovas del Castillo, fundador del Partido Alfonsino), la nobleza y clases populares (por ser extranjero) y la Iglesia (contraria a los Saboya y a la Constitución de 1869 por reconocer la libertad de cultos).
    • Tercera Guerra Carlista (1872-76): El pretendiente carlista, Carlos VII, aprovechó el amplio rechazo al monarca para instigar una nueva insurrección. Controló amplias áreas rurales de Cataluña, Valencia y las provincias vascas hasta ser sofocada.
    • Rebelión independentista cubana: Provocada por la negativa de los sectores con intereses económicos en la isla a realizar reformas políticas (autonomía administrativa) y abolir la esclavitud.
    • Avance del republicanismo y el movimiento obrero: La libertad de asociación reconocida en la Constitución permitió la difusión de las ideas anticapitalistas en España. Disuelto el Partido Democrático, muchos militantes abrazaron la causa republicana, mientras que en 1870 se fundó la sección en España de la A.I.T.
    Ante tantas dificultades y la falta de apoyos, Amadeo I abdicó y abandonó España en febrero de 1873.
  • Primera República (1873-74): Las Cortes proclamaron la República como solución de urgencia ante el vacío institucional provocado por la abdicación del rey, eligiendo Presidente a Figueras. Los republicanos constituían un grupo político minoritario, dividido (federalistas y unitarios) y sin experiencia de gobierno. Tuvieron que hacer frente a numerosos problemas:
    • Desmesuradas expectativas de las clases populares, que pretendían aprovechar la oportunidad para llevar a cabo una revolución social (reparto de tierras a campesinos, mejoras salariales, y abolición de quintas y consumos).
    • Desarrollo de dos guerras, una civil (Tercera Guerra Carlista) y otra de emancipación (Cuba).
    • Aislamiento internacional. La I República sólo fue reconocida por EE.UU. y Suiza.
    Figueras convocó elecciones a Cortes constituyentes, que eligieron Presidente al federalista Pi i Margall e iniciaron la redacción de una Constitución que no llegó a aprobarse. El proyecto, que convertía el país en una república federal, despertó una enorme oposición incluso entre los republicanos unitarios y los federalistas más radicales. Estos últimos alentaron insurrecciones cantonalistas que triunfaron en Levante y Andalucía, a las que se sumaron también miembros de la AIT. Los cantonalistas proponían una república federal constituida “de abajo a arriba”, en la que el Estado se formaba a partir de la libre unión de cantones (municipios). La revolución cantonalista fue rápidamente sofocada por el ejército, excepto en Cartagena, donde se prolongó meses. El cantonalismo provocó el alejamiento de la burguesía respecto a la República, al asociarla al caos y la revolución social. Desacreditado, Pi i Margall fue sustituido por el también federalista Salmerón, que pronto dimitió y fue remplazado por el moderado Emilio Castelar (septiembre, 1873). Con él, la República dio un giro conservador, aplazando las reformas sociales y reforzando el poder ejecutivo y del Ejército para acabar con el caos y tranquilizar a la burguesía, aunque era ya tarde. En enero de 1874, el general Pavía dio un golpe de Estado y disolvió el Parlamento, poniendo fin a la República. Tras el golpe, se formó un nuevo Gobierno provisional presidido por Serrano, que actuó dictatorialmente tratando de restablecer el orden y lograr el apoyo de la burguesía (suspensión de garantías constitucionales, toma del cantón de Cartagena). Mientras, Cánovas del Castillo preparaba la restauración borbónica en la persona de Alfonso XII, que tuvo lugar tras un golpe de Estado perpetrado por el general Martínez Campos en Sagunto (diciembre de 1874).

La Restauración Borbónica (1874-1902)

La Restauración comenzó a gestarse en enero de 1874 con el golpe de Estado del general Pavía, que puso fin a la República. El nuevo régimen, presidido por Serrano, no se consolidó por los problemas sociales y económicos. Paralelamente, una conspiración monárquica liderada por Cánovas del Castillo preparaba la restauración borbónica en la figura de Alfonso XII, quien el 1 de diciembre de 1874 firmaba el manifiesto de Sandhurst, en el que se defendía un régimen que pretendía instaurar:

  • Monarquía liberal que incorporara derechos individuales básicos (libertad, propiedad e igualdad jurídica).
  • España unida (centralizada).
  • España tradicional (católica).

Sin embargo, días después, el general Martínez Campos encabezó un golpe de Estado que proclamó a Alfonso XII como rey de España sin apenas resistencia. El monarca nombró inmediatamente presidente a Cánovas del Castillo, para quien el fin último de la restauración borbónica era devolver la estabilidad al país. Previamente, Cánovas tuvo que conseguir:

  • La aceptación de Alfonso XII como rey por parte de los progresistas y de los republicanos moderados. Para ello se creó el Partido Liberal-Fusionista (que integró el liberalismo progresista en el sistema).
  • La pacificación del país con el fin de la Tercera Guerra Carlista en 1876 y la Guerra de Cuba en 1878.
  • El alejamiento del ejército de la vida pública.
  • La elaboración de la Constitución de 1876.

El Turno de Partidos

Para poner fin a la inestabilidad política, Cánovas se inspiró en el modelo británico de alternancia en el poder de dos grandes partidos dinásticos. En España, este sistema se conoció como Turnismo, por el que se iban sucediendo el Partido Conservador (con Cánovas y apoyado por la clase alta) y el Partido Liberal (con Sagasta y apoyado por la burguesía industrial y las clases medias). Este modelo pudo llevarse a cabo gracias a dos elementos:

  • La imparcialidad de la Corona. Antes de terminar la legislatura, el Rey cesaba al Presidente del Gobierno de turno y nombraba para el cargo al líder de la oposición. A continuación, disolvía el Parlamento y convocaba elecciones.
  • El falseamiento del proceso electoral. Los partidos negociaban primero el reparto de las actas de diputado de cada circunscripción (encasillado). Para ello se recurrirá al fraude electoral o pucherazo (cambio de papeletas o urnas, compra de votos, intimidación e inclusión de personas ya fallecidas como votantes) y al caciquismo (sistema por el que se conseguían votos a cambio de favores o amenazas). De esta forma se alcanzó la estabilidad deseada a cambio de falsear las elecciones.

Oposición al Sistema

Quedaban excluidos del modelo canovista del turnismo:

  • Carlismo: Derrotados en la Tercera Guerra Carlista (1872-76), no desaparecieron y el movimiento carlista fue marginal, excepto en Navarra y País Vasco.
  • Republicanismo: Mantuvo su influencia social entre sectores ilustrados de la clase media y entre los obreros. Sin embargo, su peso político fue insignificante debido a su división (cantonalistas y federalistas). La Unión Republicana, en 1896, hizo efectiva la unión de estos.
  • Nacionalismo: (se explica más adelante).
  • Movimiento obrero: Dividido en dos tendencias:
    • MARXISTA: Representado por el PSOE, fundado por Pablo Iglesias en 1879.
    • ANARQUISTA: Representado por la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), fundada en 1881. Las otras dos más importantes fueron CNT y FAI.
    El movimiento obrero atravesó una fase de decadencia al principio de la Restauración, de la que se recuperó gracias a la legalización de las organizaciones obreras por la Ley de Asociaciones (1887).

La Aplicación del Turnismo, el Pacto de El Pardo y la Regencia de María Cristina

Alfonso XII enfermó mortalmente en 1885 (28 años). Cánovas temía que a su muerte se produjese un vacío de poder que los republicanos o los carlistas pudieran aprovechar para imponer sus reclamaciones. La reina María Cristina de Habsburgo estaba embarazada (se intentaba evitar que ocurriese como con Isabel II) y, para evitar cualquier problema, Cánovas y Sagasta firmaron el Pacto de El Pardo (1885) que estableció el turno pacífico en el Gobierno entre los dos grandes partidos. Cánovas dimitió tres días después de la muerte del rey, y María Cristina (nombrada regente) entregó a Sagasta el Gobierno, asegurando la supervivencia del sistema.

La regencia de María Cristina duró hasta 1902, cuando Alfonso XIII fue declarado mayor de edad (con 16 años). Los principales acontecimientos de la época fueron:

  1. Consolidación del sistema: alternancia de conservadores y liberales en el poder de forma regular.
  2. Reformas políticas: promovidas por Sagasta durante el conocido como Gobierno Largo de Sagasta (1885-90), con el que comenzó la Regencia (derecho de asociación, sufragio universal masculino, etc.).
  3. Proteccionismo económico: defendido por el Partido Conservador.
  4. Inicio de la Guerra de Cuba (1895-98): tras rechazar el Partido Conservador la aprobación de la autonomía de la isla.

En los últimos años de la Regencia, Cánovas murió asesinado por un anarquista, con lo que desaparece uno de los grandes jefes del sistema, y el Partido Liberal de Sagasta tuvo que sufrir la humillación de la derrota de 1898 en Cuba frente a EEUU y, poco después, Sagasta murió, momento en el que el partido empezó a dividirse en varias tendencias.

La Constitución de 1876

Constitución de carácter integrador, sin propuestas excluyentes para alguna parte de la sociedad. Ello explica que la Constitución de 1876 haya sido la más duradera de la Historia de España: estuvo vigente hasta 1923. Su contenido incluye:

  • Declaración de derechos individuales: propiedad, libertad de expresión y una fórmula de consenso en la cuestión religiosa: reconocía la confesionalidad católica del Estado, pero permitía el culto privado de las demás religiones.
  • Reforzamiento del poder del monarca a través de la soberanía compartida rey-Cortes: poder para convocar y disolver las Cortes, así como sancionar las leyes y Jefatura del Ejército, cuya finalidad era evitar pronunciamientos militares y la intromisión del ejército en los asuntos políticos.
  • Bicameralismo: Congreso y Senado, dentro del cual hay miembros electivos (senadores elegidos por el rey y con cargo vitalicio), y electivos (miembros de las corporaciones del Estado o dueños de grandes fortunas).
  • Centralismo: se acentuó la centralización al quedar bajo control del Gobierno ayuntamientos y diputaciones y al ser suprimidos los fueros vascos.

Conflictos como la ley electoral, la de asociación o la de imprenta no se incluyeron en la Constitución, sino que se desarrollaron posteriormente mediante leyes orgánicas, respondiendo a la inclinación ideológica de los gobiernos.

Nacionalismos Periféricos y Movimiento Obrero en la Restauración

Los Nacionalismos Catalán y Vasco y el Regionalismo Gallego

Los movimientos nacionalistas catalán y vasco comparten rasgos comunes:

  1. Proclamación de una identidad nacional: reivindican singularidades culturales (lengua, costumbres, folklore) y derechos históricos (fueros).
  2. Rechazo al proceso de centralización reforzado con la Restauración: uniformización legal (civil, penal, fiscal) y supresión de los derechos forales históricos tras la derrota del carlismo (salvo el concierto económico vasco).

Nacionalismo Catalán

Precedido por la Renaixença (corriente cultural y literaria desarrollada en torno a la publicación homónima fundada en 1871), el catalanismo fue un movimiento político y autonomista, pacifista y democrático articulado a través de “Unió Catalanista”, partido fundado por Almirall y Prat de la Riba. Su programa se recogió en las Bases de Manresa (1892):

  • Liberalismo moderado (por su capacidad inclusiva e interclasista).
  • Autonomía política (parlamento propio).
  • Conocimiento del catalán como lengua oficial.
  • Participación en la política nacional.

En 1901 “Unió Catalanista” se fusionó con otros grupos en la Lliga Regionalista, presidida por Prat de la Riba. Con la fundación de Esquerra Republicana de Cataluña (1931), el nacionalismo ya sí reclama independencia.

Nacionalismo Vasco

Surge hacia 1895. Reivindicaba la defensa de los derechos históricos (tras la supresión de los fueros después de la Tercera Guerra Carlista, 1878) y la supervivencia tanto de la forma de vida tradicional rural amenazada por la industrialización, como de la supuesta etnia vasca amenazada por el riesgo de mestizaje con la llegada de inmigrantes de otras regiones (llamados maketos). Su principal ideólogo fue Sabino Arana, quien en 1895 fundó el Partido Nacionalista Vasco (PNV), formación antiliberal y ultrarreligiosa que defendía a Euskadi tradicionalista e incipiente.

Regionalismo Gallego

Nace como reacción contra el atraso y la marginación del gobierno central. Estuvo precedido por un movimiento cultural encabezado por Rosalía de Castro (O Rexurdimiento), que culminó en 1890 con la fundación por Manuel Murguía de la Asociación Regionalista Gallega, que reclamaba la defensa de la lengua gallega, mayor descentralización y mejor trato desde Madrid.

El Movimiento Obrero y Campesino

Durante el Sexenio Democrático, grupos marxistas y anarquistas fundaron en 1870 la Federación de la Región Española (FRE), sección de la A.I.T., con el objetivo de alcanzar la igualdad social mediante una revolución que acabase con la propiedad privada de los medios de producción. Sufrió la represión hasta la legalización de partidos y sindicatos obreros gracias a la Ley de Asociaciones.

El movimiento obrero estuvo dividido en dos corrientes ideológicas:

  1. MARXISMO:
    • Pequeños grupos marxistas fundaron en 1879 el PSOE. También fue creado el sindicato Unión General de Trabajadores (UGT), con Pablo Iglesias como líder.
    • Su implantación fue lenta, pero tuvo arraigo en Asturias, Madrid y Bilbao.
    • Su primer diputado fue obtenido en 1910.
  2. ANARQUISMO:
    • Gran desarrollo en España, especialmente en ciudades catalanas, Aragón, Andalucía y Valencia.
    • Participan del rechazo a la participación electoral.
    • Dos corrientes:
      • a) Anarcosindicalismo: partidarios de la vía pacífica, defienden la acción sindical y la huelga general como herramientas. En los primeros años, estuvo organizado por la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), que acabó disolviéndose por divisiones internas.
      • b) Grupos de acción violenta: tras la disolución de la FTRE se impuso la línea violenta, denominada “propaganda por el hecho”. Se organizaron en núcleos clandestinos que promovieron atentados terroristas contra élites militares (General Martínez Campos), la burguesía catalana, la Iglesia, y los políticos (asesinato de Cánovas).
      Finalmente, en 1910, el anarquismo volvió a la legalidad con la fundación de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo).

El Problema de Cuba y la Crisis de 1898

Tras la independencia de las colonias americanas, durante el reinado de Fernando VII, el imperio quedó reducido a Cuba, Puerto Rico y Filipinas, Palaos, Carolinas y Marianas. Coincidiendo con el auge de la expansión colonial europea, estas posesiones se perdieron en 1898 debido a varios factores:

  • Tardía adopción de reformas políticas.
  • Apoyo de Estados Unidos a los independentistas.
  • Ausencia de los aliados (la política aislacionista excluyó a España de alianzas europeas).

Cuba era esencial para la economía española porque aportaba productos tropicales baratos (azúcar, café) y aseguraba un mercado para el cereal castellano y los textiles catalanes (monopolio comercial). Sin embargo, el malestar de muchos cubanos con la política colonial (esclavitud, centralismo, monopolio) provocó la formación del Partido Reformista y dos rebeliones:

  • Guerra Larga (1868-78): En 1878, el Gobierno se comprometió a otorgar amplia autonomía a los cubanos y a la abolición progresiva de la esclavitud mediante la Paz de Zanjón (alcanzada por el General Martínez Campos).
  • Guerra Chiquita (1879-1880): Causada por el incumplimiento gubernamental de la Paz de Zanjón.

Pero el Gobierno español tardó en responder a las peticiones de Cuba, que ya no reclamó autonomía política sino independencia. Los separatistas cubanos contaron con el apoyo de EEUU, que tenía intereses económicos en la isla. En 1895, se desencadenó una nueva guerra (Grito de independencia de Bairé) liderada por José Martí, Máximo Gómez y los hermanos Maceo, con apoyo de la población negra y mulata. Pese a que el general Martínez Campos intentó sofocar la insurrección enviando al general Weyler, que impuso una brutal estrategia represiva basada en las reconcentraciones (traslado de la población civil que habitaba en regiones controladas por la insurgencia a campos de concentración situados en áreas bajo dominio gubernamental, con el fin de cortar su apoyo a la guerrilla), no tuvo éxito.

La lucha se decantó a favor de los rebeldes con la entrada de EE.UU. en el conflicto tras la voladura accidental del Maine (febrero, 1898), que Washington, deseoso de entrar en guerra, presentó como producida por el choque con una mina. Los marines estadounidenses derrotaron a los españoles en la Batalla de las Colinas de San Juan y poco después hundían la flota española. Este desastre, junto a la derrota en Cavite de la flota de Filipinas (donde los insurgentes contaron también con apoyo estadounidense), llevó a Sagasta a firmar la Paz de París (diciembre, 1898), la cual supuso:

  • Independencia de Cuba.
  • Protectorados estadounidenses sobre Puerto Rico y Filipinas.
  • Entrega de la isla de Guam a EE.UU.

En 1899, España vendió a Alemania sus últimas posesiones en el Pacífico.

La Crisis de 1898 y sus Consecuencias

El conocido como Desastre del 98 provocó una profunda crisis que se reflejó en tres grandes ámbitos:

  • ECONÓMICOS:
    • Pérdida de materias primas tropicales baratas y del mercado colonial (que acentuó el proteccionismo español).
    • Repatriación de capitales de los españoles que se instalaron en la Península. Tuvo un efecto positivo (fundación de bancos, financiación de la siderurgia vasca).
  • POLÍTICOS:
    • Descrédito de los partidos dinásticos y del Ejército, alentando el adelantamiento de la mayoría de edad de Alfonso XIII (1902) y diversos proyectos de reforma del sistema canovista (Maura, Canalejas).
    • Pérdida de peso internacional, que se intentó compensar mediante la colonización de Marruecos.
    • Impulso del nacionalismo periférico, favorecido por el sentimiento de crisis internacional.
  • IDEOLÓGICOS:
    • Crisis de la conciencia nacional, que llevó a la élite intelectual a explicar la decadencia española por el abandono de los valores tradicionales (generación del 98, con Unamuno, Maeztu, Baroja, Azorín).
    • Nacimiento del regeneracionismo, corriente que proponía la liquidación del régimen caciquil de la Restauración, al que responsabilizaba de la crisis. Su principal representante fue Joaquín Costa, quien influyó notablemente en Maura y Canalejas (nuevos líderes de los partidos dinásticos).

Alfonso XIII y la Crisis de la Restauración

Desde 1902 (adelantamiento de la mayoría de edad de Alfonso XIII) hasta 1923 (dictadura de Primo de Rivera), la Restauración vivió una situación de permanente deterioro debido a:

  • Crisis de los partidos dinásticos, divididos y sin líderes debido a la muerte de Cánovas y de Sagasta.
  • Frecuentes cambios de Gobierno, agravados por el intervencionismo de Alfonso XIII en la política, que provocaron inestabilidad permanente (32 gobiernos en 21 años).
  • Intromisión del Ejército en asuntos políticos: Ley de Jurisdicciones, Juntas de Defensa (1917), y golpe de Estado de Primo de Rivera (1923).
  • Desastres militares en la Guerra de Marruecos.
  • Fracaso de los proyectos regeneracionistas.
  • Fuerte conflictividad política y social por falta de integración en el sistema de las fuerzas de oposición (republicanismo, nacionalismo periférico, obrerismo).

Conscientes de esta situación, los partidos dinásticos se propusieron reformar el sistema canovista, pese a que se mantendría el turnismo. Maura protagonizó el primer proyecto regeneracionista, “la revolución desde arriba”, que buscaba evitar la revolución popular “desde abajo” mediante medidas de diverso carácter:

  • Social: Aprobación de la Ley del Descanso Dominical, creación del Instituto Nacional de Previsión y reconocimiento del derecho de huelga.
  • Político: Aprobación de la Ley Electoral de 1907 (que pretendía acabar con el caciquismo) y la Ley de Administración Local (que concedía autonomía a Ayuntamientos y Diputaciones provinciales).

El proyecto de Maura fracasó por el estallido de la Semana Trágica de Barcelona (1909), que desencadenó una revuelta por el envío a Marruecos de reservistas para hacer frente a las hostilidades indígenas. Para evitar su embarque, los sindicatos convocaron en Barcelona una huelga general que desembocó en una huelga antimilitar y anticlerical. Esto tuvo importantes consecuencias: la dimisión de Maura y la reorganización del movimiento obrero.

El cese de Maura elevó a Canalejas al Gobierno. Su programa buscó profundizar el proyecto de su antecesor, integrando al catalanismo y al movimiento obrero en el sistema y reducir la influencia de la Iglesia. Sus medidas fueron:

  • Descentralización administrativa con la creación de la Mancomunidad de Cataluña.
  • Supresión del impuesto de consumos (principal gravamen de las clases populares).
  • Reforma del Ejército eliminando el sistema de quintas, manteniendo a los soldados de cuota y creando los regulares y, desde 1920, la Legión.
  • Prohibición de la instalación de nuevas órdenes religiosas sin autorización.

El asesinato de Canalejas frustró el éxito de sus medidas.

Políticas de Oposición: Republicanos, Nacionalistas, Socialistas y Anarcosindicalistas

La incapacidad de los Gobiernos para integrar a republicanos, nacionalistas, socialistas y anarquistas aceleró el proceso de descomposición del régimen (crisis de 1909 y 1917).

  • Republicanismo: Su programa estaba basado en el laicismo, la ampliación de los derechos, la reforma social y la fe en el progreso a través de la educación. Tuvo gran influencia entre los sectores ilustrados de clase media y trabajadores cualificados desde finales de siglo. Sin embargo, su peso político fue pequeño por la tradicional división entre federalistas y centralistas. El primer gran partido republicano fue el Partido Republicano Radical, fundado en 1907 por Alejandro Lerroux.
  • Nacionalismo Periférico: En 1901, los diferentes grupos catalanistas se unieron en la Lliga Regionalista, partido liberal liderado por Prat de la Riba y después por Francesc Cambó. Apoyado por la burguesía y los industriales, su programa reclamaba autogobierno, la defensa de la lengua catalana y el aumento de la influencia de Cataluña en la política nacional. La Lliga hegemonizó el catalanismo hasta la fundación de Esquerra Republicana de Cataluña, en 1931, liderado por Francesc Macià y Lluis Companys. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) lideró el nacionalismo vasco, más débil que el catalán. Tras la muerte de Sabino Arana, su fundador, el PNV evolucionó hacia el autonomismo. El regionalismo gallego (Liga Gallega) y el andalucismo (Blas Infante) tuvieron un escaso poder político.
  • Movimiento Obrero: Dividido entre socialistas y anarquistas, enfrentados por liderar el movimiento. El socialismo se agrupaba en torno al Partido Socialista Obrero Español, fundado por Pablo Iglesias, y la Unión General de Trabajadores. Tuvo una pequeña implantación debido al escaso peso del sindicalismo en España. En 1921 se produjo la escisión de un partido minoritario que fundó el Partido Comunista de España, de escaso arraigo hasta la Guerra Civil. El anarquismo tuvo gran peso en Cataluña y Andalucía, y estuvo dividido en dos facciones: los grupos de acción directa, partidarios de la violencia terrorista; y los grupos anarcosindicalistas, que propugnaban la huelga general como instrumento revolucionario. En 1910 se fundó la Confederación Nacional del Trabajo como sindicato dentro del anarcosindicalismo.

La Intervención en Marruecos, la Primera Guerra Mundial y la Crisis de 1917

La Intervención en Marruecos

Las potencias europeas reunidas en la Conferencia Internacional de Algeciras (1906) decidieron dividir Marruecos en dos áreas de influencia: la española al norte (Rif) y la francesa al sur. España perseguía asegurarse Ceuta y Melilla y recuperar el prestigio de la Corona y del Ejército tras el Desastre del 98. Sin embargo, esta zona se caracterizaba por la rebeldía de sus tribus, que protagonizaron varias insurrecciones.

La primera insurrección, conocida como Guerra de Melilla (1909), se produjo tras el ataque rifeño a las explotaciones mineras españolas. La derrota del Barranco del Lobo obligó a la llamada de nuevos soldados, en este caso los reservistas, lo que desencadenó la Semana Trágica de Barcelona. En 1912, el sultán marroquí admitió la formación de un protectorado español, pero la formación del mismo desencadenó una nueva insurrección.

En 1921, las tropas españolas atacaron a los rifeños, liderados por Abd el-Krim, ocasionando más de 13.000 muertos y la pérdida de la mayor parte de la región por parte de España. La derrota, conocida como Desastre de Annual, provocó la indignación de la opinión pública y la exigencia de las Cortes de responsabilidades al Ejército (corrupción destapada en el Expediente Picasso). La reacción de los militares fue inmediata, alentando el golpe de Estado de Primo de Rivera, que estableció el control español del Rif tras el Desembarco de Alhucemas, un ataque conjunto con Francia.

Repercusiones de la Primera Guerra Mundial en España

España se declaró neutral durante la IGM (1914-18), sin embargo, la opinión pública se dividió entre germanófilos y aliadófilos. La neutralidad impulsó a la economía española: el aumento de la demanda de los países beligerantes favoreció las exportaciones y, con ello, el desarrollo de la producción industrial (sobre todo en Cataluña y País Vasco). Pero la inflación hizo que los trabajadores perdieran poder adquisitivo y el malestar social fue inevitable.

La Crisis de 1917 y el Trienio Bolchevique

La situación en 1917 se agravó debido a la descomposición del sistema político, que desencadenó un triple conflicto:

  • Crisis militar: En 1916, los oficiales de graduación media crearon las Juntas de Defensa, asociaciones castrenses que reclamaban mejoras salariales y rechazaban los ascensos por méritos de guerra, que beneficiaban a los militares destinados en Marruecos. Ante la presión militar, Alfonso XIII nombró presidente a Eduardo Dato, conservador que atendió las demandas de los junteros. La crisis evidenció la capacidad de coacción de los militares y las tensiones internas entre militares africanistas y peninsulares.
  • Crisis política: Para denunciar el turnismo, Cambó convocó en Barcelona la conocida como Asamblea de parlamentarios, que reunió nacionalistas, socialistas y republicanos, quienes pidieron al Gobierno una nueva Constitución que estableciese un Estado democrático y descentralizado.
  • Crisis social: Ante el deterioro de las condiciones de vida de la clase obrera, UGT y CNT convocaron una huelga general revolucionaria que reivindicaba las mejoras laborales y políticas (democratización). Solucionada la crisis militar, Dato contó con la ayuda del Ejército (que hizo que la huelga fracasara) y desató una dura represión (encarcelamiento de Largo Caballero y otros líderes sindicalistas).

Aunque la Restauración sobrevivió a la crisis de 1917, el deterioro del sistema era evidente y se complicó todavía más por la crisis económica que siguió a la I Guerra Mundial y por las expectativas revolucionarias creadas por la Revolución Soviética. Ante el temor de una insurrección revolucionaria por el aumento de la sindicación y las huelgas, los Gobiernos de la Restauración aprobaron leyes de contenido social (sistema público de pensiones y jornada laboral de 8 horas). Sin embargo, las mayores tensiones se produjeron durante el Trienio Bolchevique (1918-20) en el campo andaluz y en el sector industrial catalán, donde la conflictividad terminó en violencia, sucediéndose asesinatos (principalmente de obreros, capataces y políticos). Finalmente, el General Miguel Primo de Rivera aprovechó el descrédito de los partidos, el clima de inestabilidad social, el temor al auge del catalanismo y la indignación por los desastres de Marruecos para justificar un golpe de Estado en septiembre de 1923, que liquidó el sistema político de la Restauración.

La Dictadura de Primo de Rivera y el Final del Reinado de Alfonso XIII

La Dictadura de Primo de Rivera

En septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Primo de Rivera, perpetró un golpe de Estado que justificó como intento regeneracionista de solucionar los problemas del país mediante una dictadura temporal. El golpe contó con el apoyo del Rey, del Ejército, la Iglesia y la burguesía, así como con la pasividad del Gobierno y las organizaciones sociales.

La dictadura se divide en dos etapas:

  • El Directorio Militar (1923-25): Gobierno compuesto exclusivamente por militares. Sus primeras medidas fueron la suspensión de la Constitución de 1876 y el Parlamento, la prohibición de los partidos políticos, la censura de la prensa y la represión del catalanismo. Sus actuaciones más destacadas fueron la centralización del Estado, el restablecimiento del orden público y la paz social, y la pacificación de Marruecos con el ataque del Desembarco de Alhucemas.
  • El Directorio Civil (1925-1930): Tras la creación de la Unión Patriótica, partido único sin ideología definida cuyo fin era aglutinar a las masas en torno al régimen, formó un nuevo Gobierno formado por civiles (destacando Calvo Sotelo, ministro de Hacienda). Prosiguió dos grandes objetivos: la mejora de la economía creando monopolios estatales y a través de una política intervencionista basada en el proteccionismo arancelario; y la institucionalización del régimen, elaborando un proyecto de pseudoconstitución que finalmente fracasó por escasa participación.

A partir de 1928, la crisis del régimen era evidente, aumentando la oposición al régimen por parte de los movimientos obreros (el anarquismo recuperó fuerzas y la UGT se desvinculó del régimen), los sindicatos universitarios, las fuerzas liberales y republicanas, la presión del catalanismo y la división del Ejército. En enero de 1930, Alfonso XIII forzó la dimisión de Primo de Rivera para evitar que la dictadura arrastrara también a la monarquía.

El Final del Reinado de Alfonso XIII

Tras la dimisión de Primo de Rivera, el rey nombró presidente al general Dámaso Berenguer (la Dictablanda) con la misión de volver al sistema de la Restauración. Berenguer fue incapaz de reconducir la situación ante el aumento de la conflictividad laboral y la emergencia de partidos republicanos de todo signo. En 1930, tanto republicanos como catalanistas firmaron el Pacto de San Sebastián para establecer una república democrática y descentralizada. Para acabar con la dictadura, apostaban por un pronunciamiento militar secundado por una huelga general. En febrero, Alfonso XIII sustituyó a Berenguer por el almirante Aznar, que convocó elecciones municipales para abril de 1931. El triunfo electoral de los partidos del Pacto de San Sebastián provocó la marcha al exilio de Alfonso XIII y la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931.

La Segunda República (1931-1936)

La Proclamación de la Segunda República

La II República se proclamó el 14 de abril de 1931 tras el éxito republicano en las elecciones municipales. El nuevo régimen fue recibido con grandes esperanzas por los intelectuales, la clase media y el movimiento obrero, y con desconfianza por la oligarquía (especialmente la agraria), el Ejército y la Iglesia. Tras la marcha de Alfonso XIII al exilio, se constituyó un Gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora (conservador y católico), que contaba con representantes de todas las corrientes del Pacto de San Sebastián (1930): republicanos moderados (Partido Radical, de Alejandro Lerroux) y de izquierdas (Acción Republicano, Manuel Azaña), socialistas (Largo Caballero, Indalecio Prieto) y nacionalistas catalanes y gallegos.

Alcalá-Zamora convocó elecciones a Cortes Constituyentes para elaborar una nueva Constitución y elegir un Gobierno que reemplazase al provisional. Durante los meses de abril a junio, se produjo un deterioro de la unanimidad y un rechazo de los sectores monárquicos a los primeros decretos que sentaban las bases de futuras reformas, provocando varios incidentes:

  • Cuestión catalana: Proclamación de la República Catalana por Macià el 14 de abril, un Estatuto de Autonomía y un parlamento: la Generalitat.
  • La quema de conventos: Tras algunos episodios (arzobispo de Toledo, expulsado por difusión de simpatías monárquicas; incidente del 10 de mayo con grupo de monárquicos) que degeneraron en furia anticlerical en Madrid, Andalucía y Levante.
  • La conflictividad social: Producida por las desigualdades sociales en el campo, el paro, el hambre y la lentitud de las reformas, que llevaron a la politización de los jornaleros (CNT, FAI).

Constitución de 1931

Los partidos republicanos, el PSOE y los nacionalistas periféricos obtuvieron una amplia mayoría en las Cortes Constituyentes de Junio de 1931. La nueva Constitución, aprobada en diciembre de 1931, recogió las aspiraciones de los partidos reformistas, mayoritarios en las Cortes, siendo sus características principales:

  • Laicidad del Estado.
  • Jefatura del Estado (el Presidente de la República era elegido conjuntamente por las Cortes y los compromisarios, y debía elegir al Jefe de Gobierno).
  • Legislativo (descansaba en unas Cortes unicamerales que legislaban y controlaban la acción del Gobierno).
  • Sufragio universal (incluida la mujer).
  • Descentralización territorial (reconocimiento del derecho de autonomía de las regiones, dentro de un Estado integral).
  • Creación del Tribunal de Garantías Constitucionales.
  • Derecho a la educación garantizando la educación primaria a toda la población.

Aprobada la Constitución, las Cortes eligieron a Niceto Alcalá-Zamora como Presidente de la República y a Manuel Azaña como Presidente del Gobierno. La Ley de la Defensa de la República, aprobada en octubre, permitía la limitación de derechos y libertades en caso de necesidad.

El Bienio Reformista (1931-33)

El objetivo del Presidente era modernizar el país resolviendo sus problemas históricos. Para ello nombró a ministros socialistas, buscando el apoyo de la clase obrera a su proyecto reformista:

  • Reforma del Ejército: Basada en tres objetivos: subordinación del Ejército a la autoridad civil (fin Ley Jurisdicciones); lealtad institucional (creación Guardia de Asalto) y profesionalización (Ley del Retiro).
  • Reforma agraria: Se aprobó la expropiación con indemnización de grandes latifundios y su entrega a jornaleros. El Instituto de Reforma Agraria (IRA) se encargaría de la reforma, pero la lentitud de la misma hizo que no tuviera todo el éxito que se pensó.
  • Reforma laboral: Largo Caballero, Ministro de Trabajo, aprobó la jornada de ocho horas en el campo, la negociación colectiva y los Jurados Mixtos de Arbitraje.
  • Descentralización territorial: Se aprobó el Estatuto de Cataluña.
  • Reforma educativa: Buscó reducir el analfabetismo mediante la apertura de escuelas, institutos y bibliotecas. Para ello se invirtió en nuevas técnicas docentes, una educación laica (se prohibió la asignatura Religión Católica y la enseñanza por parte del clero), mixta y pública; la creación de becas escolares (evitar abandono); la creación de Inspección educativa; y las misiones pedagógicas, que trataron de difundir la cultura en las zonas rurales (biblioteca móvil, teatro, corales, gramófono, etc.).

Sin embargo, el Gobierno tuvo que enfrentarse a una durísima oposición. Para los sectores conservadores, las reformas eran inadmisibles, así que primero intentaron liquidar el sistema por la fuerza (fallido golpe de Estado del general Sanjurjo, agosto de 1932) y cuando esto fracasó, alentaron el recurso a la vía política mediante la creación de partidos como la CEDA, liderada por Gil Robles, y la Falange Española, fundada por José Antonio Primo de Rivera.

Por el contrario, para socialistas y anarquistas, los cambios resultaban insuficientes, lo que llevó a que una fuerte conflictividad social se desencadenara. Finalmente, el asesinato de unos campesinos por la Guardia Civil en Casas Viejas (Cádiz, enero 1933) acabó provocando la dimisión de Azaña y del Gobierno y convocó elecciones, ganadas por amplia mayoría por la CEDA y el P.Republicano Radical de Lerroux.

El Gobierno Radical-Cedista y la Revolución de Asturias

El Gobierno Radical-Cedista (1933-35)

Tras la victoria de la CEDA y el Partido Radical, Alcalá-Zamora mandó formar Gobierno a este último, ya que la CEDA no había jurado expresamente lealtad a la República. Con gobierno del Partido Radical y apoyo de la CEDA, se desarrolló una política contraria al Bienio Progresista: se suspendió la reforma educativa y la reforma agraria, se paralizaron los Estatutos de autonomía, se reanudó la financiación estatal de la Iglesia y se amnistiaron a los golpistas de 1932. Sin embargo, Gil Robles consideró las medidas insuficientes y presionó a Lerroux para incluir a tres ministros cedistas en el gobierno. Esto fue considerado como una provocación y la izquierda radical, temerosa de la liquidación del régimen democrático, convocó una huelga general.

La Revolución de Asturias

Para hacer posible la insurrección, UGT convocó para el 6 de octubre una huelga general nacional que solo tuvo amplia repercusión en Barcelona y Asturias:

  • Barcelona: Impulsada desde la propia Generalitat, la sublevación tuvo un carácter nacionalista. El Presidente, Lluis Companys (ERC), proclamó el Estado Catalán dentro de una República Federal Española. La rápida intervención del Ejército abortó la insurrección, y el Gobierno catalán fue encarcelado acusado de rebeldía.
  • Asturias: La alianza obrera entre UGT y CNT permitió que miles de mineros y obreros armados controlaran la región casi una semana, hasta la llegada de la Legión y los Regulares desde África al mando del general Franco, que se impuso a los revolucionarios tras duros combates.

La insurrección fracasó por la desunión del movimiento obrero, la falta de apoyo de la burguesía y la rápida acción del Gobierno. Tras esto, el Gobierno endureció su política y España se dividió en dos bandos ideológicos: extrema derecha, que perseguía la eliminación de la República; e Izquierda, que agrupó a los republicanos, comunistas, PSOE (que quedaba dividido por los que apoyaban a Prieto y los que lo hacían a Largo Caballero), y anarquistas.

El gobierno de Lerroux, acorralado por la falta de apoyo de la CEDA y la presión de la izquierda y la derecha, dimitió tras el escándalo de estraperlo (septiembre, 1935), caso de corrupción en el que se vieron envueltos los ministros del Partido Radical. Alcalá-Zamora rechazó ofrecer el Gobierno a Gil-Robles y, finalmente, disolvió el Parlamento por segunda vez durante su mandato y convocó elecciones para febrero de 1936.

El Frente Popular, las Elecciones de 1936 y el Nuevo Gobierno

Las elecciones de febrero de 1936 resultaron muy competidas:

  • Izquierda: Republicanos y nacionalistas de izquierdas, socialistas y comunistas formaron el Frente Popular. Los anarquistas no se integraron.
  • Derecha: Se presentó muy dividida y con la CEDA como principal partido.

Las elecciones se celebraron en un clima de gran tensión. El Frente Popular venció. Azaña encabezó entonces un Gobierno formado solo por republicanos, en el que se llevaron a cabo la reanudación de las reformas del Bienio, la amnistía para los participantes de los sucesos de octubre, y la neutralización de los militares más reaccionarios (Franco a Canarias y Mola a Navarra).

En mayo, las nuevas Cortes destituyeron a Alcalá-Zamora como Presidente de la República, por considerar improcedente la última disolución del Parlamento. Fue reemplazado por Azaña, que formó Gobierno a Casares Quiroga, cuyo gabinete fue incapaz de hacer frente a las maniobras golpistas de la derecha de Mola, la radicalización social y a los problemas de Orden Público (UGT y CNT presionaban al Gobierno con preocupaciones de tierras, huelgas y protestas). Finalmente, el asesinato de José Calvo Sotelo como represalia por el asesinato del izquierdista teniente Castillo unos días antes, precipitó la sublevación militar.

La Guerra Civil Española (1936-1939)

La Sublevación Militar y el Estallido de la Guerra

Tras las elecciones de febrero de 1936, se produjo una radicalización de la vida política y social que provocó en la población conservadora la sensación de desgobierno:

  • La izquierda revolucionaria (CNT, PCE y sector caballerista del PSOE) movilizó a las organizaciones obreras (huelgas, manifestaciones, ocupación de tierras) para acelerar las reformas sociales.
  • La derecha reaccionaria se propuso tras las elecciones de febrero de 1936 liquidar la República mediante un golpe militar y, para justificarlo, promovió el enfrentamiento social mediante la agitación callejera y la provocación parlamentaria.

Este contexto de confrontación social fue el argumento que utilizaron los sectores más reaccionarios del Ejército para justificar el golpe: la sublevación era la respuesta al deterioro del orden público, la inminencia de una revolución bolchevique y la pasividad del Gobierno. Sin embargo, el móvil principal de la rebelión fue asegurar la preeminencia de la oligarquía, la Iglesia y el Ejército, amenazada por el proyecto reformista del Frente Popular.

Los preparativos de la sublevación comenzaron en marzo de 1936 con Mola como coordinador del levantamiento. Pero el golpe carecía de líder y de un programa concreto más allá del restablecimiento del orden y la sustitución del régimen republicano por una dictadura provisional autoritaria. El asesinato de Calvo Sotelo adelantó los acontecimientos y el 17 de julio se inició la rebelión en el protectorado marroquí, extendiéndose el 18 por todo el país.

Los sublevados se hicieron con el control de Marruecos, Canarias, Baleares (salvo Menorca), Galicia, Álava, Navarra, Castilla-León y parte de Aragón y de Andalucía. El golpe, pese a que no fue capaz de tomar las ciudades, dejó a España dividida:

  • Económicamente: Los golpistas controlaron las principales zonas agrarias, mientras que la República mantuvo las zonas industriales y mineras, así como los recursos del Banco de España.
  • Socialmente: Los sublevados contaron con el apoyo de la oligarquía, los campesinos propietarios de tierras del norte de España, parte de la burguesía urbana, la Iglesia y los partidos de derecha. Por el contrario, la República fue secundada por las clases populares y parte de la burguesía urbana. Políticamente, tuvo el apoyo de los partidos de izquierda y nacionalistas.
  • Militarmente: Los golpistas contaron con las tropas de África (Legión y Regulares, únicos con experiencia real de combate), la mayoría de los oficiales y suboficiales, la mayor parte de la Guardia Civil y las milicias de voluntarios falangistas y carlistas (requetés). Enfrente, el Gobierno dispuso de la Marina, la Aviación, la Guardia de Asalto, parte de la Guardia Civil y las milicias obreras y campesinas, a las que se incorporaron los militares leales.

Consolidados los frentes tras los primeros combates, los sublevados decidieron desarrollar una guerra relámpago con el objetivo de tomar Madrid.

La Dimensión Internacional del Conflicto

Las principales potencias democráticas europeas, Gran Bretaña y Francia, acordaron no intervenir en la guerra para tranquilizar a la Alemania nazi (política de apaciguamiento) y evitar la formación de dos bloques que desencadenaran una guerra en Europa. Para ello crearon el Comité de No Intervención, acuerdo al que se sumaron todos los Estados europeos menos Suiza, que era neutral. Sin embargo, Alemania, Italia y la URSS nunca lo respetaron.

  • Bando sublevado: Alemania e Italia enviaron unidades con sus propios mandos (la Legión Cóndor alemana y el Cuerpo de Tropas Voluntarias italiano) y moderno armamento a crédito. Portugal envió la División Viriato y algunas empresas estadounidenses proporcionaron camiones (General Motors) y petróleo (Texaco).
  • Bando republicano: La URSS envió suministros y asesores al bando republicano a cambio de las reservas de oro del Banco de España. Además, fueron enviadas las Brigadas Internacionales.

Fases Militares de la Guerra Civil

  • Lucha por Madrid (julio 1936-marzo 1937): Tras el fracaso de la rebelión inicial del 18 de julio, se lleva a cabo una guerra relámpago con el objetivo de conquistar Madrid. El frente sublevado se dirige desde varios caminos hacia la capital:
    • Mola avanza desde Navarra, sin embargo, será frenado en la Sierra de Guadarrama por los milicianos republicanos.
    • Franco y las tropas africanas cruzaron el Estrecho en aviones alemanes e italianos. Asegurado el control de Andalucía oriental, conquistaron Extremadura y avanzaron hacia Madrid, no sin antes desviarse para liberar el Alcázar de Toledo, lo que daría ventaja a los Republicanos para organizarse. Su llegada a Madrid fue rechazada por tanques soviéticos y brigadistas internacionales. En este momento es cuando Franco decide apostar por la guerra de desgaste.
  • Campaña del Norte (abril-octubre 1937): El norte concentraba gran parte de la producción industrial republicana, lo que hacía que fuese objetivo de Franco y sus tropas. El avance de los sublevados contó con el apoyo alemán (bombardeo de Guernica y Durango) e italiano (toma de Santander). Las ofensivas republicanas para aliviar la presión fracasaron. La pérdida de esta franja mermó enormemente las posibilidades de éxito de la República.
  • Campaña del Mediterráneo y Caída de Madrid (octubre 1937 – abril 1939): Los republicanos intentan la conquista de Teruel, victoria efímera, ya que Franco avanza hacia el Mediterráneo con intención de aislar a Cataluña del resto de la República. El general Rojo (República) planteó entonces una ofensiva total en la batalla del Ebro (julio-octubre 1938). Pese al éxito inicial, se impuso la superioridad de los sublevados. Cataluña cayó en febrero de 1939 sin resistencia, provocando el éxodo de miles de refugiados y la dimisión de Azaña. La imposibilidad de mantener la resistencia llevó al general republicano Casado a dar un golpe de Estado contra el gobierno republicano para negociar una rendición con condiciones, que fue rechazada por Franco. Esto precipitó el fin de la guerra el 1 de abril de 1939.

Evolución Política y Económica de la Guerra en Ambos Bandos

La República

El primer año tuvo que hacer frente a una falta de mando militar unificado (hasta que en abril de 1937 se creó el Ejército Popular, que militarizó a estos milicianos); y la falta de unidad política por la división de la República entre partidarios de los esfuerzos en ganar la guerra (republicanos, socialistas y comunistas) y quienes pretendían simultáneamente hacer la revolución (anarquistas y POUM). Esta problemática explica la sucesión de Gobiernos:

  • Gobierno de Diego Martínez Barrio (julio 1936).
  • Gobierno de Giral (julio-septiembre de 1936): Compuesto por republicanos, fue incapaz de evitar la descomposición del Estado tras el golpe y la violencia de incontrolados contra religiosos, rebeldes y derechistas. El poder quedó en la práctica en manos de comités locales, aprovechando los anarquistas para llevar a cabo la revolución social (colectivización Aragón). Caracterizado por la falta de mando unificado.
  • Gobierno de Largo Caballero (septiembre 1936 – mayo 1937): Gobierno de unidad nacional con ministros de todas las ideologías antifascistas. Creó el Ejército Popular y aprobó el Estatuto de Autonomía Vasco. Organización de las milicias. Azaña sustituyó a Largo Caballero por Negrín por los fracasos militares y sucesos de mayo de 1937 (Barcelona).
  • Gobierno de Negrín (mayo 1937 – marzo 1939): Aumentó el protagonismo de los comunistas por la dependencia hacia los suministros de la URSS. Negrín fortaleció el orden público y la disciplina en el Ejército, pero no pudo evitar las derrotas, que dividieron a los Republicanos. Fracasó su intento de lograr una paz negociada (Trece Puntos de Negrín), adoptó una política de resistencia a ultranza. Esta decisión generó rechazo en un amplio sector de republicanos, socialistas e incluso anarquistas, que buscaron sustituir a Negrín.
  • Gobierno de Casado (marzo 1939): En marzo de 1939 se produjo el golpe de Estado de Casado, que llevó a la capitulación de la guerra con la negativa de Franco de respetar la paz sin represalias propuesta por Casado.

En cuanto a la economía, en la zona republicana, será controlada por las organizaciones obreras. Se pretendió la liquidación de la propiedad privada y para ello se expropiaron grandes latifundios (especialmente en Aragón, por parte de los anarquistas). El control industrial estuvo en un primer momento en manos republicanas (Cataluña), para pasar después a manos sublevadas. Sin embargo, los problemas de abastecimiento no pudieron evitarse, apareciendo el hambre y la necesidad.

La España Sublevada

La sucesión de gobiernos fue como sigue:

  • Tras el fallecimiento de Sanjurjo, y posteriormente de Mola, los rebeldes quedaron sin líder, constituyéndose una Junta de Defensa Nacional para coordinar temporalmente las acciones militares. La necesidad de unidad de mando llevó a la Junta a nombrar Jefe de Gobierno y del Ejército a Franco, que consolidó su posición a lo largo de la guerra hasta asumir todo el poder de forma absoluta mediante dos medidas:
    • Creación del partido único FET de las JONS, liderado por él mismo, mediante el Decreto de Unificación (abril, 1937), que impuso la fusión de carlistas (Comunión Tradicionalista Carlista) y falangistas (Falange Española, que previamente ya se había fusionado con las JONS).
    • Concesión a Franco de la Jefatura del Estado y de la potestad de dictar leyes (Ley de Administración General del Estado).

El nuevo régimen ilegalizó partidos (salvo las FET de las JONS) y sindicatos, derogó la legislación republicana e impuso un férreo control social, dando lugar a un Estado autoritario, confesional, centralizado y militarizado.

Posteriormente, se configuró la Junta Técnica de Estado, por decisión de Franco.

  • Preside el General Dávila.
  • Integrado por tecnócratas.
  • Situada entre Valladolid, Burgos y Salamanca.
  • Es un conglomerado de grupos políticos.
  • DECRETO DE UNIFICACIÓN: partido único FET de las JONS, pese a reticencias iniciales de tradicionalistas y falangistas.

Primer gobierno de Franco: desde el 30 de enero de 1938 al 9 de agosto de 1939. Presidido por Franco, buscó la creación del Nuevo Estado, basado en el catolicismo y el falangismo. La Iglesia brindó su apoyo incondicional, calificando la guerra de “cruzada”. En 1938 se firmaba el Fuero del Trabajo, que regulaba las relaciones laborales. La Junta Técnica del Estado será sustituida por diversos ministerios.

Consecuencias Económicas y Sociales de la Guerra

Los costes humanos. Además de la represión, fusilamientos y encarcelamientos masivos, las consecuencias fueron:

  • Demográficas: Medio millón de muertos y más de un cuarto de millón de exiliados. Aumento de la tasa de mortalidad y disminución de la tasa de natalidad debido a los problemas económicos acarreados por la guerra.
  • Económicas: Destrucción de infraestructuras que afectaron a la producción. Endeudamiento del país (oro mandado a la URSS, pagos a crédito a Alemania e Italia), crisis que llevó al racionamiento hasta entrados los años 50.
  • Políticas: Aislamiento por parte de la ONU que acusó al régimen de fascismo, así como privación de ayudas como la del Plan Marshall.
  • Sociales: Imposible reconciliación de vencedores y vencidos.
  • Culturales: Atraso cultural y científico provocado por el exilio de intelectuales y científicos que apoyaron la República.

El Franquismo (1939-1975)

Tras la guerra civil española se instauró una dictadura militar sustituyendo al modelo republicano por un Régimen centralizado donde Franco era: Jefe de Estado, Jefe de Gobierno, Jefe militar y Jefe del único partido (partido nacional). La monarquía se instauró a través de leyes fundamentales: L.adm.gen.est, L.Cortes., L.Suce.d.Jef., Fuero Trabajo y esp. . Los pilares del Franquismo eran los tradicionalistas, anticomunistas y el nacional catolicismo. Apoyo de la Iglesia, reforzada por el concordato de 1953 y fin con Concil.Vat.II. También apoyo del ejército y la Falange controlaban el ministerio de trabajo, del único sindicato y periódicos. Grupos sociales: la oligarquía económica, la burguesía provinciana y los pequeños campesinos propietarios de tierras. Además de sus importantes apoyos institucionales y sociales, el nuevo régimen necesitó para imponerse de un conjunto de durísimas leyes represivas: Ley de responsabilidades políticas (1939), Ley sobre represión de la Masonería y el Comunismo (1940), Ley para la Seguridad del Estado (1941), Ley de represión de bandidaje y terrorismo (1947).

Se divide en 3 etapas: primer franquismo 39-59 (dura represión, ley de responsa. poli. 1939); au desarrollismo 59-73 (tecnócratas, opus dei, ley de principios del mov. nacional 58, ley org del estado -separación Jefe-, además de ley de prensa e imprenta y L.libertad religiosa). Crisis franquismo 73-75 (Franco viejo, Carr.Blanco jefe gob. asesinado ETA 73. 74 Arias Navarro con tibia ref. poli. que no respondió ni a aperturistas ni a integristas -el bunker-, aumentó el enfado y fusilamiento de miembros de ETA).

CONTEXTO SOCIAL: Alineamiento con el eje 39-43. Neutro 2GM pero victorias de Hitler, Franco se alinea. Hitler rechaza propuesta de Franco, España fuera del conflicto aunque sí ayudó con recursos. Tras la derrota del eje en el 43, Franco neutral. Aislamiento Internacional 45-50 (ONU por Régimen Fascista, X Plan Marshall por EEUU). Reconocimiento Internacional 1950 (regresa embajadores), 1953 Pacto militar Bilateral, 1955 España sí ONU.

Política Económica del Franquismo: De la Autarquía al Desarrollismo

Las autoridades franquistas desarrollaron tras la Guerra Civil una política económica autárquica cuyo objetivo era hacer de España una nación autosuficiente. La autarquía obedecía tanto a la ideología fascista del momento como al aislamiento de España (consecuencia primero de la IIGM y después del rechazo internacional). Esta autosuficiencia exigía una intensa intervención económica del Estado, que pasaba por la creación de un sector industrial público (a través del Instituto Nacional de Industria), la regulación de los precios del trigo (Servicio Nacional del TRIGO) y la limitación de las importaciones.

El resultado de la autarquía fue desastroso porque no hubo crecimiento económico durante los años 40 y el racionamiento se mantuvo hasta principios de los 50. El inminente riesgo de quiebra llevó a Franco en 1957 a formar un nuevo Gobierno dominado por miembros del Opus Dei (Tecnócratas), que obtuvieron autorización de Franco para promover medidas de liberalización económica sin alterar la estructura autoritaria del régimen. Para ello diseñaron en 1959 un programa que se apoyaba en:

  • Plan de Estabilización: Buscó el saneamiento de la economía a través de la contención del déficit, la reducción de la inflación, y el fomento de las exportaciones (devaluación de la peseta).
  • Liberación económica: Reducción de los controles estatales sobre la economía (importaciones, producción, precios, etc.) y apertura de la economía al exterior (atracción de inversiones extranjeras e instalación de empresas extranjeras).

Estas medidas favorecieron el despegue de la economía en los años 60, dando lugar a un espectacular crecimiento conocido como desarrollismo. Este progreso económico no se podría entender sin la expansión de la economía de Europa Occidental, la existencia de una mano de obra abundante, barata y poco conflictiva procedente del éxodo rural, la instalación de empresas extranjeras atraídas por los bajos costes laborales y fiscales, y el aumento de las divisas procedentes del extranjero a través del turismo y las remesas de los emigrantes.

A pesar de sus logros, las carencias del desarrollismo también fueron importantes:

  • Crecimiento insuficiente para absorber la demanda de empleo, lo que provocó emigración (Alemania, Francia, Suiza, Bélgica y Gran Bretaña).
  • Bajos salarios, que mantuvieron la renta per cápita española por debajo de la de los países del entorno.
  • Insuficiencia de recursos políticos para crear un Estado del bienestar, debido sobre todo a la ausencia de impuestos sobre la renta y el capital.
  • Implantación de industrias de bajo nivel tecnológico y dependientes del exterior.
  • Desequilibrios territoriales: la industrialización se concentró solo en determinadas regiones como Cataluña, País Vasco, Madrid, Asturias y Valencia. Para corregirlos, el Estado puso en marcha en 1962 los Planes de Desarrollo, que ofrecieron a las empresas que se acogieron importantes ventajas fiscales y crediticias. Estos planes tenían una duración de cuatro años (hubo tres) y se implantaron en zonas poco desarrolladas (Valladolid, Zaragoza, Huelva o Vigo).

La Crisis internacional del petróleo de 1973, tras la derrota de Egipto y Siria en la guerra, puso fin al desarrollismo, provocando un fuerte aumento de la inflación y el desempleo.

Hasta los años 60, la estructura social española seguía siendo como a comienzos de siglo: un país rural, dominado por una oligarquía agraria, con una pequeña clase media urbana y la Iglesia como institución más influyente. Era, por tanto, una sociedad inmovilista inspirada en los valores tradicionales católicos: religión, familia, patria y orden. Sin embargo, el desarrollismo de los 60 provocó profundos cambios sociales y España pasó a ser un país urbano e industrial. El auge económico y la llegada masiva de turistas alentaron nuevas pautas de conductas que transformaron la sociedad y sus costumbres. Estos cambios sociales se reflejaron en:

  • Crecimiento demográfico: provocado por el aumento de la natalidad (baby boom de los 60) y la caída de la mortalidad.
  • En el mercado de trabajo: aumentó la ocupación en el sector secundario y terciario. Así mismo, se produjo la progresiva incorporación de la mujer al mundo del trabajo.
  • Movimientos migratorios: éxodo rural y emigración debido a la falta de empleo. Cataluña y País Vasco fueron las áreas industriales beneficiadas por la llegada de mano de obra.
  • Predominio de la población urbana (La expansión urbana se caracterizó por la falta de planificación, que provocó la aparición de ciudades dormitorio).
  • Predominio de la clase media. Esta clase social pasó a convertirse en el principal sostén del régimen al aceptar la falta de libertades a cambio de bienestar.
  • Cambios en la Iglesia (desde el Concilio Vaticano II la Iglesia se distanció notablemente del régimen).
  • Aparición de la sociedad de consumo por el aumento del nivel de vida. También se consolidó la sociedad de masas con el auge del fútbol, el cine o los toros.
  • Extensión de educación (enseñanzas universitarias sobre todo).

La Oposición a la Dictadura Franquista

La oposición antifranquista estuvo protagonizada por grupos de ideología variada, aunque con el liderazgo indiscutible del PCE. A pesar de su heterogeneidad, la oposición coincidía en reclamar el restablecimiento de un régimen democrático y descentralizado. La respuesta del régimen siempre fue la misma: la represión. La oposición a la dictadura comenzó desde el mismo final de la Guerra Civil, y evolucionó a lo largo de toda la etapa adaptándose a las circunstancias:

  1. LA POSGUERRA: El régimen desató una durísima represión para asentar las bases del nuevo Estado y liquidar cualquier intento de disidencia. Miles de españoles fueron encarcelados y fusilados. La situación cambió en 1944, con el retorno de republicanos que habían combatido contra los nazis en la Resistencia francesa, que reforzaron las partidas guerrilleras (maquis) organizadas por el PCE. En el exterior, la oposición intentaba obtener el apoyo de las democracias occidentales:
    • Por un lado, el Gobierno republicano en el exilio denunciaba el totalitarismo del nuevo Estado y reclamaba la restauración de la democracia.
    • Por otro lado, los monárquicos encabezados por el primogénito de Alfonso XIII, Don Juan de Borbón, reivindicaban el restablecimiento de una monarquía constitucional (Manifiesto de Lausana, 1945).
  2. LOS AÑOS 50 Y 60: Se llevó a cabo una reorganización de la oposición. El PCE renunció a la lucha armada y concentró sus esfuerzos en reivindicaciones pacíficas de masas. En los años 60 fundó el sindicato clandestino de Comisiones Obreras (CCOO), que lideraría en los siguientes años las reivindicaciones obreras. En 1962 se celebró la Conferencia de Múnich, congreso europeísta en el que participaron todos los partidos políticos españoles democráticos, excepto los comunistas. También en esta época se reactivó el nacionalismo periférico vasco (PNV) y el catalán (Convergencia Democrática de Cataluña), a la vez que nacía la organización independentista vasca ETA, que pronto se inclinaría por la estrategia violenta (terrorismo). El régimen respondió a todo ello incrementando la represión.
  3. FINAL DEL FRANQUISMO: Las contradicciones del desarrollismo provocaron el aumento y diversificación de la oposición. El PCE y CC.OO. eran las organizaciones hegemónicas de la oposición. En este período también surgieron pequeños grupos monárquicos de tendencia liberal o democristiana (corriente política que aúna los principios del liberalismo democrático y la economía de mercado con las premisas del pensamiento social cristiano), liderados por personalidades procedentes del régimen marginadas por su aperturismo. También a principios de los 70, nacieron dos organizaciones terroristas de izquierda radical (FRAP y GRAPO). Tras el Concilio Vaticano II (clausurado en 1965), una parte de la Iglesia católica se distanció del régimen: el clero catalán y vasco se acercaron al nacionalismo, mientras que un sector creciente de sacerdotes militaban en sindicatos obreros. Paralelamente, un pequeño grupo de oficiales fundó en el Ejército la UMD (Unión Militar Democrática). En 1975, el deterioro de salud de Franco animó a la oposición democrática a unirse en torno a dos grupos: la Junta Democrática (liderada por el PCE de Santiago Carrillo) y la Plataforma Democrática (liderada por el PSOE de Felipe González).

La Crisis del Franquismo (1973-1975)

En junio de 1973, Franco nombró Presidente del Gobierno a Carrero Blanco, que fue asesinado por ETA. Tras el asesinato de Carrero Blanco en diciembre, Franco nombró como nuevo Presidente a Arias Navarro, que promovió una tibia reforma. Sin embargo, la propuesta de Arias fracasó tanto por el rechazo político que provocó entre las distintas familias del régimen (a los aperturistas como Fraga les parecía insuficiente y a los miembros del búnker, peligrosa e innecesaria), como por la represión que desencadenó la dictadura en el año 1974 (detenciones de líderes sindicales y del obispo vasco Añoveros, y ejecución del anarquista Puig Antich). La situación empeoró para el régimen en 1975 debido al aumento de conflictividad social (huelgas por la crisis económica del 73), a la presión internacional tras la caída de las últimas dictaduras de Europa Occidental (Grecia y Portugal) y a la intensificación de la represión (detención de líderes políticos y sindicales y fusilamiento de miembros de ETA y el FRAP). La debilidad del franquismo era tal que Marruecos aprovechó la agonía de Franco para invadir el Sáhara Occidental (la Marcha Verde). Finalmente, el 20 de noviembre de 1975 se produjo el fallecimiento de Franco, dejando un régimen obsoleto, dividido y sin apoyos en el exterior.

La Transición a la Democracia (1975-1982)

Tras la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975, se ofrecían tres alternativas políticas en un ambiente de incertidumbre:

  • Continuismo: El denominado búnker (exministros falangistas, grupos de extrema derecha y un sector del Ejército) defendía mantener la dictadura bajo una monarquía autoritaria.
  • Reformismo: Los franquistas aperturistas, ante la inviabilidad de mantener el régimen, proponían impulsar una transición legal de la dictadura a una monarquía constitucional.
  • Ruptura: La oposición, liderada por el PCE, buscaba liquidar la legalidad franquista e instaurar una democracia similar a las occidentales.

La Transición comenzó con la proclamación de Juan Carlos I como Rey en 1975 y concluyó con la llegada del PSOE al poder en 1982. Fue impulsada por Juan Carlos I y Adolfo Suárez, defensores del reformismo, con el apoyo de las organizaciones sociales y la mayoría de la población. Además, tuvo lugar en un contexto internacional favorable (fin de las dictaduras de Grecia y Portugal), aunque los obstáculos fueron notables debido a las tensiones políticas y la crisis económica.

Juan Carlos I asumió la Jefatura del Estado, tras ser coronado dos días después de morir Franco, entre el rechazo de la oposición y el recelo del búnker e incluso de su padre, Don Juan Carlos de Borbón, que no renunció al Trono hasta 1977. En su primer discurso manifestó su deseo de ser “Rey de todos los españoles” y ratificó a Arias Navarro como Presidente. Pero Arias demostró que no deseaba implantar la democracia y, de hecho, la lentitud de las reformas llevó a los partidos de oposición a unirse en Coordinación Democrática, organización que impulsó la movilización popular reclamando democracia y amnistía.

En julio de 1976, el rey forzó la dimisión de Arias Navarro y nombró presidente a Adolfo Suárez para que liderara la transición de la dictadura a la democracia sin romper con la legalidad franquista. Para ello, Suárez redactó la Ley para la Reforma Política, logrando que las Cortes franquistas la aprobaran. La Ley se sometió a referéndum, obteniendo una aprobación mayoritaria.

Suárez comenzó a inicios de 1977 a negociar con la oposición, que aceptó la monarquía y el reformismo como vía para implantar la democracia. A cambio, el Gobierno aprobó varias medidas para liquidar la dictadura, como la legalización de todos los partidos, incluido el PCE (abril, 1977), y la concesión de una amnistía política (octubre, 1977).

En junio de 1977 se convocaron las primeras elecciones libres. Ganó por mayoría UCD, fundada por Adolfo Suárez a partir de pequeños partidos liberales y democristianos. Suárez formó un Gobierno que alcanzó grandes acuerdos:

  • Pactos de La Moncloa: Acuerdo entre partidos, patronal y sindicatos para hacer frente a la crisis económica.
  • Descentralización: Se restableció la Generalitat y se aprobó un régimen preautonómico para el País Vasco.
  • Elaboración de una Constitución: Debía ser sometida a referéndum para su aprobación.

Las Cortes elaboraron una Constitución que fue fruto del consenso general entre partidos. Para ello, se formó una comisión con representantes de las principales fuerzas que elaboró un borrador de la Constitución aprobado por las Cortes tras numerosas enmiendas. La Constitución fue ratificada en referéndum el 6 de diciembre de 1978. Los principales rasgos de esta Constitución son:

  • España se define como un Estado social y democrático de derecho, donde la soberanía recae en el pueblo.
  • Establece una monarquía parlamentaria, en la que la Corona encarna la unidad nacional, representa a España en el extranjero y ejerce la Jefatura de las FF.AA.
  • Reconoce amplios derechos individuales: libertades individuales, derechos sociales y la aconfesionalidad del Estado.
  • División de poderes:
    • Legislativo: recae en unas Cortes bicamerales. El Congreso de los Diputados elige al Presidente del Gobierno, controla al Ejecutivo, elabora leyes y vota los presupuestos generales. El Senado actúa como cámara territorial de segunda lectura, aunque apenas tiene peso al carecer de iniciativa legislativa o capacidad de bloqueo.
    • Ejecutivo: el Presidente (responsable ante el Congreso, que lo nombra) escoge a los ministros, dirige la acción de Gobierno y convoca elecciones tras disolver las Cortes.
    • Judicial: ejercido por jueces y magistrados independientes.
  • Establece instituciones garantes del sistema, como el Tribunal Constitucional.
  • Implanta una estructura descentralizada pero garantizando la unidad territorial. La Constitución extendió el derecho a crear Comunidades Autónomas a las regiones que lo solicitasen. La división territorial quedó finalmente establecida en 1983, con 17 Comunidades y 2 Ciudades Autónomas (Ceuta y Melilla).

Aprovechando la debilidad de los primeros Gobiernos de la Transición:

  • La extrema derecha trató de impedir la llegada de la democracia generando un clima de inestabilidad mediante atentados (Matanza de Atocha, 1977) y fallidos golpes de Estado (23-F, 1981).
  • La extrema izquierda comunista radical y la independentista ETA buscaron forzar una negociación política recurriendo a secuestros y asesinatos en los conocidos como años de plomo.

Las Etapas Políticas de la Democracia

Los Gobiernos de la UCD y el Golpe de Estado del 23 de Febrero de 1981

La UCD ganó por mayoría simple las elecciones de junio de 1977, formando un Gobierno en minoría y con la necesidad de buscar apoyo parlamentario, lo que le llevó a alcanzar importantes acuerdos como Los Pactos de la Moncloa (para hacer frente a la crisis económica mediante la contención de los salarios y del gasto público pero con incremento de las partidas sociales), la descentralización (se estableció la Generalitat, regresando del exilio su President, Josep Tarradellas, y se aprobó un régimen preautonómico para el País Vasco), y la elaboración de una Constitución, ratificada en referéndum el 6 de diciembre de 1978.

Aprobada la Constitución, Suárez convocó en 1979 unas nuevas elecciones que ganó UCD de nuevo por mayoría simple. La legislatura estuvo marcada por la crisis económica y política, con el acoso continuo de la oposición (moción de censura del PSOE) y la presión de los militares hacia Suárez, al que acusaban de romper la unidad de España por el avance del proceso autonómico y la escalada terrorista. Finalmente, Suárez dimitió en febrero de 1981 y la UCD propuso como nuevo Presidente a Leopoldo Calvo Sotelo.

El 23 de febrero de 1981, militares de extrema derecha llevaron a cabo un golpe de Estado. El teniente coronel Tejero, al mando de un grupo de guardias civiles, asaltó el Congreso de los Diputados durante la sesión de investidura de Calvo Sotelo. El pronunciamiento fracasó por el escaso apoyo del Ejército y la actitud del rey en defensa de la democracia.

Los principales hitos del Gobierno de Calvo Sotelo fueron la aprobación de la Ley del Divorcio (rechazada por la Iglesia) y el ingreso en la OTAN (rechazado por la izquierda). Ante el aumento de la división interna de la UCD, el Presidente convocó elecciones para octubre de 1982, que ganó el PSOE por mayoría absoluta. Su victoria supuso el fin de la Transición, ya que el acceso de la izquierda al Gobierno significó la normalización democrática.

La Alternancia Política: Gobiernos Socialistas y Gobiernos del Partido Popular

Felipe González presidió diversos Gobiernos del PSOE durante cuatro legislaturas entre 1982 y 1996, caracterizadas por las reformas de gran calado:

  • POLÍTICA INTERIOR: Se volcaron todos los recursos en la lucha contra ETA (disminuyendo los atentados gracias a la colaboración francesa y al Pacto de Ajuria Enea, acuerdo antiterrorista de los partidos vascos de 1988). Así mismo, se completó la aprobación de todos los estatutos de autonomía, se modernizó el Ejército para acabar con el golpismo y se reguló la objeción de conciencia.
  • POLÍTICA EXTERIOR: España ingresó en la CEE (1986) y se ratificó el referéndum de la permanencia en la OTAN. La plena integración en el marco internacional se completó con la participación en la I Guerra del Golfo (invasión de Kuwait, apoyada por la OTAN) y las celebraciones de 1992 (Expo de Sevilla y los JJOO de Barcelona).
  • ECONOMÍA: En 1983 se aplicó un duro plan de ajuste (reconversión industrial, subida de tipos de interés, devaluación de la peseta) con el consiguiente aumento del paro y la conflictividad. Desde 1985, la economía creció, reduciéndose el desempleo, hasta que en 1992 estalló otra crisis agravada por el gasto en los eventos del 92. Comenzó entonces la privatización de empresas públicas para paliar los efectos de la crisis.
  • SOCIEDAD: Se despenalizó el aborto (1985), se estableció un sistema nacional de salud gratuito y universal (Ley de Sanidad, 1986), se reguló la objeción de conciencia militar y se firmó con el resto de partidos los PACTOS DE TOLEDO para sostener el sistema de pensiones (1995). En la política educativa, se aprobaron la LODE (1985), que organizaba el sistema educativo en centros públicos, concertados y privados, y la LOGSE (1990), que ampliaba la enseñanza obligatoria a los 16 años.

El PSOE ganó las elecciones de 1993 por mayoría simple, teniendo que negociar con los nacionalistas catalanes (Convergencia i Uniò) su apoyo parlamentario. Esta última legislatura estuvo marcada por:

  • la crisis económica
  • los casos de corrupción
  • la guerra sucia de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación, organizados por los servicios de seguridad del Estado, llevaron a cabo el asesinato de miembros de ETA).

En 1995, CiU retiró su apoyo al PSOE y Felipe González convocó elecciones anticipadas, ganadas por José María Aznar (Partido Popular, PP), que gobernó durante dos legislaturas (1996-2004), la primera en minoría con apoyo parlamentario de los nacionalistas vascos y catalanes, y la segunda en solitario tras obtener una mayoría absoluta.

Características de su política:

  • POLÍTICA INTERIOR: Continuó la lucha contra ETA (culminando con el Acuerdo contra el terrorismo con el PSOE en 2000 y la ilegalización de formaciones del entorno etarra), se aprobó la Ley de Extranjería (regulando la inmigración de forma restrictiva) y se profesionalizó el Ejército (fin del servicio militar obligatorio).
  • POLÍTICA EXTERIOR: Se reforzó el alineamiento con EEUU, apoyando la II Guerra del Golfo (2003).
  • ECONOMÍA: Se llevó a cabo una política liberal que disminuyó el gasto público, se privatizaron numerosas empresas públicas y se redujeron los impuestos. Creció el PIB, la renta per cápita y el empleo, y se redujo la inflación, el déficit y la deuda pública, aunque se creó una burbuja inmobiliaria que condicionó el posterior desarrollo económico del país. Finalmente, España cumplió con las condiciones de entrada en el Euro.
  • SOCIEDAD: Se firmó un acuerdo para garantizar pensiones y se reformó la educación no universitaria (LOCE). Aznar renunció a presentarse a las elecciones de 2004, escogiendo a Mariano Rajoy como sucesor. Venció el PSOE con mayoría simple ante el desgaste del PP por la participación de España en la II Guerra del Golfo (Guerra de Irak).

Rodríguez Zapatero presidió durante dos legislaturas (2004-2011) varios Gobiernos del PSOE en minoría, cuyas principales actuaciones fueron:

  • POLÍTICA INTERIOR: Se luchó contra el terrorismo yihadista (tras los atentados de Atocha, 2004) y etarra, que culminó con la proclamación de un alto el fuego permanente por la banda en 2011. Las Cortes aprobaron, aunque con recortes, la reforma del Estatuto de autonomía catalán, pero se rechazó el plan soberanista del PNV (Plan Ibarretxe, 2005, que proponía un nuevo estatuto de autonomía).
  • POLÍTICA EXTERIOR: Se retiraron las tropas de Irak, pero aumentaron en Afganistán (dirigidas por la OTAN).
  • ECONOMÍA: Se mantuvo el crecimiento económico hasta 2008, cuando llegaron los efectos de la crisis económica internacional, disparando el paro, el déficit y la prima de riesgo. En 2010, al borde de la quiebra, el Gobierno adoptó una política de austeridad que culminó en la reforma del artículo 135 de la Constitución.
  • SOCIEDAD: Se produjeron grandes avances con la aprobación de normas como la Ley de Dependencia, del matrimonio homosexual, memoria histórica o contra la violencia de género. Se aprobó una nueva Ley Orgánica de Educación no universitaria (LOE).

La crisis económica y el malestar social llevaron a Rodríguez Zapatero a adelantar las elecciones a 2011, en las que el PP obtuvo mayoría absoluta. Mariano Rajoy ha gobernado durante tres legislaturas. Durante la segunda legislatura (elecciones de 2015), las Cortes no alcanzaron ningún acuerdo para investir a un Presidente. En la tercera (elecciones de junio de 2016), Rajoy gobernó en difícil minoría con Ciudadanos como principal socio.

  • POLÍTICA INTERIOR: En 2014, Juan Carlos I abdicó en Felipe VI y a principios de 2018 se disolvió ETA. El principal conflicto de esta etapa ha sido el auge del independentismo catalán, que llegó incluso a proclamar la declaración unilateral de independencia tras la celebración de un referéndum ilegal (octubre, 2017).
  • ECONOMÍA: El Gobierno ha centrado su acción en la superación de la crisis mediante el recorte drástico del gasto público y la reforma laboral. A partir de 2014, comenzó una recuperación macroeconómica apoyada en el aumento de las exportaciones, la precariedad del empleo y la devaluación salarial.
  • SOCIEDAD: Ha tenido lugar una fuerte contestación social por la crisis económica y de la representatividad de los partidos, reflejada en el fin del bipartidismo en las elecciones de 2015 con la irrupción de Ciudadanos (centro liberal) y Podemos (izquierda). También se elaboró otra Ley Orgánica de Educación no universitaria (LOMCE).

En 2018, terminó de forma anticipada la legislatura de Rajoy tras ser derrotado en una moción de censura presentada por el PSOE, que invistió como Presidente al socialista Pedro Sánchez.